12 de mayo de 2002

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Lazos de muerte
Tres crímenes sin respuesta

La necesidad de sacar adelante a sus familias las habría obligado a prostituirse. En la calle, Marlene, Sandra y Yubi, originarias de Zaragoza, encontraron la muerte. Marlene fue asesinada el año pasado. Las otras dos, hace un mes. Los crímenes alertan sobre posibles homicidios sumarios. La Fiscalía dice investigar, pero ni siquiera posee informes de autopsias. Sólo las versiones de testigos han hecho posible reconstruir parte de su historia. El relato que se presenta, en primera persona, combina diversos testimonios.

Vértice

vertice@elsalvador.com

Noté cuando el carro negro con vidrios polarizados se detuvo a unos metros de donde estábamos.
Exactamente, a un costado de la gasolinera Texaco, que está sobre el Bulevar Los Héroes, donde todas acostumbramos trabajar.

Al principio no miraba quién iba adentro. Fue hasta que el conductor bajó el vidrio de su puerta que pude verlo a él y a otro hombre que lo acompañaba. Nunca antes los había visto.
“Spyder” sí los conocía. Habló con ellos con mucha familiaridad. Conversaron un buen rato los tres. Los hombres nunca se bajaron del carro. Nosotras seguíamos platicando como si nada.
Ese martes, al contrario de otros días, estaba fresco. Todas estábamos ahí.
Momentos después, “Spyder”, llamó a las Orellana. Les dijo que ya había hecho el trato por cien colones con los del carro.

Bueno, de los cien colones, como siempre “Spyder” se queda con treinta por cada una. El es el jefe del grupo de hombres que nos proteje de los abusos de los clientes, aunque a veces ellos también la agarran contra nosotras cuando quieren tener ‘un rato’ gratis.
Esa noche yo tenía un mal presentimiento. “Spyder” le dijo a las hermanas que se tenían que ir con los del carro negro. Que ya había hecho el trato.
Yo les pedí que no fueran, por eso de los presentimientos. En el fondo, creo que ellas también sentían algo, pero no hubo tiempo para platicar.
Cuando estaban por subirse al carro, agarré a Yubi del brazo, noté que estaba fría, así como se ponen los muertos.

“No te preocupés, ya vamos a estar de vuelta”, alcanzó a decirme Sandra, la hermana, mientras el conductor encendía el vehículo.
Yo conozco a las Orellana desde hace tiempo. Primero conocí a Marlene. Ya se dedicaba al negocio cuando vine a este lugar. Después conocí a la Yubi y Sandra.
Yubi era la más pequeñita, 15 años tenía. Sandra ya andaba en los 17. A las dos las conocí semanas después de la muerte de Marlene.

La familia

El carro negro se perdió casi de inmediato. Se fue por la Sisimiles.


No sé por qué me quedé pensando en las hermanas. Me acordé cuando una de ellas me dijo que no tenía ganas de venir.
Por Sandra decidieron venir, pues tenían encima una deuda de seis mil pesos. Una fortuna para todas nosotras.
Como es costumbre, las Orellana llegaron bien limpias por eso de los clientes exigentes. Sandra vestía una camiseta “sport” blanca y un pantalón azul de lona. Yubi, una blusa verde con tirantes y también un “jeans”.
La Yubi me contó que en la tarde hizo un calor insoportable en Zaragoza. Allá vivía junto con su hermana, hermano y otros familiares.
Estaba inquieta porque el calor en Zaragoza le había provocado mal de orín. También me dijo que no había dormido mucho, porque le preocupaba una plática con “Spyder”. Me contó que la había amenazado dizque por celos.
También me contó que estuvo platicando con su mamá de cosas raras. Le había preguntado que cómo se imaginaba ella si a alguna de ellas les llegara a pasar algo. Dijo que la señora se había asustado y no le quiso contestar.
Según me dijo, la señora es vendedora ambulante. Hizo un préstamo en una financiera de Santa Tecla y cayó en mora.
La señora vende de todo: aspirinas, galletas, ropa interior...
A ella sola le tocó criar a las tres hijas y a un varón. No sabe leer ni escribir. Los hombres con los que estuvo la abandonaron.
Al principio, me dijo, que las crió lavando y planchando ajeno.
Vivían en una casa con dos cuartos, que el abuelo les había dejado al morir. Nunca pudieron mejorar la casa, porque no tenían dinero. Tampoco hicieron los remiendos en las paredes y el techo, después de los terremotos del año pasado.
Como pudo, la señora envió a las bichas a la escuela en Zaragoza, pero solo por un tiempo. Después tuvieron que ayudar en los oficios de la casa y mantener a la familia.
No sé si la señora sabía que sus hijas trabajaban en la calle y si venían a San Salvador para eso.
La Yubi me contó que “Spyder” la quería para él solo, pero ella ya tenía novio. Andaba con uno de los taxistas que se estacionan en la Texaco.
Dijo que “Spyder”, la había obligado a acostarse con él, después de golpearla y decirle que la mataría si la veía con el taxista. “Si no sos mía, no sos de nadie”, le había dicho.
Las amenazas no dejaban de preocuparla. Yo siempre sospeché que ese hombre, que tiene un tatuaje en todo el brazo izquierdo, tenía que ver con el asesinato de su hermana mayor, la Marlene.

“La China”

En la calle, Marlene era conocida como “la china”. Ella se fue de su casa hace años. Se fue con un hombre cuando tenía17 años.


Tuvo una hija y se fue a vivir a Soyapango. El marido la abandonó y empezó a salir de noche para ganar dinero y criar a la niña.
En abril del año pasado la mataron. La encontraron con varios disparos en la cabeza y la cara. La hallaron a la salida del Pollo Campero, en Soyapango.
Bien me acuerdo que era Semana Santa. Me contaron que la última vez que la vieron con vida fue cuando andaba curioseando las “alfombras” para las procesiones. A ella le gustaban esas cosas. La enterraron como desconocida.
Fue hasta que la mamá recibió una llamada de la señora que cuidaba la niña, que se dieron cuenta que la Marlene estaba muerta y hasta enterrada.
La mamá la reconoció por las fotos que le enseñaron en Medicina Legal. Estaba bien joven. Desde que se empezó a depilar las cejas se veía más bonita. No merecía lo que le hicieron.
“Spyder” conoció a la Marlene porque todas le pagamos a él y a sus hombres para que nos cuiden. Con la Marlene no lo hicieron. La mataron.
Cuando me enteré, me dio un gran miedo. Todas teníamos miedo.
Yo sé que “Spyder” sabe quien mató a Marlene. Tenemos miedo de estar con él, pero ni modo tenemos que trabajar por los hijos y las familias.

¡Quería salirse!
Sandra, la segunda, estaba por cumplir 18 años. Esperaba dejar esta vida, sacar papeles y trabajar en una maquila.


También pensaba en convertirse en policía. Yo la entendía. Todas estamos cansadas de esto.
Decía que a veces quería irse a vender con la mamá, pero eso no dejaba lo suficiente para mantener a nadie y menos para pagar deudas.
Sandra, como era bien bonita, ganaba más que su hermana. Bailaba en una barra show, cerquita del Hospital Bloom.
Algunos días, entre las dos, reunían hasta 150 dólares. Esos sí eran días buenos. Compraban comida y ropa para los niños y ellas. Le daban a su mamá, para pagar las deudas.
Los viernes y sábados eran los días de más clientela. A veces tenían suerte, porque la mayor parte eran hombres mayores, que les gustan las cipotas como la Yubi. Algunos hasta se envician con las bichas y siempre las buscan. A ninguna nos gustan los viejos, pero siempre pagan mejor que los jóvenes.
Me acuerdo que los hombres que se las llevaron esa noche, no estaban tan mayores. Se las llevaron como a las 11:00. Bien me acuerdo que era martes 9 de abril.
Teníamos ya cuatro horas de estar en la calle espera y espera... Sandra acababa de llegar de la barra show. Algunas veces se tardaba porque encontraba cliente en la calle. Ese día no había llegado el taxista, el novio de Yubi.
Ya habíamos visto el carro negro polarizado, pero nosotros como si nada.
Hablando estábamos cuando “Spyder” llamó a las Orellana para que se montaran.
El “Spyder” andaba una camiseta verde manga corta, con ribetes blancos. El tatuaje del brazo izquierdo se le veía todo.
El las llamó y les dijo que ya había hecho el trato con los hombres. Ellos esperaron adentro del carro.
Recuerdo que algunas de nuestras compañeras dijeron que ya los habían visto antes. Yo insisto, era la primera vez que los veía.
Tenía presentimiento de que algo iba a pasar. Creo que las hermanas no notaron nada extraño, porque se subieron sin pensar; además, los hombres las trataron amables.
Yo seguía con mi presentimiento, pero a Sandra y Yubi la vi tranquilas. No sé si por los tragos que había tomado Sandra en la barra show andaba más tranquila que otras veces.
Mi mal presentimiento aumentó cuando vi que el carro negro se perdió por la Sisimiles, y aún no sabía por qué...

Las noticias

Yo esperaba que Sandra y Yubi llegaran en la madrugada para irnos juntas, pero jamás aparecieron.

Tuvieron que pasar tres días para darme cuenta que las habían matado. Vi la foto de la Yubi en un diario.
Me enteré que las agarraron a balazos y las dejaron tiradas en la calle nueva del volcán.
Dicen que las mataron allí mismo, porque los vecinos de una colonia, de ahí cerca, oyeron disparos una de esas noches.
No sé si estaban con ropa y si las violaron. Lo único que dicen es que no tenían zapatos.
Ya me imagino el susto de estar en esa calle oscura, con esos hombres. Sin duda pelearon con ellos.
Después me dijeron que la mamá no tenía pisto ni para comprar los ataúdes y que algunas personas le habían ayudado.
La pobre señora se quedó sin sus tres hijas que le ayudaban. No sé qué hace la pobre ahora.
Nosotras seguimos en el bulevar, como siempre, pero tenemos miedo.
Ojalá no nos pase lo mismo...
Espero que la policía meta presos a los asesinos y no los deje salir nunca.

Nombre: Marlene Guadalupe Orellana
Edad: 21 años
Fecha del crimen : Marzo de 2001
Lugar de asesinato: Soyapango
Sobrevivientes:
Dos hijos

Nombre:
Yubi Orellana
Edad: 15 años
Fecha del crimen : Abril de 2002
Lugar de asesinato: Santa Tecla

Nombre: Sandra Janeth Orellana
Edad: 17 años
Fecha del crimen :
Abril de 2002
Lugar de asesinato:
Santa Tecla
Sobrevivientes:
Un hijo

No hay resultados de autopsias
La fiscalía de Santa Tecla realiza una investigación de oficio sobre el caso de las tres hermanas. El fiscal del caso, Marcos Aquino, dijo a Vértice que debido a lo delicado no podía ampliar sobre el desarrollo de la supuesta investigación. A más de un mes del crimen de las hermanas Orellana, la fiscalía de Santa Tecla aún no cuenta en el expediente 806-UDV-02 con el resultado de las autopsias prácticadas ni los exámenes anexos. Esto según el fiscal Aquino , porque existe mucho atraso en Medicina Legal.



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