![]() 23 de junio de 2002 |
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Claudia Zavala Las gracias legislativas La opinión pública los castiga con un lamentable 5.52 como nota, en la reciente encuesta de la CID Gallup y, seguramente, los excesos y descaros de los diputados continuarán siendo nuestro pan de cada día. En lo que va del año, señalamientos tan duros como variopintos han saturado páginas e imágenes de la mayoría de medios de comunicación del país. Que si violaron la Ley de Licitaciones, al otorgarle un contrato publicitario millonario a la esposa del jefe de asesores; que si se cuidan las espaldas hasta para ir al baño, que si contratan a parientes como asesores personales... Sólo entre mayo de 2000 y mayo de 2001 gastaron más de tres millones y medio de colones en viajes y viáticos. Si, calculadora en mano, fuéramos rigurosos con sus cuentas, descubriríamos sin duda que con ese dinero mal administrado se solventarían holgadamente los problemas que, por ejemplo, tiene ahora el Hospital Bloom con la segunda epidemia de dengue. Seguramente nos daríamos cuenta de que los salarios asignados a guardaespaldas que no hacen más que cortar la grama en propiedades privadas y alimentar el delirio de persecución de un buen número de diputados, podrían asignarse a contrataciones de médicos residentes para amortiguar la emergencia. Las autoridades de Salud han dicho hasta la saciedad que hace falta un refuerzo presupuestario, no sólo en pleno desarrollo de la epidemia, sino sistemática y permanentemente, para trabajar de lleno en la prevención. De otra manera, el espejo de la improvisación seguirá apareciendo cada año con la llegada de las lluvias. ¿Qué hace falta, señores diputados, para que un asomo de cordura llegue por fin a sus conciencias? ¿Qué hace falta para que para que los estados de calamidad pública se decreten prudencialmente, tomando en cuenta necesidades coyunturales, y no cuando la desgracia nos ha rebasado? Lamentablemente, quizá cuando la tapa del próximo ataúd se cierre sobre el rostro de un hijo, un sobrino o un nieto, la realidad les estalle en la cara. Ojalá que no sea necesario otro rosario de muertes para que se enteren de lo que pasa. Si la discusión de conservar guardaespaldas o no ha sido importante hasta ahora, la vida de un niño merece con creces estar incluida en sus agendas de trabajo. czavala@elsalvador.com
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