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ORGULLO
PERDIDO
El
instinto del alácran
Estudiantes
arriesgan sus vidas en San Salvador a diario. Desde adentro de esa guerra
de piedras, navajas y cuadernos, uno de sus protagonistas nos relata
su agonía de estudiar.
Ernesto Villalobos
vertice@elsalvador.com
Soy estudiente del INFRAMEN, no le puedo decir qué estudio,
ni qué año estoy cursando por seguridad.
Tampoco le puedo decir mi nombre o apodo porque mis enemigos y las autoridades
de la institución me identificarían. Pero me puede llamar
el Play.
Soy el líder de una de las Ranflas (ver recuadro)
de este centro educativo. En el Instituto hay unos doce jefes de Ranflas.
Siempre nos reunimos con otros colegios para ir a excursiones o para
darle luz verde a alguien (marcado para morir).
Estudié mi Primaria en una escuela de la zona rural del interior
del país. En esa época, miembros de mi familia estudiaban
en este Instituto y me contaban todo sobre su calidad académica.
Desde entonces estudiar aquí se convirtió en un sueño
que realicé cuando entré a Primer Año.
Recuerdo que los primeros días no usaba uniforme y tomaba el
bus en el centro, en la Avenida España. Veía, con indiferencia,
a alumnos de institutos técnicos; para ellos también pasaba
desapercibido.
Tiempo después, me di cuenta que me estaba jugando la vida al
tomar el bus en ese lugar y que aquellos técnicos
que veía con indiferencia eran mis peores enemigos. Después,
aprendí que los alacránes (alumnos del INFRAMEN)
tenemos lugares específicos para tomar el transporte.
En grupo somos menos vulnerables para que nos maten o en el mejor de
los casos nos golpeen y quiten las insignias. También aprendí
que para llegar al Instituto tendría que pelear a diario contra
ellos en las paradas de buses que dominan. Las piedras, el cinturón,
navajas o corvos serían mis armas.
Al principio me daba miedo, pero fui acumulando experiencia y renombre,
y me convertí en uno de los más parados (valientes).
Los jefes de aquel entonces se fijaron en mí y, cuando el líder
de mi Ranfla se gradúo, me heredó el cargo.
El
líder
Mi
trabajo es llevar a salvo a todos los alumnos de mi Ranfla,
de sus casa al Instituto y viceversa.
Ahora me encargo de llevar a todos los alumnos de un sector, de sus
casas al Instituto y viceversa.
Para eso tengo mis guerreros que son todos los compañeros
que se bajan del bus a pelear, defendemos incluso a los que no se meten
en problemas. Dentro de mis guerreros está mi sucesor
y así va ir pasando de generación en generación.
La gente pensará que somos desalmados, pero únicamente
hemos heredado un problema que no sabemos quien los empezó ni
por qué. Además, me considero un buen alumno, no tengo
problemas de disciplina interna, soy un estudiante aplicado, me fascina
pintar y escribir, además soy un asiduo lector de Vargas LLosa
y García Márquez.
No consumo drogas, alcohol, ni siquiera fumo; tengo que cuidarme porque,
en las peleas, corro todos los días; además, debo estar
en mis cinco sentidos para proteger a los demás. Llevo una excelente
relación con mis padres, ellos me han dado todo; aunque con las
limitantes del dinero.
La paradoja
Mi
mayor ilusión es graduarme de bachiller y estudiar Medicina en
la Universidad Nacional.
La gente nos llama tirapiedras, pendejos, mareros; pero ellos no saben
que si no peleamos nos matan, como le sucedió al Seco
la semana pasada. Dentro de las riñas he acuchillado a varios...
No sé si he matado a alguien.
Sé que lo que hacemos está mal. En la Biblia dice que
si nos pegan en una mejilla, pongamos la otra. Pero es que para nosotros
no va haber oportunidad de poner la otra, en esa que nos peguen, ahí
vamos a quedar.
Ahora piensan unificar los uniformes, hemos hablado todos los jefes
de Ranfla y creemos que eso no va a funcionar. (La ministra
de Educación, Evelyn de Lovo, contempla esa posibilidad como
una alternativa a las riñas estudiantiles).
Todos los jefes de Ranfla llegamos a la conclusión
que esa medida podría ser peor ya que cualquier Técnico
puede aparentar ser Nacional en una parada de buses y aprovechar
para herir a alguien por la espalda.
No saben la agonía que sufrimos a diario para llegar a las aulas
de clase. Las autoridades hablan, los profesores hablan; pero ellos
van de su casa al trabajo y del trabajo a su casa. Desearía que
nos dieran la oportunidad de hablar a los que andamos en las peleas,
porque sí aportaríamos a la solución.
No somos mareros, no somos delincuentes, no somos drogadictos y no nos
gusta pelear; pero si no lo hacemos nos matan. Estoy seguro que los
técnicos piensan de la misma manera.
Técnicos
vrs. Nacionales
La
lucha entre alumnos no parece tener motivo. Sin embargo, las peleas
son entre dos bandos definidos.
Según los mismos estudiantes, las peleas son un problema que
ellos han heredado de generaciones anteriores. Presumen que su origen
está en la rivalidad entre el Instituto Nacional General Francisco
Menéndez (INFRAMEN) y el Instituto Técnico Industrial
(ITI).
Las dos instituciones son los principales centros de estudio de Educación
Media en el país; aunque los dos son estatales, se diferencia
en los bachilleratos que imparten. El ITI se encarga de la enseñanza
de bachilleratos técnicos, como mecánica automotriz y
electricidad; en cambio, el INFRAMEN imparte los bachilleratos de orientación
académica.
Con el tiempo, se unieron, a cada bando, otras instituciones nacionales
y privadas que coincidieran en la rama de educación con uno u
otro. En la actualidad forman dos grupos: los nacionales
y los técnicos y se distinguen por su uniforme.
Hacia dentro de las instituciones, los alumnos se dividen en bandos
de estudiantes de un mismo colegio que pertenecen a determinado sector
de la ciudad. Como el caso de los Alacránes Ruta 3
(AR3), quienes son los estudiantes que viajan en la ruta de buses número
3.
Cada grupo tiene su líder que es elegido por su predecesor cuando
éste se gradúa de bachiller.
Estos grupos pelean la posesión de paradas de buses, según
ellos, para asegurar a los estudiantes que no participan en los disturbios.
Cada una de estas paradas se convierte en campo de batalla donde los
estudiantes atacan desde y hacia los buses.
En estas batallas, usan casi siempre piedras, corvos, granadas hechizas,
percutores de balas y sus cinturones.
El mayor trofeo de guerra son las insignias del colegio enemigo, las
que el ganador cose al inverso, en la falda de su camisa. Las insignias
de mayor valor son las del INFRAMEN y el ITI.
La autoridades han logrado reducir el accionar de los estatales. Sin
embargo, los privados pasan desapercibidos.
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Nacionales
- Instituto Nacional General Francisco Menéndez
- Escuela Nacional de Comercio
- Instituto Nacional Alberto Masferrer
- Escuela Joaquín Rodezno
- Escuela David J. Guzmán
- Nuevo Liceo Centroamericano
- Instituto Nacional Albert Camus
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Técnicos
- Instituto Técnico Industrial
- Instituto Nacional San Luis
- Instituto El Salvador
- Liceo Bertrand Rusell
- Centro Cultural Italiano
- Instituto Técnico Metropolitano
- Instituto Politécnico Nazaret
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Adiós
al Seco
José esperaba el bus que lo llevaría a clases el miércoles
3 de abril cuando dos jóvenes los atacaron y le dieron muerte.
Aunque las autoridades estudiantiles aseguran que no fue asesinado debido
a las riñas entre colegios, sus compañeros aseguran que
saben de qué colegio eran los asesinos y sus identidades.
Lo encontraron solo y lo mataron. Él nunca se metió
en las riñas. Ha pagado justo por pecador, asegura el líder
de una de las Ranflas (grupo de pandilleros colegiales).
El joven era reconocido en el INFRAMEN por su jovialidad y buen comportamiento.
Su espacio en el aula donde estudiaba se adorna cada día con
un clavel rosado.
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