5 de mayo de 2002

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ENTREVISTA

“Hay que leer la letra chica de los TLC”

MÉXICO EXPERIMENTÓ UN AUMENTO FRENÉTICO DE SUS EXPORTACIONES LUEGO DE LA FIRMA DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO. PERO, A OCHO AÑOS DE SU FIRMA, LOS MEXICANOS EXPERIMENTAN TASAS DE DESEMPLEO SIN PRECEDENTES EN SU HISTORIA.

Ana Lidia Rivera
vertice@elsalvador.com

Una revisión crítica del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) permite al sociólogo mexicano Alberto Arroyo Picard plantear una serie de reflexiones y resultados sobre el mismo. Arroyo, miembro de la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio, que recién llegó al país invitado por Oxfam Internacional, compartió con Vértice algunos de los contenidos del libro “Resultados del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en México: Lecciones para la negociación del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas.”

¿Qué ha pasado a ocho años de la firma del TLC entre su país y los Estados Unidos y Canadá?


Agarremos el mero corazón del Tratado: las exportaciones. A los mexicanos se nos prometió que nos convertiríamos en una potencia exportadora, que ya no íbamos a exportar sólo materia prima o productos tradicionales, sino manufacturas.
Y, efectivamente así es. Las exportaciones se quintuplicaron. Exportamos como locos. Pero precisamente este sector de la manufactura que creció como loco, en ese sector, durante el TLC hay menos empleos que antes de su firma.
En estos ocho años, en los que se tendría que haber creado un millón 400 mil empleos por año, hay menos empleo. Durante el TLC hay 4.2% menos trabajo en las manufacturas, que se supone sería uno de los sectores beneficiados.

¿Cómo se explica esto?


Mira, la productividad aumenta casi un 50% y el costo de la mano de obra, es decir lo que paga el patrón, baja casi una cuarta parte. ¿Cómo explicar que está creciendo pero no generando empleo?
Aquí en este punto es donde está la clave de lo que son los Tratados. ¿Qué es lo que pasa? Pasa que, efectivamente, el sector exportador son unas cuantas empresas; para ser precisos son 300 grandes empresas las responsables de más del 80% de las exportaciones mexicanas y estas sí crecen y generan empleo; pero se pierde más empleo en la pequeña y mediana industria que está cerrando y eran sus antiguos proveedores.

¿Se rompe la cadena productiva?


En efecto, en el proyecto, el sector manufacturero era como el motor de la economía, iba a halar como la locomotora al tren a toda la pequeña y mediana industria; pero el hecho es que es una locomotora que cortó la conexión con los vagones, estos se quedaron parados y la locomotora se quedó sola. Ello porque todas estas exportaciones en gran parte compran sus insumos en el exterior y antes los compraban en México. La cadena productiva se ha roto y por eso muchas empresas están cerrando.

¿Qué tiene que ver todo esto con el TLC?


Todo.Tiene que ver con esa letra chiquita que no se lee. El gran problema es cómo se negoció. Las reglas que se negociaron.
Se supone que para pasar la frontera con los grandes beneficios que se supone que traía el Tratado, hay que probar que el producto es de la región para evitar que uno europeo, chino o japonés entrara a México y lo introdujera a Estados Unidos.
Pero las reglas que se negociaron no son probar que tiene un porcentaje de contenido mexicano, sino probar que tiene un porcentaje de contenido de la región que abarca el Tratado (Canadá y Estados Unidos).
Entonces puede tener cero contenido mexicano y pasar si los insumos son canadienses o estadounidenses. Se están protegiendo frente a Europa pero no están propiciando que compres en México.

¿Qué recomienda a los gobiernos ?


Creo que se tiene que pensar en una globalización regulada no en una globalización dejada al mercado.
Tenemos que negociar nuevas reglas. Otra cosa importante es no poner toda la apuesta en el sector exportador, sino también en el desarrollo del mercado interno. El sector exportador debe estar conectado con el resto de la economía.
Y lo más importante, objetivos sociales como la reducción de la pobreza tienen que ser el centro de la economía. Desde ahí hay que pensar la economía y no al revés.


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