5 de mayo de 2002

Portada
Reportaje
Tema de portada
Entrevista
Cartas
Internacional
Perfil
Crónica
Columna
Opinión
Colofón

PERFIL

Legado de las artes marciales

Saúl Beltrán Zepeda es un incansable instructor de artes marciales que busca rescatar a la juventud de la violencia a través de los beneficios del deporte. Durante su trayectoria de 33 años, ha formado gratuitamente a más de dos mil quinientos jóvenes y llevó esta disciplina a la televisión.

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

En los próximos días descargará sus maletas en la calurosa ciudad de Managua, Nicaragua. Saúl Beltrán, a quien se le conoce como “el profesor”, emprenderá una nueva experiencia de preparación física en defensa personal a empleados de seguridad. A sus 60 años, mantiene un cuerpo atlético capaz de continuar esta disciplina. Según él por unos cinco años más. Su rutina diaria es de mucho ejercicio y una buena alimentación principalmente de vegetales. “Nunca me han operado y no he padecido de enfermedades graves. Lo único que reconozco es que a las nueve y media de la noche ya me da sueño”.
Con toda seguridad, aprovechará su tiempo para compartirlo a los hijos y familiares de sus alumnos. De la misma manera que lo ha hecho en el país por mucho tiempo desde casi 20 años.
Beltrán está convencido de que el deporte del Tae Kwon Do es un conductor de ideas, que ayuda a forjar niños que después sirvan al país, creándoles una mentalidad de humildad.
Su trayectoria deportiva le permitió participar en el Campeonato Mundial de Tae Kwon Do realizado en la ciudad norteamericana de Chicago en 1977. Como primer presidente de la Federación de este deporte, fue uno de los promotores en la creación de los Juegos Estudiantiles llenando de gloria al Instituto Técnico Industrial, y ha dado su colaboración en todas las Teletones como voluntario. Y después de haber cumplido con una serie de requisitos según las normas del Tae Kwon Do, en 1992, fue reconocido por la Organización KuKKiwon, con sede en Corea del Sur, como Tercer Dan Black Belt (cinturón negro) a nivel mundial.

De carácter

Beltrán nace en Chalatenango un 18 de diciembre de 1941. A sus 14 años, su familia se traslada a la capital. Su inclinación por el Tae Kwon Do nace a los 26 años, cuando asiste a un torneo de este deporte en el Liceo Salvadoreño. “Lo que más me llamó la atención fue que después que se agarraban a patadas, se saludaban de una forma ceremonial y se abrazaban como que nada hubiera pasado. Eso no lo miraba en otros deportes, no había odio, todo era alegría. Con los años comprendí que era cultura” .
Cuando le comentó a sus padres que pretendía ingresar a un gimnasio, de inmediato se lo negaron porque su carácter rudo e indisciplinado le podría acarrear problemas posteriormente con sus vecinos. Pero días después ya se había inscrito en la escuela del profesor Mario Pacheco donde alcanza el cinturón azul. Sus ilusiones por las artes marciales lo acercan al Gimnasio Central, que dirigía el coreano Byung Ho Choi quien lo preparara para llevarlo al Campeonato Mundial que se realizaría en Chicago, Estados Unidos, en 1977. La participación llenó de gloria a El Salvador con un meritísimo sexto lugar por equipos. “La gloria se la llevó Carlos Montes Flores quien le ganó a un filipino y un coreano”, recuerda.
En 1971 Beltrán instala en Mejicanos lo que sería su propia escuela: “Dragones del Norte”, la particularidad sería un espacio abierto y gratuito para todos los jóvenes que quisieran practicar el deporte. La disciplina deportiva les permitiría alejarse de la vagancia. “Estaba convencido que si este deporte moldeó mi carácter, yo lo podría hacer con muchachos violentos e inquietos y que regularmente se mantenían en la calle”.
Su trabajo con los jóvenes consistió en separar el sentido de las artes marciales con la idea de algunos que lo relacionaban con la violencia. “Comencé con respetarlos y darles el ejemplo como el de estar apartado de los vicios. El profesor orienta al alumno; es un conductor de ideas y así forjamos desde niños a personas que sirvan al país”.
Y es que para Beltrán las artes marciales son una religión donde se concentra la humildad en el control mental. “El que no inculca el control mental, mejor que se retire porque se puede convertir en una espada de dos filos”, sostiene.
De esas enseñanzas salieron destacados deportistas como William Ortíz, Mauricio Monge, Medardo González y Julio Henríquez.
No obstante y debido a la violencia que vivía el país, el gimnasio fue cerrado en los años ochenta.

Nueva era

Su nueva táctica para mantener en pié esta rama deportiva significó la preparación física de obreros de empresas privadas con tácticas de defensa personal y al mismo personal de seguridad. Esta iniciativa tuvo mejores logros al unirse también los hijos de los empleados. Al grupo se unirían también sus hijos, Eduardo y Zenaida, quienes rondaban los diez años.
Con el interés de mantener vivo esta rama deportiva, Beltrán impulsa el Tae Kwon Do en el Instituto Técnico Industrial (ITI) que lleva a la gloria por cuatro años consecutivos desde 1983 a 1987.
Una de los requisitos para ser parte del equipo era el de mantener calificaciones no menores de 7. ¿Por qué? Su filosofía consiste en valorar sus aptitudes, de acuerdo a su rendimiento académico. “Allí los calificaba... como se encontraban de su estado emocional y mental, si aceptarían la humidad, la concentración y la disciplina que exige este deporte”, recuenta Beltrán.
Su iniciativa llevó el Tae Kwon Do a la televisión con un programa que mantuvo por casi nueve años.
Esta trayectoria le llevó a alcanzar más de 97 trofeos competitivos y de reconocimientos. Forjó a más de dos mil quinientos deportistas de los cuales 30 alcanzaron cinturones negros en el país y 20 fuera de las fronteras.
Saúl Beltrán se trazó como objetivo elevar el nivel de este deporte y darlo a conocer a fondo, pues había una confusión con el Kung-Fu y el Karate Do.
Él definió el estilo coreano con tres palabras simples: Tae: mano limpia, Kwon: pie limpio y Do: como el camino sin fin. “Visto desde otro ángulo es un deporte que no se deja de aprender nunca”, señala.
Bajo esa dinámica, insistió en sus alumnos que no se trataba de alimentar el “machismo” si no cultivar, guiar y fomentar el carácter y la personalidad del individuo para alejarlos de la misma violencia juvenil que protagonizan las pandillas estudiantiles en las calles de San Salvador.


Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.