3 de marzo de 2002

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MEDICINA

Con el CORAZÓN en las manos

Las enfermedades cardiovasculares se relacionaron con las historias clínicas de los abuelos. Sin embargo, hoy esta es una verdad a medias. Son más los casos de personas jóvenes que presentan estas dolencias. Así lo constata el aumento en las consultas del Seguro Social y las intervenciones que se realizan en el Médico Quirúrgico.

Ana Lidia Rivera
 vertice@elsalvador.com

“Faltan horas para su intervención. Se siente tranquilo pese a los riesgos de una intervención de semejante magnitud: la sustitución de la aorta primitiva por una pieza mecánica: una válvula de carbón pirolítico unido a un injerto de dacrón. El estudiante de ingeniería química, Armando José Merino, de 21 años de edad, sufre de un aneurisma disecante de la aorta ascendente, lo que impide una circulación óptima del torrente sanguíneo.

Este joven de 1.80 mts. de estatura y 150 libras de peso, ex integrante de la selección nacional de Volibol y aficionado al Tae Kwan Do puede sufrir una muerte súbita.
Hay que actuar con celeridad. La detección del problema fue temprana. Un aparente dolor muscular en el cuello, luego de levantar pesas, fue el primer síntoma.

“He hablado con los doctores y sé perfectamente que es lo que me van a hacer. Confío en ellos”, expresa Armando José, con aparente aplomo en la sala tres de cirugía del Hospital Médico Quirúrgico en San Salvador. Junto a él mantiene un cargamento de grabaciones de música para la relajación.

EL DÍA CERO

Es martes 12 de febrero. La intervención de corazón abierto está programada para las siete y media de la mañana. En las calles de la capital se viven momentos de tensión e incertidumbre debido a los desórdenes provocados por los transportistas que se oponen a una iniciativa gubernamental. Pero en la sala número seis de cirugía cardiovascular hay otro ambiente.
Pese a lo delicado de la intervención, la tensión se camufla de otra manera, entre bromas y anécdotas.

Esta es la única con las condiciones para este tipo de operaciones, debido a los aparatos que requieren. La sala seis es el escenario donde tres cirujanos cardiovasculares apoyados por un cualificado equipo de perfucionistas, enfermeras y anestesiólogos cardiovasculares, inician la operación.

Armando José ingresa puntual al quirófano seis. Una enfermera empuja la camilla donde yace completamente sedado. Las enormes lámparas circulares empotradas en el techo concentran su luz en su blanco pecho desnudo.

El equipo de cirujanos que intervendrá directamente está integrado por el Dr. Ernesto Oyarbide Samayoa, el Dr. Guillermo Antonio Martínez, el Dr. José Roberto Maldonado, este último jefe de Cirugía Cardiovascular del Seguro Social. Otros colegas cirujanos cardiovasculares participan como observadores.

Cada semana se programan dos cirugías cardiovasculares en el Hospital Médico Quirúrgico. La de Armando José es la primera de esa semana.
“En las operaciones intervienen generalmente tres cirujanos; uno que opera y dos que lo asisten”, comenta el jefe de cirugía cardiovascular.

CORAZÓN ABIERTO

Por dos horas con 14 minutos, el corazón de Armando José se mantuvo detenido.
Tanto las funciones de su corazón como las de sus pulmones fueron, poco a poco, sustituidas por una máquina centrífuga operada por dos perfucionistas, que hace las veces de corazón y pulmones, al tiempo que le eran colocados una serie de líquidos por vía intravenosa que protegían su corazón, su cerebro y mantenía su cuerpo a determinada temperatura.

“El soporte tecnológico con que cuenta el Seguro es uno de los más avanzados en el país y en la región centroamericana”, asevera el jefe de Cardiología del Seguro Social, Alfredo Cruz, de 51 años. Pero esto no siempre fue así. Es a partir de 1991 que el Seguro empieza a contar con los recursos tecnológicos y humanos para poder atender la creciente demanda de intervenciones dada la incidencia de padecimientos cardiovasculares. En el pasado, los usuarios que requerían de una operación de este tipo, eran enviados a México. Los costos eran altísimos y la experiencia quedaba fuera.

Según el doctor Cruz, esta incidencia afecta entre un 18 y un 20% de la población adulta. “No contamos con investigaciones que nos den un indicador exacto pero por reportes hospitalarios sospechamos que entre un 18 y un 20% de la población adulta salvadoreña es hipertensa”, asegura Cruz, quien labora en ese nosocomio desde hace 24 años y en los que ha observado, de primera mano, una tendencia en el aumento de padecimientos cardiovasculares.

 

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