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TEMA
DE PORTADA
Recursos
marítimos
Riqueza desprotegida
Nuestro
mar es una riqueza en potencia que todavía no ha sido explotada.
Barcos extranjeros han aprovechado esos recursos -al margen de la ley-
debido a las limitaciones de la institución encargada de proteger
nuestras aguas: la Fuerza Naval.
Ernesto Villalobos
vertice@elsalvador.com
La llegada al país de una de las empresas atuneras más
grandes del mundo marca el punto de partida para la explotación
de nuestras aguas.
En febrero pasado, el Grupo Calvo, empresa encargada de explotar el
atún, firmó el contrato para adquirir diez manzanas de
tierra y alquilar bodegas frigoríficas en Punta Gorda La Unión.
Su inversión inicial ha sido de 41.6 millones de dólares
para la construcción de sus instalaciones que se iniciará
este año. La nueva base de operaciones creará unos mil
nuevos trabajos directos con la planta.
La noticia de la llegada de la empresa Calvo al país ya generó
interés en otras empresas como SARDIMAR de Costa Rica, quienes
preven la explotación de la sardina de aguas salvadoreñas.
Estas inversiones marcan el banderillazo de partida para la creación
de una nueva fuente de ingresos para el país que podría
desplazar a las principales fuentes no tradicionales. Sin embargo, la
explotación del mar territorial del país no es nada nuevo.
Por años, barcos de otros países han visto en aguas salvadoreñas
el campo perfecto para la pesca ilegal. El director del Centro Nacional
de Desarrollo para la Pesca y Agricultura (CENDEPESCA) afirma que se
tiene conocimiento que unas 100 mil toneladas de atún al año
se pescan ilegalmente en aguas centroamericanas.
Esto implica que la región deja de percibir varios millones de
dólares en ganancias directas del producto y otros tanto en la
generación de empleos que significaría la industria atunera
legal.
El tesoro en las profundidades del mar queda a merced de piratas pesqueros
que no encuentran mayor resistencia que los haga abandonar nuestras
aguas. A partir de la información, se deduce que una floreciente
industria pesquera implicaría un desarrollo simultáneo
de las instituciones que garanticen la pesca legal y segura. En nuestro
país, una de esas instituciones es la Fuerza Naval.
Según la Convención del Derecho del Mar, El Salvador tiene
derecho a una franja de 200 millas náuticas mar adentro a lo
largo de su litoral.
El Salvador es signatario de ese documento que data de 1981; sin embargo
no lo ha ratificado. La Convención dice que a partir de las veinticuatro
millas hasta las 200 (ver gráfico pag. 5) el país tiene
derecho a la exploración y explotación de los recursos
marítimos vivos y no vivos. A partir de los límites establecidos,
el país contaría con un área no oficial mayor a
los 80 mil kilómetros cuadrados de mar (que es cuatro veces el
territorio continental).
Según el tratado, ningún barco de bandera extranjera puede
explotar estos recursos en el área marcada, sin el permiso del
país ribereño. Pero Nuestra Fuerza Naval no cuenta con
los recursos para ejercer un efectivo control en el área de pesca
más allá de las 100 millas náuticas.
La reducción
Después de los Acuerdos de Paz, los elementos de la rama marítima
del Ejército fueron disminuidos a la mitad.
Su
presupuesto también fue reducido al 8% de la cantidad total que
es asignada a la Fuerza Armada.
En la actualidad cuenta con unos 800 efectivos, esto equivaldría
a decir que cada uno de ellos tendría que cuidar unos 100 kilómetros
cuadrados de área.
Además del problema de personal, la reducción de los recursos
ha impactado en las operaciones de la institución. Según
el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Naval, Capitán de Navío
José Misael Vanegas, la institución tiene la capacidad
de llegar hasta el área donde se produce la pesca; pero sus embarcaciones
solo pueden permanecer en el lugar por seis horas debido a problemas
de reabastecimiento de combustible.
Para agravar la situación, al terminar el conflicto armado hubo
un recorte en más de dos terceras partes de la cuota de diesel
asignada a la institución. Con la actual cuota de 16 mil galones
mensuales del combustible sólo se mantiene la Flota de 40 barcos.
La mayoría de las naves sobrepasan los 25 años y ya perdieron
mucha de su capacidad original y utilizan tecnología de navegación
comercial. No tenemos radares militares, remata el capitán
Vanegas.
Las
200 millas
El alcance de los radares que utiliza la Fuerza Naval es menor a
la de muchos barcos pesqueros.
El
equipo más potente de los barcos de la flota tiene un alcance
menor a 80 millas, en contra de los radares que utilizan las modernas
embarcaciones atuneras que perciben barcos a más de 150 millas
náuticas.
Esto ocasiona que los intrusos sean imperceptibles para los barcos de
la Naval o que ellos los vean primero en sus radares.
Solo levantan sus redes y se van del área, relata
el capitán de corbeta Julio Ernesto Sánchez.
Sánchez está al mando de un Patrullero Marítimo
(PM), uno de los tres barcos más grandes de la Flota. La nave
tiene unos 100 pies de eslora, está equipado con tres ametralladoras
.50 y un mortero 81 milímetros.
Para su desplazamiento utiliza tres motores Detroit de 75 caballos de
fuerza cada uno; esto le da una velocidad de 15 nudos.
La unidad se encuentran patrullando las fronteras marítimas con
Nicaragua en el Golfo de Fonseca.
En el lugar, la Fuerza Naval salvadoreña es la única institución
de los tres países que comparte el golfo que mantiene patrullajes
permanentes. Durante cuatro días se mantendrá en el lugar
vigilando la veda del camarón, el tráfico de drogas o
ilegales y el contrabando.
Al caer la noche, uno a uno de los tripulantes monta guardia para vigilar
el radar y así poder detectar cualquier anomalía. Ese
turno terminó sin novedad hasta que fue relevado el pasado martes
por la noche.
Según las cifras de la Fuerza Armada, estos patrullajes disuasivos
han logrado disminuir el robo a los barcos pesqueros. Hace dos
años se reportaron 17 asaltos, el año pasado uno y otro
en estos primeros meses de 2002, asegura el capitán Vanegas.
Además de los patrullajes en el golfo, la Naval realiza el Plan
Vigía el cual ha ayudado a disminuir los robos, para realizar
el control, designamos a un infante de marina armado a un barco pesquero
para que preste seguridad, explica. Para que la misión
funcione nadie sabe qué barco abordará el personal militar
hasta el día de embarque.
Las
tareas
La Naval se encarga del control de los barcos pesqueros artesanales
y tecnificados matriculados.
Esta
labor la desarrolla por medio de las capitanías de Acajutla,
La libertad, Puerto El Triunfo y La Unión. Ahí se encargan
de verificar las condiciones requeridas por ley para que una embarcación
pueda hacerse a la mar con todas las medidas de seguridad.
La parte operativa de la Flota de Barcos, la reparación y suministros
y Escuela Naval se localizan en el Complejo Naval en el departamento
de La Unión. Desde ahí coordinan la distribución
de recursos para el litoral salvadoreño.
Pero el control relativo de el mar salvadoreño podría
entrar en crisis con un virtual boom del rubro de la pesca
y de proyectos de desarrollo portuario a mediano plazo, como el del
Puerto de Cutuco en La Unión (ver recuadro página anterior).
El país no ha explotado su territorio marítimo rico en
especies de alta comercialización.
Según los funcionarios de CENDEPESCA todavía queda por
explotar un 60% de los recursos marítimos de la Zona Económica
Exclusiva del mar salvadoreño.
Su director, Mario González, afirma que el país tiene
un gran potencial en especies de alto valor comercial. El camarón
es uno de ellos, pero se ha sobreexplotado y hemos tenido que imponer
una veda para que el producto se recupere, dice.
En el país, están matriculados unas 90 embarcaciones de
pesca tecnificada de camarón. Además, unos 2 mil embarcaciones
artesanales explotan también el producto. Pero la pesca se ha
realizado en un pequeño espacio de la costa.
Queda aún especies migratorias como el atún que ya está
pescando la empresa Calvo, con dos barcos atuneros. El Salvador tiene
asignada, de la Comisión Interamericana del Atún Tropical,
una cuota de acarreo de 5 mil toneladas de producto por periodos de
pesca.
Al año se podrían realizar unos tres o cuatro temporadas,
lo que daría una producción de 20 mil toneladas anuales.
El atún solo es la punta del iceberg de la industria
pesquera. El ofrecimiento de mantenimiento de embarcaciones forma parte
de la industria; en la actualidad está el Complejo Pesquero Industrial,
único en su tipo a nivel regional (ver recuadro CORSAIN).
Además, existen por lo menos cinco especies más que podrían
ser comercializadas como los pargos, los pelágicos menores como
las sardinas, el calamar gigante, el grupo de pelágicos mayores
como tiburones y el pez dorado, además del camarón de
profundidad.
Para el funcionario de CENDEPESCA, todo el abanico de posibilidades
requieren del fortalecimiento paralelo de varias instituciones y en
especial de la Fuerza Naval. Ellos son la única representación
del estado en el mar, sostiene.
El capitán Vanegas comparte la visión del director de
CENDEPESCA y sostiene que en el mar está el futuro del
país.
La
Apuesta de Cutuco
El proyecto haría de La Unión el polo de desarrollo
más grande de la región.
En el Golfo de Fonseca se encuentran las instalaciones deterioradas
del viejo puerto de Cutuco. Unas galeras de láminas oxidadas
sobre el muelle componen la obsoleta estructura.
Dentro de diez años se pretende que esas instalaciones se conviertan
en el más grande polo de desarrollo del país y la región.
Para su realización se pretende construir un complejo portuario
de más de 117 hectáreas de extensión. Su estructura
principal será la construcción de un muelle marginal de
860 metros de frente de atraque, con profundidades de 13 y 14 metros
y un área terminal de 38 hectáreas.
El muelle estará equipado con una terminal para contenedores
y dos terminales para manejo de graneles. Además se construirá
un muelle para barcos de pasajeros de 220 metros de longitud de frente
de atraque y 7.5 metros de profundidad.
Según el Estudio de Factibilidad para la Reactivación
Portuaria en el departamento de La Unión, elaborado por la Agencia
Japonesa de Cooperación Internacional (JICA), las características
hidrográficas hacen de la bahía de La Unión la
zona perfecta para la estación portuaria.
La construcción está proyectada a realizarse en dos etapas:
la primera estaría lista en el 2004, con una inversión
de $94 millones; la segunda estaría lista para el año
2010 y tendría una inversión de $57 millones más.
El proyecto costaría $147 millones en total.
El
varadero de Punta Gorda
el desarrollo de la pesca requiere empresas que den mantenimiento
a los barcos. por el momento, solo una institución hace ese trabajo.
El Complejo Pesquero Industrial Punta Gorda en La Unión es parte
de la Corporación Salvadoreña de la Inversión (CORSAIN),
una dependencia del Ministerio de Economía.
El complejo ofrece a la industria pesquera todas las condiciones necesarias
para que puedan operar. La institución es la única en
prestar el servicio en el país y una de las más avanzadas
de Centroamérica.
Su infraestructura permite dar los servicios de atraque y desatraque,
estiba y desestiba, muellaje, pilotaje, amarre y desamarre y alquiler
de equipos.
Su muelle tiene 300 mts. de longitud con una profundidad de 10 mts en
marea baja. Su varadero tiene capacidad de soporte para embarcaciones
de hasta mil 700 toneladas de peso muerto, una eslora de 70 mts. y una
manga de 13.5 mts. Ahí el barco pude ser reparado por medio de
los talleres eléctricos de carpintería y mecánica.
Ahora, parte del complejo ha sido alquilada a Industrias Calvo para
el mantenimiento de sus dos barcos que ya navegan con bandera salvadoreña.
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