21 de abril de 2002

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La vida según ...
Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

Otra vez los penales

En lo que va del año, esta es la segunda ocasión en que se registran incidentes en el interior de los centros penales y, por desgracia, los resultados son lamentables.
El 19 de febrero, dos reclusos murieron y unos 50 heridos fueron el resultado de un motín en el Penal de Apanteos, en Santa Ana. Todo comenzó por un partido de fútbol entre los internos.
La iniciativa del director de juntar a los internos de los diferentes sectores le costó su cargo.
Pero cada vez que se registran incidentes en las cárceles, las medidas adoptadas por las autoridades han sido casi las mismas: Trasladar a los reos “más peligrosos” a otro reclusorio, cambiar al director, investigar a los custodios y desarrollar requisas en cada una de las celdas.
Con este maquillaje, al menos se resuelve el problema por unos cuantos meses.
Si los cálculos no me fallan, a esta altura, estaría por finalizarse la construcción de un centro penal de máxima seguridad en Zacatecoluca. Según se informó, a finales de julio del año pasado, la obra estaría lista en un período de 8 a 10 meses. O sea que el próximo mes tendría que inaugurarse.
El de Quezaltepeque alberga más de 500 personas, a pesar que originalmente estaba diseñado para albergar no más de 250. ¿Y...?
El resto de las cárceles tiene la misma suerte.
Lo ocurrido el martes se debió a que se frustró un posible plan de fuga. Este hallazgo obligó a realizar requisas y decomisar una buena cantidad de armas corto punzantes, construidas de forma artesanal con los mismos materiales que ocupan en los talleres y al margen de la vigilancia.
Durante la medida, varios reclusos atacaron a un custodio. El resto de la historia es de todos conocida.
La Dirección de Centros Penales suspendió las visitas familiares durante 72 horas e impidió que los reos permanecieran en sus celdas. Pero ¿qué pasará una vez finalizado el castigo?
Todo indica que no basta con haber decretado un estado de emergencia. Eso no solucionará el nudo estructural de la crisis carcelaria salvadoreña.
Los problemas de seguridad en los penales son muchos, desde diferencias personales entre reclusos, hasta la rivalidad y odio entre pandillas.
Habría que preguntarse, cuando ya esté finalizada su construcción, ¿si el centro penitenciario de Zacatecoluca será la salida al problema del hacinamiento en el país? ¿Bastará con aumentar la seguridad para reinsertar a los reos a la sociedad?

chochogomez@elsalvador.com


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