16 de junio de 2002

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La Columna
Ana Lidia Rivera
vertice@elsalvador.com

Armas, otra vez

Cuántas Verónica y Wendy tendrán que morir para que las autoridades muestren un mínimo de sensatez y coherencia en sus acciones.
Sólo este año, 14 pequeños fueron atendidos en el Hospital Nacional de Niños “Benjamín Bloom” por lesiones con armas de fuego, provocadas en su mayoría por desalmados que, en un acto de salvajismo total, las disparan al aire.

Hasta el momento no conocemos de capturas o decomisos de alguna de las armas causantes de tanto dolor entre la familia salvadoreña.
Responsables del Centro de Registro de Armas de la Fuerza Armada indican que, hasta el momento, sólo se han registrado 175 mil 161, del casi medio millón que se estima está en manos de civiles.

Verónica, una pequeña de tan sólo 11 años de edad, es la última víctima de las pistolas en manos de irresponsables.

Los diputados de las distintas fracciones no se pueden quedar atrás y tienen que sacar algún provecho. Por eso no resulta extraño que ahora utilicen un lenguaje “duro” ante los acontecimientos. Se les agradece. Pero no es con discursos oportunistas que esto se resuelve.
Los diputados no dejan de sorprender. Por un lado se rasgan las vestiduras y por otro autorizan a nuestros jóvenes para que, a partir de los 18 años, puedan poseer un arma y a los 21, portarla. Algunos de ellos se ufanan de que el país posee una de las legislaciones más “duras” en materia de armas de fuego.

Duras, dicen, y nadie sabe con exactitud el paradero de 36 millones de cartuchos, de casi todo calibre, que han entrado al país en los últimos años. En la oficina de Registro de la Fuerza Armada, dicen que es responsabilidad de las tiendas de armas llevar el control de los compradores de cartuchos. Pero, me pregunto, ¿lo hacen? y ¿quién controla las tiendas en eso? Los más seguro es que nadie.

Si se llevara un control real, expedito sobre eso, es decir, si existiera voluntad, tal vez, se podría dar con los desquiciados que disparan al aire y con los que cometen otros delitos donde se observa cualquier tipo de armamento.

Por el momento, lo único seguro es que los señores diputados y los suplentes tendrán material para un par de semanas; saldrán en los medios proponiendo cualquier cosa para que al final de cuentas no pase nada.

Y de nuevo, cuántas Verónica y Wendy tendrán que morir para que las autoridades muestren un mínimo de sensatez y coherencia en sus acciones y trasciendan del discurso oportunista que los distingue.

arivera@elsalvador.com



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