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CARTAS
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Cándido
Morales
Las letras y las cuerdas se vistieron de luto al perder un faro
de luz. Murió alguien que dedicó toda su vida a mantener un ideal,
el de formar nuevos valores, de llevar la justicia y la paz a
todo rincón, que enseñó por muchos años en innumerables instituciones
educativas: Don Cándido Morales. Fue el hombre que llevó con orgullo
la escuela de su inolvidable maestro Agustín Barrios Mangoré,
a muchas generaciones. Recuerdo muy bien el día que me pidió que
hiciéramos un trato: que yo escribiera un libro sobre la obra
de Mangoré y la influencia en la vida de don Cándido. A cambio,
me daría clases de guitarra gratis. Así se formó una relación
de maestro-discípulo, que luego se convirtió en la de un padre
y un hijo. Esto sirvió para alimentar aún más la relaciones entre
ambos. Viví por mucho tiempo las alegrías y penalidades de su
hogar. Yo le llevaba las cuentas del banco, en las que cada mes
recibía su pensión, que era menos a un salario mínimo. Don Cándido,
el maestro, siempre sereno decía “hay que tener fe en Jesucristo
y todo saldrá bien”. Ese fue el maestro que conocí, el que me
tomó y me llevó hasta formarme, dándome su sabiduría. Me decía
con voz grave y acentuada: “Ramsés, busque siempre conquistar
los estados superiores del espíritu y póngale amor a cada nota
que suene en la guitarra”. Me duele su partida y me siento indignado
al saber que luego de su deceso, hubo muchos que lo halagaron
y dijeron bellas palabras que no sirven de nada. Leí en el periódico
que dos días antes de morir, el maestro aún daba clases de guitarra
en la academia. Pienso que era porque la pensión que recibía no
le alcanzaba. ¿Por qué recuerdo esto? Porque pienso que en vida
es cuando uno necesita, no después de morir. Hoy que me encuentro
en Canadá, a miles de kilómetros de mi querido hogar, digo de
nuevo: Maestro infinitas gracias por formarme en espíritu y en
las cuerdas de la guitarra, por considerarme su hijo espiritual.
Quiero que sepa que todo el esfuerzo y toda la enseñanza que me
brindó, no fueron sembradas en tierra estéril.
Ramsés Calderón
ra_cuahuitl@hotmail.com
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Triste
adiós
Dijimos hasta pronto a nuestra querida Andrea Rocío, otra víctima
entre nuestros niños de la violencia sin sentido que nos rodea
a los salvadoreños. Su vida fue cegada por una bala disparada
durante una reyerta entre maras. Dado que estos antisociales (no
les puedo dar el calificativo de personas) muestran tanto desprecio
por la vida, propia y ajena, no veo como pueden ser merecedores
de ella. Así, en la próxima revuelta que provoquen en los penales,
las autoridades mejor deberían dejar que todo siga su curso natural
y que se acaben entre ellos, allí en un recinto cerrado donde
no puedan causar daños a terceros; que se exterminen como los
animales que son. Suena duro pero lo es más ver a un padre de
luto enfrente de sus amigos. Pero acá hay más de un responsable,
si los encargados de velar por el cumplimiento de las leyes y
de procesar a estos delincuentes hicieran de corazón su trabajo,
no dudo que lamentaríamos menos desgracias; pero, claro, aquí
se consigue un arma más fácil que lo que se busca trabajo.
Dr. Mario Martínez
maralva@navegante.com.sv
Muy
bueno
Estoy en el extranjero y desde aquí leí la columna “¿Y los cojones?”,
que habla sobre el transporte colectivo. Está buenísimo. Es una
lástima lo que ha ocurrido, sobre todo porque los que levantan
la mano en la Asamblea Legislativa nunca han viajado en bus y
por lo tanto no es posible para los niños lindos y los demás funcionarios
darse cuenta de la cruda realidad. Mientras estaba en El Salvador
utilicé este medio de transporte casi todos los días y cuando
uno se baja hay que dar gracias a Dios de haber llegado bien y
completo. Varias veces fui golpeada por la forma de manejar de
los irresponsables. Aquí todo es completamente diferente y es
que no pretendo que en mi país las cosas sean iguales, pues no
tenemos los suficientes recursos para lograrlo, pero algo se podría
hacer si se tomaran las medidas necesarias y no realizar este
tipo de juegos políticos que solo sirven de pantalla para continuar
ganando gente de su lado y dando paso a la tan afamada corrupción.
Ligia Aguirre
ligiaguirre@yahoo.com
Pólvora
en zopes
No entiendo como es posible que nuestros “padres de la patria”
hayan aprobado el acuerdo 1845 para echarse “solamente” dos milloncitos
de colones en querer “levantar y fortalecer la imagen de la Asamblea
Legislativa”. Eso como hacer educados a los “buseros y microbuseros”.
Es por demás. Para mejorar esa imagen tendrían que salirse todos
los actuales diputados y que entrasen nuevos políticos. Ya ganarían
más imagen, donando esos “milloncitos” a obras de caridad, educación,
salud o a los ancianitos de algún asilo; pero, en fin, solo aquí
suceden estas cosas y como “deciya” Aniceto: los diputados “creen
que uno de cipote es tonto”.
Rafael Vélez
luadrimar@yahoo.com.mx
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