
|
 |
TEMA
DE PORTADA
Perturbación nocturna
Las
quejas sobre ruidos estridentes en el vecindario se ha convertido en
un problema casi a diario. Las autoridades se enfrentan tanto a la resistencia
como a un vacío regulador. Hay más quejas por vigilias
religiosas que por centros nocturnos.
Ivan Gómez
vertice@elsalvador.com
Desde muy temprano la variedad de ruidos se convierte en algo cotidiano
en la vida de los salvadoreños.
El severo malestar auditivo del tránsito vehicular y la música
estridente que pretende llamar la atención del público
al paso de cualquier avenida.
Al parecer, los interesados, ya sean estos centros comerciales, gimnasios,
gasolineras, ventas ambulantes, lava carros y hasta algunos templos
religiosos, no han meditado que además de violar el artículo
1 de la Constitución que establece la seguridad jurídica
y el bien común, colaboran a contaminar el medio ambiente en
perjuicio de la salud, vulnerando la capacidad auditiva.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) define el ruido
como todo sonido no deseado, inútil y peligroso para la salud,
el que puede perturbar el trabajo, el descanso, el sueño y la
comunicación entre los seres humanos.
En los últimos meses, las denuncias sobre ruidos estridentes
en la comunidad se han incrementado. Restaurantes bulliciosos, escandalos
en los alrededores de gasolineras e iglesias ruidosas. Recibimos
más quejas por el ruido que generan algunas celebraciones religiosas
que de chupaderos, explica Eduardo Linares, jefe del Cuerpo de
Agentes Metropolitanos (CAM).
María Gladis reside en la colonia Sabina de Cuscatancingo y,
a pocas casas de su residencia, se ha hecho rutinario soportar el ruido
estridente de bocinas, aplausos, cánticos y hasta gritos que
emanan de las frágiles paredes de sus vecinos de cuadra.
Ellos son miembros de la iglesia Misión Perfecta
que ocupan la cochera de la vivienda como templo de oración .
Es de todos los días, desde las 6 a las10 de la noche y
los viernes las vigilias abarcan hasta la madrugada del sábado,
dice.
El fin de semana, el culto es de todo el día. El colmo
es que la gente que llega no reside en la colonia. Cuando llamé
a la PNC de Cuscatancingo me dijeron que por orden del señor
alcalde ellos no se metían en asuntos religiosos, lamenta.
Y es que la mayoría de templos son casas particulares donde se
reúnen un grupo de entre 10 a 25 personas. El tamaño de
la vivienda y los aparatos de sonido que utilizan permite escuchar la
celebración alrededor.
Poco espacio
Ninguna alcaldía tiene registrado el número de casas de
oración que existe en sus municipios.
Por
lo general, están registrados los templos grandes, entre ellos
la Iglesia Católica y algunas sedes evangélicas de las
cuáles no se presentan quejas. El ministerio de Gobernación
en la Dirección General de Registro de Asociaciones y Funciones
sin fines de lucro registra 728 templos, entre católicos y otras
denominaciones.
Vértice comprobó que uno de los factores que impiden que
el ruido generado por la celebración se deben a que los templos
están diseñados acústicamente y en espacios suficientemente
amplios.
Las pequeñas casas habitacionales ocupadas como iglesias se instalan
donde su pastor considere conveniente. Solo sobre la calle principal
de la colonia Prados de Venecia IV, en Soyapango, que abarca unas cuatro
cuadras, están ubicados cinco pequeños templos.
Las molestias de los vecinos se incrementan cuando se celebran vigilias,
las que duran hasta el siguiente día.
Alexander sabe de antemano que los viernes tiene que desvelarse debido
a las vigilias que realizan los cuatro templos ubicados en la colonia
Los Ángeles de Apopa, donde residen unas mil 500 personas.
El tema lo discute con su amigo José quien da un testimonio positivo
sobre la celebración. Yo era drogadicto y Dios cambio mi
vida, argumenta.
En relación al sonido estridente, José sostiene que el
momento de oración no perturba a nadie. Esto no es ruido,
es un mensaje de amor y salvación para los hombres. Una vez a
la semana no incomoda. Hay veces que hacen fiestas que duran toda la
noche y nadie dice nada. Además hay gente que se desvela viendo
películas en algo que no es beneficioso en vez de escuchar a
lo lejos cosas buenas que le ayuden a que la mente no se pervierta.
Hay veces que el pastor pide un poco de silencio, pero al momento de
la oración, uno se emociona, sostiene.
Hace una semana, vecinos del pasaje Hernández y calle El Bambú
de Ayutuxtepeque denunciaron el ruido estridente que sale de los parlantes
de la iglesia evangélica Genezareth.
El año pasado denunciamos el caso a la alcaldía,
pero hasta la fecha no hay respuesta, sostiene Juan, uno de los
afectados.
Zonas
estridentes
Curiosamente este tema es abordado, incluso, en publicaciones religiosas
donde se reconoce al ruido como un problema de salud.
Se
reconoce los efectos que causan la contaminación acústica.
Se sugiere entre otras cosas para no ser un vecino ruidoso: Pensar
en el vecino cuando va a realizar una actividad ruidosa y avisarle de
antemano; si el vecino le pide que reduzca el ruido, acceda. Tenga presente
que su disfrute no debe causar disgusto a sus vecinos.
Para tratar de resolver el problema, la alcaldía pretende reunirse
con los pastores y líderes de las principales iglesias. Pero
no se trata de una limitación a la libertad de culto. La alcaldía
esta obligada a garantizar la tranquilidad ciudadana, sostiene
Joaquín Domínguez, delegado contravencional de la alcaldía
capitalina.
Pero los problemas de ruido nocturno en zonas residenciales no es exclusivo
de las iglesias.
Las alcaldías enfrentan quejas por escándalos en restaurantes.
La colonia Miramonte ha sido considerada por algunos comerciantes como
el lugar perfecto para alquilar e invertir. En un kilómetro cuadrado
se han instalado 43 cervecerías.
Linares sostiene que cuando se solicita un permiso para operar una cervecería,
se hace una encuesta con los vecinos ubicados a cien metros a la redonda
del establecimiento.
Otras de las zonas donde se han incrementado el número de bares
es la colonia Rábida, calle Sisimiles, Paseo General Escalón
y San Benito.
Pero el ingenio de algunas personas llegó hasta solicitar a la
alcaldía un permiso para instalar bares rodantes que consistirían
en acondicionar un autobús y pasear al son de la
pachanga a sus clientes por la capital.
Aunque esta innovadora idea no fue permitida, en la práctica
se realiza. Hay personas que en la cama de sus pick-up han instalado
parlantes para agradar el ambiente de sus pasajeros.
Consciente o no de que su libre paseo -que podría abarcar varias
cuadras antes de llegar a casa-, causa problemas y más cuando
se extiende más allá de las dos de la mañana.
vecindario
ruidoso
El bulevar de Los Héroes es testigo de estos actos al son de
las guitarras.
Este
tipo de problemas obligó a Efraín a cambiar de domicilio.
Residía junto a su recién esposa en el segundo piso de
la residencial San Joaquín Oriente. Tenía como vecino
a una gasolinera. Al principio pensamos que el lugar era perfecto
por si se registraba cualquier emergencia, pero la música que
mantenían durante toda la noche, el chillar de llantas en la
madrugada y los gritos de farra los fines de semana, me obligaron a
regresar donde mi suegra a quien prefiero soportarla antes de seguir
con los desvelos.
Ante el problema de la falta de conciencia, existe un componente mucho
más importante que es la salud. La contaminación sonora
que se soporta durante el día tiende a continuar en horas de
reposo. Para el otorrinolaringólogo José Bonilla el afectado
enfrenta dos problemas: uno de ellos es el emocional, que dependerá
de la intensidad del ruido que se mide por decibelios que -de acuerdo
a la Organización Mundial de la Salud (OMP)- es de 75 decibelios.
Hay zonas altamente pobladas que el nivel se eleva de 85 hasta 113.
El otro problema es la pérdida auditiva. El ruido normal
de la calle sumado al desvelo, más temprano que tarde afectará
la salud. La persona habla más fuerte por que no escucha bien,
explica el médico.
Al final de cuentas existe un silencioso conflicto entre el derecho
al ocio y el descanso.
|
Los
reglamentos
Al parecer, son las leyes las que han quedado en el papel y el
olvido. Las disposiciones que se cumplen son a medias.
El Ministerio de Salud cuenta con un Código de Salud para
regular la vida laboral.
Mientras tanto, el reglamento de Tránsito restringe el
uso de bocinas y dispositivos sonoros en el servicio de transporte
colectivo. Pero esto se cumple solamente cuando los agentes de
tránsito desarrollan operativos.
Y como sorpresa, la ordenanza de la alcaldía capitalina
tiene un vacío en el artículo 18 que se refiere
al incumplimiento de las normas de control de ruido.
La medida no establece su medición y el afectado puede
argumentar la falta de exactitud a nivel de decibelios.
La municipalidad pretende regular el ruido con la aprobación
de una nueva ordenanza que establezca un nivel de parámetros
soportables al oído, además de exigir aislantes
de sonido -medida que se implementó en los centros nocturnos
ubicados frente al Hospital Benjamín Bloom- y elevar las
multas.
Pero las municipalidades no cuentan con un número suficiente
de agentes para controlar sus sectores. El CAM apenas tiene 400
elementos distribuidos en tres turnos, lo que limita la presencia
en las calles de los siete distritos con un personal de 100.
La PNC se limita, en algunas ocasiones, a solicitarle a las personas
que provocan ruidos estridentes en sus viviendas a que bajen el
volumen de sus aparatos de sonido.
En todo caso y si lo ven conveniente, notifican al CAM para que
inspeccione y aplique la esquela. Si no cancela se le declara
en rebeldía y arranca un proceso de por lo menos 20 días
para que el síndico municipal remita el caso a los tribunales.
Al parecer esta nueva ordenanza obligará a regular el ambiente
sonoro por el bien de la comunidad; claro, siempre y cuando, este
ruido no llegue hasta la esfera política que podría
elevar la voz al cielo en protesta por la restricción a
sus acostumbradas faenas nocturnas.
|
Copyright 2002
El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización
escrita de su titular. |
|