21 de abril de 2002

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Recursos marítimos
Riqueza desprotegida

Nuestro mar es una riqueza en potencia que todavía no ha sido explotada. Barcos extranjeros han aprovechado esos recursos -al margen de la ley- debido a las limitaciones de la institución encargada de proteger nuestras aguas: la Fuerza Naval.

Ernesto Villalobos

vertice@elsalvador.com

La llegada al país de una de las empresas atuneras más grandes del mundo marca el punto de partida para la explotación de nuestras aguas.
En febrero pasado, el Grupo Calvo, empresa encargada de explotar el atún, firmó el contrato para adquirir diez manzanas de tierra y alquilar bodegas frigoríficas en Punta Gorda La Unión.
Su inversión inicial ha sido de 41.6 millones de dólares para la construcción de sus instalaciones que se iniciará este año. La nueva base de operaciones creará unos mil nuevos trabajos directos con la planta.
La noticia de la llegada de la empresa Calvo al país ya generó interés en otras empresas como SARDIMAR de Costa Rica, quienes preven la explotación de la sardina de aguas salvadoreñas.
Estas inversiones marcan el banderillazo de partida para la creación de una nueva fuente de ingresos para el país que podría desplazar a las principales fuentes no tradicionales. Sin embargo, la explotación del mar territorial del país no es nada nuevo.
Por años, barcos de otros países han visto en aguas salvadoreñas el campo perfecto para la pesca ilegal. El director del Centro Nacional de Desarrollo para la Pesca y Agricultura (CENDEPESCA) afirma que se tiene conocimiento que unas 100 mil toneladas de atún al año se pescan ilegalmente en aguas centroamericanas.
Esto implica que la región deja de percibir varios millones de dólares en ganancias directas del producto y otros tanto en la generación de empleos que significaría la industria atunera legal.
El tesoro en las profundidades del mar queda a merced de piratas pesqueros que no encuentran mayor resistencia que los haga abandonar nuestras aguas. A partir de la información, se deduce que una floreciente industria pesquera implicaría un desarrollo simultáneo de las instituciones que garanticen la pesca legal y segura. En nuestro país, una de esas instituciones es la Fuerza Naval.
Según la Convención del Derecho del Mar, El Salvador tiene derecho a una franja de 200 millas náuticas mar adentro a lo largo de su litoral.
El Salvador es signatario de ese documento que data de 1981; sin embargo no lo ha ratificado. La Convención dice que a partir de las veinticuatro millas hasta las 200 (ver gráfico pag. 5) el país tiene derecho a la exploración y explotación de los recursos marítimos vivos y no vivos. A partir de los límites establecidos, el país contaría con un área no oficial mayor a los 80 mil kilómetros cuadrados de mar (que es cuatro veces el territorio continental).
Según el tratado, ningún barco de bandera extranjera puede explotar estos recursos en el área marcada, sin el permiso del país ribereño. Pero Nuestra Fuerza Naval no cuenta con los recursos para ejercer un efectivo control en el área de pesca más allá de las 100 millas náuticas.

La reducción

Después de los Acuerdos de Paz, los elementos de la rama marítima del Ejército fueron disminuidos a la mitad.

Su presupuesto también fue reducido al 8% de la cantidad total que es asignada a la Fuerza Armada.
En la actualidad cuenta con unos 800 efectivos, esto equivaldría a decir que cada uno de ellos tendría que cuidar unos 100 kilómetros cuadrados de área.
Además del problema de personal, la reducción de los recursos ha impactado en las operaciones de la institución. Según el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Naval, Capitán de Navío José Misael Vanegas, la institución tiene la capacidad de llegar hasta el área donde se produce la pesca; pero sus embarcaciones “solo pueden permanecer en el lugar por seis horas debido a problemas de reabastecimiento de combustible”.
Para agravar la situación, al terminar el conflicto armado hubo un recorte en más de dos terceras partes de la cuota de diesel asignada a la institución. Con la actual cuota de 16 mil galones mensuales del combustible sólo se mantiene la Flota de 40 barcos.
La mayoría de las naves sobrepasan los 25 años y ya perdieron mucha de su capacidad original y utilizan tecnología de navegación comercial. “No tenemos radares militares”, remata el capitán Vanegas.

Las 200 millas
El alcance de los radares que utiliza la Fuerza Naval es menor a la de muchos barcos pesqueros.

El equipo más potente de los barcos de la flota tiene un alcance menor a 80 millas, en contra de los radares que utilizan las modernas embarcaciones atuneras que perciben barcos a más de 150 millas náuticas.
Esto ocasiona que los intrusos sean imperceptibles para los barcos de la Naval o que ellos los “vean” primero en sus radares.
“Solo levantan sus redes y se van del área”, relata el capitán de corbeta Julio Ernesto Sánchez.
Sánchez está al mando de un Patrullero Marítimo (PM), uno de los tres barcos más grandes de la Flota. La nave tiene unos 100 pies de eslora, está equipado con tres ametralladoras .50 y un mortero 81 milímetros.
Para su desplazamiento utiliza tres motores Detroit de 75 caballos de fuerza cada uno; esto le da una velocidad de 15 nudos.
La unidad se encuentran patrullando las fronteras marítimas con Nicaragua en el Golfo de Fonseca.
En el lugar, la Fuerza Naval salvadoreña es la única institución de los tres países que comparte el golfo que mantiene patrullajes permanentes. Durante cuatro días se mantendrá en el lugar vigilando la veda del camarón, el tráfico de drogas o ilegales y el contrabando.
Al caer la noche, uno a uno de los tripulantes monta guardia para vigilar el radar y así poder detectar cualquier anomalía. Ese turno terminó sin novedad hasta que fue relevado el pasado martes por la noche.
Según las cifras de la Fuerza Armada, estos patrullajes disuasivos han logrado disminuir el robo a los barcos pesqueros. “Hace dos años se reportaron 17 asaltos, el año pasado uno y otro en estos primeros meses de 2002”, asegura el capitán Vanegas.
Además de los patrullajes en el golfo, la Naval realiza el Plan Vigía el cual ha ayudado a disminuir los robos, “para realizar el control, designamos a un infante de marina armado a un barco pesquero para que preste seguridad”, explica. Para que la misión funcione nadie sabe qué barco abordará el personal militar hasta el día de embarque.

Las tareas
La Naval se encarga del control de los barcos pesqueros artesanales y tecnificados matriculados.

Esta labor la desarrolla por medio de las capitanías de Acajutla, La libertad, Puerto El Triunfo y La Unión. Ahí se encargan de verificar las condiciones requeridas por ley para que una embarcación pueda hacerse a la mar con todas las medidas de seguridad.
La parte operativa de la Flota de Barcos, la reparación y suministros y Escuela Naval se localizan en el Complejo Naval en el departamento de La Unión. Desde ahí coordinan la distribución de recursos para el litoral salvadoreño.
Pero el control relativo de el mar salvadoreño podría entrar en crisis con un virtual “boom” del rubro de la pesca y de proyectos de desarrollo portuario a mediano plazo, como el del Puerto de Cutuco en La Unión (ver recuadro página anterior).
El país no ha explotado su territorio marítimo rico en especies de alta comercialización.
Según los funcionarios de CENDEPESCA todavía queda por explotar un 60% de los recursos marítimos de la Zona Económica Exclusiva del mar salvadoreño.
Su director, Mario González, afirma que el país tiene un gran potencial en especies de alto valor comercial. “El camarón es uno de ellos, pero se ha sobreexplotado y hemos tenido que imponer una veda para que el producto se recupere”, dice.
En el país, están matriculados unas 90 embarcaciones de pesca tecnificada de camarón. Además, unos 2 mil embarcaciones artesanales explotan también el producto. Pero la pesca se ha realizado en un pequeño espacio de la costa.
Queda aún especies migratorias como el atún que ya está pescando la empresa Calvo, con dos barcos atuneros. El Salvador tiene asignada, de la Comisión Interamericana del Atún Tropical, una cuota de acarreo de 5 mil toneladas de producto por periodos de pesca.
Al año se podrían realizar unos tres o cuatro temporadas, lo que daría una producción de 20 mil toneladas anuales. El atún solo es la punta del “iceberg” de la industria pesquera. El ofrecimiento de mantenimiento de embarcaciones forma parte de la industria; en la actualidad está el Complejo Pesquero Industrial, único en su tipo a nivel regional (ver recuadro CORSAIN).
Además, existen por lo menos cinco especies más que podrían ser comercializadas como los pargos, los pelágicos menores como las sardinas, el calamar gigante, el grupo de pelágicos mayores como tiburones y el pez dorado, además del camarón de profundidad.
Para el funcionario de CENDEPESCA, todo el abanico de posibilidades requieren del fortalecimiento paralelo de varias instituciones y en especial de la Fuerza Naval. “Ellos son la única representación del estado en el mar”, sostiene.
El capitán Vanegas comparte la visión del director de CENDEPESCA y sostiene que “en el mar está el futuro del país”.



La Apuesta de Cutuco
El proyecto haría de La Unión el polo de desarrollo más grande de la región.

En el Golfo de Fonseca se encuentran las instalaciones deterioradas del viejo puerto de Cutuco. Unas galeras de láminas oxidadas sobre el muelle componen la obsoleta estructura.
Dentro de diez años se pretende que esas instalaciones se conviertan en el más grande polo de desarrollo del país y la región. Para su realización se pretende construir un complejo portuario de más de 117 hectáreas de extensión. Su estructura principal será la construcción de un muelle marginal de 860 metros de frente de atraque, con profundidades de 13 y 14 metros y un área terminal de 38 hectáreas.
El muelle estará equipado con una terminal para contenedores y dos terminales para manejo de graneles. Además se construirá un muelle para barcos de pasajeros de 220 metros de longitud de frente de atraque y 7.5 metros de profundidad.
Según el Estudio de Factibilidad para la Reactivación Portuaria en el departamento de La Unión, elaborado por la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA), las características hidrográficas hacen de la bahía de La Unión la zona perfecta para la estación portuaria.
La construcción está proyectada a realizarse en dos etapas: la primera estaría lista en el 2004, con una inversión de $94 millones; la segunda estaría lista para el año 2010 y tendría una inversión de $57 millones más. El proyecto costaría $147 millones en total.


El varadero de Punta Gorda
el desarrollo de la pesca requiere empresas que den mantenimiento a los barcos. por el momento, solo una institución hace ese trabajo.

El Complejo Pesquero Industrial Punta Gorda en La Unión es parte de la Corporación Salvadoreña de la Inversión (CORSAIN), una dependencia del Ministerio de Economía.
El complejo ofrece a la industria pesquera todas las condiciones necesarias para que puedan operar. La institución es la única en prestar el servicio en el país y una de las más avanzadas de Centroamérica.
Su infraestructura permite dar los servicios de atraque y desatraque, estiba y desestiba, muellaje, pilotaje, amarre y desamarre y alquiler de equipos.
Su muelle tiene 300 mts. de longitud con una profundidad de 10 mts en marea baja. Su varadero tiene capacidad de soporte para embarcaciones de hasta mil 700 toneladas de peso muerto, una eslora de 70 mts. y una manga de 13.5 mts. Ahí el barco pude ser reparado por medio de los talleres eléctricos de carpintería y mecánica.
Ahora, parte del complejo ha sido alquilada a Industrias Calvo para el mantenimiento de sus dos barcos que ya navegan con bandera salvadoreña.



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