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CRÓNICA
La
feria del tropiezo
De
lunes a viernes, miles de estudiantes escolares hormiguearon entre los
saturados pabellones, admirando más a las bellas edecanes que
al avance de nuestras instituciones. El sábado y el domingo,
la amarga desilusión por el alto grado de desempleo recorrió
los mismos pasillos, dejando en evidencia que progreso es
una precaria sábana que todavía no alcanza para todos.
Claudia Zavala
vertice@elsalvador.com
El
soldado de la Fuerza Armada hacía esfuerzos por continuar concentrado
y rígido como una estatua. Mientras, un niño regordete,
con la insignia de su escuela cosida a medias, y los dos últimos
botones de la camisa mortificados por un abultado estómago, saciaba
su curiosidad propinando disimuladas palmadas en las camuflajeadas piernas.
Ese día, el calor y el hacinamiento de los pasillos daban una
sensación de pequeñez a la localidad de 29,527 metros
cuadrados de área cubierta.
Justo al lado, la imagen del presidente Francisco Flores lucía
imponente, con su característica sonrisa de buen anfitrión.
El recorrido apenas estaba por iniciar, aunque los impacientes desistían
rápidamente ante el insoportable bullicio de las hordas estudiantiles.
¡Qué chivo, parece el Tín Marín, pero
en grande!, exclama un niño al observar una especie de
figuras humanas elevadas a propulsión de aire.
De entrada, la obligación escolar era específica: conseguir
el pasaporte de la Feria y llenarlo con sellos de todos
las instituciones expositoras.
Nos dijeron que si lo llevábamos llenito, nos iban a subir
dos puntos en Lenguaje, revela una niña de unos ochos años
que, antes de preguntarle el nombre, corre con un grupo de compañeros
para instalarse en los primeros puestos de una fila. De una larga fila.
El destino final de la cadena humana es el impaciente rostro de una
mujer de unos 35 años de edad quien, al ser abordada, dice ser
la encargada de Comunicaciones de la Feria Internacional.
Las gotas de sudor en la frente y las yemas de los dedos apachadas son
huella fiel del cansancio de sellar cerca de 4 mil pasaportes de los
visitantes.
Vaya, vaya, tata... si me hace una colita, yo con gusto le pongo
el sello, repetía sin tregua y al ritmo de su imparable
mano, ante los insistentes seño, póngame el sellito.
Las instrucciones de la mujer, cada vez más desesperada, parecían
llegar a oídos sordos. Los de la mayoría de muchachos
que admiraban boquiabiertos a las edecanes del stand presidencial.
Ya viste, es la de Domingo para todos... está algo seca
y pescuezuda, pero ahí se va, sentenció el más
alto de todos, que se ganó las carcajadas de sus compañeros
de formación.
El Titanic
Pero el tour apenas comenzaba. Desde la parte alta de la
Feria se lograba divisar la que fue una de las principales atracciones
del evento: el barco de la PNC. El contingente escolar, dividido en
varios grupos encabezados por ofuscadas maestras, aceleraba el paso
para llegar hasta él.
Las visitas a mostradores de algunos Ministerios quedó relegada
a una fugaz puesta del sellito y al recibimiento de papelería
que explicaba en pocas líneas la misión y visión
de algunas instituciones del Estado.
Ya
ubicados frente a la proa del barco, el objetivo era subir y conocer
el interior con lujo de detalle. Los esfuerzos de la institución
policial para contrarrestrar el problema del secuestro y el trabajo
que realizan los agentes en sus respectivas divisiones fue un plato
de segunda mesa que no logró competir con la curiosidad de los
enérgicos niños.
Las inevitables bromas de algunos que se colocaban en pareja, alzando
los brazos en forma de cruz, parodiando la película Titanic,
generaron literales halones de oreja de parte de algunas educadoras
cuyos regaños quedaban ahogados en semejante bullicio.
El trencito y el tractor del Ministerio de Agricultura y
Ganadería corrieron la misma suerte. Son ruedas de gratis
para que los bichos se entretengan, dice una maestra que decide
realizar una estación de descanso frente a los aparatos.
Uno que otro títere, explicando las ventajas de firmar Tratados
de Libre Comercio, se apoderaba, por escasos minutos, de la atención
de los exigentes alumnos, los cuales, según los organizadores
del evento, conformaron el 70% del perfil de visitantes de la Feria.
De pronto, la atención de los más observadores se volcó
en el repentino movimiento de un par de agentes policiales, que se trasladaron
de inmediato a las afueras de la Feria. Un grupo de siete muchachos,
vestidos de particular, habían sido detenidos por causar desórdenes
a la entrada del lugar, cerca de las taquillas.
Los jóvenes, con las piernas separadas y con las manos entrelazadas
detrás de la cabeza, mostraban sonrientes sus carnés de
minoridad y partidas de nacimiento. Tiempo después, una patrulla
de la PNC llega para trasladarlos a la delegación central.
No le puedo dar eso
El lamentable incidente no traspasa la puerta de vidrio de las oficinas
administrativas de la Feria. Ahí, unos mullidos sofás
color café sirven de descanso durante más de media hora
de espera para hablar con la encargada de coordinar el evento gubernamental.
De entrada, Berta Alicia de Escobar evade el cuestionamiento sobre la
inversión total del Gobierno en el montaje de la Feria, aclarando
que sólo se están pagando los costos operativos
de todo. Lo demás
ha funcionado a puro patrocinio de la empresa privada.
Escobar promete enviar el listado completo de instituciones y patrocinadores
que participaron en la Feria, para informar con mayor detalle sobre
el esfuerzo de todo el aparataje gubernamental. ¿Pero ya
vio cuántos niños han venido? ¡Si esto ha sido todo
un éxito!, enfatiza con orgullo. El mismo éxito
que asegura tendría la Feria del Trabajo, que se realizó
durante el fin de semana. Sin duda, la mujer atina. Las interminables
filas de personas, esperando recibir ya no el pasaporte para los sellitos,
sino una solicitud laboral, se repiten durante el sábado y domingo
en que se desarrolló el evento.
Los rostros de desesperanza impregnan un sentido contradictorio al objetivo
principal de la Feria del Progreso. Aquí, la abultada afluencia,
calculada en 5 mil visitantes, según datos del Ministerio del
Trabajo, es claro síntoma de que el progreso que el Gobierno
ha presumido durante toda la semana no es del todo cierto, al menos
en el ámbito laboral. Todo el dinero que gastaron en esto
deberían utilizarlo en algo más beneficioso. Además,
¿por qué presentar como novedad lo que debe ser un reflejo
de nuestros impuestos?, expresa Mario Fuentes, uno de los visitantes.
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Cada quien se rebuscó
Los organizadores de la Feria del Progreso aseguran que el Gobierno
sólo ha cubierto los gastos de agua, luz, seguridad y limpieza.
Lo demás fue patrocinado.
Desde el inicio del mandato del presidente Francisco Flores surge
la idea de crear un evento popular que informe sobre los logros
alcanzados por las instituciones gubernamentales y se conozca
cuál es la función específica de cada una
de ellas. Este año no fue la excepción. Berta Alicia
de Escobar, funcionaria de Casa Presidencial y organizadora del
evento, instaló un módulo en las oficinas administrativas
de la Feria Internacional para coordinar los costos operativos
del evento. Esto incluye el control de gastos de agua, luz, seguridad
y limpieza. Lo demás ha funcionado, según ella,
porque cada quien se rebuscó a puro patrocinio de
la empresa privada.
De Escobar explica que cada institución participante debió
rebuscarse para conseguir la ayuda suficiente y así
montar su propio stand y trasladar todos los implementos necesarios
para decorarlo.
Los de la PNC se trajeron su barco; los del Puerto de Acajutla
el trencito para que se subieran los niños, como usted
pudo ver. Pero no podría precisarle todo lo que se ha gastado
porque en cada institución varía, dependiendo de
la ayuda que lograron conseguir del patrocinador, argumenta.
Para ella, los convenios y la colaboración interinstitucional
ha sido básica para la realización de la Feria a
un costo austero, que aún no logra detallar. Señala
que, para minimizar los costos de operación, gestionaron
con la PNC la participación de agentes de seguridad, para
la protección de los visitantes; y negociaron con las autoridades
de ANDA, para que el agua nunca les faltara y así no encender
la cisterna ya sí minimizar el gasto de luz eléctrica.
Carmen de Ábrego, coordinadora de Eventos de la Feria Internacional,
asegura que las instalaciones del lugar fueron prestadas gratuitamente
esta vez, porque es el Gobierno.
Algunos representantes de instituciones consultados desde sus
respectivos mostradores aseguraron que la papelería distribuida
es la que ya tenían, y que sólo hubo
necesidad de imprimir cierto porcentaje, cuya cantidad y costo
exacto no se pudo precisar.
Diversas instituciones fueron consultadas sobre los costos de
sus mostradores en la Feria, entre ellas la PNC y Casa Presidencial,
pero ninguna logró precisar las cifras de su inversión.
Desde su fundación en 1965, la Feria Internacional
ha sido escenario de innumerables eventos artículos y encuentros
comerciales.
Está conformada por un total de 126,930.27 metros cuadrados,
que incluyen 12 pabellones de área cubierta, área
abierta, área de alimentos y parqueo.
La tarifa de arrendamiento por metro cuadrado varía si el
stand es predecorado o no. Si lo es, el metro cuadrado se alquila
en cien dólares.
El pabellón Centroamericano es uno de los más requeridos
para eventos bailables o carnavales. Su alquiler es de 52,500 colones
más IVA. |
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