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Milagro
de impuntualidad
María de Guevara es una salvadoreña que desde
hace varios años trabaja para The Port Authority
of New York and New Jersey (PANYNJ). Esta es la empresa
administradora de las torres gemelas, muelles, puentes,
túneles y otras obras en los Estados de New York
y New Jersey, oficinas que estaban instaladas en el piso
69 de la Torre 1.
En la madrugada del 11 de septiembre, medio dormida, sintió
un fuerte dolor de muela. En la penumbra de su habitación
vio la figura de su madre (fallecida mucho tiempo atrás)
que le dijo: Hija, tenés hinchada la cara.
Deberías tomar algo. En ese instante despertó
y la figura de su madre desapareció.
Eran cerca de las 4 a.m. y se levantó para despertar
a su hijo a quien le preguntó si tenía un
analgésico. Rómulo Guevara, el joven abogado,
le buscó uno, pero extrañado le dijo: Mamá,
si usted no tiene muelas. Si hijo -respondió
ella- pero no soporto el dolor.
Rómulo le sirvió el analgésico advirtiéndole
que era muy fuerte. A los minutos, ella durmió profundamente.
Su hora de entrada al trabajo era a las 8 a.m. y al darse
cuenta que eran más de las 7:30, cuando abrió
los ojos, se asustó porque llegaría tarde
a la oficina. Necesitaba arreglarse y viajar 40 minutos,
por lo menos, de su casa a la Torre. Cuando iba en el Metro
llamó a la oficina para avisar que se retrasaría.
Le correspondió una compañera quien le dijo
que no se preocupara porque ella la disculparía.
Transcurrieron pocos minutos antes de que se escuchara
una fuerte explosión. El Metro se detuvo. Alguien
gritó que había explotado una bomba y los
pasajeros corrieron.
Marta tuvo ante sus ojos, al salir del Metro, la pavorosa
visión de una nube de polvo blanco desplazándose
hacia ella.
Quiso llamar a su hijo con el teléfono celular,
pero fue en vano. Decidió seguir corriendo y, pese
a que ella padece de asma, logró alejarse del área
del desastre.
De nuevo intentó comunicarse con el hijo y pudo hacerlo.
Él le explicó todo.
Muchos de sus compañeros perdieron la vida, incluyendo
a la secretaria que recibió su llamada. A Marta,
Dios la favoreció con el milagro de la impuntualidad
involuntaria.
Jorge
Alberto Jiménez
C.I.P. 1-1-117914
El
futuro del ejército
En El Salvador sería mejor que la Fuerza Armada
desapareciera y se promovieran las instituciones de orientación
civil.
La propuesta que el ejército puede jugar un papel
en misiones de paz está fuera de toda realidad debido
a las condiciones económicas del país. La
movilización de escasos 700 miembros de tropa cuesta
millones de dólares.
La Fuerza Armada salvadoreña debería ser abolida
de manera racional para permitir a sus miembros integrarse
de una forma productiva a la vida civil del país,
como cuerpos de bomberos o paramédicos. Los cuarteles
se pueden transformar en museos, escuelas u hospitales,
y la base de Ilopango en una terminal internacional de carga
y pasajeros con destino al oriente de El Salvador.
Roberto
Iraheta
 ndt@ephone.net
Buen
análisis
Gracias por su reportaje y audacia al publicar un poco
del problema del transporte público. Yo considero
que la problemática se puede resolver si hay buena
voluntad de todas las personas involucradas. Pero nos deben
una segunda parte pues solo han expuesto un ápice
de todo.
Manny
Hernández
 mannyh@yahoo.com
Vivir
en Santa Ana es estafa
Soy santaneco y me siento mal de ver como en Santa Ana
somos constantemente estafados por las empresas de autobuses.
Solo aqui un colón es $0.12, ¢1.25 es $0.15,
¢5 es $0.60, ¢6 es $0.70. Imaginen cuánto
les queda de ganancia a los buseros. Creo que alguien debería
de encargarse de verificar cuánto se cobra realmente
por los pasajes.
Jaime
Mata
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