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TEMA
DE PORTADA
Lazos
de muerte
Tres
crímenes sin respuesta
La
necesidad de sacar adelante a sus familias las habría obligado
a prostituirse. En la calle, Marlene, Sandra y Yubi, originarias de
Zaragoza, encontraron la muerte. Marlene fue asesinada el año
pasado. Las otras dos, hace un mes. Los crímenes alertan sobre
posibles homicidios sumarios. La Fiscalía dice investigar, pero
ni siquiera posee informes de autopsias. Sólo las versiones de
testigos han hecho posible reconstruir parte de su historia. El relato
que se presenta, en primera persona, combina diversos testimonios.
Vértice
vertice@elsalvador.com
Noté cuando el carro negro con vidrios polarizados se detuvo
a unos metros de donde estábamos.
Exactamente, a un costado de la gasolinera Texaco, que está sobre
el Bulevar Los Héroes, donde todas acostumbramos trabajar.
Al principio no miraba quién iba adentro. Fue hasta que el conductor
bajó el vidrio de su puerta que pude verlo a él y a otro
hombre que lo acompañaba. Nunca antes los había visto.
Spyder sí los conocía. Habló con ellos
con mucha familiaridad. Conversaron un buen rato los tres. Los hombres
nunca se bajaron del carro. Nosotras seguíamos platicando como
si nada.
Ese martes, al contrario de otros días, estaba fresco. Todas
estábamos ahí.
Momentos después, Spyder, llamó a las Orellana.
Les dijo que ya había hecho el trato por cien colones con los
del carro.
Bueno, de los cien colones, como siempre Spyder se queda
con treinta por cada una. El es el jefe del grupo de hombres que nos
proteje de los abusos de los clientes, aunque a veces ellos también
la agarran contra nosotras cuando quieren tener un rato
gratis.
Esa noche yo tenía un mal presentimiento. Spyder
le dijo a las hermanas que se tenían que ir con los del carro
negro. Que ya había hecho el trato.
Yo les pedí que no fueran, por eso de los presentimientos. En
el fondo, creo que ellas también sentían algo, pero no
hubo tiempo para platicar.
Cuando estaban por subirse al carro, agarré a Yubi del brazo,
noté que estaba fría, así como se ponen los muertos.
No te preocupés, ya vamos a estar de vuelta, alcanzó
a decirme Sandra, la hermana, mientras el conductor encendía
el vehículo.
Yo conozco a las Orellana desde hace tiempo. Primero conocí a
Marlene. Ya se dedicaba al negocio cuando vine a este lugar. Después
conocí a la Yubi y Sandra.
Yubi era la más pequeñita, 15 años tenía.
Sandra ya andaba en los 17. A las dos las conocí semanas después
de la muerte de Marlene.
La familia
El carro negro se perdió casi de inmediato. Se fue por la Sisimiles.
No
sé por qué me quedé pensando en las hermanas. Me
acordé cuando una de ellas me dijo que no tenía ganas
de venir.
Por Sandra decidieron venir, pues tenían encima una deuda de
seis mil pesos. Una fortuna para todas nosotras.
Como es costumbre, las Orellana llegaron bien limpias por eso de los
clientes exigentes. Sandra vestía una camiseta sport
blanca y un pantalón azul de lona. Yubi, una blusa verde con
tirantes y también un jeans.
La Yubi me contó que en la tarde hizo un calor insoportable en
Zaragoza. Allá vivía junto con su hermana, hermano y otros
familiares.
Estaba inquieta porque el calor en Zaragoza le había provocado
mal de orín. También me dijo que no había dormido
mucho, porque le preocupaba una plática con Spyder.
Me contó que la había amenazado dizque por celos.
También me contó que estuvo platicando con su mamá
de cosas raras. Le había preguntado que cómo se imaginaba
ella si a alguna de ellas les llegara a pasar algo. Dijo que la señora
se había asustado y no le quiso contestar.
Según me dijo, la señora es vendedora ambulante. Hizo
un préstamo en una financiera de Santa Tecla y cayó en
mora.
La señora vende de todo: aspirinas, galletas, ropa interior...
A ella sola le tocó criar a las tres hijas y a un varón.
No sabe leer ni escribir. Los hombres con los que estuvo la abandonaron.
Al principio, me dijo, que las crió lavando y planchando ajeno.
Vivían en una casa con dos cuartos, que el abuelo les había
dejado al morir. Nunca pudieron mejorar la casa, porque no tenían
dinero. Tampoco hicieron los remiendos en las paredes y el techo, después
de los terremotos del año pasado.
Como pudo, la señora envió a las bichas a la escuela en
Zaragoza, pero solo por un tiempo. Después tuvieron que ayudar
en los oficios de la casa y mantener a la familia.
No sé si la señora sabía que sus hijas trabajaban
en la calle y si venían a San Salvador para eso.
La Yubi me contó que Spyder la quería para
él solo, pero ella ya tenía novio. Andaba con uno de los
taxistas que se estacionan en la Texaco.
Dijo que Spyder, la había obligado a acostarse con
él, después de golpearla y decirle que la mataría
si la veía con el taxista. Si no sos mía, no sos
de nadie, le había dicho.
Las amenazas no dejaban de preocuparla. Yo siempre sospeché que
ese hombre, que tiene un tatuaje en todo el brazo izquierdo, tenía
que ver con el asesinato de su hermana mayor, la Marlene.
La China
En la calle, Marlene era conocida como la china. Ella se
fue de su casa hace años. Se fue con un hombre cuando tenía17
años.
Tuvo
una hija y se fue a vivir a Soyapango. El marido la abandonó
y empezó a salir de noche para ganar dinero y criar a la niña.
En abril del año pasado la mataron. La encontraron con varios
disparos en la cabeza y la cara. La hallaron a la salida del Pollo Campero,
en Soyapango.
Bien me acuerdo que era Semana Santa. Me contaron que la última
vez que la vieron con vida fue cuando andaba curioseando las alfombras
para las procesiones. A ella le gustaban esas cosas. La enterraron como
desconocida.
Fue hasta que la mamá recibió una llamada de la señora
que cuidaba la niña, que se dieron cuenta que la Marlene estaba
muerta y hasta enterrada.
La mamá la reconoció por las fotos que le enseñaron
en Medicina Legal. Estaba bien joven. Desde que se empezó a depilar
las cejas se veía más bonita. No merecía lo que
le hicieron.
Spyder conoció a la Marlene porque todas le pagamos
a él y a sus hombres para que nos cuiden. Con la Marlene no lo
hicieron. La mataron.
Cuando me enteré, me dio un gran miedo. Todas teníamos
miedo.
Yo sé que Spyder sabe quien mató a Marlene.
Tenemos miedo de estar con él, pero ni modo tenemos que trabajar
por los hijos y las familias.
¡Quería
salirse!
Sandra, la segunda, estaba por cumplir 18 años. Esperaba dejar
esta vida, sacar papeles y trabajar en una maquila.
También pensaba en convertirse en policía. Yo la entendía.
Todas estamos cansadas de esto.
Decía que a veces quería irse a vender con la mamá,
pero eso no dejaba lo suficiente para mantener a nadie y menos para
pagar deudas.
Sandra, como era bien bonita, ganaba más que su hermana. Bailaba
en una barra show, cerquita del Hospital Bloom.
Algunos días, entre las dos, reunían hasta 150 dólares.
Esos sí eran días buenos. Compraban comida y ropa para
los niños y ellas. Le daban a su mamá, para pagar las
deudas.
Los viernes y sábados eran los días de más clientela.
A veces tenían suerte, porque la mayor parte eran hombres mayores,
que les gustan las cipotas como la Yubi. Algunos hasta se envician con
las bichas y siempre las buscan. A ninguna nos gustan los viejos, pero
siempre pagan mejor que los jóvenes.
Me acuerdo que los hombres que se las llevaron esa noche, no estaban
tan mayores. Se las llevaron como a las 11:00. Bien me acuerdo que era
martes 9 de abril.
Teníamos ya cuatro horas de estar en la calle espera y espera...
Sandra acababa de llegar de la barra show. Algunas veces se tardaba
porque encontraba cliente en la calle. Ese día no había
llegado el taxista, el novio de Yubi.
Ya habíamos visto el carro negro polarizado, pero nosotros como
si nada.
Hablando estábamos cuando Spyder llamó a las
Orellana para que se montaran.
El Spyder andaba una camiseta verde manga corta, con ribetes
blancos. El tatuaje del brazo izquierdo se le veía todo.
El las llamó y les dijo que ya había hecho el trato con
los hombres. Ellos esperaron adentro del carro.
Recuerdo que algunas de nuestras compañeras dijeron que ya los
habían visto antes. Yo insisto, era la primera vez que los veía.
Tenía presentimiento de que algo iba a pasar. Creo que las hermanas
no notaron nada extraño, porque se subieron sin pensar; además,
los hombres las trataron amables.
Yo seguía con mi presentimiento, pero a Sandra y Yubi la vi tranquilas.
No sé si por los tragos que había tomado Sandra en la
barra show andaba más tranquila que otras veces.
Mi mal presentimiento aumentó cuando vi que el carro negro se
perdió por la Sisimiles, y aún no sabía por qué...
Las noticias
Yo esperaba que Sandra y Yubi llegaran en la madrugada para irnos juntas,
pero jamás aparecieron.
Tuvieron que pasar tres días para darme cuenta que las habían
matado. Vi la foto de la Yubi en un diario.
Me enteré que las agarraron a balazos y las dejaron tiradas en
la calle nueva del volcán.
Dicen que las mataron allí mismo, porque los vecinos de una colonia,
de ahí cerca, oyeron disparos una de esas noches.
No sé si estaban con ropa y si las violaron. Lo único
que dicen es que no tenían zapatos.
Ya me imagino el susto de estar en esa calle oscura, con esos hombres.
Sin duda pelearon con ellos.
Después me dijeron que la mamá no tenía pisto ni
para comprar los ataúdes y que algunas personas le habían
ayudado.
La pobre señora se quedó sin sus tres hijas que le ayudaban.
No sé qué hace la pobre ahora.
Nosotras seguimos en el bulevar, como siempre, pero tenemos miedo.
Ojalá no nos pase lo mismo...
Espero que la policía meta presos a los asesinos y no los deje
salir nunca.
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Nombre: Marlene Guadalupe
Orellana
Edad: 21 años
Fecha del crimen : Marzo de 2001
Lugar de asesinato: Soyapango
Sobrevivientes:
Dos hijos
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Nombre:
Yubi Orellana
Edad: 15 años
Fecha del crimen : Abril de 2002
Lugar de asesinato: Santa Tecla
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Nombre: Sandra Janeth
Orellana
Edad: 17 años
Fecha del crimen :
Abril de 2002
Lugar de asesinato:
Santa Tecla
Sobrevivientes:
Un hijo
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No hay resultados de autopsias
La fiscalía de Santa Tecla realiza una investigación
de oficio sobre el caso de las tres hermanas. El fiscal del caso,
Marcos Aquino, dijo a Vértice que debido a lo delicado
no podía ampliar sobre el desarrollo de la supuesta investigación.
A más de un mes del crimen de las hermanas Orellana, la
fiscalía de Santa Tecla aún no cuenta en el expediente
806-UDV-02 con el resultado de las autopsias prácticadas
ni los exámenes anexos. Esto según el fiscal Aquino
, porque existe mucho atraso en Medicina Legal.
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