3 de marzo de 2002

Portada
Reportaje
Perfil
Tema de portada
Internacional
Opinión
Columna
Cartas
Colofón


Cartas

Educación reprobada en A.L.

El motivo de esta nota es para felicitarlo por el reportaje escrito por el periodista Francisco Ayala. Comparto íntegramente su contenido principalmente en lo que se refiere a la calidad de la educación, la capacitación de los maestros y la relación con la comunidad.

Ya lo he dicho en otras ocasiones: todos esos señalamientos coinciden en que el maestro está perdiendo la mística de la enseñanza. Esto implica que le pueden aumentar el salario, recibir estímulos o las mejores capacitaciones (que es bueno), pero no se verán resultados si no mejoramos nuestra actitud hacia la comunidad educativa, léase alumnos, compañeros y padres de familia.

Lamento, sin embargo, que no se menciona que los profesores trabajamos el año pasado en condiciones desfavorables, haciendo de tripas corazón, por los terremotos, los que calaron en los ánimos de los niños, los padres y maestros.

Ahora, entre muchos aspectos, falta que mejorar la parte administrativa, que se escoja al mejor profesor para atender el primer grado, uso racional de los materiales y priorizar en qué se utilizarán los recursos que asigna el Ministerio.

Prof. Sonia Margarita Hernández
Sub Directora Escuela Cantón San Roque, Mejicanos


Milagro de impuntualidad

María de Guevara es una salvadoreña que desde hace varios años trabaja para The Port Authority of New York and New Jersey (PANYNJ). Esta es la empresa administradora de las torres gemelas, muelles, puentes, túneles y otras obras en los Estados de New York y New Jersey, oficinas que estaban instaladas en el piso 69 de la Torre 1.

En la madrugada del 11 de septiembre, medio dormida, sintió un fuerte dolor de muela. En la penumbra de su habitación vio la figura de su madre (fallecida mucho tiempo atrás) que le dijo: “Hija, tenés hinchada la cara. Deberías tomar algo”. En ese instante despertó y la figura de su madre desapareció.

Eran cerca de las 4 a.m. y se levantó para despertar a su hijo a quien le preguntó si tenía un analgésico. Rómulo Guevara, el joven abogado, le buscó uno, pero extrañado le dijo: “Mamá, si usted no tiene muelas”. “Si hijo -respondió ella- pero no soporto el dolor”.
Rómulo le sirvió el analgésico advirtiéndole que era muy fuerte. A los minutos, ella durmió profundamente.

Su hora de entrada al trabajo era a las 8 a.m. y al darse cuenta que eran más de las 7:30, cuando abrió los ojos, se asustó porque llegaría tarde a la oficina. Necesitaba arreglarse y viajar 40 minutos, por lo menos, de su casa a la Torre. Cuando iba en el Metro llamó a la oficina para avisar que se retrasaría. Le correspondió una compañera quien le dijo que no se preocupara porque ella la disculparía.

Transcurrieron pocos minutos antes de que se escuchara una fuerte explosión. El Metro se detuvo. Alguien gritó que había explotado una bomba y los pasajeros corrieron.
Marta tuvo ante sus ojos, al salir del Metro, la pavorosa visión de una nube de polvo blanco desplazándose hacia ella.

Quiso llamar a su hijo con el teléfono celular, pero fue en vano. Decidió seguir corriendo y, pese a que ella padece de asma, logró alejarse del área del desastre.
De nuevo intentó comunicarse con el hijo y pudo hacerlo. Él le explicó todo.
Muchos de sus compañeros perdieron la vida, incluyendo a la secretaria que recibió su llamada. A Marta, Dios la favoreció con el “milagro de la impuntualidad involuntaria”.

Jorge Alberto Jiménez
C.I.P. 1-1-117914


El futuro del ejército

En El Salvador sería mejor que la Fuerza Armada desapareciera y se promovieran las instituciones de orientación civil.
La propuesta que el ejército puede jugar un papel en misiones de paz está fuera de toda realidad debido a las condiciones económicas del país. La movilización de escasos 700 miembros de tropa cuesta millones de dólares.
La Fuerza Armada salvadoreña debería ser abolida de manera racional para permitir a sus miembros integrarse de una forma productiva a la vida civil del país, como cuerpos de bomberos o paramédicos. Los cuarteles se pueden transformar en museos, escuelas u hospitales, y la base de Ilopango en una terminal internacional de carga y pasajeros con destino al oriente de El Salvador.

Roberto Iraheta
 ndt@ephone.net


Buen análisis

Gracias por su reportaje y audacia al publicar un poco del problema del transporte público. Yo considero que la problemática se puede resolver si hay buena voluntad de todas las personas involucradas. Pero nos deben una segunda parte pues solo han expuesto un ápice de todo.

Manny Hernández
 mannyh@yahoo.com


Vivir en Santa Ana es estafa

Soy santaneco y me siento mal de ver como en Santa Ana somos constantemente estafados por las empresas de autobuses.
Solo aqui un colón es $0.12, ¢1.25 es $0.15, ¢5 es $0.60, ¢6 es $0.70. Imaginen cuánto les queda de ganancia a los buseros. Creo que alguien debería de encargarse de verificar cuánto se cobra realmente por los pasajes.

Jaime Mata

 


Portada I Reportaje I Perfil I Tema de Portada I Internacional
Opinión I Columna I Cartas I Colofón

Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.