17 de marzo de 2002

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ENTREVISTA

“Conocí la oscuridad del poder”

Es considerado uno de los más ilustres escritores a nivel centroamericano. Sergio Ramírez Mercado, ex presidente de Nicaragua durante los años sandinistas, es una personalidad que nunca debió haberse involucrado en la política. Pero el escritor considera que este pensamiento filosófico ha quedado en el pasado.

Iván Gómez
 vertice@elsalvador.com


Sergio Ramírez siempre se consideró una persona que estuvo prestada a la política alimentada por un sueño de la juventud revolucionaria.
Hoy prefiere continuar sumergido en los sueños de la literatura.
Sergio tuvo claro que su estadía en el poder tenía un plazo del que cree haber finalizado.

¿Qué le enseñó la política?
Como literato me enseñó mucho sobre el poder. Yo aprendí mucho a ver el poder desde adentro. Estar en un gobierno en términos literarios viene siendo poco atractivo.
El juego burocrático, el juego para ciegos, la distancia en el que gobierna y el pueblo, las maquinaciones. El poder es una máquina y por lo tanto sujeta a marginaciones, zancadillas. Conocí las oscuridades del poder.

¿Conoció las oscuridades del poder?
Muy a fondo.

¿Volvería a ella?

No, yo creo que ya mi cuota de participación en la política y el poder se agotó y ahora lo que yo siento es que me hará falta tiempo para completar mi carrera de escritor.

¿Algunos dicen que usted es considerado como un proyecto literario y nunca debió jugar en la política?

Eso puede ser un criterio válido, pero eso mismo yo le hubiera dicho a Pablo Antonio Cuadra, que se metió como un militante de las causas católicas o pre conservadoras.
¿Eso fue un desperdicio o una ganancias? Yo no sé.
Yo creo que no desperdicié mi vida porque gané en experiencia y, además, no me podía excusar de haber participado en un proyecto que en el 79 se le planteó a mi país, donde se llamó a todo el mundo y mucha gente dejó lo que estaba haciendo para meterse en ese proyecto. En 1975 yo regresé de Alemania y me involucré en la política. Ya no volví hacer otra cosa que conspirar contra Somoza.

¿Busca un lugar de prestigio en la literatura centroamericana?
Yo creo que el prestigio es una consecuencia de que uno se dedica hacer una obra literaria en serio.
Mi objetivo es escribir bien, con dedicación, profesionalismo y si la consecuencia de eso es ser conocido, tener público, yo lo acepto con gusto.

¿Cual fue la mayor tortura que le dio la política?.
La burocracia. Dedicarle tiempo al oficio administrativo viene siendo una rutina. Ahora que lo recuerdo, realmente aburrida.
La monotonía que tiene el hecho de repetir el acto administrativo todos los días. Los juegos protocolarios.
Sentarse durante una comida oficial delante de alguien que no conozco a hablar de asuntos formales. Son los sacrificios que uno paga como político.
Llegué a desconocer el valor del dinero por que no pagaba nada, no me registraba en los hoteles, entraba a los aviones por puertas especiales, la seguridad...
De repente, cuando no estás en el poder, te sentís extrañado como alguien que queda desnudo en la calle. Me estoy acostumbrando a tomar un taxi en Madrid o París o a cambiar dinero.
Volver a la vida civil fue un proceso de reeducación.
¿Nuca tuvo miedo a la muerte?
Eran tiempos de guerra, pero ese temor (a la muerte) nunca lo tuve. Yo aceptaba la protección como una parte ritual del poder. Corría riesgos.

¿Es posible combinar la política con la literatura?

No creo. Dejé de escribir diez años. Hice un esfuerzo por buscar unas obras en medio de las grandes dificultades y logré escribir “Castillo divino”. A alguien que quiera ser escritor de verdad, yo no le recomendaría meterse en cargos políticos.
¿Qué transformaciones ha tenido después de luchar en el proyecto sandinista?
Yo cuento mis experiencias de la revolución en mi libro “Adiós muchachos” y esa es mi reflexión sobre lo que viví. Yo creo que soy una persona diferente ahora.
Me parece que puedo ser más crítico por el hecho de no tener que dar opiniones oficiales.
Hace 30 años usted participó aquí en la toma de la Universidad de El Salvador como Secretario General del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA). ¿Qué recuerda?
El rector Rafael Menjívar me pidió que viniera de emergencia porque el gobierno quería recortar unos fondos de la universidad.
Mi papel era diplomático. Al llegar, el rector me dijo que no había alarma, que él iba a la Asamblea Legislativa y que nos veríamos después del almuerzo.
Cuando regresamos a la universidad, estaba rodeada de helicópteros y tanques. Al rector junto a su Consejo Universitario lo metieron preso en la propia Asamblea.
Pedí una cita con el Presidente Molina, quien me la concedió al siguiente día.
Él me informó que todo el Consejo, junto con el rector estaban en Managua, habían sido expulsados.
Si retrocediéramos en la historia a 1979, ¿Qué le recomendaría a Daniel Ortega?
Con los 32 años que tenía y con el entusiasmo revolucionario, no hubiera sido capaz de dar consejo sensato; talvez yo lo hubiera necesitado. Ahora, con la experiencia que tengo a esos años, quizás no pudiera ser un revolucionario porque las revoluciones generalmente son improvisadas, irreflexivas y los consejos de los viejos nunca son escuchados.
Usted es abogado, si estuviera en un tribunal como fiscal ¿De qué acusaría a Arnoldo Alemán ?
De actos de corrupción que son fácilmente comprobados. Si el Estado sigue interesándose, como creo que lo hace y lo seguirá haciendo el Presidente Bolaños.

¿Y a Humberto Ortega?

(Piensa) No sé, realmente. No podría responder esa pregunta. A Humberto, el país le debe haber iniciado el proceso de intencionalidad del ejército.
Seguramente si por algo tendría que preguntársele es de dónde ha sacado tanto dinero y la respuesta la daría el.
Para mí es un asunto más ético, es decir, los dirigentes revolucionarios de dónde sacaron tanto dinero como tienen. No se lo ganaron legítimamente porque gente que no tenía como caer muerta, de repente apareció siendo millonario de la noche a la mañana.

¿Y Daniel Ortega?

Yo lo que más le reclamo es su persistencia en el poder como un caudillo más que los actos de corrupción.
Yo no creo que sea un hombre rico; más bien es un hombre misterioso, que todo el dinero que le llega a las manos lo gasta porque es un caudillo tradicional.

¿Cómo mira a Agustín Jarquín y Antonio Lacayo en el Frente Sandinista?

Son personas demasiado débiles dentro del sandinismo para pensar que puedan ser atractivas dentro de la base.
La militancia va seguir prefiriendo a Daniel Ortega hasta que él no tenga la valentía de asumir su propio retiro.
En la medida que él siga allí y que le digan: “te necesitamos”, no se irá.
Cuando Ortega diga no más, el problema se terminó.

¿Cuándo fue la última vez que vio a Daniel Ortega?

Hace tres años en el funeral del papá de Joaquín Cuadra (el ex ministro de Defensa).

¿Qué libro le recomienda leer a los líderes de izquierda centroamericana que quieran retomar el camino de los dogmas y las utopías?

“Adiós muchachos”.

¿Ha cambiado la política estadounidense en la región?

Claro que sí . Creo que los dos ejes de Estados Unidos ahora son terrorismo y narcotráfico.

¿Qué destino tiene Centroamérica?

El de la unidad política.
Existe una fuerte migración de nicaragüenses hacia Costa Rica y Estados Unidos ¿Qué va a quedar de Nicaragua?
Bueno, hay un millón de salvadoreños en los Estados Unidos. Y Centroamérica exporta más emigrantes que otra cosa. Cuando un país ya no puede darle esperanza a su gente de vivir dentro de su propio territorio, algo anda muy mal y es la gran bendición que los nicaragüenses todavía tenemos pendiente.

¿Cómo quiere que le recuerde la historia?

Como rector de la historia de los escritores. No sé en cuantas líneas, pero sí como un escritor.


Nuevo libro: “Sombras nada más”

El libro de cuentos “Catalina, Catalina” es un homenaje a la crónica policiaca como un arte narrativo de los sucesos periodísticos.

Su equipo de trabajo está prácticamente compuesto por miembros de su familia. Ocho horas diarias de su vida están dedicadas a su trabajo literario. El mejor lugar de inspiración se encuentra en el pueblo natal de Masatepe.

¿Cómo ve la literatura salvadoreña a nivel centroamericano?

La veo con un afán de experimentación de narrar en base a lo que ocurre y en base a los sucesos de la realidad, que tiene mucho vigor.

¿Le suena algún nombre?

Sí, yo estuve de jurado en el premio Rómulo Gallegos y defendí mucho hasta el final un libro que me encantó que es “La diabla en el espejo” (de Horacio Castellanos Moya). Me parece que es una novela estupenda de lo nuevo que se está haciendo en Centroamérica.
¿Como se puede medir el nuevo Sergio Ramírez después de participar activamente en la política ?
Como alguien que dejó la política como un oficio que no le pertenecía mucho. No le pertenecí tanto a la política como se puede pensar. Me siento más bien como alguien que estuvo prestado al oficio de la política.
Yo venía de la escritura. Yo entré a la política por una circunstancia extraordinaria que fue una revolución...

¿Podíamos esperar en la próxima publicación una novela?

Sí, estoy trabajando en una que está prácticamente terminada que se llama “Sombras nada más”, en homenaje a la canción.
Se desarrolla en una fecha próxima al triunfo de la revolución sandinista contra la dictadura de Somoza, en 1979, donde en un pequeño pueblo de Nicaragua (en Tola) se captura, interroga y se juzga a un personaje.
La novela se remonta al tiempo de la vida de los personajes, tanto del detenido como a sus juzgadores revolucionarios.


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