31 de marzo de 2002

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Educación

Siempre que he podido lo he dicho a mis amistades: “Nuestros países solamente tienen un camino para arreglarse: la educación obligatoria”.
Pero yo entiendo y estoy convencido de que educación no es saber leer y escribir, lo cual es uno de los falsos parámetros en que muchos se basan para juzgar si un país es desarrollado o no.
Para mi educación es un proceso ininterrumpido y continuado de aprendizaje. Pongo de ejemplo el sistema y contenido educativo de mi país, El Salvador, en los años cuarenta el cual fue desgraciadamente abandonado con la fúnebre reforma educativa del tristemente celebre Walter Béneke, durante la cual se cerró nuestro Conservatorio Nacional de Música, la Escuela Normal de Maestros Alberto Masferrer, la Escuela Normal España y muchas otras instituciones culturales y educativas con que contábamos.
Es decir, un franco y claro retroceso de nuestro sistema educativo. La calidad de nuestros maestros era también insuperable: quién puede olvidar a Alberto Masferrer, Francisco Gavidia, Alfredo Espino, Camilo Campos, Rubén H. Dimas, Saúl Flores, Ramón Higinio Mayorga y a tantos otros buenos profesores que se caracterizan por su alta responsabilidad didáctica.
Hace algunos años visité una escuela rural del departamento de Cabañas. Fue la época en que los comunistas locales estaban en efervescencia. Los alumnos estaban solos y nadie sabía donde estaba el “profesor”. Le pregunté a una vecina cercana a la escuela y su respuesta me dejó helado: “Ese viene dos días a la semana, y cuando viene, viene bolo”. Me entristecí y me pregunté: ¿En manos de quienes esta la educación en nuestra patria?

Dr. Carlos A. Villatoro
VILLATOC@aol.com

Salario mínimo

Vivimos en un planeta donde el ser humano es movido por la economía que es enfocada desde distintas ideologías políticas, al ser seres humanos económicos, la gran mayoría toma como base de ingreso económico el salario mínimo, por lo tanto, de acuerdo a como sea nuestro ingreso así será nuestro gasto y el nivel de vida.
En nuestro país, durante los últimos cuatro años, el salario mínimo se ha mantenido sin alteración; pero el costo de la vida se ha elevado por lo que nivel y clase de vida tiende a disminuir.
Los salvadoreños deberíamos mantener el crecimiento poblacional de acuerdo al nivel y clase de vida que nos permita el salario mínimo: a bajo ingreso económico bajo crecimiento poblacional o viceversa.

Henry Araujo
henrryaraujo@yahoo.com


Bien por Roberto

Que bueno que ustedes se interesen en hacer fotoreportajes de ayuda social como el de Roberto Trigueros. Gracias, a Dios por esos reportajes y que Jehová los bendiga.

Darwin Romero
darwin_cake@yahoo.com


La Corte es deplorable

La resolución de la Corte Suprema de Justicia con relación a las víctimas de Las Colinas en Santa Tecla de que ‘solo los que se murieron tienen derecho a reclamos judiciales’ es una resolución imbécil de un organismo que se supone representa lo mejor de un país en jurisprudencia.
Dicha resolución demuestra que la corrupción es institucional y que mientras sigan gente servil en el aparato del estado jamás será impartida justicia en El Salvador.
La Corte es un ente fantoche que sirve para cubrir y dejar sin ninguna posibilidad a los familiares de las víctimas de procesar judicialmente a los funcionarios responsables de ese desastre.
Los salvadoreños en el extranjero deberíamos iniciar una campaña de denuncia de esta institución en organizaciones internacionales que velan por los derechos humanos y países democráticos que ejerzan presión en el gobierno de Flores para obligarlo a que limpie de una vez por todas la corrupción que hace gala el gobierno.
No hay duda que la resolución de la Corte Suprema de Justicia es una verguenza no solo a nivel local sino internacional.

Roberto Iraheta
ndt@ephone.net


Desarmen al país

Leí la carta del Dr. Mario Martínez, titulada “Triste adiós”, y es lamentable la muerte de Andrea Rocío, pero como bien dice el Dr. Martínez, en El Salvador es más fácil conseguir un arma que conseguir trabajo.
Hasta cuando los políticos y los empresarios (porque a ellos les encanta andar armados o con el montón de guardaespaldas) comprenderán que mientras nuestro país esté armado se mantendrá el régimen de violencia que se vive.
Supongo que utilizan la lógica “mientras no termine la delincuencia tenemos que seguir armados”. Señores es, al revés la cosa, tenemos que desarmar el país, quitar esas leyes que permiten que cualquiera obtenga un arma, pues por más trabas que quieran poner para justificar que “solo personas responsables obtienen armas” en El Salvador cualquier amigo de militares, políticos, policías o empresarios con poder, puede obtener un arma sin mayores problemas.
Entiéndanlo de una vez, ¡tenemos que prohibir las armas en El Salvador!


Jaime Mena
jaime_omh@hotmail.com


Diez años...

Quien escribe la historia es la gente que vive en El Salvador. La que cada día vive en carne propia las secuelas de la guerra y el surgimiento de otra parte de una nueva sociedad desconocida, las pandillas, y para rematar los caprichos de la naturaleza.
Que puedo decir yo pueblo querido sino que admiro tu coraje, tu sabiduría de sobrevivir esta vida. Desde el exterior puedo decirles que por mucho tiempo no quería hablar de la guerra de mi país, todavía me dolía mucho lo que sufrí y las pesadillas que todavía tengo y que faltan.
Para todos creo que nunca va a pasar esa etapa, pero agradezco a Dios que no tenemos que vivir más esos tiempos y que el Acuerdo de Paz, aunque cada quien tuvo su tajada, nos dio alivio.


Lara Sol
Laras@aol.com

 

 

 


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