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TEMA
DE PORTADA
La
captura de la vergüenza
Esteban
Ortiz Vásquez fue encarcelado 39 días por delitos que
no cometió. Una unidad policial lo capturó al confundirlo
con un criminal de Panchimalco. La Policía, Juzgados y Fiscalía
reconocen el error y se acusan entre sí por lo sucedido. Al margen
de quien tenga la culpa o no, ninguna de las instituciones dan visos
de querer reparar los daños contra el ciudadano.
Ernesto Villalobos/Claudia Zavala
vertice@elsalvador.com
Esteban Ortiz Vásquez recuperó la libertad el 22 de mayo.
Ese día, despertó de una pesadilla que duró más
de un mes.
Fue víctima de un error: lo confundieron con un asesino, Esteban
Esteban Ortiz Benito, conocido como el picaflor.
El verdadero criminal es buscado desde junio de 1997, cuando cometió
su primer homicidio, en Panchimalco. Al menos, tres víctimas
más se sumarían a su expediente delincuencial.
El picaflor se hizo famoso en la zona por el descaro y sangre
fría con la que cometía los crímenes. Sin embargo,
la peyorativa celebridad del homicida no ayudó en nada a la Policía
a detenerlo.
Por años ha burlado a las autoridades con esporádicas
apariciones en los sitios donde cometió sus homicidios. Este
año, en abril, la policía creyó, por fin, haberlo
detenido.
Un informante alertó a los agentes de la Sección de Capturas
de la División Regional Metropolitana de Investigaciones de la
PNC, sobre el paradero del picaflor. Indicó que el
homicida trabajaba como vigilante en una gasolinera, ubicada en el kilómetro
23, en la carretera a Comalapa.
El cabo Maximiliano Hernández y los cinco agentes Juan Avelar,
Paz Torres, Martín Portillo, Edgar Vicente y Andy Cruz verificaron
el aviso.
Vestidos de civil visitaron la estación de servicio, en diversas
ocasiones, para controlar los movimientos del que ellos creían
era el criminal.
Días después de darle seguimiento, decidieron aprehenderlo.
Investigadores encubiertos llegaron a la gasolinera en la madrugada,
del 13 de abril, para ultimar detalles de la captura que realizarían
unas horas después.
A las siete de la mañana, del día 13, Esteban Ortiz Vásquez
terminaba otro turno como vigilante. Depositó la escopeta calibre
12 que le presta la empresa, tomó su mochila y salió rumbo
a casa.
A la salida de la gasolinera, los seis agentes le cortaron el paso con
ayuda de una patrulla.
Consta en las investigaciones que Ortiz Vásquez se identificó
con su cédula, NIT y carnés electoral y del Seguro Social.
Además, presentó el permiso para portación de armas.
Uno de sus nombres y un apellido coincidían con los del picaflor.
No así el resto de sus generales, edad e identidad de los progenitores.
Aún así, los policías lo detuvieron. Es más,
lo acusaron de portar documentos de identificación falsos, sin
tener pruebas de ello.
¿Mala fe?
La víctima relata que de su lugar de trabajo fue llevado a
la Delegación de la PNC, en esta capital.
Ahí
vio que los agentes redactaron el acta de detención y le informaron
de los cargos en su contra.
No puedo leer ni escribir. No sé qué decía
ese papel, afirma, Ortiz Vásquez.
Después, sostiene, fue trasladado a la PNC en Monserrat donde
durmió dos noches. El lunes 16, volvió a la Delegación
Metropolitana para ser presentado a los periodistas como el picaflor.
Lo acusaron de asesino a sueldo y uno de los más bucados por
la justicia.
Después fue remitido a los tribunales y posteriormente, al Penal
La Esperanza, en Mariona.
La versión de los agentes es distinta. Según ellos, en
la gasolinera le pidieron a Ortiz Vásquez únicamente que
los acompañara.
Aseguran que en ese momento, no podían arrestarlo debido a lo
difícil de establecer su identidad.
Sostienen haberlo llevado de nuevo a Panchimalco, donde suspuestos testigos
lo reconocieron como el asesino.
En el acta de detención, a la que tuvo acceso Vértice,
los agentes escribieron que tres personas lo identificaron.
El acta tiene vacíos, ya que carece de las firmas de los supuestos
testigos.
Se constató, ciertamente, que el detenido no fue trasladado a
Panchimalco.
Hubo una rueda de reos, pero esta ocurrió en la estación
metropolitana, en San Salvador.
Consta en el proceso, que los verdaderos testigos (de la rueda de reos)
dudaron que el detenido fuera el buscado picaflor.
Fue hasta que el caso se abrió a instrucción, en el juzgado
Noveno de Instrucción en San Salvador, que se comprobó
la inocencia reclamada desde el principio por Ortiz Vásquez.
Del caso, quedan algunas preguntas posiblemente sin respuesta.
¿Por qué los policías a cargo de la captura se
empecinaron en acusar al detenido? ¿Por qué falsearon
datos en el acta de detención?
¿Por qué si en la rueda de reos hubo dudas en torno a
la identidad del capturado se desestimó esta información?
¿Cómo se comprobó que los documentos de identidad
presentados como descargo por Ortiz Vásquez eran falsos?
La
pesadilla terminó
Después de ser tratado como uno de los criminales más
desalmados del país, Esteban Ortiz Vásquez solo quiere
regresar a su trabajo y que su vida y la de sus familiares vuelvan a
la normalidad
Nunca
pensé que viviría una pesadilla como esta. Me sorprendí
más aún cuando me di cuenta que conocía a los policías
que me capturaron. Ellos habían llegado varias veces a comprar
a la gasolinera y sabían que trabajaba honradamente en ese lugar.
He trabajado ahí por más de siete años y nunca
he tenido problemas.
Desde que salí del cuartel en el 87, tomé el camino correcto.
No me convertí en cuatrero, ni formé parte de bandas ni
nada. Desde entonces he trabajado a pala y piocha para ganarme la vida.
El 13 de abril cuando salía de entregar mi turno, una patrulla
policial me salió al paso. Se bajaron seis policías y
me rodearon y me obligaron a subir.
Dentro de la patrulla preguntaron si vivía en Panchimalco, en
el cantón Los Pajales. Les contesté que nací en
ese lugar, pero que casi toda mi vida la he pasado en el Caserío
El Salamo del cantón La Esperanza, en Olocuilta. Esas fueron
las únicas palabras que dijeron.
Comenzamos a viajar en silencio y pensé muchas cosas. Creí
que me iban a matar.
Cuando llegamos a San Salvador, dijeron que íbamos a la Delegación
Metropolitana.
Me explicaron que me harían pruebas y me tomarían huellas.
En el puesto de la policía, unos agentes me dijeron que mi error
era llevar un arma sin permiso y que el caso se iba a Zacatecoluca.
Pero los agentes que me capturaron dijeron que seguirían las
investigaciones y que debía quedarme.
Me senté en un banco de madera, a esperar. Estaba cabeceando
del sueño, aún así,vi cuando los policías
empezaron escribir a máquina.
Cuando terminaron me enseñaron la hoja. No supe qué decía
porque no puedo leer ni escribir.
Depués me llevaron a otro puesto, en Monserrat. Al llegar me
pidieron que firmara el papel que ellos habían llenado y me acusaron
de haber matado a tres personas.
Los policías de este otro lugar me decían:ahí
esta el gran asesino de Panchimalco, yo les decía que era
mentira, que se habían equivocado.
En Montserrat pasé dos días. Cuando llegó el lunes
me llevaron otra vez al centro.
Habían varios periodistas y cámaras. Dijeron que era un
asesino.
Más tarde me llevaron a los juzgados, donde pase una noche.
Al siguiente día, en la noche, dijeron que ya nos íbamos.
No sé porque pensé que íbamos a la cárcel.
Yo dije, si es Mariona no voy a salir vivo, porque ahí
están los que mataron a mi primer hijo, hace un año.
Cuando llegué, la gente de la cárcel me dijeron que evitar
los problemas.
En la cárcel me topé cara a cara con los asesinos de mi
hijo, pero ni siquiera cruzamos miradas.
En el día iba la iglesia. En la noche, me afligía por
los hijos, hasta no podía dormir pensando en ellos.
Gracias a Dios, eso ya pasó. La pesadilla terminó.
Lo primero que quiero hacer es ir a la gasolinera, hablar con el patrón
y preguntarlesi puedo trabajar otra vez. Tengo que mantener siete hijos.
El
apoyo incondicional
Esteba Ortiz Vásquez vive en el caserío El Salamo del
cantón La Esperanza, en Olocuilta. Allí viven sus siete
hijos, frutos de dos hogares distintos.
En
una de sus viviendas, el pasado 22 de abril, se reunió con buena
parte de su familia con quienes celebró entre lágrimas
y abrazos la libertad lograda.
Sus dos compañeras de vida hablaron de momentos difíciles
para alimentar a los niños, mientras el papá estuvo preso.
Nadie en la familia, dejó de creer en la inocencia de Esteban.
Sabíamos que saldría porque nunca le ha hecho daño
a nadie, dijo Ana Martínez, madre de cuatro de sus hijos.
La humilde comunidad está a uno pasos de la gasolinera donde
Esteban se gana la vida.
Inmediatamete después de ver a su familia, Esteban fue a su lugar
de trabajo.
Sus compañeros lo recibieron con abrazos y apretones de manos.
Como regalo de bienvenida le entregaron un poco de dinero.
Su intención era recuperar la fuente de trabajo y sustento propio
y familiar.
El dueño de la gasolinera lo recibió bien.
Le entregó un adelanto de salario y lo mandó a descansar.
Le informó que estaba recontratado y lo esperaba este lunes,
para reanudar las labores.
¡Asesino suelto!
Al margen de la confusión, negligencia o arbitrariedad de las
autoridades que participaron en el caso, hay una realidad que no admite
más pérdida de tiempo: Esteban Ortiz Benito sigue libre,
y sobre él pesan ya cuatro muertes por las cuales debe responder.
En
los cantones de Panchimalco mencionar su nombre es, hoy más que
nunca, motivo de miedo. La posibilidad de que la Policía lo hubiese
capturado fue una satisfacción que duró muy poco. Muchas
bocas han decidido callar, aún siendo dueñas de valiosos
testimonios que podrían ayudar a determinar su paradero.
Su facilidad para burlar la justicia lo ha hecho ganarse el mote que
ya ocupa un puesto de honor en la lista de los más buscados
de la Policía. Sin embargo, hay muchas características
de su personalidad que lo han convertido en casi un mito de terror en
la zona, y cuya veracidad aún no se ha comprobado, a falta de
peritajes sicológicos y siquiátricos judicializados.
Pobladores del lugar, que lo han conocido desde niño, presumen
que los asesinatos cometidos por el picaflor no se limitan
a los ventilados en el Juzgado Noveno de Instrucción.
Hablan, al menos, de dos más: Dicen que ha matado a un
soldado y a un hermano de otra de sus víctimas. Lo mató
un año después de haber matado al primero, señalan.
Hasta ahora, ninguno de esos dos supuestos homicidios han sido judicializados.
Nora Montoya, jueza encargada del caso, declara que Panchimalco es una
zona especialmente conflictiva, al punto de que se gestiona la posibilidad
de crear un Juzgado de Instrucción exclusivo para sus pobladores.
El problema fundamental, según ella, son las rencillas familiares.
Si usted revisa en el libro de entradas, notará que lo
que más se dan son homicidios y violaciones, supuestamente por
venganza o ajuste de cuentas. Es raro ver un problema de drogas o maras,
como en la mayoría de lugares, dice.
De hecho, se presume que el lanzamiento de la granada hacia la vivienda,
en mayo de 1998, se debió a que en el lugar se encontraba una
de las personas que había testificado en contra del más
buscado, cuando fue procesado por el homicidio de Bernabé
Martínez Pérez, supuestamente su primera víctima.
Según Montoya, la ubicación de testigos claves y posterior
ajusticiamiento ha sido una conducta identificada en el
picaflor. Esto se le ha facilitado por la extensión
reducida de la zona y porque en los pueblos todo el mundo se conoce.
Por ahora, la Policía asegura estar investigando su parad
¿Errores
por mil?
La titular del Juzgado Noveno de Instrucción, Nora Montoya, asegura
que este tipo de confusión sucede constantemente
en las detenciones que realiza la PNC, porque muchas veces, capturan
a la gente sin asegurarse primero de su identidad.
Y
ejemplifica su argumento: Nada menos ahora conocí un caso
todavía más chabacán que el del Picaflor,
porque en la misma causa se han atrapado a tres personas que ni siquiera
tienen el mismo nombre que nosotros les dimos en la orden de captura.
Son totalmente diferentes, enfatiza.
El jefe de la Regional Metropolitana de Investigaciones, subcomisionado
Vladimir Cáceres acepta, a medias, el señalamiento de
la jueza.
Está consciente de que en el caso de Esteban Ortiz Vásquez,
hubo negligencia y un mal procedimiento policial.
Es más, sostiene que no es la única confusión en
una captura, ya que se han dado varias.
Parte de los errores, según Cáceres, se cometen por los
pocos insumos que reciben en las órdenes giradas por los Jueces.
Creo que en los Juzgados es donde hay negligencia al no establecer
la identidad exacta de los imputados. Tener la certeza de cómo
se llaman es obligación de ellos, no nuestra, añade.
En el caso de Ortiz Vásquez dijo estar satisfecho con el procedimiento
realizado por los seis agentes que participaron en la captura.
Aclara que no sancionará administrativamente a ninguno.
Cáceres dice haber investigado a sus hombres y dice no contar
con pruebas que orienten a imponer posibles castigos.
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Numerosas
víctimas
Según la Fiscalía, desde 1997, el picaflor
ha sido declarado reo rebelde, pues nunca lo ha localizado la
Policía.
22 de junio de 1997: homicidio doloso.
En contra de Bernabé Martínez Pérez. El asesinato
ocurrió en el cantón El Divisadero, Panchimalco,
al parecer por rencillas personales. El cadáver presentaba
cuatro impactos de bala, uno de ellos en el cráneo. Un
jurado lo declaró culpable y fue condenado a 20 años
de prisión.
11 de mayo de 1998: homicidio agravado y homicidio agravado en
grado de tentativa.
Según el proceso judicial, el picaflor hizo
detonar una granada en
una vivienda ubicada en el cantón Los Pajales, de Panchimalco,
ocasionado la muerte de los menores Alexander y Moisés
Cruz Vásquez. Resultaron gravemente heridos: Josè
Abraham García Estrada, Félix Flores, Alberto Gar
cía, José Benito Cruz, Úrsula Vásquez
de Cruz y Stefanie Raquel Cruz Vásquez.
4 de agosto de 1998: homicidio agravado
En contra de Anselmo Ramírez Miranda. El hecho ocurrió
en la finca Margarita, también del cantón Los Pajales,
Panchimalco. Según reportes de Medicina Legal y el Laboratorio
Científico de la PNC, la víctima presentaba nueve
impactos de bala y cortaduras con arma blanca.
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Opiniones
Nora Montoya, juez Noveno de Instrucción: Ellos capturan
a la gente sin asegurarse primero de su identificación.
Aunque no hay una estadística que lo confirme, Montoya asegura
que los casos de confusión de identidad en los que
incurre la Policía son bastante comunes. Ella adjudica dicha
situación al poco cuidado que los agentes tienen al realizar
las capturas. Si ellos van a buscar a Pedro López y encuentran
a Juan Pérez, y un vecino les dice que Pedro y Juan son la misma
persona, ellos se lo traen, aunque los nombres y las características
no tengan nada que ver, señala.
Jaime Rivera, fiscal
especifico del caso:
Los testigos que aseguran haber consultado tendrían que
haber firmado el acta policial y no lo hicieron.
Él reconoce que si bien, algunas veces las órdenes de
captura no contienen información detallada , éste no era
el caso. Admite que hubo falta de comunicación entre los fiscales
y agentes que realizaron la detención, pero aduce que en
este caso no había donde perderse, ya que las generales
del imputado eran claras. Explica que nunca se realizó una audiencia
de reconocimiento de reos, porque los testigos no llegaron. ¿Cómo
establecieron que la cédula era falsa? ¡Vaya usted a saber!,
comenta.
Demanda Civil
Lo ha decidido. Esteban Ortiz Vásquez iniciará un proceso
civil en contra del Estado, por todos los derechos que le fueron violentados
al capturarlo, presentarlo públicamente como un asesino y encarcelarlo
más de un mes.
Jaime Martínez, de la Fundación para el Estudio y Aplicación
del Derecho (FESPAD) aclara que es necesario revisar, paso a paso, todo
el proceso del caso de Ortiz Vásquez, para determinar en qué
instancias se irrespetaron sus derechos, así como señalar
quiénes son los funcionarios directamente responsables de dicha
violación.
La aseveración la fundamenta en el artículo 245 de la
Constitución que establece que Los funcionarios y empleados
públicos responderán personalmente, y el Estado subsidiariamente,
por los daños materiales o morales que causaren a consecuencia
de la violación a los derechos consagrados en esta Constitución.
Martínez asegura que, en este caso, no sólo el encargado
del operativo policial puede tildarse de negligente, sino también
el Juez de Paz que no verificó la identidad del supuesto imputado,
decretó detención provisional y permitió que el
caso continuara en etapa de Instrucción.
Según el artículo 115 del Código Penal, entre las
consecuencias civiles que asumirían los responsables, si se determina
su culpabilidad, están la reparación del daño que
hayan ocasionado, la indemnización a la víctima por perjuicios
causados por daños materiales o morales y las costas procesales.
El lucro cesante es fundamental, ya que con él se
asegura el pago total de lo que pudo haber devengado en su trabajo,
durante el tiempo que fue detenido. Según Matínez, entre
los derechos violentados con el proceder policial y judicial están
el derecho de imagen, de presunción de inocencia y de justicia
rápida y eficaz.Vladimir Cáceres, jefe de Regional Metropolitana
de Investigaciones: Yo no soy Mandrake para saber cuáles
son las generales correctas de los imputados.
Cáceres sostiene que, diariamente, reciben un promedio de ocho
a quince órdenes de captura de diferentes Juzgados de San Salvador.
El problema fundamental al que se enfrentan los agentes, operativamente
hablando, es la poca cantidad de insumos o datos que los Jueces incluyen
en dichas órdenes. Hemos tenido casos en los que ponen
dos o tres nombres diferentes de la persona a la que hay que capturar.
Y no tenemos acceso a los procesos en los Juzgados, para comprobar ciertos
datos y salir de dudas, afirma.
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¿La
misma persona?
Cuando la Policía Nacional Civil presentó ante los
periodistas a Esteban Ortiz Vásquez, asegurando que se
trataba del Picaflor, hizo una mezcla arbitraria entre
los datos del inocente y el culpable.
Revelan que la edad del Picaflor es de 37 años.
Esta es la edad de Ortiz Vásquez. Pero realmente el Picaflor
tiene actualmente 24, según su cédula de identidad
y según la orden de captura girada por la Jueza Noveno
de Instrucción, desde 1998.
Le adjudican haber pertenecido al Ejército, en 1986. Efectivamente,
Ortiz Vásquez fue militar. Sin embargo, es absurdo declarar
que el Picaflor lo haya sido, ya que en esa época
él tenía ocho años de edad.
Lo acusan de ser un homicida en serie, cabecilla de la banda de
sicarios Mano de piedra. La banda, supuestamente,
estaba conformada por veinte miembros y cinco de ellos eran hermanos
de picaflor. La agrupación cobraba 3 mil colones
por cada muerte.
Los tres delitos que constan en contra del Picaflor
no tienen nada que ver con la banda.
Dos son por homicidio doloso y uno por homicidio en grado de tentativa.
Judicialmente no se ha podido establecer la vinculación
del picaflor con banda alguna.
Las
fechas de la arbitrariedad
Una aparente confusión policial provocó que Esteban
Ortiz Vásquez, empleado de una gasolinera, pagara, durante
más de un mes, la cuenta pendiente de un prófugo.
13 de abril
Capturan a Esteban Ortiz Vásquez, a las 7:05 a.m. en la
gasolinera Shell Montelimar, en el kilómetro 23 y medio,
autopista a Comalapa. Según la Policía, es llevado
a la Delegación Centro y luego a Panchimalco, para ser
reconocido por los familiares de algunas víctimas del picaflor.
15 de abril
Lo presentan a los periodistas como cabecilla de sicarios.
Es trasladado al Centro Penal La Esperanza. Basándose
en el testimonio de los supuestos testigos, la PNC asegura que
el detenido ha falsificado su cédula de identidad y se
le acusa de portar un arma sin matrícula.
18 de abril
La defensora pública, Brenda Olivares de Rivas, solicita
la realización de una audiencia especial para aclarar la
identidad del detenido. Sin embargo, no comparecen los supuestos
testigos que asegurarían que Ortiz Vásquez era realmente
el picaflor.
24 de abril
La Fiscalía solicita audiencia especial para establecer
la identidad del detenido con la del Picaflor. La
defensa ofrece la cédula de identidad, NIT, carné
del ISSS y solvencia policial de Ortiz Vásquez.
Existen pruebas de que el detenido no es el hombre a quien buscaba
la PNC.
15 de mayo
Una audiencia especial realizada en el Juzgado Noveno de Instrucción
de San Salvador, determina que se trata de dos personas diferentes.
La jueza Nora Montoya resuelve que hubo negligencia y un
mal procedimiento policial. Envía certificaciones
a la PNC y a la PDDH.
23 de mayo
La PNC acusó al detenido de portación ilegal de
armas y de documentos falsos. Debido a ello, se abre un proceso
en el Juzgado de Instrucción de San Luis Talpa. Aunque
se comprueba el error de la detención, Vásquez sigue
preso, mientras el juzgado de San Luis no se pronuncie.
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