24 de marzo de 2002

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Fuego cruzado en Tierra Santa

En la zona del mundo donde nació la frase “ojo por ojo, diente por diente”, las matanzas entre israelíes y palestinos están a la orden del día y dan la impresión de que ocurren por venganza. El Diario de Hoy viajó a Israel durante una de las peores escaladas de violencia de los últimos años, que cobró la vida de al menos 130 personas.

Texto y Fotos: Karen Azucena

vertice@elsalvador.com

El teléfono celular sonó unas cinco veces en un lapso de 30 minutos. Visiblemente nerviosa, Drora Gopas se disculpaba con sus invitados, cada vez que el timbre del moderno aparato cercenaba los pocos pedazos de tranquilidad que aún le quedaban.
“Es mi hija, desde Jerusalén”, nos dijo, al contestar la primera llamada.
Los periodistas iberoamericanos que cenábamos con Drora en el hotel Paradise de Beer Sheva, al sur de Jerusalén, centramos las miradas en su rostro angustiado. Sin necesidad de ponernos de acuerdo, todos callamos, a la espera de alguna noticia que explicara su perturbación.
Y no era para menos. Hacía diez minutos, un suicida palestino había burlado la seguridad del Moment Cafe, a unos cien metros de la residencia del Primer Ministro Israelí Ariel Sharon, en Jerusalén.
Con bombas como vestimenta, el palestino explotó en mil pedazos, llevándose de encuentro a once jóvenes israelíes. Cincuenta más resultaron heridos. Era el sábado 9 de marzo, un día de reposo, según la tradición judía, que terminó en sangre y lágrimas.
Los que estábamos en Beer Sheva, capital del Néguev, seguimos escuchando atentamente a Drora, directora de la escuela secundaria de esa ciudad. Su esposo, Jacob, trabaja como profesor asociado del departamento de microbiología e inmunología de la Universidad Ben-Gurion del Néguev. Sus dos hijas, de 18 y 20 años de edad, están enroladas en el ejército israelí y destacadas para la protección de Jerusalén.
Cuando la hija mayor alertó a Drora sobre el atentado suicida, una mezcla de alivio y preocupación bañó el rostro de la madre.
Por un lado, escuchar la voz de su hija era suficiente prueba de que se encontraba a salvo de la locura de la guerra. Pero ello no garantizaba su seguridad en un país envuelto en la peor escalada de violencia de los últimos años. Además, como afirmó Drora, aunque sus hijas estaban a salvo, ella compartía el sufrimiento de esas madres que habían perdido a sus hijos.
Drora no terminó de comerse la ensalada. No hubo tiempo para el postre. Prefirió relatarnos sus vivencias y compartir sus opiniones sobre la “intifada”, término árabe que significa “rebelión” y que se ha venido desarrollando en Tierra Santa desde septiembre de 2000, cuando las negociaciones entre palestinos e israelíes fracasaron en Camp David, Estados Unidos.
“Si yo supiera que el terror acabaría en el momento de entregar los territorios a los árabes, no dudaría en aplaudir la entrega. Pero está claro que ellos (los árabes) no quieren negociar. Y esta incertidumbre ya se ha vuelto insoportable en Israel”, nos dijo Drora a los periodistas que asistimos al Encuentro de Periodistas Iberoamericanos de Ciencia y Tecnología.
Lo que vimos y escuchamos desde el 2 hasta el 11 de marzo quedará grabado en nuestra memoria. Fueron días cruentos. El repunte de la intifada y la consecuente respuesta israelí siguen acaparando la atención mundial.
El periódico The Jerusalem Post, en su edición del 11 marzo, condensó las bajas civiles y militares en un comentario del ministro de defensa israelí, Binyamin Ben-Eliezer. Según sus datos, 36 israelíes murieron y 200 resultaron heridos entre el 3 y el 9 de marzo.

Las voces oficiales

Para Emmanuel Najshon, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, la matanza se ha transformado en el objetivo del ejército palestino.
“La guerrilla palestina tiene el objetivo de matar civiles. Lo demostró en la masacre del sábado 2 de marzo en la que murió toda una familia de un barrio ultraortodoxo de Jerusalén”, afirmó durante una conferencia de prensa.
El gobierno israelí ordenó intensificar los ataques militares contra los palestinos en la Franja de Gaza, Belén y Ramala, como “una forma de represalia”, según informó el periódico israelí HA’ARETZ, el 5 de marzo.
Para Pinjas Avivi, director general adjunto para América Latina del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, la dificultad para lograr acuerdos válidos en el Medio Oriente se centra en la actitud de Yasser Arafat, Primer Ministro Palestino.
“El problema de Arafat no es que haya perdido el control sobre su gente, sino que perdió el control sobre la realidad. Quiere resolver los problemas de todos los islámicos del mundo; es una locura. Tiene miedo de perder su fama de gran luchador para la libertad palestina, pero lo que en verdad necesita es volver al terreno de la verdad”, dice Avivi.
¿Qué condiciones exigen los palestinos para acabar con la violencia? Por un lado, demandan el control de todos los lugares santos en Jerusalén oriental. Y es ahí, precisamente, donde se encuentra el corazón del judaísmo: el Muro de los Lamentos, uno de los vestigios de la Jerusalén Antigua que ha permanecido intacto a través de los años y de las cruentas batallas de ejércitos romanos, turcos, cruzadas y musulmanes.
Palestina también demanda los “derechos de retorno” de dos millones de árabes a Israel. Ambas demandas, afirmaron diplomáticos israelíes, destruirían la nación de Israel.
Hasta ahora, unas mil 300 personas han muerto durante la “intifada”, mientras que Israel ha gastado más de cinco mil millones de dólares en la campaña militar, cifra que supera los 4 mil millones de dólares presupuestados para la educación del pueblo.
“Israel es el único Estado que tenemos. Nunca cederemos nuestros derechos ni aceptaremos que (los palestinos) vengan a quitárnoslos a través de la violencia”, concluyó el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Israel de hoy

Ya sea que los israelíes y los palestinos se pongan de acuerdo o no, la seguridad ciudadana está amenazada.
El turismo en Tierra Santa también ha resultado severamente afectado. Las ciudades todavía muestran su notoria belleza arquitectónica, sumada al valor histórico que encierran para las tres religiones principales del mundo (judaísmo, cristianismo e islamismo).
No obstante, no se escucha el ruido de las multitudes en peregrinaje hacia la tierra de los patriarcas hebreos, de Jesucristo y de Mahoma.
En las calles, los comerciantes nos agradecían nuestra visita a Israel “en estos días complicados”. En los restaurantes, museos y otros sitios públicos, la vigilancia se mantenía redoblada. Detectores de armas, jóvenes militares en perenne alerta y hasta meseros entrenados para descubrir ataques suicidas forman parte del paisaje de la Tierra Prometida.
Decenas de manifestantes se congregan frente a los blancos de los ataques suicidas. A unos metros de Moment Cafe, por ejemplo, unas 25 personas exigían al gobierno israelí retomar las conversaciones de paz.
“Hasta hoy (11 marzo), 340 judíos y 961 palestinos han muerto. Es la continuación del Holocausto. Pedimos un alto al fuego y el retorno al estado de las fronteras que teníamos en 1967”, dijo Náama Bar, una israelí de 35 años originaria de Judea.
A pesar del tenso ambiente en el que viven los israelíes, junto con las comunidades rusas y árabe-israelíes no involucradas en el conflicto bélico, la población civil se esfuerza por continuar sus vidas con “normalidad”. Asisten a sus escuelas y universidades. Frecuentan los teatros. Se divierten en bares y cafés.
“Si no escuchas las noticias, no te enteras ni sufres demasiado”, nos comentó el director de Instituto Cultural Israel-Iberoamérica, Shlomo Cohen.

“Modelo de tolerancia

Haifa, al noroeste de Israel, ofrece obras de arte, paisajes incomparables y tolerancia político-religiosa.

Los israelíes describen Haifa como un importante puerto sobre el Mediterráneo y el centro industrial de la zona norte del país. Pero la ciudad ofrece algo más que bienes comerciales.
Rodeada por las laderas del Monte Carmelo (sitio donde el profeta israelí Elías venció a los profetas de Baal), Haifa es una amplia bahía del Mar Mediterráneo. En el noroeste se encuentra la octava maravilla del mundo: los jardines Bahá’ís, dispuestos en 18 terrazas monumentales con flores de múltiples colores.
La multiplicidad también caracteriza a los habitantes de Haifa. Allí co-habitan colonias alemanas, judías, árabes, rusas. En el área de Wadi Nisnas, judíos y árabes conviven como “buenos vecinos”, casi inmunes al fragor de la guerra que pelean sus hermanos.
Según Perry Mordechai, director del Centro Cultural Árabe-Israelí “Beit-Hagefen” de Haifa, los habitantes de esta ciudad conviven en armonía, a pesar de sus diferencias.
Bajo su coordinación, el centro realiza dos festivales anuales. Uno de ellos se denomina “La fiesta de las fiestas”, la celebración dicembrina de Hanukah, Navidad y Ramadán que se enfoca en la Ruta de las Obras de Arte.
Este año, el tema de la “Caminata de la Coexistencia” es el matrimonio. Diversas obras de arte se exhiben por toda la ciudad e ilustran los conceptos de relaciones, costumbres y tradiciones. El segundo festival, realizado cada mayo, resalta la cultura árabe de una ciudad que más parece un oasis en medio del desierto.


Vieja historia


La guerra por los territorios no es tema nuevo en Israel.


- Holocausto y partición (1939-1947)

Los refugiados judíos del Holocausto llegan a Palestina. En 1947 la ONU divide Palestina en estado árabe y otro judío.

- Guerra de la Independencia (1948)
El 14 de mayo, el líder David Ben-Gurion declaró a Israel como estado independiente. Se produjo la invasión de Egipto, Siria, Transjordania, Líbano e Iraq.

- Al Fatah y el OPL (1959)
Yasser Arafat fundó el Movimiento de Liberación Nacional Palestino Al Fatah.

- La Guerra de los Seis Días, 1967
Egipto, Siria y Jordania ataca Israel. El 5 de junio, la fuerza aérea israelí destruyó los aviones de Egipto en tierra y toma los Altos del Golán, la Ribera Occidental, la Vieja Ciudad de Jerusalén y Gaza.
- Guerra en Líbano (1982)
Israel bombardea los bastiones de la OLP en Beirut y el sur de Líbano.

- Intifada (1987)
Tras 20 años de ocupación, los palestinos de Gaza, la Ribera Occidental y Jerusalén se rebelaron contra Israel.

 



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