6 de abril de 2002

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Terremoto en Taiwán

Otro lado del desastre

Hace un año, dos terremotos sembraron muerte y destrucción en El Salvador. El domingo pasado, un sismo de similar magnitud apenas mató a cinco taiwaneses y botó fachadas de edificios en Taipei.

Julio Calderón, especial desde Taipei

vertice@elsalvador.com

A las 2:53 p.m. del domingo pasado, la tierra se estremeció en Taiwán. La alarma, como es normal, se apoderó de la isla, donde habitan 24 millones de personas.
Pero la cosa no pasó a más. En ese momento de desgracia, la organización y la reacción fueron reflejo del temple de toda una nación.
El epicentro, en la provincia de Hualien, tuvo una intensidad de más de siete grados en la escala de Richter, y, aunque esa provincia dista un poco de la capital (Taipei) los mayores problemas se dieron en la última.
En Taipei y su periferia, residen más de 5.5 millones de habitantes, pero las víctimas fatales fueron apenas cinco. ¿Heridos? Solo unos centenares.
Debido a que bajo Taipei hay varias fallas tectónicas, la ciudad fue estremecida, por la furia de la naturaleza, durante un minuto eterno.
Si un terremoto ocurre en ciudades aledañas a Taipei, la fuerza del sismo es más pronunciada en la capital; aunque la intensidad en la escala de Richter sea menor en ella.
Las víctimas mortales fueron, en su mayoría, gente que transitaba cerca del moderno edificio del Centro de Finanzas Internacionales, ubicado una zona exclusiva de la ciudad y que estaba en construcción. Murieron debido a que cayó una grúa desde el piso 58.

Ayuda rápida

A la hora del terremoto, yo me encontraba en la ducha. De repente, un pequeño movimiento me hizo pensar que me había mareado, pero, a los pocos segundos, el “mareo” aumentó y se dejó sentir el terremoto.
De inmediato me coloqué debajo de la puerta del baño. A mi mente volvieron los duros momentos que los salvadoreños vivimos en 2001.
Una vez pasado el sismo, me dirigí a la ventana y vi cómo muchos residentes en el edificio de estudiantes en el que vivo, así como el personal que en él labora, abandonaba las instalaciones con calma.
Las estaciones de televisión transmitieron en vivo las imágenes impactantes, especialmente en el centro de la ciudad, en la que varios edificios cedieron parcialmente su belleza arquitectónica.
En Taipei, la única ciudad que tiene metro en la isla, los trenes se paralizan automáticamente cuando ocurre un movimiento telúrico. Los pasajeros que en ese momento están dentro tienen la seguridad garantizada. Fueron evacuados por vías alternas, dispuestas a lo largo de los cientos de kilómetros de red subterránea y aérea.
Lo que más me llamó la atención, fue la reacción de la gente. Las personas, contrario a otros países, gritaron y gritaron; pero no se movieron, al menos los que estaban dentro de un edificio. Se colocaron cerca de puertas, debajo de mesas, escritorios, sillas, camas, aparadores y similares.
Las televisoras pasaron imágenes de oficinas privadas que raramente abren los fines de semana. Restaurantes, cines y centros comerciales autorizaron la proyección de sus videos de circuito cerrado.
Las cámaras de televisión que cubrían las actividades culturales de la tarde fueron las primeras que ofrecieron imágenes ocurridas en el interior de los centros comerciales, ubicados en edificios de hasta 12 pisos, abarrotados de consumidores.

Lo sorprendente

Lo que vi me dejó con la boca abierta. Los taiwaneses, lejos de correr a las escaleras o al ascensor se colocaron contra las paredes, dando prioridad a los menores de edad y ancianos.
Los miembros de seguridad de los edificios se convirtieron en guías y giraron órdenes precisas. En las imágenes de la televisión nadie corrió como loco, nadie intentó adelantar el paso de los que iban adelante suyo y nadie se aprovechó.
Una vez pasado el terremoto, en completo orden se comenzó a evacuar los edificios. La gente se colocaba en el medio de las calles... Eso sí, una vez afuera, nadie les podía impedir que gritaran, una práctica muy común entre los taiwaneses.
El tráfico vehicular, a pesar de que era domingo, no se hizo caótico, como generalmente sucede en estas circunstancias. La zona céntrica comercial fue la única que experimentó medianos inconvenientes.
Las emisoras de radio, según me tradujeron algunas personas, recordaban a los conductores de autos, motos y bicicletas que había que poner en práctica los manuales de emergencia y orden dictados por las autoridades.
En términos generales, los manuales piden no transitar por las zonas mas afectadas y usar las vías alternas. En caso de ser necesario, los vehículos particulares se pueden convertir en ambulancias; pero afortunadamente eso no ocurrió.


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