![]() 17 de marzo de 2002 |
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LA VIDA SEGÚN
Juventud “Juventud divino tesoro...” es parte de un reconocido poema de Rubén Darío. Lastimosamente no se ve enfocado cuando veo en el centro capitalino a un grupo de muchachos de uniformes blancos, con sus manos entrelazadas y piernas abiertas contra la pared. La policía revisa sus bolsones. No para asegurarse si les dejaron tareas, sino para rebuscar alguna prenda que los involucre con los pleitos callejeros. Se argumenta un trabajo preventivo. Dos sistemas se han utilizado en todos los tiempos para educar a la juventud: el preventivo y el represivo. En el presente siglo, tanto en el ámbito social como político ha prevalecido la represión sobre la prevención y la llegada de la democracia a nuestro país no ha significado un completo fin de ese esquema. El principio de la prevención no debe interpretarse negativamente en el sentido de defensa o protección contra lo que puedan hacer los jóvenes o los miembros de la sociedad. Actualmente los menores infractores que se encuentran en el resguardo de Tonacatepeque son parte de un proyecto relacionado a la disciplina militar, fortaleciendo su carácter con ejercicios físicos impartidos por miembros de la Brigada de Seguridad Militar. No es que el proyecto sea malo, pero de implementarse tiene que tomarse en cuenta que el sistema preventivo se caracteriza por ser una propuesta positiva y activa. Se entiende más como posibilidad de acción antes que como restricción o coerción. Es un acto de confianza en lo bueno de los jóvenes; pero, también, un acto deliberado para que descubran el bien común. No implica la ausencia de normas y principios, sino su aceptación y aplicación a partir de la verdad, el amor y la autentica libertad. Las instituciones están más que obligadas a crear un ambiente favorable para el crecimiento de las personas. No es posible que los estudiantes se midan el futuro de la nación a la distancia de las piedras. Tampoco es posible que la autoridad tome como parámetro de violencia, a un grupo de uniformados juveniles. De lograr entrelazar el sistema preventivo con la vida de nuestros jóvenes, se podrá capturar la esperanza de alcanzar una mejor preparación. No como algunos piensan y argumentan equivocadamente, que de nada sirve matarse varios años, si al final no logran colarse en las actividades productivas. Al parecer hay que recordarles de nuevo el poema: “Juventud divino tesoro te vas para no volver...”.
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