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REPORTAJE
¡Todo el dinero se esfumó!
El
repentino anuncio de la liquidación de la empresa Munguía
S.A. dejó perplejo al grupo que compró sus Certificados
de Inversión, por medio de una Corredora de Bolsa. Los afectados
se sienten desamparados. ¿Qué falló? La fiscalización
o la falta de información de las instituciones responsables
Ana lidia rivera
vertice@elsalvador.com
Son
las cinco de la tarde del 11 de octubre de 2001, en el Salon Presidente
del Hotel Marriot en San Salvador. Al lugar se ha convocado a la mayoría
de Tenedores de Certificados de Inversión de la empresa Munguía
S.A.
Los asistentes se muestran ansiosos por escuchar lo que les dirá
el Presidente y Representante Legal de esa empresa familiar, fundada
en 1955, Gustavo Munguía Cabrera, cuya firma aparecía
en la concovocatoria girada a 52 inversionistas.
El ambiente de amabilidad percibido al principio, fue transformándose
por uno de pesadez y desolación a medida que Munguía Cabrera
profundizaba, apoyado por un proyector, las circunstancias que llevaron
a la quiebra y posterior liquidación de la empresa. Munguía
siempre fue una empresa familiar, sin injerencias externas. Esta vez,
la decisión del cierre fue ordenado por la Superintendencia de
Valores.
En 1998 Munguía realizó una emisión de títulos,
la CIMUNG3, a través de la Casa Corredora de Bolsa Capital. Con
los documentos bursátiles Munguía captó 20 millones
de colones.
Al declararse la quiebra, la Casa Corredora fue adquirida por el Banco
Agrícola Comercial, y a los tenedores se les alertó sobre
la posibilidad de recuperar una parte del dinero.
Lograrían un 70% de su inversión inicial, si aceptaban
recibir la cartera de cobros y algunos activos de la empresa. Tiene
que ser antes de que nos caigan los acreedores, advirtió
Munguía Cabrera.
Lo que nos ofrecieron en ese momento nos pareció un tanto
razonable y logramos tranquilizarnos un poco, comentó uno
de los afectados.
No obstante, las posibilidades de recuperar parte de dinero disminuyen
con el paso del tiempo.
Casi nada por cobrar
Los representantes de los Tenedores continuaron reuniéndose con
los primos hermanos, Gustavo Munguía Cabrera y Gerardo Munguía
Gutiérrez, cabezas visibles de la empresa familiar.
En la reunión de marzo de este año se acordó la
elaboración de una Escritura Pública en la que los empresarios
se comprometían a ceder sus inventarios de electrodomésticos,
declarados contablemente en un poco más de 2 millones de colones,
y sus cuentas por cobrar, declaradas en 10 millones.
Las cifras sumaban un total de 12 millones de colones, lo que produjo
una relativa tranquilidad en los tenedores.
En la misma escritura, Munguía se comprometió a traspasar
el producto de sus futuras ventas a la Central de Depósitos de
Valores (CEDEVAL) para su inmediata distribución a los tenedores.
También se acordó encargar las cuentas por cobrar a una
empresa especializada.
En un principio CEDEVAL aceptó distribuir el dinero entre los
tenedores cada mes, siempre que lo depositado fuese mayor a $150 mil
dólares, para garantizar una distribución porcentual entre
los afectados, de acuerdo a la inversión realizada.
Sin embargo, una vez llegada la fecha de pago, la empresa dijo no tener
esa cantidad.
En ese momento los representantes de la comisión advirtieron
una aparente falta de interés, diligencia y compromiso
de los personeros de Munguía para agilizar la consecución
del dinero.
Debido a la insolvencia, los tenedores acordaron reducir la cuota a
$75 mil dólares. Este dinero si fue recibido.
Ya
antes Munguía había retribuido un 10% con la venta de
activos. En total, los afectados lograron recuperarar 1.8 millones de
colones, equivalentes al 11% de la deuda global (20 millones)
En su afán de recuperar más dinero, los afectados se avocaron
a las cuentas por cobrar.
Un Informe Especial de Cifras Intermedias, elaborado por expertos contables
contratados por Munguía, puntualizó que las Cuentas por
Cobrar reflejaban números en rojo.
La cuenta por cobrar presenta saldos negativos por 7 millones
802 mil 451 colones.
Añade el Informe que durante junio y agosto de 2001, el saldo
de la cuenta Mercadería en tránsito, sufrió
una reclasificación contable de saldos por más de un millón
y medio de colones. El valor fue trasladado a las cuentas de inventario.
No se nos proporcionó información para verificar
la razonabilidad u origen de la reclasificación apunta
la auditoría.
Este informe inicial refleja un nivel de descapitalización tal
de la empresa Munguía, así como cifras que no cuadran.
En un principio, ello impediría a los Munguía cumplir
con el compromiso de resarcir a sus antiguos socios, tal como lo prometieron.
Esta situación no impide al presidente de la empresa, Gustavo
Munguía Cabrera y al Gerente General, Gerardo Munguía
Gutiérrez, reafirmar su compromiso con los inversionistas.
Estamos en toda la disposición de cumplir, pero de momento
estamos descapitalizados, dice este hombre en su oficina recién
alquilada, decorada con algunos trofeos ganados, en campeonatos de golf.
Sin duda, uno de sus deportes favoritos.
De acuerdo con los Munguía, debido a los pagos efectuados a los
bancos acreedores se quedaron sin dinero. A esto suman una baja en las
utilidades, que les significó una pérdida del 30% de sus
ingresos.
En los últimos años la competencia fue enorme a
nivel mundial y local. Se dio una superproducción de electrodomésticos,
los precios y las ventas se vinieron a pique, explican.
¿Responsabilidades?
Dos instituciones, además de la empresa Munguía, habrían
sido coresponsables de la pérdida millonaria, sostienen los inversionistas:
la Superintendencia de Valores y la Bolsa de Valores.
Según los quejosos, ambas instituciones no actuaron de manera
oportuna.
Las acusan, además, de ocultar información importante
que pudo alertarles sobre el deterioro de la empresa. De ser posible,
evitar costos como la pérdida de más del 85 por ciento
de los 20 millones.
Nunca recibimos información por parte de la Superintendencia
ni de la Casa Corredora de Bolsa sobre los índices financieros
de Munguía, coinciden en decir los afectados.
El Superintendente de la Bolsa de Valores, Omar Rodriguez, se defiende:
Hicimos lo que debíamos hacer: cancelar el registro. El
asunto es que la Bolsa de Valores debió informar a sus clientes
sobre los índices de Munguía. (Ver entrevista anexa).
Por su parte representantes de la Bolsa de Valores, señalan que
los índices financieros de Munguía siempre fueron de dominio
público.
Nuestra información es distribuida a través de boletines,
discos compactos y la página web. Los tenedores no pueden alegar
ignorancia, sostienen.
El presiente de la Bolsa de Valores, Rolando Duarte, hace énfasis
en la naturaleza de la institución que representa.
Nosotros no somos avalistas de ningún emisor, sólo
buscamos la intermediación entre el emisor y los clientes inversionistas.
Si alguien tiene que responder por este caso, le corresponde a los Munguía,
enfatiza.
A este nivel ninguna de las instituciones se hace responsable de lo
ocurrido.
Los inversionistas, por su parte, aseguran no haber perdido las esperanzas
de recuperar un poco más del dinero, incluso por medios legales.
Buscaremos que se haga justicia. Queremos, por un lado, recuperar
nuestra inversión y, por otro, advertir a los ciudadanos honrados
de este país sobre las debilidades del sistema y el riesgo que
corren cuando no existe transparencia.
En
este caso falló
el flujo de información
El
superintendente de valores señala que en el caso de munguia s.a.
la bolsa de valores no actuó de manera oportuna. no exigió
información a los empresarios sobre su situación bursátil
y, obviamente, tampoco informó a los tenedores de los titulos
o inversionistas acerca de lo que ocurría con su dinero. Según
él, la superintendencia ya agotó las posibilidades de
actuación al ordenar la cancelación de munguía,
en septiembre pasado.
Ana lidia rivera
vertice@elsalvador.com
El Superintendente de Valores, Omar Ernesto Rodríguez supo del
deterioro económico que registraba Munguía S. A.
Según dijo, la Superintendencia actuó de manera oportuna
y aconsejó a los emisores informar a las Casas Corredoras, así
como a los inversionistas de la deteriorada situación financiera.
¿Qué ocurrió con la empresa Munguía para
que la Superintendencia ordenara liquidar?
Esta sociedad presentó problemas financieros. Pierde parte del
capital y la Superintendencia interpreta esta situación como
difícil, tanto que puede entrar en una causal de disolución
de las que establece el Código de Comercio, al perderse las tres
cuartas partes del capital y de acuerdo a ese Mercado de Valores.
Se decide, en primera instancia, suspender y dejar un tiempo prudencial
de 30 días para que Mungía responda y diga si es cierto
que está en camino de perder las tres cuartas partes de su capital.
No nos respondieron y es así como la Superintendencia procede
a cancelar el registro y, con la cancelación, nace el derecho
para los Tenedores de Certificados; derechos que están plasmados
en la Ley de Mercados de Valores y que, de alguna manera, les permitirían
recuperar el dinero.
¿Cuándo se entera la Superintendencia de la situación
que atraviesa Munguía S.A.?
En este caso se dieron varias reuniones que tenían que ver con
la información de la Sociedad. En su momento nos reuníamos
con los Munguía para ver los estados fiancieros de manera periódica.
Lo que ocurre es que todavía, en el país, y como parte
de la cultura bursátil que nosotros tenemos que ir impulsando,
los emisores muchas veces se atrasan en el envío de la información
financiera, pero la Superintendencia está muy pendiente de eso.
Pero, hay que decirlo, que quien tiene las herramientas legales, mucho
más fuertes para sancionar y para exigir la información,
es la Bolsa de Valores, mucho más que la Superintendencia.
En la Bolsa dicen que eso le corresponde a la Superintendencia...
En teoría lo que tendría que pasar, en el caso de los
emisores, es que la información la tendrían que hacer
llegar a los Tenedor de los Certificados, que en última instancia
es a quienes le deben la plata y quienes, al momento de comprar los
Títulos Valores se le fueron acreditados ciertos derechos.
¿Cómo es el proceso de informar?
La información financiera normal llega a la Bolsa y llega a la
Superintendencia, de aquí a las Casas de Corredores, pero esto
le corresponde más a la Bolsa de Valores porque es la que tiene
una red de comunicaciones con las Casas, que es muy eficiente. Esta
le da la información financiera para que sea puesta en la página
web. La idea de esto es que esa información le sea presentada
a los Tenedores de los Títulos para que ellos decidan qué
van a hacer.
Los Tenedores se quejan de que la información financiera
de Munguía apareció en la web hasta diciembre y enero
últimos. Ya cuando la empresa había sido liquidada. Eso
de ser verdad, ¿es grave?
Son faltas graves y que tienen mucho que ver con lo que antes le comentaba,
con el flujo de información por parte de los emisores y que debe
ser evaluada por los Tenedores de los Certificados a la hora de ejercer
sus derechos.
En casos como estos la Ley es tal que la única acción
que le deja a la Superintendendia es la que se tomó: en primer
instancia suspender y en segunda, cancelar.
Pero no hubo ninguna advertencia a los Tenedores.
¿Ustedes cuándo se enteran Superintendente?
Nosostros estábamos observando la mala situación de la
empresa, se le consulta al señor Munguía si él
tiene algún plan para recuperar la empresa y eso con la intención
de que él se lo informe al público. Él manifiesta
que sí, que hay un plan: liquidar.
Ustedes confiaron en eso.
No tanto como confiar. Lo que ocurre es que la Superintendencia no puede
hacer más. Que él lo divulgue es lo que exige la Superintendencia.
¿A estas altyuras qué va a pasar con los Tenedores?
En la Superintendencia se ha agotado lo que se podía hacer. Esto,
porque la Ley hasta allí nos dejó las posibilidades.
En la ley nos dicen mire cancele y la cancelación
es el castigo más alto que puede poner. La Superintendencia ya
lo hizo.
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