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MEDICINA
Con
el CORAZÓN en las manos
Las
enfermedades cardiovasculares se relacionaron con las historias
clínicas de los abuelos. Sin embargo, hoy esta es una verdad
a medias. Son más los casos de personas jóvenes
que presentan estas dolencias. Así lo constata el aumento
en las consultas del Seguro Social y las intervenciones que se
realizan en el Médico Quirúrgico.
Ana Lidia
Rivera
 vertice@elsalvador.com
Faltan
horas para su intervención. Se siente tranquilo pese a
los riesgos de una intervención de semejante magnitud:
la sustitución de la aorta primitiva por una pieza mecánica:
una válvula de carbón pirolítico unido a
un injerto de dacrón. El estudiante de ingeniería
química, Armando José Merino, de 21 años
de edad, sufre de un aneurisma disecante de la aorta ascendente,
lo que impide una circulación óptima del torrente
sanguíneo.
Este joven de 1.80 mts. de estatura y 150 libras de peso, ex
integrante de la selección nacional de Volibol y aficionado
al Tae Kwan Do puede sufrir una muerte súbita.
Hay que actuar con celeridad. La detección del problema
fue temprana. Un aparente dolor muscular en el cuello, luego de
levantar pesas, fue el primer síntoma.
He hablado con los doctores y sé perfectamente que
es lo que me van a hacer. Confío en ellos, expresa
Armando José, con aparente aplomo en la sala tres de cirugía
del Hospital Médico Quirúrgico en San Salvador.
Junto a él mantiene un cargamento de grabaciones de música
para la relajación.
EL DÍA CERO
Es martes 12 de febrero. La intervención de corazón
abierto está programada para las siete y media de la mañana.
En las calles de la capital se viven momentos de tensión
e incertidumbre debido a los desórdenes provocados por
los transportistas que se oponen a una iniciativa gubernamental.
Pero en la sala número seis de cirugía cardiovascular
hay otro ambiente.
Pese a lo delicado de la intervención, la tensión
se camufla de otra manera, entre bromas y anécdotas.
Esta es la única con las condiciones para este tipo de
operaciones, debido a los aparatos que requieren. La sala seis
es el escenario donde tres cirujanos cardiovasculares apoyados
por un cualificado equipo de perfucionistas, enfermeras y anestesiólogos
cardiovasculares, inician la operación.
Armando José ingresa puntual al quirófano seis.
Una enfermera empuja la camilla donde yace completamente sedado.
Las enormes lámparas circulares empotradas en el techo
concentran su luz en su blanco pecho desnudo.
El equipo de cirujanos que intervendrá directamente está
integrado por el Dr. Ernesto Oyarbide Samayoa, el Dr. Guillermo
Antonio Martínez, el Dr. José Roberto Maldonado,
este último jefe de Cirugía Cardiovascular del Seguro
Social. Otros colegas cirujanos cardiovasculares participan como
observadores.
Cada semana se programan dos cirugías cardiovasculares
en el Hospital Médico Quirúrgico. La de Armando
José es la primera de esa semana.
En las operaciones intervienen generalmente tres cirujanos;
uno que opera y dos que lo asisten, comenta el jefe de cirugía
cardiovascular.
CORAZÓN ABIERTO
Por dos horas con 14 minutos, el corazón de Armando José
se mantuvo detenido.
Tanto las funciones de su corazón como las de sus pulmones
fueron, poco a poco, sustituidas por una máquina centrífuga
operada por dos perfucionistas, que hace las veces de corazón
y pulmones, al tiempo que le eran colocados una serie de líquidos
por vía intravenosa que protegían su corazón,
su cerebro y mantenía su cuerpo a determinada temperatura.
El soporte tecnológico con que cuenta el Seguro
es uno de los más avanzados en el país y en la región
centroamericana, asevera el jefe de Cardiología del
Seguro Social, Alfredo Cruz, de 51 años. Pero esto no siempre
fue así. Es a partir de 1991 que el Seguro empieza a contar
con los recursos tecnológicos y humanos para poder atender
la creciente demanda de intervenciones dada la incidencia de padecimientos
cardiovasculares. En el pasado, los usuarios que requerían
de una operación de este tipo, eran enviados a México.
Los costos eran altísimos y la experiencia quedaba fuera.
Según el doctor Cruz, esta incidencia afecta entre un
18 y un 20% de la población adulta. No contamos con
investigaciones que nos den un indicador exacto pero por reportes
hospitalarios sospechamos que entre un 18 y un 20% de la población
adulta salvadoreña es hipertensa, asegura Cruz, quien
labora en ese nosocomio desde hace 24 años y en los que
ha observado, de primera mano, una tendencia en el aumento de
padecimientos cardiovasculares.
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