28 de abril de 2002

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Cuatreros sobre ruedas

El robo de motocicletas se ha convertido en la piedra en el zapato para propietarios, aseguradoras y la policía. Su facilidad de comercialización en el mercado negro y su dificultad para la policía de rastrearlas, hace que sean un bien difícil de recuperar una vez han sido hurtadas.

Ernesto Villalobos

vertice@elsalvador.com

En el 2002, según datos de la Unidad de Robo y Hurto de la Policía Nacional Civil (PNC), se han reportado 111 motocicletas robadas.
Las cifras indican que se roban en promedio una por día. Una de las 32 motocicletas robadas en el mes de marzo pertenecía a Manuel. A mediados de marzo, después de almorzar, se dirigía a su trabajo en su Yamaha 125 centímetros cúbicos.
El modelo del medio de transporte de Manuel es el más popular en el país; también el más robado. Ese día, una cuadra antes de llegar a su centro de labores, la llanta delantera le jugó una mala pasada.
Por suerte, a unos pocos metros se encontraba una reparación de llantas. Sin más esfuerzo que el de empujar unos pasos su motocicleta, Manuel podría repararla y seguir su camino. Por lo menos eso pensaba hasta ese momento.
Al llegar a la reparación de llantas lo atendió su propietario, un joven delgado y de pelo largo, quien se entretenía oyendo música “rap”. Después de unos minutos, las reparación estaba hecha.
Manuel se puso su casco, le pagó al “llantero”, puso la llave en el encendido y cuando estaba a punto de subir sintió que le jalaban su teléfono celular. Al voltear vio a un joven de unos 20 años quien hacía esfuerzos para quitarle su teléfono.
El agresor dio unos pasos atrás y sacó una pistola de en medio de sus pantalones holgados: “dame las llaves de la moto, tu casco, el teléfono celular y todo el dinero que andás hijueputa, o te mato”, le dijo.
Las manos temblorosas del ladrón hicieron pensar a Manuel que solo era cuestión de tiempo para que el ladrón disparara.
Así que entregó lo que le habían pedido, menos las llaves porque en la confusión, el robamotos no se fijó que éstas ya estaban colocadas en el encendido.

Robo coordinado
El ladrón no estaba solo. Los robos de motocicletas rara vez son realizados por un solo individuo.

Unos segundos después se dio cuenta que las llaves estaban prendidas del encendido y llamó al compañero que le cubría las espaldas al otro lado de la calle, quien aparentaba ser un testigo más del robo.
Éste corrió hacia la moto, se puso el casco, la encendió y los dos huyeron del lugar.
Desde ese momento Manuel supo que no recuperaría su motocicleta. No era la primera vez que era víctima de un robo. Años atrás, a punta de pistola, otros dos delincuentes le habían robado otra motocicleta. Con la diferencia que esta vez solo había pagado una cuota de los diez mil colones que le costaría su modesto medio de transporte.
Pero esta vez hubo una esperanza de capturar a los ladrones. El joven “llantero” reconoció a uno de los ladrones y lo identificó como el “Chiva”.
“Tiene un taller de motocicletas en la calle Agua Caliente cerca del motel Hilton y vive en la colonia Luz del Mundo”, le dijo.
Con datos tan precisos, Manuel acudió a la policía para poner la denuncia. Pero los funcionarios de la Unidad de Robo y Hurto de la PNC le dijeron que tenía que esperar a que un investigador lo contactara. Poco más de un mes del incidente, nadie lo ha llamado.
La anécdota de Manuel se repite a diario en el país. Cientos de propietarios que utilizan las motocicletas como medio de subsistencia pasan por crisis económicas a causa de ese tipo de robo.
Sin embargo, los mensajeros y cobradores en motocicletas no son las únicas víctimas de las bandas de asaltantes.

Empresas afectadas
Las empresas de seguros pagan miles de colones anualmente en concepto de seguros por robo de motocicletas.


Según el licenciado Juan Vicente Bonilla, gerente del Departamento de Servicio al Cliente de Seguros e Inversiones S.A. (SISA), Siniestros y Daños, en el argot de las aseguradoras, “agarrar una moto es comprar un siniestro”.
Bonilla basa esa declaración en las cifras que la compañía ha pagado en pólizas de seguros por el robo de motos. Desde el año 2000 la aseguradora ha recibido el reporte de 96 unidades aseguradas, por las que han pagado más de millón y medio de colones. En sus listas, figuran almacenes de electrodomésticos, mensajerías y restaurantes de comida rápida.
Del total de unidades robadas la compañía solo ha podido recuperar 3 motocicletas desde el año 2000. Comparados con carros, en el mismo período, les han reportado 274 y han recuperado 135, casi un 50% del total.
Basadas en estás estadísticas nada favorables, la empresa aseguradora ha optado por prestar sus servicios de manera corporativa.
“Nadie viene aquí a asegurar su motocicleta, primero, porque la mayoría de motociclistas son gente de escasos recursos y, segundo, porque el salvadoreño promedio no tiene la costumbre de asegurar sus vienes”, explica.
Así, según sus datos, este delito tuvo un pico de crecimiento en el año 2000 con 60 unidades robadas. Bajó drásticamente el año pasado a 23 y este año está teniendo una proyección similar a 2000, con 13 motos hurtadas en los tres primeros meses del año.
Por otra parte, el robo no parece perjudicar al comercio de motos. Según Hipólito Murillo, propietario de la distribuidora Yamaha en el país, la venta tocó fondo en 1999 y ha experimentado un franco desarrollo a la fecha. “La crisis del negocio se debió a varios factores; uno de ellos fue el robo”, explica.
Según información de sus clientes, Murillo explica que el robo ha decrecido gracias a las medidas que sus clientes han tomado al comprar los lotes de motocicletas.
“Ellos nos piden que las pintemos completamente y esto hace que sean más fáciles de reconocer y, al mismo tiempo, dificulta a los ladrones su comercialización”, argumenta.

Los más afectados
Por desgracia, el robo de motos afecta más a las personas que no pueden costear el seguro y que las utilizan como medio de sustento.


No obstante muy cerca de ellos se encuentran los encargados de distribuir los repuestos de las partes robadas (Ver recuadro en página anterior).
Los afectados coinciden en que las características de las motocicletas, en general, son ideales para propiciar su robo sin esperanzas de recuperarlas.
Desde el momento en que es robada una comienza una carrera contra el tiempo para los ladrones quienes desmantelan las máquinas en casas particulares y así después vender sus partes en talleres.
Así las motos más propensas a ser robadas son, paradójicamente, las que más se venden en el país. Algunas de estas no han variado sus modelos por más de veinte años. Eso hace que las partes de una moto 2002 puedan ser usadas en otra 20 años más vieja.
Además, por su tamaño pueden ser escondidas en casas particulares sin despertar sospechas (ver recuadro en esta página).
El jefe de investigaciones de la Unidad de Robo y Hurto de la PNC, Félix Artiga, sostiene que por sus dimensiones las motocicletas son difíciles de rastrear. Sus palabras toman realce al verificar que de 428 motos robadas el año pasado solo recuperaron 55 unidades, menos del 13%. Hasta la fecha se han robado 111 y solo se han recuperado 8, menos del 8%.
Sin embargo, las revisiones que se han hecho desde julio pasado para obtener las nuevas placas han detectado 400 motos con anomalías en sus números de motor o de chasis. Éstas permanecen secuestradas a la orden de un juzgado para que determine quién es el verdadero dueño.
Esto refuerza la idea que la mayoría de las motos robadas son alteradas en talleres clandestinos para que sigan circulando. Las restantes 139 habrían sido desarmadas para venderlas como repuestos en los talleres de la capital.
Además, Artiga explica que hacen controles constantes y sorpresivos a talleres de varias zonas de San Salvador. “Hemos detectado sectores de talleres sospechosos en lugares como Soyapango al oriente, colonia La Rábida al poniente y Monserrat al sur de la capital”, aseguró.
Sin embargo, Artiga recalcó que el robo se puede prevenir desde los mismos usuarios de motocicletas atacando al mercado negro de piezas robadas. El policía recomienda comprar motocicletas directamente de los distribuidores; si se compran usadas, él aconseja llevarlas a la policía para que se compruebe que todo está en orden; además, recomienda, no comprar los repuestos usados y que, cuando se circula en motocicleta, dejarla en lugares seguros y nunca perderla de vista.

El destino final

La PNC sostiene la tesis que la mayoría de las motos robadas son alteradas en sus números de chasis y así se mantienen circulando.

Las motocicletas robadas terminan en casas de ladrones o en talleres clandestinos para ser desmanteladas o para cambiar sus números. En el mercado negro, una motocicleta puede llegar a valer unos 2 mil quinientos colones.
Esta moto se puede legalizar cambiando los números de chasis y motor por el de una matriculada legalmente. Este tipo de alteraciones está siendo detectada en la revisiones para obtener las nuevas placas.
Pero existe otra manera un poco más cara, pero efectiva. Por años empresarios asiáticos introdujeron al país motocicletas inservibles provenientes de países orientales.
Con una de estas motos el comprador también adquiría un número de motor y chasis legales. Después solo tenía que cambiar todas las piezas de una a otra, menos aquellas con los números legales. El costo final podría llegar a unos 6 mil colones para una moto que vale más de 25 mil.
Una de estas empresas todavía funciona en un lujoso barrio de la capital. En el local, todavía tiene dos motocicletas ya vendidas. Un empleado sostienen que no traerán más debido a que la nueva ley de exportación de vehículos se los prohíbe.


Los atracos

La búsqueda de repuestos

La mayoría de motocicletas robadas terminan -en menos de 24 horas- en una huesera donde son desmanteladas para que sus piezas sean comercializadas en el mercado negro.


El testimonio de dos personas, que se han dedicado al comercio ilegal de motos, es el eje para saber el proceso que realizan quienes trabajan al margen de la ley. Nuestras fuentes, cuyas identidades mantendremos en reserva, relatan que hay dos criterios para operar: por encargo y por su precio.
La primera razón depende de cuando un “cliente” le solicita una marca específica y con determinadas características. Entonces, empieza la cacería de la máquina. Los atracadores siempre operan en pareja de manera que uno ejecuta el robo y el otro le ofrece seguridad al primero.
Los robos generalmente se ejecutan en los altos.
“Dos personas se le acercan con ‘cuete’ en mano y en un rato es tuya”, señala Luis, que solo actúa por encargo. Pero también hay casos distintos donde el robo de motos responde a otras razones. Son atracos “express” pues se utilizan para cometer delitos en otras zonas; pero, según los confidentes, este tipo de operación se realiza pocas veces.

El encargo

La segunda razón (por su precio) depende si el precio en el mercado es mayor a 40 mil colones.
Según Carlos, una de las fuentes, estas motos son las más codiciadas. “Esas te la compran aquí y en cualquier lugar. El precio es de dos mil a dos mil quinientos colones”, sostiene.
Un criterio, para quienes se encargan de robarlas, es que maneje bien una motocicleta y conozcan perfectamente la ciudad capital.
“Yo me tiro de la Escalón a Soyapango en media hora, haya tráfico o no. Te aseguro que nadie me alcanza. En la noche, la moto ya es huesera... Ellos conocen las piezas de las motos. O sea, no te molestés en buscarla, que no la vas a encontrar”, sostiene Carlos.
“La policía pocas veces detiene a los motociclistas; generalmente se fijan en vos si llevás casco, de lo contrario pasas desapercibido. No las llevamos a talleres, sino a casas particulares”, explica.
“Ellos (la policía) buscan en los talleres. Allí solo encontrarán repuestos. No nos interesa el chasis ni el cárter. Eso se bota”, dice Carlos.
El robo de motos no es para sacarlas y comercializarlas en el extranjero; es distinto a los carros.
“Es más fácil... vos me decís qué tipo de moto querés con el objetivo de clonar la que tenés y te aseguro que, en menos de tres días, te la consigo. Como las placas se parecen, basta con ponerle alguna calcomanía cerca para que se confundan los (policías) de Tránsito”. En pocos días, la motocicleta es transformada y queda como nueva.



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