6 de abril de 2002

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ENTREVISTA

“La violencia es una forma de expresión”

Sergio Adorno, sociólogo brasileño, redefine el concepto de violencia y criminalidad como un método de la sociedad para expresar sus más profundas carencias. Además, plantea que el problema está más allá de la mera seguridad y trasciende al terreno de la salud pública, como una epidemia social.

Ernesto Villalobos

vertice@elsalvador.com

Adorno es catedrático del Departamento de Sociología de la Universidad de Sao Paulo y director del Centro de Estudios Sobre la Violencia. Sus principales investigaciones giran en torno al estudio de la violencia, derechos humanos, crimen y control social.

¿Qué se entiende por violencia?

Para definirla es necesario hacer una diferencia entre crimen y violencia. Se identifica la violencia con el criminal, con el delincuente.
Violencia es un concepto más amplio, es un tipo de relaciones entre personas e instituciones. Esta se envuelve en una asimetría de fuerza y poder, unos tienen mucho; y, otros, poco.
Se manifiesta cuando alguien impone su voluntad sobre la del otro mediante la fuerza que provoca daños a la integridad moral y física, a los bienes, a valores culturales y étnicos.

¿Cuál es la diferencia con el crimen?

El concepto crimen es la violencia jurídicamente codificada. No todas sus manifestaciones están tipificadas jurídicamente. Por ejemplo, en Brasil, hay muchos casos de linchamientos que se consideran como homicidio en tentativa o consumado. Sociológicamente, un linchamiento y un homicidio cualquiera no son el mismo fenómeno.
En una investigación sobre linchamientos las cifras de la policía no me sirven, porque tratan a todos los homicidios como un solo fenómeno.

¿Este tipo de reducción conceptual jurídica de diferentes hechos la ha encontrado también en el país?

Creo que sí. Desde el punto de vista de las leyes, el efecto del hecho es la muerte de una persona, por tanto tiene que ser unido y penalizado.

¿Cuáles son las tendencias actuales de la violencia?

En mi país estamos observando un gran crecimiento de la violencia en cuatro líneas:
La primera es el crecimiento urbano bajo la forma de hurto, robo, crímenes contra los bienes. En Brasil, se han acentuado los crímenes contra el patrimonio.
Una segunda tendencia sería la relacionado con el tráfico de droga y el crimen organizado. Provoca la corrupción de las instituciones, sobre todo de la policía a tal grado que sectores del cuerpo de seguridad se involucran en el tráfico de drogas.
Una tercera tendencia es la violación de los derechos humanos. Brasil ha salido del régimen autoritario hace 20 años y estamos viviendo algunos rezagos de esa etapa, como casos de abuso policial.
Pero el problema más grave son las violaciones cometidas por la sociedad civil como el de los linchamientos o la formación de escuadrones de la muerte para controlar un barrio.
Por último, los conflictos de relaciones interpersonales, de vecindad, entre parejas, problemas de fútbol.
Las relaciones están muy tensionadas y cosas tan pequeñas y vinculadas con un balón de fútbol en el techo del vecino puede desencadenar conflictos mayores, muchas veces con finales fatales.

¿Existen semejanzas con el tipo de violencia de El Salvador?


Pienso que sí. El crecimiento de la delincuencia urbana es muy cercano si usted compara los crímenes contra los bienes, contra las personas. Entre El Salvador y Brasil encontrará muchas coincidencias.
Ustedes tienen problemas de tráfico de drogas, de pandillas y nosotros también. La diferencia es que ustedes no tienen problemas de escuadrones de la muerte ni de linchamientos.

¿Es este auge un fenómeno reciente, propio de la sociedad contemporánea?

No. La historia humana es una historia de violencia. Y ahora estamos presenciando una escalada de violencia en el mundo entero.
Entonces no es parte del desarrollo de las sociedades que se podría superar a su debido tiempo.
No. Vivimos en una sociedad que se presume resuelve sus conflictos por medio del diálogo, pero los hechos demuestran que nuestros métodos de resolver conflictos ya no funcionan, porque la violencia ha cambiado.
No es solo una anomalía de las sociedades modernas, es un fenómeno que expresa procesos de cambios profundos de las sociedades actuales, se ha convertido en un fenómeno patológico.
Las personas de un modo o de otro tratan de decir algo a través de la violencia. Pero, dentro de esta expresión, las personas manifiestan, muchas veces, su exclusión de la vida social de sus países, de sus comunidades de origen.

¿A partir de la redefinición de violencia, cómo se podría controlar?

Los barrios de clase media sufren de una violencia relacionada a los crímenes contra la propiedad. Los populares, sufren delitos que atentan contra la vida. Partiendo de esto, no se puede pensar en programas generales, sino en proyectos dirigidos a una problemática específica.
Y nos obliga a reconocer que hay grupos poblacionales más o menos vulnerables. Por ejemplo, los jóvenes de los barrios más pobres de sexo masculino entre 15 y 29 años.
Es importante y urge que tengamos una especie de vigilancia epidemiológica del crecimiento de las tasas de homicidio entre los jóvenes. Es necesario que el fenómeno sea visto como un problema de salud pública.

¿Pobreza y crimen?

¿Según sus apreciaciones de la vulnerabilidad de los barrios pobres, existe una relación directa entre violencia y pobreza?

Esta relación representa un debate muy caliente en la sociedad brasileña. Muchos creen que el motivo principal de la violencia es la pobreza.
La mayoría de las personas pobres no se involucran con la violencia o la criminalidad; solo una pequeña parte de esa población se involucra. Entonces, no habría una relación entre pobreza y violencia.
Creo que el problema es la extrema concentración de los recursos, de la riqueza, que promueve la amplia exclusión de personas de los servicios sociales fundamentales, como trabajo, vivienda, salud y, especialmente, a la seguridad.
Así pienso que es importante reintroducir el debate entre exclusión económica y violencia.

¿Cómo se podría organizar los programas para prevenir y controlar la violencia en barrios pobres ?

Tenemos que pensar en un modelo de salud pública y en programas de prevención a corto, mediano y largo plazo.
Por ejemplo, la reforma urbana, la necesidad de reorganizar los espacios y redistribución de los recursos de infraestructura, es de largo plazo. Pero esto no implica que no se debe invertir decididamente en la reforma urbana para una calidad de vida mejor para todos.
A mediano plazo, es preciso mejorar el funcionamiento de la policía, de los tribunales de justicia, de las cárceles. Estas instituciones deben transmitir un sentimiento de seguridad en las poblaciones.
A corto plazo, pienso que se pueden echar a andar pequeños programas de tipo experimental en la comunidades, de apoyo a los jóvenes, de refuerzo de escolaridad, de observación de los derechos humanos, de mediación de conflicto. Se deben ofrecer servicios de consejería donde los jóvenes encuentren quién escuche sus problemas, sus angustias. Un espacio de escucha social es muy importante. Vivimos en una sociedad donde no hay espacios de interlocución pública donde oir y ser oídos. Programas de vigilancia epidemiológica de la violencia que, en lugar de intervenir después de los hechos, actúen antes y durante los conflictos.

¿Existe alguna experiencia,en su país, de alguno de estos programas?

En el estado de Sao Paulo se está trabajando con el programa “Sao Paulo Sin Miedo”.
Una de las principales alternativas de solución fue la de crear una organización no gubernamental formada por los empresarios más importantes que financiaran un foro discusión de proyectos de control y prevención de la violencia de la localidad.
Para esto tenemos dos grandes planes de acción. Uno es la denuncia, las personas llaman a la policía para denunciar a delincuentes con la confidencialidad garantizada. El otro es la creación de un foro con los 38 alcaldes de Sao Paulo quienes se reúnen una vez al mes para discutir programas para la prevención de la violencia.
En Brasil, la violencia llegó a puntos intolerables que nos obligaron a aceptar que ya no era solo un problema de los barrios marginales de las ciudades. Entonces, cada segmento de la sociedad estuvo convencido que solo un nuevo pacto social es capaz de enfrentar la violencia efectivamente.

“Sao Paulo y S. Salvador

Según el sociólogo, existen similitudes cuantitativas y cualitativas de la violencia entre las dos ciudades.

El dato más alarmante es la tasa de homicidios de ambas ciudades. En la urbe brasileña mueren, víctimas de la delincuencia, 52 personas por cada 100 mil, cada año. En nuestra capital, mueren 49 personas por cada 100 mil, en el mismo período y bajo similares circunstancias.
Adorno ha detectado que tres de los cuatro tipos de violencia que se dan en Brasil también ocurren en El Salvador: la delincuencia común, la derivada del tráfico de drogas y la violencia interpersonal.
Una cuarta tendencia, la de la violación a los derechos humanos, no tendría los niveles alcanzados en el país suramericano. La forma más preocupante sería, para el sociólogo, el fenómeno de los linchamientos y los escuadrones de la muerte.
Las dos tendencias son causadas por la ausencia de poder institucional. Los escuadrones de la muerte toman el poder de los barrios marginales y los linchamientos expresan la justicia ejercida por el pueblo, “pero donde existe uno, no existe el otro”, aclara.
Aunque estas tendencias no se dan en El Salvador, las cifras nacionales son preocupantes para el sociólogo. Tomando en cuenta la población de Sao Paulo con más de 12 millones de habitantes en comparación a la de San Salvador con solo un millón 800 mil.
Además, la división política geográfica del estado brasileño comprende 38 municipios contra 19 de la capital salvadoreña.
El sociólogo Adorno focaliza a los jóvenes, entre 15 y 29 años de edad, como las principales víctimas y los ejecutores de la violencia. “Por tanto, ese debe ser el grupo al que se deben orientar los programas contra la violencia”, sostiene.

 



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