17 de marzo de 2002

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CARTAS

Cándido Morales

Las letras y las cuerdas se vistieron de luto al perder un faro de luz. Murió alguien que dedicó toda su vida a mantener un ideal, el de formar nuevos valores, de llevar la justicia y la paz a todo rincón, que enseñó por muchos años en innumerables instituciones educativas: Don Cándido Morales. Fue el hombre que llevó con orgullo la escuela de su inolvidable maestro Agustín Barrios Mangoré, a muchas generaciones. Recuerdo muy bien el día que me pidió que hiciéramos un trato: que yo escribiera un libro sobre la obra de Mangoré y la influencia en la vida de don Cándido. A cambio, me daría clases de guitarra gratis. Así se formó una relación de maestro-discípulo, que luego se convirtió en la de un padre y un hijo. Esto sirvió para alimentar aún más la relaciones entre ambos. Viví por mucho tiempo las alegrías y penalidades de su hogar. Yo le llevaba las cuentas del banco, en las que cada mes recibía su pensión, que era menos a un salario mínimo. Don Cándido, el maestro, siempre sereno decía “hay que tener fe en Jesucristo y todo saldrá bien”. Ese fue el maestro que conocí, el que me tomó y me llevó hasta formarme, dándome su sabiduría. Me decía con voz grave y acentuada: “Ramsés, busque siempre conquistar los estados superiores del espíritu y póngale amor a cada nota que suene en la guitarra”. Me duele su partida y me siento indignado al saber que luego de su deceso, hubo muchos que lo halagaron y dijeron bellas palabras que no sirven de nada. Leí en el periódico que dos días antes de morir, el maestro aún daba clases de guitarra en la academia. Pienso que era porque la pensión que recibía no le alcanzaba. ¿Por qué recuerdo esto? Porque pienso que en vida es cuando uno necesita, no después de morir. Hoy que me encuentro en Canadá, a miles de kilómetros de mi querido hogar, digo de nuevo: Maestro infinitas gracias por formarme en espíritu y en las cuerdas de la guitarra, por considerarme su hijo espiritual. Quiero que sepa que todo el esfuerzo y toda la enseñanza que me brindó, no fueron sembradas en tierra estéril.

Ramsés Calderón
ra_cuahuitl@hotmail.com



Triste adiós

Dijimos hasta pronto a nuestra querida Andrea Rocío, otra víctima entre nuestros niños de la violencia sin sentido que nos rodea a los salvadoreños. Su vida fue cegada por una bala disparada durante una reyerta entre maras. Dado que estos antisociales (no les puedo dar el calificativo de personas) muestran tanto desprecio por la vida, propia y ajena, no veo como pueden ser merecedores de ella. Así, en la próxima revuelta que provoquen en los penales, las autoridades mejor deberían dejar que todo siga su curso natural y que se acaben entre ellos, allí en un recinto cerrado donde no puedan causar daños a terceros; que se exterminen como los animales que son. Suena duro pero lo es más ver a un padre de luto enfrente de sus amigos. Pero acá hay más de un responsable, si los encargados de velar por el cumplimiento de las leyes y de procesar a estos delincuentes hicieran de corazón su trabajo, no dudo que lamentaríamos menos desgracias; pero, claro, aquí se consigue un arma más fácil que lo que se busca trabajo.

Dr. Mario Martínez
maralva@navegante.com.sv


Muy bueno

Estoy en el extranjero y desde aquí leí la columna “¿Y los cojones?”, que habla sobre el transporte colectivo. Está buenísimo. Es una lástima lo que ha ocurrido, sobre todo porque los que levantan la mano en la Asamblea Legislativa nunca han viajado en bus y por lo tanto no es posible para los niños lindos y los demás funcionarios darse cuenta de la cruda realidad. Mientras estaba en El Salvador utilicé este medio de transporte casi todos los días y cuando uno se baja hay que dar gracias a Dios de haber llegado bien y completo. Varias veces fui golpeada por la forma de manejar de los irresponsables. Aquí todo es completamente diferente y es que no pretendo que en mi país las cosas sean iguales, pues no tenemos los suficientes recursos para lograrlo, pero algo se podría hacer si se tomaran las medidas necesarias y no realizar este tipo de juegos políticos que solo sirven de pantalla para continuar ganando gente de su lado y dando paso a la tan afamada corrupción.

Ligia Aguirre
ligiaguirre@yahoo.com


Pólvora en zopes

No entiendo como es posible que nuestros “padres de la patria” hayan aprobado el acuerdo 1845 para echarse “solamente” dos milloncitos de colones en querer “levantar y fortalecer la imagen de la Asamblea Legislativa”. Eso como hacer educados a los “buseros y microbuseros”. Es por demás. Para mejorar esa imagen tendrían que salirse todos los actuales diputados y que entrasen nuevos políticos. Ya ganarían más imagen, donando esos “milloncitos” a obras de caridad, educación, salud o a los ancianitos de algún asilo; pero, en fin, solo aquí suceden estas cosas y como “deciya” Aniceto: los diputados “creen que uno de cipote es tonto”.

Rafael Vélez
luadrimar@yahoo.com.mx


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