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REPORTAJE
El
Zamorano
Cultivar
sueños y esperanza
Por
más de una década los salvadoreños no pudieron
ingresar a la Universidad Panamericana El Zamorano
debido al quiebre de relaciones entre los gobiernos de El Salvador
y Honduras. Pero ahora la realidad es diferente ya que un grupo
de jóvenes se prepara en sus aulas.
Ana Lidia Rivera
 vertice@elsalvador.com
En
un local inmenso de bloques de piedra y techo de teja, más
de 800 estudiantes provocan un bullicio de colmena humana. Son
las 6:30 de la tarde en la Universidad Panamericana El Zamorano,
ubicada a 35 kilómetros al noreste de Tegucigalpa, Honduras.
Es la hora de cena y 881 estudiantes, procedentes de 20 países,
no pueden esperar más.
El hambre aprieta después de una agitada tarde de trabajo
en las aulas, el campo o los laboratorios de esta ciudad universitaria.
Me graduaré de ingeniero agrónomo en mayo,
dice Víctor López, de 20 años, y tez morena.
López es uno de los 102 estudiantes salvadoreños
en El Zamorano, su comunidad es la tercera en número de
matrículas. Este joven originario de San Salvador, ingresó
a la universidad en 1998 como parte del grupo de 74 becados por
el Instituto Salvadoreño de Formación Profesional
(INSAFORP) y la Fundación para el Desarrollo Agropecuario
Salvadoreño (FUNDEAGROS), la cual conforman ex graduados
de la escuela. El Zamorano, más que un centro de formación
básica, es una institución de conocimiento especializado
donde ingresan 250 estudiantes cada año.
UNA
VISITA
El conflicto entre El Salvador y Honduras, en 1969, interrumpió
por 14 años el ingreso de los salvadoreños al Zamorano.
Pero pudo más el interés por el conocimiento que
los antagonismos.
En 1998, una iniciativa oficial permitió la creación
del programa de becas.
Por esos días, el presidente Armando Calderón
Sol, visitó la Universidad y quedó muy impresionado
con el nivel desarrollado en el campo de la agronomía y
de inmediato propuso la creación de un plan de becas,
explica Luis Alonso Mejía Juárez, miembro de FUNDEAGROS.
A partir de entonces, cada año, 30 jóvenes bachilleres,
de centros educativos privados y públicos, son seleccionados
a través de una serie de pruebas.
Cada año de estudio en El Zamorano tiene un costo de $18
mil que son inalcanzables para muchas de las familias de los estudiantes
que cursan la carrera de agronomía en sus cuatro ramas.
El sistema de becas lo cubre INSAFORP, la universidad y un aporte
directo del estudiante.
Aportamos US $ 5, 500 por alumno. Los fondos se obtienen
a través de varios donantes del sector privado, expresa
el sub director de INSAFORP, Víctor Dimas.
La universidad contribuye con $7,500 y el resto ($5 mil) corre
por cuenta del becario.
EL PLAN 4 X 4
Hace tres años la universidad del Zamorano inició
un cambio de currículo en su sistema de estudios que llamó
Plan 4x4: 44 meses de estudio intenso.
Este cambio permite al centro de estudios ofrecer la carrera de
ingeniería agrícola en cuatro especialidades: agricultura,
ciencia y producción agropecuaria, desarrollo socioeconómico
y ambiente, y gestión de agronegocios.
El nuevo currículo implicó la contratación
de nuevo personal, una inversión adicional y un cambio
de cultura. Lo que nos propusimos con estos cambios fue
que, al regresar los muchachos a sus países, sean gestores
de ideas, proyectos y soluciones comenta el decano Antonio
Flores, quien es de origen peruano. El método de enseñanza,
que cruza toda la carrera, cualquiera sea su especialidad, es
el sistema de aprender haciendo.
Los jóvenes intervienen de manera práctica en las
denominadas Zamoempresas.
Este sistema de aprender haciendo se basa en operaciones
comerciales verticalmente integradas; dirigidas por gerentes profesionales
y apoyadas por los profesores y expertos de las carreras.
En las Zamoempresas los estudiantes trabajan y aplican sus conocimientos
en Tecnología de Alimentos, Producción y Procesamiento
Hortícola, realizan actividades sostenibles de producción
forestal, conocen de técnicas de propagación y manejo
de plantas.
En este ambiente aprendemos las mejores lecciones de la
vida real del negocio, la investigación y la administración,
adquirimos destrezas y habilidades básicas y especialidad
en el campo gerencial y administrativo, señala el
estudiante salvadoreño Henry Villalta, del tercer año
de Gestión de Agronomía. Las Zamoempresas son unidades
productivas reales en las que cada uno de los estudiantes participa.
LOS
RETOS
¿Qué país del llamado primer mundo no cuenta
con una agricultura fuerte? Ninguno, afirma Luis Alonso Mejía
Juárez durante el ejercicio intelectual de encontrar respuesta
a la deplorable situación de la agricultura nacional. En
las últimas décadas, la agricultura salvadoreña
se ha visto relegada por diversas razones, bien por las migraciones
campesinas derivadas del conflicto civil, bien por los enfoques
macroeconómicos que la marginan.
De ser la actividad en la que se basaba la economía del
país, pasó a ser el último rubro en el que
invertiría algún empresario, reconoce Mejía
Juárez.
EL ÚLTIMO RUBRO
Como primer efecto de esta situación, nuestro país
ha creado dependencia respecto de aquellos que abastecen su mercado.
Las hortalizas, las frutas y los granos básicos que consumimos
son importados de los países del área. Esta realidad
es la que plantea retos al grueso de graduados salvadoreños
del Zamorano, que están ansiosos por poner en práctica
lo aprendido.
Queremos que en nuestro país caigan en la cuenta
de que la agricultura es vital para la sobrevivencia de la sociedad,
y estamos preparándonos para rescatar la productividad
agrícola con tecnología de punta, dice con
evidente entusiasmo, el futuro ingeniero agrícola, Víctor
López, mientras intenta cenar en medio del bullicio de
sus compañeros. La primera promoción de becarios
se incorporará al país el próximo año.
Lea además "De
como surgió Zamorano" >
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