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TEMA
DE PORTADA
Cuatreros
sobre ruedas
El
robo de motocicletas se ha convertido en la piedra en el zapato para
propietarios, aseguradoras y la policía. Su facilidad de comercialización
en el mercado negro y su dificultad para la policía de rastrearlas,
hace que sean un bien difícil de recuperar una vez han sido hurtadas.
Ernesto Villalobos
vertice@elsalvador.com
En el 2002, según datos de la Unidad de Robo y Hurto de la Policía
Nacional Civil (PNC), se han reportado 111 motocicletas robadas.
Las cifras indican que se roban en promedio una por día. Una
de las 32 motocicletas robadas en el mes de marzo pertenecía
a Manuel. A mediados de marzo, después de almorzar, se dirigía
a su trabajo en su Yamaha 125 centímetros cúbicos.
El modelo del medio de transporte de Manuel es el más popular
en el país; también el más robado. Ese día,
una cuadra antes de llegar a su centro de labores, la llanta delantera
le jugó una mala pasada.
Por suerte, a unos pocos metros se encontraba una reparación
de llantas. Sin más esfuerzo que el de empujar unos pasos su
motocicleta, Manuel podría repararla y seguir su camino. Por
lo menos eso pensaba hasta ese momento.
Al llegar a la reparación de llantas lo atendió su propietario,
un joven delgado y de pelo largo, quien se entretenía oyendo
música rap. Después de unos minutos, las reparación
estaba hecha.
Manuel se puso su casco, le pagó al llantero, puso
la llave en el encendido y cuando estaba a punto de subir sintió
que le jalaban su teléfono celular. Al voltear vio a un joven
de unos 20 años quien hacía esfuerzos para quitarle su
teléfono.
El agresor dio unos pasos atrás y sacó una pistola de
en medio de sus pantalones holgados: dame las llaves de la moto,
tu casco, el teléfono celular y todo el dinero que andás
hijueputa, o te mato, le dijo.
Las manos temblorosas del ladrón hicieron pensar a Manuel que
solo era cuestión de tiempo para que el ladrón disparara.
Así que entregó lo que le habían pedido, menos
las llaves porque en la confusión, el robamotos no se fijó
que éstas ya estaban colocadas en el encendido.
Robo
coordinado
El ladrón no estaba solo. Los robos de motocicletas rara vez
son realizados por un solo individuo.
Unos
segundos después se dio cuenta que las llaves estaban prendidas
del encendido y llamó al compañero que le cubría
las espaldas al otro lado de la calle, quien aparentaba ser un testigo
más del robo.
Éste corrió hacia la moto, se puso el casco, la encendió
y los dos huyeron del lugar.
Desde ese momento Manuel supo que no recuperaría su motocicleta.
No era la primera vez que era víctima de un robo. Años
atrás, a punta de pistola, otros dos delincuentes le habían
robado otra motocicleta. Con la diferencia que esta vez solo había
pagado una cuota de los diez mil colones que le costaría su modesto
medio de transporte.
Pero esta vez hubo una esperanza de capturar a los ladrones. El joven
llantero reconoció a uno de los ladrones y lo identificó
como el Chiva.
Tiene un taller de motocicletas en la calle Agua Caliente cerca
del motel Hilton y vive en la colonia Luz del Mundo, le dijo.
Con datos tan precisos, Manuel acudió a la policía para
poner la denuncia. Pero los funcionarios de la Unidad de Robo y Hurto
de la PNC le dijeron que tenía que esperar a que un investigador
lo contactara. Poco más de un mes del incidente, nadie lo ha
llamado.
La anécdota de Manuel se repite a diario en el país. Cientos
de propietarios que utilizan las motocicletas como medio de subsistencia
pasan por crisis económicas a causa de ese tipo de robo.
Sin embargo, los mensajeros y cobradores en motocicletas no son las
únicas víctimas de las bandas de asaltantes.
Empresas
afectadas
Las empresas de seguros pagan miles de colones anualmente en concepto
de seguros por robo de motocicletas.
Según el licenciado Juan Vicente Bonilla, gerente del Departamento
de Servicio al Cliente de Seguros e Inversiones S.A. (SISA), Siniestros
y Daños, en el argot de las aseguradoras, agarrar una moto
es comprar un siniestro.
Bonilla basa esa declaración en las cifras que la compañía
ha pagado en pólizas de seguros por el robo de motos. Desde el
año 2000 la aseguradora ha recibido el reporte de 96 unidades
aseguradas, por las que han pagado más de millón y medio
de colones. En sus listas, figuran almacenes de electrodomésticos,
mensajerías y restaurantes de comida rápida.
Del total de unidades robadas la compañía solo ha podido
recuperar 3 motocicletas desde el año 2000. Comparados con carros,
en el mismo período, les han reportado 274 y han recuperado 135,
casi un 50% del total.
Basadas en estás estadísticas nada favorables, la empresa
aseguradora ha optado por prestar sus servicios de manera corporativa.
Nadie viene aquí a asegurar su motocicleta, primero, porque
la mayoría de motociclistas son gente de escasos recursos y,
segundo, porque el salvadoreño promedio no tiene la costumbre
de asegurar sus vienes, explica.
Así, según sus datos, este delito tuvo un pico de crecimiento
en el año 2000 con 60 unidades robadas. Bajó drásticamente
el año pasado a 23 y este año está teniendo una
proyección similar a 2000, con 13 motos hurtadas en los tres
primeros meses del año.
Por otra parte, el robo no parece perjudicar al comercio de motos. Según
Hipólito Murillo, propietario de la distribuidora Yamaha en el
país, la venta tocó fondo en 1999 y ha experimentado un
franco desarrollo a la fecha. La crisis del negocio se debió
a varios factores; uno de ellos fue el robo, explica.
Según información de sus clientes, Murillo explica que
el robo ha decrecido gracias a las medidas que sus clientes han tomado
al comprar los lotes de motocicletas.
Ellos nos piden que las pintemos completamente y esto hace que
sean más fáciles de reconocer y, al mismo tiempo, dificulta
a los ladrones su comercialización, argumenta.
Los
más afectados
Por desgracia, el robo de motos afecta más a las personas que
no pueden costear el seguro y que las utilizan como medio de sustento.
No obstante muy cerca de ellos se encuentran los encargados de distribuir
los repuestos de las partes robadas (Ver recuadro en página anterior).
Los afectados coinciden en que las características de las motocicletas,
en general, son ideales para propiciar su robo sin esperanzas de recuperarlas.
Desde el momento en que es robada una comienza una carrera contra el
tiempo para los ladrones quienes desmantelan las máquinas en
casas particulares y así después vender sus partes en
talleres.
Así las motos más propensas a ser robadas son, paradójicamente,
las que más se venden en el país. Algunas de estas no
han variado sus modelos por más de veinte años. Eso hace
que las partes de una moto 2002 puedan ser usadas en otra 20 años
más vieja.
Además, por su tamaño pueden ser escondidas en casas particulares
sin despertar sospechas (ver recuadro en esta página).
El jefe de investigaciones de la Unidad de Robo y Hurto de la PNC, Félix
Artiga, sostiene que por sus dimensiones las motocicletas son difíciles
de rastrear. Sus palabras toman realce al verificar que de 428 motos
robadas el año pasado solo recuperaron 55 unidades, menos del
13%. Hasta la fecha se han robado 111 y solo se han recuperado 8, menos
del 8%.
Sin embargo, las revisiones que se han hecho desde julio pasado para
obtener las nuevas placas han detectado 400 motos con anomalías
en sus números de motor o de chasis. Éstas permanecen
secuestradas a la orden de un juzgado para que determine quién
es el verdadero dueño.
Esto refuerza la idea que la mayoría de las motos robadas son
alteradas en talleres clandestinos para que sigan circulando. Las restantes
139 habrían sido desarmadas para venderlas como repuestos en
los talleres de la capital.
Además, Artiga explica que hacen controles constantes y sorpresivos
a talleres de varias zonas de San Salvador. Hemos detectado sectores
de talleres sospechosos en lugares como Soyapango al oriente, colonia
La Rábida al poniente y Monserrat al sur de la capital,
aseguró.
Sin embargo, Artiga recalcó que el robo se puede prevenir desde
los mismos usuarios de motocicletas atacando al mercado negro de piezas
robadas. El policía recomienda comprar motocicletas directamente
de los distribuidores; si se compran usadas, él aconseja llevarlas
a la policía para que se compruebe que todo está en orden;
además, recomienda, no comprar los repuestos usados y que, cuando
se circula en motocicleta, dejarla en lugares seguros y nunca perderla
de vista.
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El
destino final
La PNC sostiene la tesis que la mayoría de las motos
robadas son alteradas en sus números de chasis y así
se mantienen circulando.
Las
motocicletas robadas terminan en casas de ladrones o en talleres
clandestinos para ser desmanteladas o para cambiar sus números.
En el mercado negro, una motocicleta puede llegar a valer unos
2 mil quinientos colones.
Esta moto se puede legalizar cambiando los números de chasis
y motor por el de una matriculada legalmente. Este tipo de alteraciones
está siendo detectada en la revisiones para obtener las
nuevas placas.
Pero existe otra manera un poco más cara, pero efectiva.
Por años empresarios asiáticos introdujeron al país
motocicletas inservibles provenientes de países orientales.
Con una de estas motos el comprador también adquiría
un número de motor y chasis legales. Después solo
tenía que cambiar todas las piezas de una a otra, menos
aquellas con los números legales. El costo final podría
llegar a unos 6 mil colones para una moto que vale más
de 25 mil.
Una de estas empresas todavía funciona en un lujoso barrio
de la capital. En el local, todavía tiene dos motocicletas
ya vendidas. Un empleado sostienen que no traerán más
debido a que la nueva ley de exportación de vehículos
se los prohíbe.
Los
atracos
La búsqueda de repuestos
La mayoría de motocicletas robadas terminan -en menos de
24 horas- en una huesera donde son desmanteladas para que sus
piezas sean comercializadas en el mercado negro.
El
testimonio de dos personas, que se han dedicado al comercio ilegal
de motos, es el eje para saber el proceso que realizan quienes
trabajan al margen de la ley. Nuestras fuentes, cuyas identidades
mantendremos en reserva, relatan que hay dos criterios para operar:
por encargo y por su precio.
La primera razón depende de cuando un cliente
le solicita una marca específica y con determinadas características.
Entonces, empieza la cacería de la máquina. Los
atracadores siempre operan en pareja de manera que uno ejecuta
el robo y el otro le ofrece seguridad al primero.
Los robos generalmente se ejecutan en los altos.
Dos personas se le acercan con cuete en mano
y en un rato es tuya, señala Luis, que solo actúa
por encargo. Pero también hay casos distintos donde el
robo de motos responde a otras razones. Son atracos express
pues se utilizan para cometer delitos en otras zonas; pero, según
los confidentes, este tipo de operación se realiza pocas
veces.
El encargo
La segunda razón (por su precio) depende si el precio en
el mercado es mayor a 40 mil colones.
Según Carlos, una de las fuentes, estas motos son las más
codiciadas. Esas te la compran aquí y en cualquier
lugar. El precio es de dos mil a dos mil quinientos colones,
sostiene.
Un criterio, para quienes se encargan de robarlas, es que maneje
bien una motocicleta y conozcan perfectamente la ciudad capital.
Yo me tiro de la Escalón a Soyapango en media hora,
haya tráfico o no. Te aseguro que nadie me alcanza. En
la noche, la moto ya es huesera... Ellos conocen las piezas de
las motos. O sea, no te molestés en buscarla, que no la
vas a encontrar, sostiene Carlos.
La policía pocas veces detiene a los motociclistas;
generalmente se fijan en vos si llevás casco, de lo contrario
pasas desapercibido. No las llevamos a talleres, sino a casas
particulares, explica.
Ellos (la policía) buscan en los talleres. Allí
solo encontrarán repuestos. No nos interesa el chasis ni
el cárter. Eso se bota, dice Carlos.
El robo de motos no es para sacarlas y comercializarlas en el
extranjero; es distinto a los carros.
Es más fácil... vos me decís qué
tipo de moto querés con el objetivo de clonar la que tenés
y te aseguro que, en menos de tres días, te la consigo.
Como las placas se parecen, basta con ponerle alguna calcomanía
cerca para que se confundan los (policías) de Tránsito.
En pocos días, la motocicleta es transformada y queda como
nueva.
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