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ENTREVISTA
“Conocí
la oscuridad del poder”
Es
considerado uno de los más ilustres escritores a nivel centroamericano.
Sergio Ramírez Mercado, ex presidente de Nicaragua durante los años
sandinistas, es una personalidad que nunca debió haberse involucrado
en la política. Pero el escritor considera que este pensamiento filosófico
ha quedado en el pasado.
Iván Gómez
 vertice@elsalvador.com
Sergio Ramírez siempre se consideró una persona que estuvo
prestada a la política alimentada por un sueño de la juventud
revolucionaria.
Hoy prefiere continuar sumergido en los sueños de la literatura.
Sergio tuvo claro que su estadía en el poder tenía un
plazo del que cree haber finalizado.
¿Qué le enseñó la política?
Como literato me enseñó mucho sobre el poder. Yo aprendí
mucho a ver el poder desde adentro. Estar en un gobierno en términos
literarios viene siendo poco atractivo.
El juego burocrático, el juego para ciegos, la distancia en el
que gobierna y el pueblo, las maquinaciones. El poder es una máquina
y por lo tanto sujeta a marginaciones, zancadillas. Conocí las
oscuridades del poder.
¿Conoció las oscuridades del poder?
Muy a fondo.
¿Volvería a ella?
No, yo creo que ya mi cuota de participación en la política
y el poder se agotó y ahora lo que yo siento es que me hará
falta tiempo para completar mi carrera de escritor.
¿Algunos dicen que usted es considerado como un proyecto literario
y nunca debió jugar en la política?
Eso puede ser un criterio válido, pero eso mismo yo le hubiera
dicho a Pablo Antonio Cuadra, que se metió como un militante
de las causas católicas o pre conservadoras.
¿Eso fue un desperdicio o una ganancias? Yo no sé.
Yo creo que no desperdicié mi vida porque gané en experiencia
y, además, no me podía excusar de haber participado en
un proyecto que en el 79 se le planteó a mi país, donde
se llamó a todo el mundo y mucha gente dejó lo que estaba
haciendo para meterse en ese proyecto. En 1975 yo regresé de
Alemania y me involucré en la política. Ya no volví
hacer otra cosa que conspirar contra Somoza.
¿Busca un lugar de prestigio en la literatura centroamericana?
Yo creo que el prestigio es una consecuencia de que uno se dedica hacer
una obra literaria en serio.
Mi objetivo es escribir bien, con dedicación, profesionalismo
y si la consecuencia de eso es ser conocido, tener público, yo
lo acepto con gusto.
¿Cual
fue la mayor tortura que le dio la política?.
La burocracia. Dedicarle tiempo al oficio administrativo viene siendo
una rutina. Ahora que lo recuerdo, realmente aburrida.
La monotonía que tiene el hecho de repetir el acto administrativo
todos los días. Los juegos protocolarios.
Sentarse durante una comida oficial delante de alguien que no conozco
a hablar de asuntos formales. Son los sacrificios que uno paga como
político.
Llegué a desconocer el valor del dinero por que no pagaba nada,
no me registraba en los hoteles, entraba a los aviones por puertas especiales,
la seguridad...
De repente, cuando no estás en el poder, te sentís extrañado
como alguien que queda desnudo en la calle. Me estoy acostumbrando a
tomar un taxi en Madrid o París o a cambiar dinero.
Volver a la vida civil fue un proceso de reeducación.
¿Nuca tuvo miedo a la muerte?
Eran tiempos de guerra, pero ese temor (a la muerte) nunca lo tuve.
Yo aceptaba la protección como una parte ritual del poder. Corría
riesgos.
¿Es posible combinar la política con la literatura?
No creo. Dejé de escribir diez años. Hice un esfuerzo
por buscar unas obras en medio de las grandes dificultades y logré
escribir Castillo divino. A alguien que quiera ser escritor
de verdad, yo no le recomendaría meterse en cargos políticos.
¿Qué transformaciones ha tenido después de luchar
en el proyecto sandinista?
Yo cuento mis experiencias de la revolución en mi libro Adiós
muchachos y esa es mi reflexión sobre lo que viví.
Yo creo que soy una persona diferente ahora.
Me parece que puedo ser más crítico por el hecho de no
tener que dar opiniones oficiales.
Hace 30 años usted participó aquí en la toma de
la Universidad de El Salvador como Secretario General del Consejo Superior
Universitario Centroamericano (CSUCA). ¿Qué recuerda?
El rector Rafael Menjívar me pidió que viniera de emergencia
porque el gobierno quería recortar unos fondos de la universidad.
Mi papel era diplomático. Al llegar, el rector me dijo que no
había alarma, que él iba a la Asamblea Legislativa y que
nos veríamos después del almuerzo.
Cuando regresamos a la universidad, estaba rodeada de helicópteros
y tanques. Al rector junto a su Consejo Universitario lo metieron preso
en la propia Asamblea.
Pedí una cita con el Presidente Molina, quien me la concedió
al siguiente día.
Él me informó que todo el Consejo, junto con el rector
estaban en Managua, habían sido expulsados.
Si retrocediéramos en la historia a 1979, ¿Qué
le recomendaría a Daniel Ortega?
Con los 32 años que tenía y con el entusiasmo revolucionario,
no hubiera sido capaz de dar consejo sensato; talvez yo lo hubiera necesitado.
Ahora, con la experiencia que tengo a esos años, quizás
no pudiera ser un revolucionario porque las revoluciones generalmente
son improvisadas, irreflexivas y los consejos de los viejos nunca son
escuchados.
Usted es abogado, si estuviera en un tribunal como fiscal ¿De
qué acusaría a Arnoldo Alemán ?
De actos de corrupción que son fácilmente comprobados.
Si el Estado sigue interesándose, como creo que lo hace y lo
seguirá haciendo el Presidente Bolaños.
¿Y a Humberto Ortega?
(Piensa) No sé, realmente. No podría responder esa pregunta.
A Humberto, el país le debe haber iniciado el proceso de intencionalidad
del ejército.
Seguramente si por algo tendría que preguntársele es de
dónde ha sacado tanto dinero y la respuesta la daría el.
Para mí es un asunto más ético, es decir, los dirigentes
revolucionarios de dónde sacaron tanto dinero como tienen. No
se lo ganaron legítimamente porque gente que no tenía
como caer muerta, de repente apareció siendo millonario de la
noche a la mañana.
¿Y Daniel Ortega?
Yo lo que más le reclamo es su persistencia en el poder como
un caudillo más que los actos de corrupción.
Yo no creo que sea un hombre rico; más bien es un hombre misterioso,
que todo el dinero que le llega a las manos lo gasta porque es un caudillo
tradicional.
¿Cómo
mira a Agustín Jarquín y Antonio Lacayo en el Frente Sandinista?
Son personas demasiado débiles dentro del sandinismo para pensar
que puedan ser atractivas dentro de la base.
La militancia va seguir prefiriendo a Daniel Ortega hasta que él
no tenga la valentía de asumir su propio retiro.
En la medida que él siga allí y que le digan: te
necesitamos, no se irá.
Cuando Ortega diga no más, el problema se terminó.
¿Cuándo fue la última vez que vio a Daniel Ortega?
Hace tres años en el funeral del papá de Joaquín
Cuadra (el ex ministro de Defensa).
¿Qué libro le recomienda leer a los líderes
de izquierda centroamericana que quieran retomar el camino de los dogmas
y las utopías?
Adiós muchachos.
¿Ha cambiado la política estadounidense en la región?
Claro que sí . Creo que los dos ejes de Estados Unidos ahora
son terrorismo y narcotráfico.
¿Qué destino tiene Centroamérica?
El de la unidad política.
Existe una fuerte migración de nicaragüenses hacia Costa
Rica y Estados Unidos ¿Qué va a quedar de Nicaragua?
Bueno, hay un millón de salvadoreños en los Estados Unidos.
Y Centroamérica exporta más emigrantes que otra cosa.
Cuando un país ya no puede darle esperanza a su gente de vivir
dentro de su propio territorio, algo anda muy mal y es la gran bendición
que los nicaragüenses todavía tenemos pendiente.
¿Cómo quiere que le recuerde la historia?
Como rector de la historia de los escritores. No sé en cuantas
líneas, pero sí como un escritor.
Nuevo
libro: Sombras nada más
El libro de cuentos Catalina, Catalina es un homenaje
a la crónica policiaca como un arte narrativo de los sucesos
periodísticos.
Su equipo de trabajo está prácticamente compuesto
por miembros de su familia. Ocho horas diarias de su vida están
dedicadas a su trabajo literario. El mejor lugar de inspiración
se encuentra en el pueblo natal de Masatepe.
¿Cómo ve la literatura salvadoreña a nivel
centroamericano?
La veo con un afán de experimentación de narrar en
base a lo que ocurre y en base a los sucesos de la realidad, que
tiene mucho vigor.
¿Le suena algún nombre?
Sí, yo estuve de jurado en el premio Rómulo Gallegos
y defendí mucho hasta el final un libro que me encantó
que es La diabla en el espejo (de Horacio Castellanos
Moya). Me parece que es una novela estupenda de lo nuevo que se
está haciendo en Centroamérica.
¿Como se puede medir el nuevo Sergio Ramírez después
de participar activamente en la política ?
Como alguien que dejó la política como un oficio que
no le pertenecía mucho. No le pertenecí tanto a la
política como se puede pensar. Me siento más bien
como alguien que estuvo prestado al oficio de la política.
Yo venía de la escritura. Yo entré a la política
por una circunstancia extraordinaria que fue una revolución...
¿Podíamos esperar en la próxima publicación
una novela?
Sí, estoy trabajando en una que está prácticamente
terminada que se llama Sombras nada más, en homenaje
a la canción.
Se desarrolla en una fecha próxima al triunfo de la revolución
sandinista contra la dictadura de Somoza, en 1979, donde en un pequeño
pueblo de Nicaragua (en Tola) se captura, interroga y se juzga a
un personaje.
La novela se remonta al tiempo de la vida de los personajes, tanto
del detenido como a sus juzgadores revolucionarios. |
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