16 de junio de 2002

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CRÓNICA

La feria del tropiezo

De lunes a viernes, miles de estudiantes escolares hormiguearon entre los saturados pabellones, admirando más a las bellas edecanes que al avance de nuestras instituciones. El sábado y el domingo, la amarga desilusión por el alto grado de desempleo recorrió los mismos pasillos, dejando en evidencia que “progreso” es una precaria sábana que todavía no alcanza para todos.

Claudia Zavala
vertice@elsalvador.com

El soldado de la Fuerza Armada hacía esfuerzos por continuar concentrado y rígido como una estatua. Mientras, un niño regordete, con la insignia de su escuela cosida a medias, y los dos últimos botones de la camisa mortificados por un abultado estómago, saciaba su curiosidad propinando disimuladas palmadas en las camuflajeadas piernas.
Ese día, el calor y el hacinamiento de los pasillos daban una sensación de pequeñez a la localidad de 29,527 metros cuadrados de área cubierta.
Justo al lado, la imagen del presidente Francisco Flores lucía imponente, con su característica sonrisa de buen anfitrión. El recorrido apenas estaba por iniciar, aunque los impacientes desistían rápidamente ante el insoportable bullicio de las hordas estudiantiles.
“¡Qué chivo, parece el Tín Marín, pero en grande!”, exclama un niño al observar una especie de figuras humanas elevadas a propulsión de aire.
De entrada, la obligación escolar era específica: conseguir el “pasaporte” de la Feria y llenarlo con sellos de todos las instituciones expositoras.
“Nos dijeron que si lo llevábamos llenito, nos iban a subir dos puntos en Lenguaje”, revela una niña de unos ochos años que, antes de preguntarle el nombre, corre con un grupo de compañeros para instalarse en los primeros puestos de una fila. De una larga fila.
El destino final de la cadena humana es el impaciente rostro de una mujer de unos 35 años de edad quien, al ser abordada, dice ser la encargada de Comunicaciones de la Feria Internacional.
Las gotas de sudor en la frente y las yemas de los dedos apachadas son huella fiel del cansancio de sellar cerca de 4 mil pasaportes de los visitantes.
“Vaya, vaya, tata... si me hace una colita, yo con gusto le pongo el sello”, repetía sin tregua y al ritmo de su imparable mano, ante los insistentes “seño, póngame el sellito”.
Las instrucciones de la mujer, cada vez más desesperada, parecían llegar a oídos sordos. Los de la mayoría de muchachos que admiraban boquiabiertos a las edecanes del stand presidencial.
“Ya viste, es la de Domingo para todos... está algo seca y pescuezuda, pero ahí se va”, sentenció el más alto de todos, que se ganó las carcajadas de sus compañeros de formación.

El “Titanic”

Pero el “tour” apenas comenzaba. Desde la parte alta de la Feria se lograba divisar la que fue una de las principales atracciones del evento: el barco de la PNC. El contingente escolar, dividido en varios grupos encabezados por ofuscadas maestras, aceleraba el paso para llegar hasta él.
Las visitas a mostradores de algunos Ministerios quedó relegada a una fugaz puesta del “sellito” y al recibimiento de papelería que explicaba en pocas líneas la misión y visión de algunas instituciones del Estado.
Ya ubicados frente a la proa del barco, el objetivo era subir y conocer el interior con lujo de detalle. Los esfuerzos de la institución policial para contrarrestrar el problema del secuestro y el trabajo que realizan los agentes en sus respectivas divisiones fue un plato de segunda mesa que no logró competir con la curiosidad de los enérgicos niños.
Las inevitables bromas de algunos que se colocaban en pareja, alzando los brazos en forma de cruz, parodiando la película “Titanic”, generaron literales halones de oreja de parte de algunas educadoras cuyos regaños quedaban ahogados en semejante bullicio.
El “trencito” y el tractor del Ministerio de Agricultura y Ganadería corrieron la misma suerte. “Son ruedas de gratis para que los bichos se entretengan”, dice una maestra que decide realizar una estación de descanso frente a los aparatos.
Uno que otro títere, explicando las ventajas de firmar Tratados de Libre Comercio, se apoderaba, por escasos minutos, de la atención de los exigentes alumnos, los cuales, según los organizadores del evento, conformaron el 70% del perfil de visitantes de la Feria.
De pronto, la atención de los más observadores se volcó en el repentino movimiento de un par de agentes policiales, que se trasladaron de inmediato a las afueras de la Feria. Un grupo de siete muchachos, vestidos de particular, habían sido detenidos por causar desórdenes a la entrada del lugar, cerca de las taquillas.
Los jóvenes, con las piernas separadas y con las manos entrelazadas detrás de la cabeza, mostraban sonrientes sus carnés de minoridad y partidas de nacimiento. Tiempo después, una patrulla de la PNC llega para trasladarlos a la delegación central.

“No le puedo dar eso”


El lamentable incidente no traspasa la puerta de vidrio de las oficinas administrativas de la Feria. Ahí, unos mullidos sofás color café sirven de descanso durante más de media hora de espera para hablar con la encargada de coordinar el evento gubernamental.
De entrada, Berta Alicia de Escobar evade el cuestionamiento sobre la inversión total del Gobierno en el montaje de la Feria, aclarando que “sólo se están pagando los costos operativos de todo. Lo demás ha funcionado a puro patrocinio de la empresa privada”.
Escobar promete enviar el listado completo de instituciones y patrocinadores que participaron en la Feria, para informar con mayor detalle sobre el esfuerzo de todo el aparataje gubernamental. “¿Pero ya vio cuántos niños han venido? ¡Si esto ha sido todo un éxito!”, enfatiza con orgullo. El mismo éxito que asegura tendría la Feria del Trabajo, que se realizó durante el fin de semana. Sin duda, la mujer atina. Las interminables filas de personas, esperando recibir ya no el pasaporte para los sellitos, sino una solicitud laboral, se repiten durante el sábado y domingo en que se desarrolló el evento.
Los rostros de desesperanza impregnan un sentido contradictorio al objetivo principal de la Feria del Progreso. Aquí, la abultada afluencia, calculada en 5 mil visitantes, según datos del Ministerio del Trabajo, es claro síntoma de que el progreso que el Gobierno ha presumido durante toda la semana no es del todo cierto, al menos en el ámbito laboral. “Todo el dinero que gastaron en esto deberían utilizarlo en algo más beneficioso. Además, ¿por qué presentar como novedad lo que debe ser un reflejo de nuestros impuestos?”, expresa Mario Fuentes, uno de los visitantes.

“Cada quien se rebuscó”

Los organizadores de la Feria del Progreso aseguran que el Gobierno sólo ha cubierto los gastos de agua, luz, seguridad y limpieza. Lo demás fue patrocinado.


Desde el inicio del mandato del presidente Francisco Flores surge la idea de crear un evento popular que informe sobre los logros alcanzados por las instituciones gubernamentales y se conozca cuál es la función específica de cada una de ellas. Este año no fue la excepción. Berta Alicia de Escobar, funcionaria de Casa Presidencial y organizadora del evento, instaló un módulo en las oficinas administrativas de la Feria Internacional para coordinar los costos operativos del evento. Esto incluye el control de gastos de agua, luz, seguridad y limpieza. Lo demás ha funcionado, según ella, “porque cada quien se rebuscó a puro patrocinio de la empresa privada”.
De Escobar explica que cada institución participante debió “rebuscarse” para conseguir la ayuda suficiente y así montar su propio stand y trasladar todos los implementos necesarios para decorarlo.
“Los de la PNC se trajeron su barco; los del Puerto de Acajutla el trencito para que se subieran los niños, como usted pudo ver. Pero no podría precisarle todo lo que se ha gastado porque en cada institución varía, dependiendo de la ayuda que lograron conseguir del patrocinador”, argumenta.
Para ella, los convenios y la colaboración interinstitucional ha sido básica para la realización de la Feria a un costo austero, que aún no logra detallar. Señala que, para minimizar los costos de operación, gestionaron con la PNC la participación de agentes de seguridad, para la protección de los visitantes; y negociaron con las autoridades de ANDA, para que el agua nunca les faltara y así no encender la cisterna ya sí minimizar el gasto de luz eléctrica.
Carmen de Ábrego, coordinadora de Eventos de la Feria Internacional, asegura que las instalaciones del lugar fueron prestadas gratuitamente esta vez, “porque es el Gobierno”.
Algunos representantes de instituciones consultados desde sus respectivos mostradores aseguraron que la papelería distribuida “es la que ya tenían”, y que sólo hubo necesidad de imprimir cierto porcentaje, cuya cantidad y costo exacto no se pudo precisar.
Diversas instituciones fueron consultadas sobre los costos de sus mostradores en la Feria, entre ellas la PNC y Casa Presidencial, pero ninguna logró precisar las cifras de su inversión.



Desde su fundación en 1965, la Feria Internacional ha sido escenario de innumerables eventos artículos y encuentros comerciales.

Está conformada por un total de 126,930.27 metros cuadrados, que incluyen 12 pabellones de área cubierta, área abierta, área de alimentos y parqueo.

La tarifa de arrendamiento por metro cuadrado varía si el stand es predecorado o no. Si lo es, el metro cuadrado se alquila en cien dólares.

El pabellón Centroamericano es uno de los más requeridos para eventos bailables o carnavales. Su alquiler es de 52,500 colones más IVA.

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