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INTERNACIONAL
Fuego
cruzado en Tierra Santa
En
la zona del mundo donde nació la frase ojo por ojo, diente
por diente, las matanzas entre israelíes y palestinos están
a la orden del día y dan la impresión de que ocurren por
venganza. El Diario de Hoy viajó a Israel durante una de las
peores escaladas de violencia de los últimos años, que
cobró la vida de al menos 130 personas.
Texto y Fotos: Karen Azucena
vertice@elsalvador.com
El teléfono celular sonó unas cinco veces en un lapso
de 30 minutos. Visiblemente nerviosa, Drora Gopas se disculpaba con
sus invitados, cada vez que el timbre del moderno aparato cercenaba
los pocos pedazos de tranquilidad que aún le quedaban.
Es mi hija, desde Jerusalén, nos dijo, al contestar
la primera llamada.
Los periodistas iberoamericanos que cenábamos con Drora en el
hotel Paradise de Beer Sheva, al sur de Jerusalén, centramos
las miradas en su rostro angustiado. Sin necesidad de ponernos de acuerdo,
todos callamos, a la espera de alguna noticia que explicara su perturbación.
Y no era para menos. Hacía diez minutos, un suicida palestino
había burlado la seguridad del Moment Cafe, a unos cien metros
de la residencia del Primer Ministro Israelí Ariel Sharon, en
Jerusalén.
Con bombas como vestimenta, el palestino explotó en mil pedazos,
llevándose de encuentro a once jóvenes israelíes.
Cincuenta más resultaron heridos. Era el sábado 9 de marzo,
un día de reposo, según la tradición judía,
que terminó en sangre y lágrimas.
Los que estábamos en Beer Sheva, capital del Néguev, seguimos
escuchando atentamente a Drora, directora de la escuela secundaria de
esa ciudad. Su esposo, Jacob, trabaja como profesor asociado del departamento
de microbiología e inmunología de la Universidad Ben-Gurion
del Néguev. Sus dos hijas, de 18 y 20 años de edad, están
enroladas en el ejército israelí y destacadas para la
protección de Jerusalén.
Cuando la hija mayor alertó a Drora sobre el atentado suicida,
una mezcla de alivio y preocupación bañó el rostro
de la madre.
Por un lado, escuchar la voz de su hija era suficiente prueba de que
se encontraba a salvo de la locura de la guerra. Pero ello no garantizaba
su seguridad en un país envuelto en la peor escalada de violencia
de los últimos años. Además, como afirmó
Drora, aunque sus hijas estaban a salvo, ella compartía el sufrimiento
de esas madres que habían perdido a sus hijos.
Drora no terminó de comerse la ensalada. No hubo tiempo para
el postre. Prefirió relatarnos sus vivencias y compartir sus
opiniones sobre la intifada, término árabe
que significa rebelión y que se ha venido desarrollando
en Tierra Santa desde septiembre de 2000, cuando las negociaciones entre
palestinos e israelíes fracasaron en Camp David, Estados Unidos.
Si yo supiera que el terror acabaría en el momento de entregar
los territorios a los árabes, no dudaría en aplaudir la
entrega. Pero está claro que ellos (los árabes) no quieren
negociar. Y esta incertidumbre ya se ha vuelto insoportable en Israel,
nos dijo Drora a los periodistas que asistimos al Encuentro de Periodistas
Iberoamericanos de Ciencia y Tecnología.
Lo que vimos y escuchamos desde el 2 hasta el 11 de marzo quedará
grabado en nuestra memoria. Fueron días cruentos. El repunte
de la intifada y la consecuente respuesta israelí siguen acaparando
la atención mundial.
El periódico The Jerusalem Post, en su edición del 11
marzo, condensó las bajas civiles y militares en un comentario
del ministro de defensa israelí, Binyamin Ben-Eliezer. Según
sus datos, 36 israelíes murieron y 200 resultaron heridos entre
el 3 y el 9 de marzo.
Las voces oficiales
Para
Emmanuel Najshon, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de
Israel, la matanza se ha transformado en el objetivo del ejército
palestino.
La guerrilla palestina tiene el objetivo de matar civiles. Lo
demostró en la masacre del sábado 2 de marzo en la que
murió toda una familia de un barrio ultraortodoxo de Jerusalén,
afirmó durante una conferencia de prensa.
El gobierno israelí ordenó intensificar los ataques militares
contra los palestinos en la Franja de Gaza, Belén y Ramala, como
una forma de represalia, según informó el
periódico israelí HAARETZ, el 5 de marzo.
Para Pinjas Avivi, director general adjunto para América Latina
del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, la dificultad para
lograr acuerdos válidos en el Medio Oriente se centra en la actitud
de Yasser Arafat, Primer Ministro Palestino.
El problema de Arafat no es que haya perdido el control sobre
su gente, sino que perdió el control sobre la realidad. Quiere
resolver los problemas de todos los islámicos del mundo; es una
locura. Tiene miedo de perder su fama de gran luchador para la libertad
palestina, pero lo que en verdad necesita es volver al terreno de la
verdad, dice Avivi.
¿Qué condiciones exigen los palestinos para acabar con
la violencia? Por un lado, demandan el control de todos los lugares
santos en Jerusalén oriental. Y es ahí, precisamente,
donde se encuentra el corazón del judaísmo: el Muro de
los Lamentos, uno de los vestigios de la Jerusalén Antigua que
ha permanecido intacto a través de los años y de las cruentas
batallas de ejércitos romanos, turcos, cruzadas y musulmanes.
Palestina también demanda los derechos de retorno
de dos millones de árabes a Israel. Ambas demandas, afirmaron
diplomáticos israelíes, destruirían la nación
de Israel.
Hasta ahora, unas mil 300 personas han muerto durante la intifada,
mientras que Israel ha gastado más de cinco mil millones de dólares
en la campaña militar, cifra que supera los 4 mil millones de
dólares presupuestados para la educación del pueblo.
Israel es el único Estado que tenemos. Nunca cederemos
nuestros derechos ni aceptaremos que (los palestinos) vengan a quitárnoslos
a través de la violencia, concluyó el vocero del
Ministerio de Relaciones Exteriores.
Israel de hoy
Ya
sea que los israelíes y los palestinos se pongan de acuerdo o
no, la seguridad ciudadana está amenazada.
El turismo en Tierra Santa también ha resultado severamente afectado.
Las ciudades todavía muestran su notoria belleza arquitectónica,
sumada al valor histórico que encierran para las tres religiones
principales del mundo (judaísmo, cristianismo e islamismo).
No obstante, no se escucha el ruido de las multitudes en peregrinaje
hacia la tierra de los patriarcas hebreos, de Jesucristo y de Mahoma.
En las calles, los comerciantes nos agradecían nuestra visita
a Israel en estos días complicados. En los restaurantes,
museos y otros sitios públicos, la vigilancia se mantenía
redoblada. Detectores de armas, jóvenes militares en perenne
alerta y hasta meseros entrenados para descubrir ataques suicidas forman
parte del paisaje de la Tierra Prometida.
Decenas de manifestantes se congregan frente a los blancos de los ataques
suicidas. A unos metros de Moment Cafe, por ejemplo, unas 25 personas
exigían al gobierno israelí retomar las conversaciones
de paz.
Hasta hoy (11 marzo), 340 judíos y 961 palestinos han muerto.
Es la continuación del Holocausto. Pedimos un alto al fuego y
el retorno al estado de las fronteras que teníamos en 1967,
dijo Náama Bar, una israelí de 35 años originaria
de Judea.
A pesar del tenso ambiente en el que viven los israelíes, junto
con las comunidades rusas y árabe-israelíes no involucradas
en el conflicto bélico, la población civil se esfuerza
por continuar sus vidas con normalidad. Asisten a sus escuelas
y universidades. Frecuentan los teatros. Se divierten en bares y cafés.
Si no escuchas las noticias, no te enteras ni sufres demasiado,
nos comentó el director de Instituto Cultural Israel-Iberoamérica,
Shlomo Cohen.
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Modelo
de tolerancia
Haifa, al noroeste de Israel, ofrece obras de arte, paisajes
incomparables y tolerancia político-religiosa.
Los israelíes describen Haifa como un importante puerto
sobre el Mediterráneo y el centro industrial de la zona
norte del país. Pero la ciudad ofrece algo más que
bienes comerciales.
Rodeada por las laderas del Monte Carmelo (sitio donde el profeta
israelí Elías venció a los profetas de Baal),
Haifa es una amplia bahía del Mar Mediterráneo.
En el noroeste se encuentra la octava maravilla del mundo: los
jardines Baháís, dispuestos en 18 terrazas
monumentales con flores de múltiples colores.
La multiplicidad también caracteriza a los habitantes de
Haifa. Allí co-habitan colonias alemanas, judías,
árabes, rusas. En el área de Wadi Nisnas, judíos
y árabes conviven como buenos vecinos, casi
inmunes al fragor de la guerra que pelean sus hermanos.
Según Perry Mordechai, director del Centro Cultural Árabe-Israelí
Beit-Hagefen de Haifa, los habitantes de esta ciudad
conviven en armonía, a pesar de sus diferencias.
Bajo su coordinación, el centro realiza dos festivales
anuales. Uno de ellos se denomina La fiesta de las fiestas,
la celebración dicembrina de Hanukah, Navidad y Ramadán
que se enfoca en la Ruta de las Obras de Arte.
Este año, el tema de la Caminata de la Coexistencia
es el matrimonio. Diversas obras de arte se exhiben por toda la
ciudad e ilustran los conceptos de relaciones, costumbres y tradiciones.
El segundo festival, realizado cada mayo, resalta la cultura árabe
de una ciudad que más parece un oasis en medio del desierto.
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Vieja historia
La guerra por los territorios no es tema nuevo en Israel.
- Holocausto y partición (1939-1947)
Los refugiados judíos del Holocausto llegan a Palestina.
En 1947 la ONU divide Palestina en estado árabe y otro
judío.
- Guerra de la Independencia (1948)
El 14 de mayo, el líder David Ben-Gurion declaró
a Israel como estado independiente. Se produjo la invasión
de Egipto, Siria, Transjordania, Líbano e Iraq.
- Al Fatah y el OPL (1959)
Yasser Arafat fundó el Movimiento de Liberación
Nacional Palestino Al Fatah.
- La Guerra de los Seis Días, 1967
Egipto, Siria y Jordania ataca Israel. El 5 de junio, la fuerza
aérea israelí destruyó los aviones de Egipto
en tierra y toma los Altos del Golán, la Ribera Occidental,
la Vieja Ciudad de Jerusalén y Gaza.
- Guerra en Líbano (1982)
Israel bombardea los bastiones de la OLP en Beirut y el sur de
Líbano.
- Intifada (1987)
Tras 20 años de ocupación, los palestinos de Gaza,
la Ribera Occidental y Jerusalén se rebelaron contra Israel.
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