26 de mayo de 2002

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REPORTAJE

Voces infantiles
claman auxilio

Los abusos sexuales están acabando con una buena parte de la inocencia infantil. Sólo el año pasado, más de un millar y medio de niños y niñas fueron abusados sexualmente. Los culpables son en su mayoría hombres, familiares, conocidos o vecinos de las víctimas.

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

Una sombra de terror se cierne sobre la niñez salvadoreña. De tres a cuatro niños y niñas son abusados cada día.
Las víctimas cuentan, apenas, entre cinco y nueve años de vida.
Las leyes tipifican hasta seis diferentes tipos de delitos sexuales contra los menores.
Se registran abusos contra niños sanos, asimismo contra disminuídos a nivel mental.
El año pasado, la Fiscalía General de la República registró a nivel nacional un total de 1,151 casos de delitos contra la “Libertad Sexual”.
De la totalidad de casos, 334 son considerados delitos de violación, 117 violaciones en “Menor Incapaz”, 218 agresiones en” Menor Incapaz” y 224 casos de Estrupo.
Según Marla Amaya, sicóloga de la Unidad del Menor y la Mujer de la Fiscalía, los agresores son en su mayoría hombres, conocidos por los menores o, incluso, forman parte de su familia (padrastros, tíos, abuelos)
La afirmación coincide con datos de instituciones que velan por los derechos de la niñez, como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)
La cercanía del victimario con el niño o niña abusado desencadena el temor a la denuncia, debido al posible vínculo consanguíneo entre el agresor y su víctima, y las repercusiónes sociales que podrían acarrear a toda la familia al conocerse el hecho.
Amaya recordó el abuso contra una niña cometida por un conocido.
“Era una niña de seis años. El agresor era el motorista del microbús escolar. La dejaba por último y la invitaba a comer golosinas. Se comprobó, un caso de estrupo”, explicó la profesional.
De acuerdo con Amaya, no existe un patrón social o condición laboral del agresor. Es decir, no puede establecerse con certeza el perfil del victimario.
No obstante, estadísticas policiales alertan sobre los lugares con más incidencia de abusos contra los niños y niñas.
En lo que va del año, la policía reporta 386 casos de violación sexual, en todo el país, de los cuales 204 han sido en perjuicio de menores de edad.
El mayor número de incidentes se reportar en los departamentos Sonsonate, La Paz y San Salvador. Las ciudades con más denuncias en la capital son Soyapango y Apopa.
La PNC ha logrado capturar a 290 agresores sexuales.
Los sicólogos recomiendan a los padres de familia, enseñar a los niños a estimular la confianza en el seno familiar, brindar información clara sobre lo que son acosos y abusos sexuales para que sepan que hacer en caso de uno probable.
Las indicaciones se encaminan, sobre todo, a los mismos padres para que conozcan la temática y sepan explicarla y orientar a sus hijos e hijas.

Tres historias relatadas en primera persona permiten escudriñar el oscuro mundo de los abusos sexuales cometidos contra menores y quienes son algunos de los agresores.

Era un tipo raro

Creo que tenía unos seis años, vivía con mi abuela, mi madre y la doméstica que se encargaba de cuidarme. La casa era grande, típica de las que se encuentran en San Sebastián, San Vicente.
Por seguridad, no me dejaban salir a la calle y si iba a jugar o andar en bicicleta, lo hacía en el patio de mi casa o el de mis vecinas. Siempre bajo la supervisión de la empleada.
En una ocasión, allá por 1996, unos compadres llegaron del campo por temor a la guerra. Mi mamá les destinó uno de los cuartos. Era una pareja ya madura, se mantenían en el campo todo el día. Vivían con sus dos hijos, una muchacha de 16 años y David de unos 23, quien poco iba a trabajar la tierra, la mayoría de las veces se quedaba encerrado. Era callado, apartado. Nunca hizo amigos, contrario a su hermana.
Desde que lo vi me dió desconfianza. La forma con que me miraba me daba miedo.
En una ocasión, jugaba con mis amigas a trepar árboles. Él intento ayudarme pero se lo impedí.
Fue hasta una vez, jugando escondelero que encontré abierta la puerta de su cuarto. Entré y me escondí debajo de la cama. Una vez oculta, alcancé a verle los zapatos. Estaba frente a mí en la otra cama. Intente correr a la puesta, pero la cerró. Me dio miedo, comencé a llorar. Me decía que no me haría nada malo. Jugaba con sus genitales, insistía que le enseñara lo que yo tenía. Me forzó a que me acercara y acarició todo mi cuerpo.
Mis amigos comenzaron a buscarme. Solo así me dejo salir. Prácticamente mis amigos me salvaron.
No dije nada por temor a que me castigaran. Desde ese día me alejé de ese cuarto, hasta que se fueron, como seis meses después.
Hoy, tengo 18 años y fue hasta el año pasado que busqué ayuda profesional. He tenido tres novios, hemos terminado porque no me gusta permanecer mucho tiempo con ellos a solas.

Presión familiar

Había alcanzado los cinco años. Hija única. A mis padres siempre les ha gustado vivir cerca de su familia. Tres tías vivían con su familia casi en la misma cuadra del centro de Cojutepeque. Esa distancia facilitó un acercamiento con mis primas, quienes eran mis amigas de juego.
Uno de mis tres primos es Carlos. En ese tiempo tendría unos 12 años. Siempre le gustó jugar conmigo. Se mantenía casi todo el tiempo en mi casa.
En una ocasión, estando en el cuarto, se bajó la calzoneta y me pidió que lo tocara. Me quedé callada, bueno en realidad no sabía que hacer, sobre todo, porque la propuesta venía de un familiar de quien mis padres me pedían respeto y que, por ser mayores ellos, supuestamente nos cuidaban.
No cumplí con su deseo, pero su insistencia se mantenía casi a diario.
En otra oportunidad, se encerró conmigo en el baño. Me amenazó que si no le hacía caso, le diría a mis papás que era yo quién les pedía los favores. No tuve más que cumplir y dejar que me tocara y besara. Insistía que le dijera que lo quería.
Cada vez que terminaba, yo me sentía culpable. Ese infierno infantil duró como un año, hasta que él poco a poco se retiró.
Pero cuando cumplí los ocho años, otro de mis primos que tenía 13, comenzó a hacerme las mismas propuestas de Carlos.
La historia era la misma. Llegué a pensar que ese era el comportamiento de todos los primos.
El juego duró casi seis meses hasta que él sin decir mayor cosa se retiró.
Pero, el colmo fue cuando cumplí los 11 años, el tercer primo, el de 14, y a quién en un momento pensé contarle todo, también tomó la misma actitud. Creí que los tres se habían puesto de acuerdo, porque las amenazas eran las mismas.
Ante el temor que se enteraran mis padres y me echaran la culpa decidí callar.
No he buscado un psicólogo pero creo que es necesario. Ahora tengo 19 años.
Me dan miedo los hombres y he rechazado a cualquier enamorado sin importar que me simpatice.

Doméstica abusiva

Mi calvario comenzaba cada vez que mi mamá se iba a dar clases y me dejaba al cuido de la empleada doméstica. Tenía unos cinco años y la muchacha unos 27 ó 30.
Sin mayor comentario, me exigía que que me quitara la ropa mientras ella se acostaba en la cama. Me pedía que me subiera. No comprendía tanta exigencia. Ese trato se repetía casi a diario.
Me amenazaba que si le decía a mi mamá me iba a matar. Me sentía culpable y de verdad tenía miedo de comentarlo con alguien.
En una ocasión, semanas de habernos cambiado a una nueva casa, la señora llevó a vivir a su hermana. Tendría unos 18 años. La historia se repitió con las dos. Cuando una salía, la otra aprovechaba. En una ocasión mi mamá iba a una fiesta y se mantendría ausente hasta muy tarde ee la noche. Yo le pedí llorando que no fuera. Intenté decirle por qué, pero la sola mirada de la mujer hizo que me callara.
Una vez dormido, llegó a mi cuarto y se me tiró, su cuerpo pesaba tanto que creí que me mataría. Me decía que no llorara que solo estaría un rato y que al siguiente día me compraría dulces.
Este tipo de vida la llevé hasta cumplir los ocho años. Por suerte, ella se fue con su familia a San Miguel.
Llegué a pensar que todas las mujeres mayores hacían eso con los niños y que todo terminaría cuando uno crecía.
Al cumplir los 11 años, me enteré en la escuela que existía una enfermedad llamada SIDA. Pensé que estaba contaminado. A nadie le comenté nada. Siempre callé.
Ahora tengo 19 años, pero no soporto ver una señora enamorada que tenga más de 35 años. Me caen mal. Si una mujer de esa edad me da un abrazo, me molesta, es como si me diera asco.

Tipificación de abusos

El Código Penal establece diferencias entre los tipos de delitos sexuales que se cometen contra niños y niñas.


Violación es todo aquel hecho, donde la víctima es obligada a sostener relaciones carnales.

Violación en Menor Incapaz: el artículo 159, explica que es abusar de niños y niñas menores a los 12 años, aprovechando su enajenación mental o de su estado de inconciencia y su incapacidad para resistir.|

Violación y Agresión Sexual Agravada:
an este delito hay un agravante debido a la relación familiar o autoridad de tutela que los adultos ejercen sobre los niños o niñas. La víctima no sobrepasa los 18 años. Este caso contempla también la participación de dos o más abusadores.

Violación en Grado de Tentativa:
acoso violento, pero sin llegar a consumarse la violación.

Agresiones Sexuales: son todas aquellas acciones que violentan la integridad física de los niños y niñas, por ejemplo, tocamientos impúdicos o sexo oral.

Agresión Sexual en Menor Incapaz:
está contemplado en el Artículo 161, del Código Penal, trata de acciones que violentan la integridad física de niños y niñas, aprovechándose de su “enajenación mental”.

Estrupo: por medio de engaños, los adultos se relacionan sexualmente con niños y niñas entre los 14 y 18 años.

Pedofília: Es un término que lo contempla el área de la psiquiatría. Las personas que lo presentan tienen una preferencia sexual con los niños y niñas. El Código Penal no considera el término. El acusado puede ser procesado bajo cualquiera de las tipificaciones legales antes citadas.

 


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