10 de marzo de 2002

Portada
Reportaje
Entrevista
Novedad Literaria
Tema de portada
Cultura
Internacional
Opinión
Columna
Cartas
Colofón


TEMA DE PORTADA

PRISIONESROS DEL MIEDO
Las cifras negras de Berlín

El fantasma de la extorsión mantiene atemorizada a la población de Berlín, en Usulután. Se esconde en las calles, en los cafetales, en los caminos, en la casa del vecino y, hasta, en la estación de policía. Nadie se escapa de él y ahora su blanco son los maestros rurales.

Ernesto Villalobos / Alejandro Orellana
 vertice@elsalvador.com

La desconfianza se respira en las calles de Berlín, dentro de una semana serán las fiestas patronales. Pero entre muchos habitantes, no reina la alegría, sino la incertidumbre.
En un pequeño sondeo de las personas que se cree fueron extorsionadas, ninguna de ellas acepta haber sido víctima. Evitan hablar del tema, más aún con periodistas. Pero, después de varios intentos, uno de ellos decide hablar. Lleva su dedo índice a la boca en señal de silencio, nos invita a pasar a su casa, cierra la puerta, ventanas y nos cuenta su historia, en voz baja.

Hace dos años, en el mes de junio, el productor de café, bajo una fuerte tormenta, regresaba de su finca que ronda unas cuarenta manzanas. En un camino rodeado por una espesa vegetación, lo interceptaron dos sujetos. Uno de ellos, alto y corpulento, vestía de negro y cubría su rostro con un gorro navarone del mismo color. El otro, más bajo y delgado, vestía jeans y una camisa roja a rayas; se cubría el rostro con un montón de pañuelos mal amarrados.

Dos fusiles, un AK-47 y un M-16, acompañaban las amenazas de los delincuentes, quienes nunca levantaron la voz. Entre susurros, atenuados por la lluvia, los captores le pidieron al productor 10 mil colones. De no entregar el dinero lo pagaría con su vida. Aunque sus caras estaban tapadas y hablaban en voz baja, los pañuelos mal amarrados dejaron ver la cara de el más pequeño. La sorpresa del afligido cafetalero aumentó cuando reconoció a su captor; era un vecino al que conocía de toda la vida.

Por un momento creyó que su suerte estaba sellada; no lo podían dejar ir después de identificarlos. Pero, afortunadamente, los delincuentes no se percataron de su error y siguieron con su plan. Después de varias horas de caminar bajo la lluvia, liberaron a la víctima con la promesa de entregar el dinero, dentro de ocho días, en el lugar donde lo habían capturado.

El cafetalero, en un voto de confianza a la policía, denunció el hecho a las autoridades. “Más tardé en decirle a la policía, que los secuestradores en saberlo”, recuerda. Uno de sus captores, esta vez con la cara descubierta, se le acercó el mismo día de la denuncia para amenazarlo: “vos decís que nosotros te jodimos, tené huevos y matémonos ahora mismo”, le reclamó.
Ante las amenazas, el cafetalero dio un paso atrás en su denuncia con la firme convicción de que la policía había filtrado la información a los sospechosos. Ese día, no solo perdió la confianza en el cuerpo de seguridad; también su tranquilidad.

“No les di el dinero, pero desde entonces no salgo más allá de dos manzanas de mi casa y siempre ando armado”, afirma. La extorsión no es algo nuevo en la vida de los berlineses. En el tiempo de la guerra la conocieron de cerca los más adinerados como impuesto de guerra. La mayoría de las familias más pudientes de ese lugar, según algunos comerciantes entrevistados por Vértice, pagaron por trabajar sus cafetales en paz, durante la década de los ochenta.

Notas relacionadas
 


Las cifras negras de Berlín

El resurgimiento

Las Bandas

Después de los Acuerdos de Paz, guerrilleros y soldados desmovilizados formaron bandas en la zona y siguieron extorsionando. En el lugar, operó la banda los Dragones Negros, conocida así por sus uniformes negros y por sus armas: solo operaban con fusiles AK-47. Se cree desarticulada desde hace dos años.


Portada I Reportaje I Entrevista I Tema de Portada I Cultura I Internacional
Opinión I Columna I Cartas I Colofón

Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.