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INVESTIGACIÓN
La
comuna de Pandora
La
denuncia de un mal procedimiento fiscal fue el detonante para que San
Ildefonso se ubicara en el mapa periodístico. María Julia Constanza,
alcaldesa municipal, acusa a los fiscales de autoritarios y ladrones.
Éstos, no dan tregua a su estocada: Cuatro delitos en contra de la edil
copan sus diligencias actuales.
Claudia Zavala
 vertice@elsalvador.com
Solitario, árido y polvoriento. Es difícil imaginar que
los apenas 136 kilómetros cuadrados de San Ildefonso, ubicado
en San Vicente y declarado ciudad hace poco más de un año,
escondan una sorprendente historia de intrigas y batallas legales. Más
aún lo es descubrir que la protagonista de tan enardecidos duelos
verbales y legales es la propia alcadesa de la localidad.
María Julia Constanza, de 33 años, desde su despacho municipal,
no pierde la compostura al defenderse de los ataques de
quienes ella considera sus más acérrimos enemigos: algunos
miembros de la Fiscalía de San Vicente.
Son vendettas personales, dice, mientras con el índice
izquierdo pide a su esposo encienda nuevamente el aire acondicionado
de su calurosa oficina.
El inicio de la conversación se ubica necesariamente en el pasado
30 de enero, fecha en que los fiscales Carlos Salvador Hernández
Zepeda, Mauricio Roberto Iraheta Santamaría y Maximiliano Edgardo
Martínez ingresaron a la comuna, para realizar un registro, que
contribuiría a robustecer las diligencias iniciales para judicializar
el delito de falsedad ideológica, en contra de Constanza.
Cerca de las once de la mañana, hora en que inició el
allanamiento, la alcaldesa no se encontraba en su puesto de trabajo,
pues había acudido a una reunión con los miembros del
Concejo Departamental de Alcaldes, el cual preside.
el aviso telefónico
La
llamada telefónica que recibió de María Zoila Rivas
de Zelaya, secretaria municipal, irrumpió el ambiente laboral
que reinaba en las mesas del restaurante Las Brisas, en San Vicente.
Me dijeron que habían llegado tres fiscales con unos dieciocho
agentes de la PNC a registrar la alcaldía. Que ingresaron en
forma violenta, tirando patadas y puñetazos, sacando a empujones
a los usuarios, recuerda.
Constanza asegura que colgó, convencida de que debía continuar
su compromiso como Presidenta del Concejo, y que, cuando intentó
llamar a los pocos minutos para preguntar cómo seguía
todo, fue inútil. Habían cortado las líneas telefónicas
de la alcaldía.
La Secretaria Municipal lo confirma: No me enseñaron ningún
permiso de allanamiento. Nos dijeron que nos sentáramos y no
nos moviéramos, y cortaron las líneas para quedar incomunicados.
Es una falacia
El contraste con las declaraciones fiscales es drástico en extremo.
Mientras Constanza mantiene una versión de violencia y autoritarismo,
los fiscales hablan de respeto, suavidad y legalidad en
el procedimiento. Según Maximiliano Edgardo Martínez,
lo primero que hicieron al ingresar a la comuna fue buscar a la Secretaria
Municipal, para entregarle la autorización de registro firmada
por Joaquín Osmar Vallejos Meléndez, juez de Paz de San
Ildefonso. Asegura que se hicieron acompañar por seis agentes
de la PNC, no dieciocho, como plantea Constanza.
Pero la Secretaria comenzó a insultarnos, a gritarnos palabras
vulgares, a decirnos que sólo a joder llegábamos, que
nos creíamos dioses y que sólo la Alcaldesa podía
autorizar el ingreso al lugar, expresa.
Lo que más impresiona a la parte fiscal, según afirman,
es la acusación que hace Constanza de un supuesto faltante de
8,634.15 colones. Ella asegura que los fiscales lo sustrajeron al forzar
la caja de seguridad de su despacho.
¿Cómo vamos a abrir la caja de seguridad sin la
combinación? El único uso de fuerza que hicimos fue abrir
la puerta trasera de la oficina de ella, porque la Secretaria se había
encerrado para llamarla. Y lo hicimos con el mango de una cucharita,
porque la puerta cedió fácilmente. Lo que dicen es una
falacia, señala Martínez.
Pero el mango de una cuchara no es, precisamente, el tipo de herramienta
a la que se refiere Constanza. Ella habla de piochas, martillos, almáganas
y cinceles.
Un comunicado publicado el 6 de febrero, en los principales medios de
comunicación, explicando lo acontecido en la comuna y responsabilizando
al fiscal Mauricio Roberto Iraheta Santamaría de todo lo ocurrido,
lanzó el grito de la denuncia que llegó a oídos
de Belisario Artiga, cabeza del Ministerio Público.
Artiga prometió investigar y personalizar responsabilidades.
Por el momento, el caso se ha abierto en la Fiscalía de San Salvador,
y las diligencias iniciales han empezado su marcha.
Cumplen órdenes
Constanza
también denunció a los fiscales y al juez Vallejos ante
la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, la Corte
Suprema de Justicia y la Inspectoría General de la PNC. En ésta
última instancia, Mauricio Sandoval, director de la PNC, envió
una aclaración a Francisco Merino, presidente de la Comisión
de Asuntos Municipales de la Asamblea Legislativa, exponiéndole
que el personal policial sólo cumple y colabora con las
instrucciones emanadas de la Fiscalía General de la República.
Pero este encuentro con la Fiscalía no es el primero para la
Alcadesa. Ya en abril de 2000 había encarado un proceso judicial
por el delito de amenazas con agravación especial. Según
consta en el proceso, Constanza habría amenazado con una pistola
a Douglas Wilson Rauda: Yo te voy a ahumar a balazos, le
habría advertido. Al tiempo, fue liberada de cargos. Además,
los delitos de actos arbitrarios, falsedad ideológica y desacato
también pesan sobre sus espaldas (ver recuadros Las acusaciones
en contra de María Julia).
sin miedo a chambres
Además, Manuel de Jesús Villalobos Zaldaña, un
ingeniero civil, juramentado como perito en la investigación
por falsedad ideológica está acusado de brindar falso
testimonio. Según la Fiscalía, Villalobos aportó
datos falsos en un informe técnico presentado al Juzgado de Paz
de San Ildefonso, con el supuesto objetivo de beneficiar a la funcionaria.
Ante las acusaciones, Constanza opina relajada: En parte agradezco
todo lo que está sucediendo, porque es ahora cuando el apoyo
de mi comunidad es más evidente. No tengo miedo a los chambres
y malas intenciones, porque, incluso, electoralmente, esta coyuntura
me beneficia.
El objetivo de postularse nuevamente como candidata a la alcaldía
no lo descarta. Ya con este es su segundo período en gestión.
El primero, en 1997, lo hizo bajo la bandera de ARENA. Luego, por decisiones
políticas, como ella dice, en las elecciones del 2000,
defendió los colores del PCN.
Según ella, la piedra que rompió el techo de la tranquilidad
tiene nombre y apellido: José Pedro Meléndez, secretario
del Juzgado de Paz de San Ildefonso. Meléndez es su ex esposo
y padre de sus tres hijos.
La anulación del matrimonio Meléndez-Constanza no fue
en los mejores términos. Según la edil, Meléndez
interpuso un recurso de amparo ante la Corte Suprema de Justicia, para
evadir la cuota alimenticia de sus hijos. Desde entonces le ha hecho
la vida imposible, al punto de aliarse con Marta Lidia Amaya de Somarriba,
quien la acusa de actos arbitrarios (ver recuadro Si ella tiene
pisto) y con el fiscal Santamaría, a quien responsabiliza
de los daños en la comuna.
Le aseguro que entre ella y mi ex esposo hay un chanchullo,
insiste.
Constanza argumenta, además, que Meléndez influye negativamente
en las decisiones del juez Vallejos, quien, a su parecer, no es más
que un títere manipulable, una persona sin carácter.
Ante tal acusación, Vallejos no se inmuta y asegura que el Secretario
no puede ejercer influencia en él, porque cada acto que realiza
lo hace apegado a la ley.
No tengo intención de perjudicarla. Es más, ojalá
que en la audiencia podamos llegar a un acuerdo, porque no quiero que
piense que este es un problema personal, dice.
Vértice busco contactar al Secretario del Juzgado, para conocer
su opinión, pero no fue posible.
Mientras tanto, hasta que las resoluciones judiciales no inclinen la
balanza hacia una de las dos partes, María Julia Constanza seguirá
en su cargo inmutable como siempre.
Pero, a sabiendas de quién es el responsable en este mar de acusaciones,
lo único que se conseguirá es corroborar uno de los síndromes
que aún ensombrece la labor de la mayoría de nuestros
funcionarios públicos: la prepotencia.
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Si
ella tiene pisto
Una instalación de tendido eléctrico, sin previa
autorización, provocó que la Alcaldesa fuera acusada
por actos arbitrarios.
Marta Lidia de Somarriba es la acusadora. Ella, salvadoreña
y ciudadana estadounidense, propietaria de un terreno en el cantón
Cumiste, de San Ildefonso, denunció a la edil
por haber instalado, a principios de 1999, nueve postes de tendido
público a tan sólo ocho metros de su casa, sin su
consentimiento.
Además, le negó la acometida para alumbrado doméstico
en su propiedad, de no pagar ¢25 mil, en concepto de permiso
de conexión de servicio eléctrico. Fue declarada
Contribuyente A. Según ella, la edil autorizó
una Ordenanza Municipal con dedicatoria, para justificar
este cobro. Hoy, de los 300 habitantes del cantón, sólo
ella no tiene luz.
Es humillante, porque hasta nuestros colonos tienen energía,
y nosotros no. Ahí pasa la gente, como a la seis de la
tarde, murmurando, diciendo que apaguemos los candiles.
De Somarriba asegura que se enteró que, en una reunión
con los representantes de la comunidad, Constanza había
manifestado su satisfacción por haber dejado a la riquilla
del pueblo alumbrando con candil.
El 31 de octubre de 2000, luego de más de un año
de infructuosa espera a las dos peticiones de audiencia de parte
de De Somarriba, ésta decidió denunciarla penalmente.
El temple de Constanza no titubea al defenderse en este caso:
Esta fue una obra en la que participó toda la comunidad.
El FISDL aportó el dinero, pero ellos instalaron los postes
y todo. Esta señora nunca trabajó con los demás,
y tiene esa propiedad como lugar de esparcimiento. Es justo que
pague una cuota para instalar el servicio. Además, no sé
por qué protesta, si ella tiene pisto, asevera.
La Comisión de Municipalismo desaprobó la Ordenanza
emitida, por considerar que no cumplía los requisitos de
equitatividad que dicta la ley.
En los próximos meses se espera se instale la audiencia
de jurado, con miembros seleccionados de un lugar que no sea San
Ildefonso, para evitar una resolución prejuiciada.
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