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REPORTAJE
El derecho no reclamado
La
Unidad de Propiedad Intelectual de la Fiscalía asegura que, en
lo que va del año, sólo tres autores nacionales han denunciado
el plagio de sus obras.
Claudia Zavala/Segunda entrega
vertice@elsalvador.com
Por lo menos, hasta ahora, las diligencias fiscales no han visto inclinar
la balanza de la denuncia en el ámbito literario local. Sin embargo,
no se tiene la certeza de si las pocas denuncias recibidas se deban
a que los plagios han disminuido notablemente en el país o a
que la cultura del silencio ante el delito se extienda también
entre los escritores.
Lo que sí es seguro cuantitativamente hablando, es que, en lo
que va del año, la Unidad de Propiedad Intelectual de la Fiscalía
General de la República (FGR) sólo ha recibido tres visitas
de autores quejándose de plagio. Así lo afirma Suzanne
Berríos de Tablas, encargada de la Unidad. Los casos que la Fiscal
cita, y que actualmente se encuentran en la etapa de investigación,
están referidos a libros pirateados, cuya temática es
la psicología y la educación sexual infantil.
La funcionaria asegura que la mayoría de casos que han investigado
en este rubro han provenido de denuncias realizadas por editoriales
internacionales que tienen relación con el mercado local. Una
de las principales investigaciones surgió a raíz de la
queja presentada por una editorial mexicana, que reclamaba la comercialización
ilegal del Álgebra de Baldor en el país.
Pese a lo trascendental que fue retirar del mercado a todas las Álgebras
chaveleadas, De Tablas sostiene que el mayor decomiso de
libros piratas que se ha hecho fue a consecuencia de la denuncia interpuesta
por una editorial española. Entonces, descubrieron una librería
que estaba abastecida por completo de libros piratas. Los 38 mil ejemplares
que la conformaban fueron decomisados. Actualmente, hemos detectado
seis imprentas, bien montadas, que se prestan a la reproducción
ilícita de obras literarias. Llevamos ocho allanamientos en lo
que va del año, señala.
Según ella, una de las personas que declaró en este caso
específico, aseguró que hay personas originarias de Guatemala
y Honduras que viajan periódicamente al país, para hacer
los pedidos de tiraje, lo que lleva a pensar que se trata de un negocio
altamente rentable y bien estructurado.
¿Y el castigo para ellos? La Fiscal expresa que, luego de los
allanamientos, las imprentas se han comprometido a no continuar con
el trabajo de reproducción ilegal. Nada más.
¿Quién denuncia?
La levedad de la sanción se fundamenta en directrices
que estipulan normas internacionales, las cuales recomiendan asegurarse
de que la mercancía ilícita desaparezca del circuito comercial.
Quizá esa pasividad judicial sea uno de los motivos
principales por los cuales el nivel de denuncia es realmente bajo.
Sin embargo, De Tablas enfatiza en la importancia de la denuncia, como
única llave para iniciar una investigación de este tipo:
Por ser un delito de instancia particular, es necesario que el
afectado haga la denuncia. No podemos actuar de oficio, declara.
Pocos conocen este detalle. De hecho, Miguel Huezo Mixco de la Dirección
de Publicaciones e Impresos, la editorial del Estado, asegura que tres
de sus más importantes obras editadas han sido pirateadas: Cuentos
de Barro, Luz Negra y Andanzas y Malandanzas.
Sin embargo, no se ha abierto un expediente al respecto, porque la denuncia
no ha sido interpuesta personalmente.
Yo pensaba que con informar a la Dirección de CONCULTURA
y con hacer la denuncia pública en un medio de comunicación
era suficiente para que ellos (la Fiscalía) actuaran, reconoce,
al informársele sobre la necesidad de acudir personalmente.
Por su parte, José Ángel Arriaza, jefe de la Oficina de
Derechos de Autor, del Centro Nacional de Registro (CNR), explica que
uno de los aspectos básicos que propicia la violación
de los derechos de autor en literatura, así como en otras ramas,
es que muchos de los escritores no se preocupan en registrar su obra.
El registro
Arriaza admite que la falta de registros puede deberse al poco conocimiento
sobre los pasos a seguir. De hecho, asegura que uno de los objetivos
principales de la oficina que dirige es dar a conocer en colegios, universidades,
centros culturales, entre otros, el procedimiento necesario en estos
casos.
Según explica, lo único que el autor requiere es llevar
dos ejemplares de su libro al CNR y pagar cien colones en concepto de
certificado de depósito. Luego, en la Oficina de Derecho de Autor,
debe llenar una hoja con todos sus datos generales y de su obra. Finalmente,
su expediente queda completo al incluir el recibo de pago de la certificación
del depósito, la boleta de recepción con el número
de depósito, la resolución admitida, y un ejemplar de
la obra. El otro ejemplar le es devuelto al concluir el trámite.
Según Arriaza, éste se realiza en cuestión de un
día o dos.
Por el momento, el CNR no cuenta con una estadística exacta sobre
el número de libros que se han registrado en el país porque
el sistema computarizado no establece diferencia entre la obra artística
y la literaria. Es decir, en un mismo rubro se encuentran contabilizados
las pinturas, esculturas, partituras musicales y libros, entre otros.
Un avance fundamental en el tema de los derechos de autor es el establecimiento,
desde hace tres años, en la Biblioteca Nacional, de la oficina
del International Standar Book Number (ISBN, por sus siglas en inglés).
Una especie de registro internacional de libros a nivel mundial, que
permite el control electrónico de existencias de títulos
y facilita la catalogación y búsqueda bibliográfica.
Como sistema de promoción, la utilización del mismo, conlleva
el registro gratuito en los catálogos ISBN y la inclusión
del nombre del editor en el Directorio Internacional de Editores ISBN.
El funcionamiento es sencillo: El número de ISBN correspondiente
a El Salvador es el 99923. Cuando la ficha catalográfica del
libro, es decir el código completo de éste ha sido realizada
por un bibliotecario, se transmite vía Internet a Colombia, donde
existe la base latinoamericana. De ahí, pasa a Alemania, para
ser, finalmente, incluida en una base de datos mundial.
Es decir, que en la práctica y para efectos de mercadeo, sólo
los libros que cuentan con ISBN existen comercialmente.
En este punto, es el editor y no el autor el que debe realizar el registro.
La oficina de ISBN reporta 456 libros salvadoreños registrados,
siendo lo autores-editores el grupo que más ha inscrito. Es decir,
los autores que independientemente editan sus obras, sin pasar por la
calificación de un grupo editorial determinado. De ese total,
sólo un 19% de la producción literaria ha sido registrada
por la Dirección de Publicaciones e Impresos. Por ahora, es prácticamente
imposible calcular una cifra que incluya a toda la producción
literaria de nuestro país, ya que existe un cuantioso subregistro
de obras que no están inscritas, bien sea porque los editores
desconocen del trámite, que es, por cierto, gratuito, o porque
simplemente lo consideran innecesario. De hecho, la obligatoriedad de
esta inscripción no es oficial aún. Tengo entendido
que es por medio de un Decreto Ejecutivo que debe determinarse la obligatoriedad.
Creo que beneficiaría en mucho, porque hay gente que sólo
con la imposición cumple las normas y, si de verdad quiere trabajarse
en una política de protección de derechos de autor, éste
sería un paso, dice Manlio Argueta, director de la Biblioteca
Nacional.
Las más comunes
sNelly Porras, experta en Derecho de Autor de la Fundación María
Escalón de Núñez, la cual también cuenta
con su propia editorial, sostiene que las violaciones que se dan en
este ámbito muchas veces quedan escondidas, bien
sea por ignorancia de parte del autor, o porque culturalmente se considera
que las cosas deben ser así. Por ejemplo, cita la
negociación del precio de la obra como el punto más destacado
de la cadena de abusos que suceden diariamente.
Lamentablemente, nuestro autor se siente agradecido sólo
con el hecho de que le publiquen. No es capaz de valorarse a sí
mismo, a su talento, a su invención. Casi siempre permite que
sea otro el que le ponga el precio, y esa constituye la violación
y el irrespeto más grande que cualquier autor puede recibir.
Pero la mayoría lo ve como normal, dice.
Porras también menciona como ligereza cotidiana el
hecho de que a algunos autores no les sea devuelto el libro original,
después de concluído el tiraje de una edición.
Y que, en caso de realizarse una segunda edición, sus ganancias
deben ser, obligatoriamente, iguales a la primera o mayores, pero jamás
menores. Es el riesgo que corre la editorial al apostar por un determinado
autor nuevamente. Ojalá que, con el tiempo, perder la dignidad
al negociar sus libros ya no sea pan de cada día para nuestros
autores, finaliza.
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Cultura
y leyes
El desconocimiento de la Ley de Fomento y Protección de
la Propiedad Intelectual abre las puertas a posibles ambigüedades,
ligadas muchas veces, a nuestra cultura de permisividad.
Un ejemplo concreto podría citarse en el artículo
89, literal C de la ley. Este plantea que como clara violación
de los derechos de autor: La impresión por el editor
de mayor número de ejemplares que el convenido, salvo el
exceso del cinco por ciento para dar cumplimiento a sus obligaciones
con las autoridades públicas y efectos de propaganda.
Según Nelly Porras, hay autores que agradecen que se impriman
más ejemplares de los convenidos, porque piensa que así
se darán a conocer más o las posibilidades de venta
serán mayores.
Sin embargo, esta variación en el tiraje es sumamente delicado,
tomando en cuenta que en el contrato se ha detallado específicamente
el número de ejemplares a imprimir. Y este contrato es
registrado en el CNR, por lo cual no admite cambios posteriores.
En el mismo numeral, sólo que en el literal F, se establece
también como violación La publicación
de antologías o recopilaciones, sin el consetimiento de
los autores respectivos o de sus causa habitantes. El colmo
para los entendidos. No faltan, pues, los autores que ven en este
detalle una manera de reconocer su talento por encima
de los demás.
Algunos llegan, incluso, a considerar que la falta de un aviso
previo, se debe quizá, a la única intención
de sorprender y agradar.
Es importante que el autor sepa cuáles son sus derechos
y deberes, para que tenga la capacidad de contrastar todo lo que
le diga el editor o el impresor. De lo contrario, será
fácilmente manipulable, reflexiona Porras.
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