24 de marzo de 2002

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REPORTAJE

El Zapote
Puertas abiertas a la salud

Lograr erradicar algunas enfermedades como el dengue en una zona altamente vulnerable solo se puede alcanzar gracias a la propia participación ciudadana que hacen de su peculiar Unidad de Salud, un centro de asistencia diferente.

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

Muchas comunidades se organizan para expresar sus necesidades más inmediatas. Algunas se logran, pero con el paso del tiempo esa misma población se olvida de conservar lo que tanto les ha costado. Al final, sus proyectos quedan a la deriva, sin mantenimiento.
Pero este no es el caso de los residentes del cantón El Zapote de San Luis La Herradura, departamento de La Paz. Ellos, desde hace un poco más de un año, cuentan con un singular centro asistencial donado por el Ducado de Luxemburgo.
La diferencia con el resto de las Unidades de Salud no solo es la forma en que está construida, sino su organización para ejecutar medidas preventivas.
El trabajo de los promotores de salud -dos de ellos salidos de la misma comunidad- y el voluntariado de las directivas del resto de los cinco cantones de los alrededores (que aglutina casi seis mil habitantes) ha permitido que en dos años solo se haya presentado un caso de dengue clásico en una zona que por ser costera es vulnerable a este tipo de enfermedades endémicas.
No se han presentado casos de paludismo, malaria y cólera. En El Zapote, prácticamente se han reído de estos males, a diferencia de lugares como El Pimental y La Herradura, donde se han registrado 20 casos de dengue.
¿Cómo lo han logrado? Solo ha sido posible gracias al interés de la población.
Pero no todo es color de rosa porque existen otras comunidades como San Antonio Los Blancos (ver recuadro) -jurisdicción sanitaria de El Zapote-, donde la población, a pesar que se ha organizado para combatir las epidemias, no cuentan con el apoyo suficiente para suplir su dispensario con medicamentos.

La solidaridad

En 1989, los habitantes de los cantones aledaños a la costa, desde Marcelino hasta la Puntilla, sintieron el impulso de solventar sus problemas de salud de alguna manera. Se organizaron a fin de pedir a las autoridades de la dirección Paracentral de San Vicente -responsable en ese tiempo- que se les otorgara un puesto de salud, pues el más cercano quedaba a 15 kilómetros de distancia, en San Luis La Herradura.
Su perseverancia logró que se le buscara un espacio a un costado de la parroquia, que era atendido por una unidad móvil que consistía en un médico y una enfermera quienes visitaban el lugar dos veces por semana. Durante el resto del tiempo, otras dos personas quedaban permanentes.
A diario se atendía un promedio de 20 pacientes. Pero, cuando llegaba el médico, las consultas se multiplicaban. Era imposible trabajar en esas condiciones.
Los pobladores buscaron ayuda en los dueños de ranchos pues los mismos trabajadores eran reflejo de la problemática.
Así se logró la solidaridad de altruistas quienes donaron un terreno en el cantón El Zapote y buscaron la ayuda del Ducado de Luxemburgo.

El consultorio

Los trabajos se iniciaron a mediados de 1999 y para diciembre de 2000, el nuevo consultorio estaba listo.
Toda su infraestructura fue donada por lo que no es raro observar un cambio en las tradicionales paredes azul y blanco con el color zapote y pastel, así como escritorios de madera fina que sustituyen al metal para evitar el maltrato por el salitre.
La población ha hecho de la Unidad de Salud su casa, por lo que no es raro observar todos los días a personas que colaboran con la ornamentación.
Sin horario
Por ser una zona costera la ambulancia consiste en un pequeño bote con motor fuera de borda que es utilizado para visitar dos veces por semana a las 185 habitantes de la isla del Cordoncillo, ubicada dentro del estero de Jaltepeque. Si está baja la marea, no se podrá ocupar el pequeño “cañón” construido en la parte trasera de la Unidad, y los pacientes son trasladados a los pequeños muelles privados que siempre están prestos a colaborar. Posteriormente son trasladadas en vehículos particulares (la Unidad no cuenta con este transporte) hasta el dispensario.
Pese a la fuerza del terremoto, la Unidad quedó intacta, por lo que sin mayor contratiempo comenzó a operar con su director Aquiles Rubio, dos auxiliares y dos médicos en año social y tres promotores de salud, dos de ellos salidos de la misma comunidad. Además, se ha capacitado a seis parteras a quienes la población les tiene confianza.
Rubio sostiene que entre las enfermedades que se atienden se encuentran las de infecciones en vías respiratorias y urinarias. “Por el ambiente muy seco y de constantes cambios de clima”, explican. La falta de agua potable promueve enfermedades gastrointestinales que afectan más a los niños. Además, debido al tiempo que están expuestos a la arena y a los esteros ( cuando buscan curiles) se presentan casos de hongos.
“Lo que más me impresiona en la población es su interés por trabajar a pesar de las limitaciones. Los promotores de salud han dividido su trabajo en zonas geográficas, visitan todos los días los cantones donde junto con los líderes voluntarios se dividen el trabajo en orientar a unas 25 ó 30 personas. Se visita casa por casa donde se imparten charlas sanitarias y se entrega abate y puriagua. Actualmente mantenemos una constante campaña contra el dengue”, sostiene Rubio.
Aunque se cumple con las acostumbradas horas burocráticas, en la Unidad queda un personal de turno para atender las emergencias. Tal vez sea esa razón por lo que se entrega -sin reclamos y voluntariamente- los diez colones por cada consulta. También los programas de odontología, tuberculosis y control de embarazo son gratis y forma parte del trabajo del voluntariado.
“Hemos logrado que las madres acepten que sus hijos sean vacunados, pues antes pensaban que la calentura después de la vacuna podría empeorar su salud en vez de beneficiarlos”.

Promotores

Ever Mejía está a punto de ser promovido de voluntario a promotor de salud, gracias a los buenos resultados obtenidos en las capacitaciones temporales y permanentes que ha recibido de acuerdo a las necesidades que hay en la zona. “Actualmente, trabajamos con la higiene de los niños, insistimos a las familias que mantengan limpia su casa, que eliminen las aguas estancadas y lo hemos logrado. La falta de agua potable nos enfrenta a estar más atentos con el puriagua”, sostiene Ever quien el año pasado finalizó el bachillerato.
La población del cantón El Zapote y sus alrededores que, por muchos años fue sombra del olvido a pesar de estar ubicado en una zona muy concurrida por los veraneantes, hoy tiene un lugar que da asistencia a un promedio de 80 pacientes al día.
A pesar de su éxito, el trabajo preventivo necesita de una colaboración mayor: no cuentan, a pesar de mostrase interesados, con sus propios dispensarios. El único que existe lo ha logrado a puro esfuerzo de sus habitantes; pero se encuentra con sus estantes prácticamente vacíos. Y no basta con la buena voluntad de su población.

Cuentas aún pendientes

Hay comunidades que quieren trabajar. Lo que solicitan es un dispensario.


María Escarabante reside desde su infancia en el cantón San Antonio los Blancos y, al igual que algunos de sus vecinos, se ha interesado en promover las campañas contra enfermedades infectocontagiosas. “Durante los seis años de experiencia he encontrado una respuesta positiva de la población”, sostiene.
La misma población construyó una pequeña vivienda para que sirviera de dispensario y así atender casos de menor grado.

Sólo promesas
Durante el tiempo de campaña política, la comunidad le pidió a los candidatos que se interesaran por construir un lugar alterno a la Unidad de Salud.El tiempo pasó y los habitantes de los Blancos aún esperan la promesa.
Los trabajos, a nivel comunal, se han logrado gracias a la proyección de los voluntarios; pero, el dispensario -que no cuenta con luz eléctrica- tiene prácticamente sus estantes vacíos.
Solo hay dos botes de Calamina, 16 sobres de pastillas para combatir parásitos, un sobre con seis pastillas de Sulfato Ferroso, un par de guantes para curar heridas leves y unas jeringas. Pero lo que no falta es la voluntad de la población para trabajar en las obras de mitigación.

Los accidentes
Durante los constantes contactos entre los promotores de salud y la comunidad, se identificó un caso que no es estrictamente sanitario, pero sí es parte de la misma prevención.
La población reconoció que hay demasiados accidentes de tránsito sobre el Litoral.
Francisco López, quien es voluntario de salud, insiste en que el problema se podría resolver colocando túmulos frente a su zona. “Ya han ocurrido varios accidentes”, advierte, “como la calle es recta y angosta, los motoristas manejan rápido”.

 



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