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ENTREVISTA
Hay que leer la letra chica de los TLC
MÉXICO
EXPERIMENTÓ UN AUMENTO FRENÉTICO DE SUS EXPORTACIONES
LUEGO DE LA FIRMA DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO. PERO, A OCHO AÑOS
DE SU FIRMA, LOS MEXICANOS EXPERIMENTAN TASAS DE DESEMPLEO SIN PRECEDENTES
EN SU HISTORIA.
Ana Lidia Rivera
vertice@elsalvador.com
Una revisión crítica del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN) permite al sociólogo mexicano
Alberto Arroyo Picard plantear una serie de reflexiones y resultados
sobre el mismo. Arroyo, miembro de la Red Mexicana de Acción
Frente al Libre Comercio, que recién llegó al país
invitado por Oxfam Internacional, compartió con Vértice
algunos de los contenidos del libro Resultados del Tratado de
Libre Comercio de América del Norte en México: Lecciones
para la negociación del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas.
¿Qué ha pasado a ocho años de la firma del TLC
entre su país y los Estados Unidos y Canadá?
Agarremos el mero corazón del Tratado: las exportaciones. A los
mexicanos se nos prometió que nos convertiríamos en una
potencia exportadora, que ya no íbamos a exportar sólo
materia prima o productos tradicionales, sino manufacturas.
Y, efectivamente así es. Las exportaciones se quintuplicaron.
Exportamos como locos. Pero precisamente este sector de la manufactura
que creció como loco, en ese sector, durante el TLC hay menos
empleos que antes de su firma.
En estos ocho años, en los que se tendría que haber creado
un millón 400 mil empleos por año, hay menos empleo. Durante
el TLC hay 4.2% menos trabajo en las manufacturas, que se supone sería
uno de los sectores beneficiados.
¿Cómo se explica esto?
Mira, la productividad aumenta casi un 50% y el costo de la mano de
obra, es decir lo que paga el patrón, baja casi una cuarta parte.
¿Cómo explicar que está creciendo pero no generando
empleo?
Aquí en este punto es donde está la clave de lo que son
los Tratados. ¿Qué es lo que pasa? Pasa que, efectivamente,
el sector exportador son unas cuantas empresas; para ser precisos son
300 grandes empresas las responsables de más del 80% de las exportaciones
mexicanas y estas sí crecen y generan empleo; pero se pierde
más empleo en la pequeña y mediana industria que está
cerrando y eran sus antiguos proveedores.
¿Se rompe la cadena productiva?
En efecto, en el proyecto, el sector manufacturero era como el motor
de la economía, iba a halar como la locomotora al tren a toda
la pequeña y mediana industria; pero el hecho es que es una locomotora
que cortó la conexión con los vagones, estos se quedaron
parados y la locomotora se quedó sola. Ello porque todas estas
exportaciones en gran parte compran sus insumos en el exterior y antes
los compraban en México. La cadena productiva se ha roto y por
eso muchas empresas están cerrando.
¿Qué tiene que ver todo esto con el TLC?
Todo.Tiene que ver con esa letra chiquita que no se lee. El gran problema
es cómo se negoció. Las reglas que se negociaron.
Se supone que para pasar la frontera con los grandes beneficios que
se supone que traía el Tratado, hay que probar que el producto
es de la región para evitar que uno europeo, chino o japonés
entrara a México y lo introdujera a Estados Unidos.
Pero las reglas que se negociaron no son probar que tiene un porcentaje
de contenido mexicano, sino probar que tiene un porcentaje de contenido
de la región que abarca el Tratado (Canadá y Estados Unidos).
Entonces puede tener cero contenido mexicano y pasar si los insumos
son canadienses o estadounidenses. Se están protegiendo frente
a Europa pero no están propiciando que compres en México.
¿Qué recomienda a los gobiernos ?
Creo que se tiene que pensar en una globalización regulada no
en una globalización dejada al mercado.
Tenemos que negociar nuevas reglas. Otra cosa importante es no poner
toda la apuesta en el sector exportador, sino también en el desarrollo
del mercado interno. El sector exportador debe estar conectado con el
resto de la economía.
Y lo más importante, objetivos sociales como la reducción
de la pobreza tienen que ser el centro de la economía. Desde
ahí hay que pensar la economía y no al revés.
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