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TEMA
DE PORTADA
Médicos
que rompen
el círculo de violencia
Bajo
excusas, mentiras y a veces desconocimiento, muchos padres llevan a
sus niños lesionados o enfermos, víctimas de maltrato
o de abuso sexual. El ojo médico se convierte entonces en la
esperanza de protección de ese pequeño.
Sarah Currlin
vertice@elsalvador.com
Se me cayó del lavadero, aseguró una madre en el
Hospital con su hijo de dos años y ocho meses.
El niño es admitido en el Hospital Benjamín Bloom con
severas fracturas en los dos brazos y en una pierna.
No engañaba a nadie, mucho menos a los médicos que ya
conocen ese tipo de fracturas: Alexis había sido vapuleado, tal
vez por ella, tal vez por alguien más. La prioridad de los galenos
ya no era sólo ayudar a su pequeño cuerpo a sanar, sino
protegerlo y, de ser posible, ayudar a que las autoridades castigaran
al responsable.
El caso de Alexis no era una triste novedad, tampoco el proceso que
se siguió para dar aviso a la Fiscalía General de la República
(FGR) y al Instituto Salvadoreño de Protección al Menor
(ISPM) y comenzar una investigación sobre el caso. El sistema
empezó a funcionar para proteger a la pequeña víctima.
Los médicos hicieron lo propio para curar al niño y también
para documentar y resguardar las evidencias de las lesiones. Según
las radiografías, no era la primera vez que los huesos del pequeño
cedían ante los golpes. Estas pruebas podrían ser el sello
de una condena contra un abusador.
Este proceso de coordinación entre los médicos y las autoridades
se pone en marcha cada vez que ingresa un niño con señales
de maltrato o abuso sexual. Aunque no hay manuales que indiquen los
pasos a seguir o líneas legales que dibujen la acción,
hay un marco legal en la Convención de los derechos del Niño,
la Constitución, el Código de Familia y el Código
Penal que obliga a los médicos a denunciar las lesiones que provienen
de un posible delito.
La
denuncia
Sergio Parada, director del Hospital Bloom, dice que el proceso
es llamar a la FGR.
Si
se encuentran lesiones características, como golpes en las partes
menos visibles del cuerpo -espalda, cabeza, parte de atrás de
las piernas y brazos-, fracturas y golpes que los padres no logran explicar,
presencia de enfermedades venéreas, lesiones poco comunes en
las áreas genital o anal.
La causa de la consulta no es el maltrato, pero ya tenemos signos,
síntomas o señales que nos dan la guía y cada vez
nos equivocamos menos en esto, asegura Parada.
Estos signos, así como algunas señales de la actitud de
algunos niños, como la excesiva repulsión al contacto
físico, se suman a la información que recogen los encargados
de Pediatría Social al momento de investigar los casos.
Nosotros realizamos una pequeña investigación, pues
hay abusos que son evidentes, pero otros son meras sospechas,
señala Juan José Saravia, jefe de Pediatría Social.
Al hablar con padres y parientes, muchas veces las contradicciones o
explicaciones absurdas que ellos dan son las que confirman las sospechas
iniciales.
Las pruebas clínicas, exámenes y radiografías,
se convierten entonces en la principal evidencia de los maltratos que
ha sufrido el menor.
Vacíos
Aunque suene de rutina, no es sencillo proteger a un niño del
abuso. Hay que respetar puntos legales.
Uno
de los problemas es que precisamente ninguna de esas disposiciones faculta
expresamente a un médico o centro de asistencia a retener al
niño sin la orden de la autoridad competente. Esto, en muchos
casos, ata las manos de los galenos.
Si el padre decide agarrar al niño y llevárselo,
nosotros no podemos hacer nada, dice Saravia, el máximo
conocedor del tema en el Bloom. Él trabaja directamente con las
autoridades involucradas y se encarga de las investigaciones que hace
el hospital en estos casos. Señala que los mayores problemas
se dan cuando se ingresa a un niño en la madrugada o en horas
en las que hay pocos funcionarios de turno en la Fiscalía. En
el ISPM, hasta febrero de este año, ha empezado a funcionar un
sistema de denuncia activo las 24 horas.
A su juicio, muchas veces el tiempo de respuesta de las autoridades
es muy lento y los casos pueden perderse. Cuando está en
peligro un niño, esa espera no es válida, se lamenta.
En el ISPM admiten esa falla. Los mecanismos no son expeditos,
reconoce Soledad Sermeño de Orellana, la jefa de la División
de Admisión, Evaluación y Diagnóstico. Según
dice, las leyes definen las competencias, pero la ausencia de una línea
fija de acción deja vacíos para que haya problemas de
coordinación entre las instituciones. Hasta ahora el procedimiento
ha funcionado de manera espontánea, pero tenemos que sentarnos
a buscar los mecanismos apropiados.
Aunque estos vacíos, a su juicio, ponen obstáculos al
proceso, pero no dejan espacio para excusas a la hora de proteger a
un niño. La gente del Bloom es muy acuciosa y no creo que
se les haya pasado ningún caso, asegura.
El problema más bien está del lado de los servicios privados
de salud, desde donde nunca ha salido una denuncia. Hay leyes,
buenas leyes, pero los problemas están en las actitudes de algunas
personas y en el desconocimiento de las competencias de cada profesional,
concluye.
Aún con sus limitaciones, el procedimiento funciona. En la FGR
ya se han llevado a la etapa judicial muchos casos y hay varios más
en investigación actualmente. Esta coordinación
es sumamente importante, - dice la fiscal Claudia Trigueros, de la Unidad
de Delitos contra la Mujer y la Niñez- pues se han detectado
casos que los padres, familiares o las mismas víctimas nunca
habrían denunciado.
Cuando
sale a luz la verdad
Sólo un ojo clínico pudo detectar señales de
abuso sexual que ahora investiga la Fiscalía.
El
9 de enero recién pasado, Ana estaba bañando a Carlitos
(nombres ficticios), su hijo de un año y once meses. Notó
que el pene del niño estaba enrojecido e inflamado. Le preocupó
que en los últimos días Carlitos se quejaba al orinar
y tenía unos moretes que le parecían extraños.
En vez de irse a vender, como todos los días, la joven madre
de 16 años tomó a su chiquito y lo llevó al Hospital
Bloom.
Lo que para la madre era un misterio, para los médicos se dibujaba
claro. El cuerpo del niño mostraba golpes y un edema y laceraciones
en el pene. Estaban ante un posible caso de abuso sexual.
Los encargados de trabajo social conversaron con la madre. Ana no pudo
aclararles mucho más porque todos los días sale a vender
y lo deja al cuidado de su compañero de vida.
Mientras los doctores del Bloom daban los cuidados médicos a
Carlitos, Pediatría Social se encargaba de dar el aviso correspondiente
a la Fiscalía.
El Ministerio Público ordenó un peritaje de Medicina Legal
que confirmó las sospechas del abuso y detectó una evidencia
mayor: Carlitos tenía una fisura en el ano, además de
todas las lesiones en el pene y los moretes en su cuerpo.
Al entrevistar a los padres, no supieron explicarlo. Los padres
dicen que las lesiones aparecieron espontáneamente, dice
el expediente. Ana repetía ante los fiscales que el niño
era cuidado por su padrastro y admitió que ella le pegó
una vez con un cincho y nunca más lo volvió a hacer.
Realidades
El niño de un año once meses había sido golpeado
y aparentemente violado. No había manera de garantizar su seguridad
con su familia.
El 28 de enero, la fiscalía solicitó al ISPM dar resguardo
al niño. El Instituto lo colocó temporalmente con unos
familiares que, según las entrevistas realizadas, eran las personas
más indicadas para cuidar al niño sin arrancarlo por completo
del ambiente familiar.
Las investigaciones continúan. Carlitos aún no ha aprendido
a hablar, no puede identificar a su agresor o decir qué le sucedió.
Pero las evidencias, tristemente plasmadas en su cuerpo, están
certificadas en el cuadro médico del Bloom y de Medicina Legal.
Si todo sale bien, una consulta médica habrá sido el primer
paso para que Carlitos nunca vuelva a sufrir el abuso al que fue sometido.
Los
doctores que guardan silencio
Los niños de las esferas más altas de la sociedad están
más desprotegidos, ya que los médicos privados no denuncian
los casos de maltrato.
Las estadísticas sobre el maltrato infantil dejan claro que padecen
este calvario niños de todas clases sociales.
Sin embargo, en El salvador, los niños de las esferas más
altas están, paradójicamente, más desprotegidos.
En la FGR se reciben regularmente los avisos de médicos de los
diferentes hospitales públicos que alertan sobre los casos de
abuso y así ponen a trabajar el sistema en favor de los menores.
Pero, según lo confirmó la fiscal Claudia Trigueros, de
la Unidad de Delitos contra la Mujer y la Niñez, este procedimiento
sólo funciona con el sector nacional de salud. Los médicos
y hospitales privados atienden a sus pacientes sin hacer sonar la alarma
cuando los cuadros presentan signos de maltrato. Recibimos información
únicamente de los hospitales públicos, nunca hemos tenido
un caso de hospitales privados o de un doctor en su consulta particular,
asegura Trigueros. Y para la mala fortuna de muchos niños, la
ausencia de avisos no significa que los casos no están sucediendo.
Significa que suceden, pero bajo el velo del silencio y de la indefensión.
Hay niños maltratados que entran y salen de las consultas privadas
sin que las autoridades puedan protegerlos.
En el Instituto Salvadoreño de Protección al Menor la
situación es la misma: Nunca hemos recibido aviso de hospitales
privados por un niño maltratado, dice Marisol Ramos de
Belloso, Jefe de atención externa e investigación inmediata.
De Belloso advierte que el hecho de estar en una práctica privada,
no exime al médico de su responsabilidad en la protección
de los niños. Las leyes están allí y son
para todos, no sólo para el área pública.
Doble
impunidad
De hecho, estos doctores pasan por alto su deber de informar sobre las
sospechas de abuso o maltrato.
Al hacerlo están incurriendo en el delito de Omisión de
Aviso. Según el artículo 312 del Código Penal el
jefe o persona encargada de un centro hospitalario, clínica o
establecimiento semejante, público o privado, que no informare
al funcionario competente el ingreso de personas lesionadas, dentro
de las ocho horas siguientes al mismo, en casos en que racionalmente
debieran considerarse como provenientes de un delito, será sancionado
con multa de 50 a 100 días multa.
Nunca se ha procesado a un profesional de la medicina por esta razón.
Así, cuando un médico atiende a un niño maltratado
y lo devuelve a su casa sin hacer una denuncia, la impunidad se duplica:
un profesional que viola su deber y un abusador sin castigo.
Al examinar el tema, el presidente de la Junta de Vigilancia de la profesión
Médica, Alexander Bonilla, señaló que el
código de salud no especifica que se tiene que hacer una notificación
obligatoria de esas situaciones. Eso depende de la concientización
del profesional porque queda a discreción de él hacerlo.
Aunque, como ya se ha apuntado, el Código Penal sí requiere
de los médicos que hagan la denuncia.
Las declaraciones del médico parecen dejar en evidencia que los
profesionales aún ignoran algunas de sus responsabilidades; pero
no sólo eso, Bonilla manifestó ignorancia de la misma
realidad del maltrato infantil, pues a su juicio, los médicos
privados no denuncian casos de abuso, simplemente porque nunca llegan
a sus clínicas: Este tipo de situaciones no llegan a las
clínicas u hospitales privados, porque hay un denominador común
en el maltrato: la desintegración familiar y la falta de educación
- asegura Bonilla- El Bloom o cualquier institución pública
nunca ha reportado que un niño que asista a la Británica
o a la Alemana fue maltratado.
Desgraciadamente, la más cruda verdad es que el maltrato se da
en todos los estratos sociales. Hay niños indefensos en las champas
de cartón, como en las residencias con columpio en el jardín.
Por su parte, el Síndico del Colegio Médico, Guillermo
Lara, examina la problemática desde otro ángulo. Para
él, la situación de un médico en su práctica
privada es diferente a la de quien labora en un hospital donde recibe
el respaldo institucional.
A su juicio, la falta de confianza en el sistema judicial y los organismos
de investigación del país, empujan a los médicos
a protegerse evitando las denuncias de ese tipo, que califica de quijotescas.
Yo creo que nuestro sistema judicial, aunque diga lo que quiera
decir, no nos brinda los mecanismos, ni la estructura, ni los procesos
adecuados para que la población, sin perjudicar su propia seguridad,
pueda denunciar un caso de éstos, señala Lara. Yo
le aseguro que al segundo caso que yo denuncie, se me acabó mi
consulta o me vienen a buscar aquí. ¿Que yo voy a ir a
la Fiscalía porque me vino un paciente con maltrato infantil?...
Eso no va con la realidad.
Para él, surgen también dudas sobre hasta qué punto
el médico denunciante riñe con el principio de secreto
profesional. Según Lara, los doctores cumplen con su labor al
consignar el diagnóstico y advertir de éste a los padres.
El resto queda en manos de ellos, quienes, según las estadísticas,
son precisamente los abusadores.
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