![]() 31 de marzo de 2002 |
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Ernesto Villalobos Alicia Lardé Desde mi niñez, el cine ha sido mi entretenimiento favorito, pero la situación económica, en aquel entonces, no era la mejor. Crecí viendo las extras, por televisión, de las películas que soñaba ver en el cine. En mi adolescencia, me quedaba un poco de dinero para gastar en las taquillas de los cines nacionales y, con suerte, para comprar un hot dog y una gaseosa a la entrada. En una de las tantas tardes que me escapé del colegio para ir al cine, busqué una sala barata donde exhibieran Lluvia purpura, con el rockero Prince porque su música estaba de moda. Después de hojear el periódico, encontré lo que andaba buscando. La presentaban en función doble permanencia voluntaria junto a Los gritos del silencio. Esta película era una propuesta artística, basada en hechos reales, sobre la amistad que unió a dos periodistas, en medio de la guerra de Camboya. De seguro, todo lo que presentó la cinta no persiguió ser un reflejo fiel de lo que pasó en la realidad. Creo que solo un documental periodístico buscaría tal fidelidad. Esto, que parece ser un principio aplicable tanto al periodismo como al cine, no queda muy claro para mucha gente dentro del país. El caso más reciente es lo que ha pasado con la película Una mente brillante. El domingo pasado, Jennifer Connelly ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto por su interpretación de Alicia Lardé Nash, la salvadoreña que ayudó a su esposo John, ganador del Premio Nobel de Economía, a superar su enfermedad mental. Pero tanto en el país, como en el extranjero, han intentado desprestigiar la película, en una muestra clara de competencia desleal y, además, mostrando una bajeza moral sin precedentes. Se acusa a los productores de la película de hacer omisiones de la vida real de los Nash. Ni siquiera en la profesión periodística se cuenta toda la información; siempre hay datos relevantes que se ofrecen al lector y en, consecuencia, los menos importantes se dejan a un lado, por cuestión de espacio, importancia o enfoque. Así que los ataques de los que ha sido víctima la pareja Nash, no se pueden justificar en aras de la pureza o la objetividad. Me parece más un golpe bajo para favorecer intereses mercantiles o para obtener un galardón, como pasó en Estados Unidos, donde la campaña sucia se habría hecho para orientar el voto de los miembros de la Academia de Ciencias Cinematográficas en la designación de los Oscar. Para ganar se necesitó una dramática historia, un buen guión y excelentes actuaciones; para enlodar todo ese trabajo no se necesita una mente brillante. Basta un poco de papel y tinta . elemus@elsalvador.com
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