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PERFIL
Legado de las artes marciales
Saúl
Beltrán Zepeda es un incansable instructor de artes marciales
que busca rescatar a la juventud de la violencia a través de
los beneficios del deporte. Durante su trayectoria de 33 años,
ha formado gratuitamente a más de dos mil quinientos jóvenes
y llevó esta disciplina a la televisión.
Iván Gómez
vertice@elsalvador.com
En los próximos días descargará sus maletas en
la calurosa ciudad de Managua, Nicaragua. Saúl Beltrán,
a quien se le conoce como el profesor, emprenderá
una nueva experiencia de preparación física en defensa
personal a empleados de seguridad. A sus 60 años, mantiene un
cuerpo atlético capaz de continuar esta disciplina. Según
él por unos cinco años más. Su rutina diaria es
de mucho ejercicio y una buena alimentación principalmente de
vegetales. Nunca me han operado y no he padecido de enfermedades
graves. Lo único que reconozco es que a las nueve y media de
la noche ya me da sueño.
Con toda seguridad, aprovechará su tiempo para compartirlo a
los hijos y familiares de sus alumnos. De la misma manera que lo ha
hecho en el país por mucho tiempo desde casi 20 años.
Beltrán está convencido de que el deporte del Tae Kwon
Do es un conductor de ideas, que ayuda a forjar niños que después
sirvan al país, creándoles una mentalidad de humildad.
Su trayectoria deportiva le permitió participar en el Campeonato
Mundial de Tae Kwon Do realizado en la ciudad norteamericana de Chicago
en 1977. Como primer presidente de la Federación de este deporte,
fue uno de los promotores en la creación de los Juegos Estudiantiles
llenando de gloria al Instituto Técnico Industrial, y ha dado
su colaboración en todas las Teletones como voluntario. Y después
de haber cumplido con una serie de requisitos según las normas
del Tae Kwon Do, en 1992, fue reconocido por la Organización
KuKKiwon, con sede en Corea del Sur, como Tercer Dan Black Belt (cinturón
negro) a nivel mundial.
De carácter
Beltrán
nace en Chalatenango un 18 de diciembre de 1941. A sus 14 años,
su familia se traslada a la capital. Su inclinación por el Tae
Kwon Do nace a los 26 años, cuando asiste a un torneo de este
deporte en el Liceo Salvadoreño. Lo que más me llamó
la atención fue que después que se agarraban a patadas,
se saludaban de una forma ceremonial y se abrazaban como que nada hubiera
pasado. Eso no lo miraba en otros deportes, no había odio, todo
era alegría. Con los años comprendí que era cultura
.
Cuando le comentó a sus padres que pretendía ingresar
a un gimnasio, de inmediato se lo negaron porque su carácter
rudo e indisciplinado le podría acarrear problemas posteriormente
con sus vecinos. Pero días después ya se había
inscrito en la escuela del profesor Mario Pacheco donde alcanza el cinturón
azul. Sus ilusiones por las artes marciales lo acercan al Gimnasio Central,
que dirigía el coreano Byung Ho Choi quien lo preparara para
llevarlo al Campeonato Mundial que se realizaría en Chicago,
Estados Unidos, en 1977. La participación llenó de gloria
a El Salvador con un meritísimo sexto lugar por equipos. La
gloria se la llevó Carlos Montes Flores quien le ganó
a un filipino y un coreano, recuerda.
En 1971 Beltrán instala en Mejicanos lo que sería su propia
escuela: Dragones del Norte, la particularidad sería
un espacio abierto y gratuito para todos los jóvenes que quisieran
practicar el deporte. La disciplina deportiva les permitiría
alejarse de la vagancia. Estaba convencido que si este deporte
moldeó mi carácter, yo lo podría hacer con muchachos
violentos e inquietos y que regularmente se mantenían en la calle.
Su trabajo con los jóvenes consistió en separar el sentido
de las artes marciales con la idea de algunos que lo relacionaban con
la violencia. Comencé con respetarlos y darles el ejemplo
como el de estar apartado de los vicios. El profesor orienta al alumno;
es un conductor de ideas y así forjamos desde niños a
personas que sirvan al país.
Y es que para Beltrán las artes marciales son una religión
donde se concentra la humildad en el control mental. El que no
inculca el control mental, mejor que se retire porque se puede convertir
en una espada de dos filos, sostiene.
De esas enseñanzas salieron destacados deportistas como William
Ortíz, Mauricio Monge, Medardo González y Julio Henríquez.
No obstante y debido a la violencia que vivía el país,
el gimnasio fue cerrado en los años ochenta.
Nueva era
Su
nueva táctica para mantener en pié esta rama deportiva
significó la preparación física de obreros de empresas
privadas con tácticas de defensa personal y al mismo personal
de seguridad. Esta iniciativa tuvo mejores logros al unirse también
los hijos de los empleados. Al grupo se unirían también
sus hijos, Eduardo y Zenaida, quienes rondaban los diez años.
Con el interés de mantener vivo esta rama deportiva, Beltrán
impulsa el Tae Kwon Do en el Instituto Técnico Industrial (ITI)
que lleva a la gloria por cuatro años consecutivos desde 1983
a 1987.
Una de los requisitos para ser parte del equipo era el de mantener calificaciones
no menores de 7. ¿Por qué? Su filosofía consiste
en valorar sus aptitudes, de acuerdo a su rendimiento académico.
Allí los calificaba... como se encontraban de su estado
emocional y mental, si aceptarían la humidad, la concentración
y la disciplina que exige este deporte, recuenta Beltrán.
Su iniciativa llevó el Tae Kwon Do a la televisión con
un programa que mantuvo por casi nueve años.
Esta
trayectoria le llevó a alcanzar más de 97 trofeos competitivos
y de reconocimientos. Forjó a más de dos mil quinientos
deportistas de los cuales 30 alcanzaron cinturones negros en el país
y 20 fuera de las fronteras.
Saúl Beltrán se trazó como objetivo elevar el nivel
de este deporte y darlo a conocer a fondo, pues había una confusión
con el Kung-Fu y el Karate Do.
Él definió el estilo coreano con tres palabras simples:
Tae: mano limpia, Kwon: pie limpio y Do: como el camino sin fin. Visto
desde otro ángulo es un deporte que no se deja de aprender nunca,
señala.
Bajo esa dinámica, insistió en sus alumnos que no se trataba
de alimentar el machismo si no cultivar, guiar y fomentar
el carácter y la personalidad del individuo para alejarlos de
la misma violencia juvenil que protagonizan las pandillas estudiantiles
en las calles de San Salvador.
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