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TEMA DE PORTADA
PRISIONESROS
DEL MIEDO
Las
cifras negras de Berlín (3)
Ernesto Villalobos
/ Alejandro Orellana
 vertice@elsalvador.com
LAS BANDAS
La
PNC de Usulután ha detectado cinco bandas que operan en
ese departamento, una de ellas es la de Berlín.
Avelanda afirma que el departamento usuluteco es el tercero en
la incidencia delincuencial en el oriente del país. En
enero, según la cifras de la institución, se cometieron
unos 219 delitos; en febrero, unos 175.
Pero en las listas de la PNC, Berlín figura como uno de
los municipios más tranquilos. Esto podría ser,
según Avelanda, debido a lo que él llama las cifras
negras, los delitos que no se registran.
Como una medida inicial, el dirigente policial está considerando
reubicar a los policías de Berlín y espera que la
población colabore más con la institución.
Mientras, algunos pobladores optan por tomar sus propias medidas
de seguridad.
Siempre salgo por lo menos con tres guardaespaldas,
dice un comerciante de la localidad.
Pero en los caminos rurales los depredadores de la extorsión
han encontrado nuevas presas que son más fáciles.
Ellos han centrado su objetivo en una población con ingresos
menores: los profesores rurales. Más de cuarenta profesores
han sufrido de la extorsión constante desde hace dos años.
El 23 de junio de 2000, Juan, un joven profesor se dirigía
a su escuela ubicada en las afueras de Berlín. Caminaba
con la confianza que le habían dado más de diez
años de trabajar en el lugar sin que le pasara nada. Esa
fecha, un día después del día del maestro,
transitaba por la misma calle polvosa de siempre, junto a cuatro
compañeros maestros. De los cafetales saltaron dos hombres
vestidos de oscuro armados con pistolas.
Métanse al cafetal, les dijeron. A los cinco
atemorizados docentes no les quedó más que obedecer.
Apartados del camino, su captores les dijeron que les debían
entregar 15 mil colones y que, como garantía para el pago,
retendrían a Juan. Mientras, los demás conseguían
el dinero. Juan debía entregar su parte antes para dejarlo
en libertad.
Los captores aplicaron la misma rutina que a otros, lo vendaron
y lo hicieron caminar durante todo el día y la noche. Al
siguiente día, el padre de Juan había conseguido
el dinero y la entrega sería en el lugar de la captura.
Los captores lo dejaron en libertad. Ocho días más
tarde, los profesores cumplieron lo pactado. Para ellos la pesadílla
había terminado; pero la extorsiones solo comenzaban.
El mes pasado, otro docente fue atacado de la misma forma; pero
este ha optado por no pagarles más. Esto tiene que
parar un día, dice mientras le tiembla la voz y las
manos.
Bonilla de FUNDAVIDA cre que la situación empeorará.
Los delincuentes ya no van a negociar con las personas,
sino que con cadáveres.
El comisionado Avelanda apuesta al apoyo de la población.
Pero la idea de remover a los policías de la delegación
de Berlín no es nueva. A pesar de las esperanzas de Avelanda,
los hechos apuntan en dirección contraria. En lugar
de denunciar, compran armas, electrifican sus muros y así
no ayudan; solo están construyendo sus propias cárceles,
las cárceles del miedo.
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AMENAZA
Más
que el dinero
Dos años atrás dos profesoras fueron
violadas por la banda de extorsionistas. No pusieron
la denuncia, al terminar el año renunciaron
y se fueron del lugar. Su ex compañeras aseguran
que una de ellas resultó embarazada.
Los rumores sobre aquel crimen apuntan a que una
de las profesoras vio el rostro de uno de sus agresores
y descubrió que se trataba de un miembro
de la misma directiva escolar de su comunidad. Ante
el miedo de represalias optó por retirarse
del lugar.
Aquel fue el único caso que han conocido
de violación; aunque la preocupación
de las profesoras crece con el tiempo. Nunca
nos han amenazado, pero no sabemos qué esperar,
asegura una de ellas. Quién ha decidido continuar
trabajando aún bajo esas circunstancias.
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