10 de marzo de 2002

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NOVEDAD LITERARIA

Ardiente memoria

La conmemoración de los diez años de la firma de los Acuerdos de Paz, es el marco en que Salvador Samayoa presenta este libro de ensayo histórico, en el cual retoma entretelones de una negociación paradigmática en la historia del país. Una obra para inquietar la memoria y elaborar el mapa de ruta futuro.

Manuel Bermúdez


Ensayo histórico
Como testigo excepcional, Samayoa narra entretelones de los Acuerdos de Paz, en un ensayo histórico, imprescindible para comprender la actualidad salvadoreña.

Autor: Salvador Samayoa
Género: Ensayo
Editorial: UCA editores

En este libro pesa más la vocación de docente que la de columnista, ambas confesadas por el autor. La introducción y agradecimientos dan un esbozo de lo que fue la gestación y edición de este libro, cuyo origen se remonta a 1993, apenas un año después de que se firmaron los Acuerdos de Paz.

La obra, más allá de su pertinencia, es necesaria. Un momento crucial en la convulsa historia del país requería de un registro que contribuya a esclarecer y comprender mejor lo ocurrido y su trascendencia.

Amanuense de un proceso histórico impactante, Salvador Samayoa ofrece una lectura profunda con la cercanía que solamente podía provenir de un testigo excepcional.
El recuento panorámico del primer capítulo permite una percepción que, al parecer del autor, llevaron a la confrontación armada.

La busca de una solución a esa guerra civil aparece casi desde los inicios de la misma, en 1983. Propuestas para una salida negociada surgen de distintos sectores políticos. Pero serían necesarios diez años de lucha para que se concretara una salida negociada y se acabara la guerra fratricida.

ACTORES

Salvador Samayoa habla con su propia voz en este ensayo histórico, pero logra una suerte de invisibilidad, gracias a la cual deja al lector frente a los hechos. Profusamente documentado y con referencias puntuales en cada párrafo, disecciona el complejo entramado que requirió múltiples esfuerzos para concretarse en la firma de los Acuerdos de Paz.
Un factor particularmente importante en el proceso fue la participación de actores externos.

La compleja situación mundial puso a este pequeño país en el medio de una confrontación de intereses mundiales. Pero el proceso mismo logró que las actitudes y participaciones de organismos como Naciones Unidas, y otros de relaciones interamericanas, fijaran su interés y esfuerzos en tratar de detener la lucha fratricida y las condiciones que gestaron su origen.
Por eso, como dice el autor en las páginas finales, el proceso salvadoreño también abrió posibilidades para la busca negociada de conflictos en otras partes del mundo. Y ese fue un logro colateral, pero de gran trascendencia.

Desde su perspectiva como miembro y redactor de buena parte de los Acuerdos de Paz, así como negociador mismo, sostiene que los acuerdos eran un mapa de ruta, la democracia había que construirla a partir de las posibilidades que los acuerdos favorecieron. Hoy, El Salvador vive un ejercicio democrático muy joven y por ello priman en ímpetu y el entusiasmo.

MEMORIA

El gran mérito de este libro es su pertinencia, puesto que a diez años de uno de los procesos más complejos y definitivos de la historia del país, es necesario que los ciudadanos tengan acceso de primera mano a lo que fue y significa la negociación de la paz. El lector podrá conformar su propio criterio para establecer si esos acuerdos firmados se han cumplido o no.

Pese al empeño del autor en evitar un protagonismo personalista, hay momentos en el texto que son apasionantes y que reflejan el esfuerzo por conseguir salidas negociadas y detener la confrontación armada. Momentos de suma tensión donde parecía que la esperanza se escapaba de las manos, en medio de intransigencias, intrigas, desconfianzas y sospechas.

“El Salvador: la reforma pactada” es un documento histórico, honesto, directo. El trabajo exhaustivo y sincero de Salvador Samayoa deja un legado imprescindible para los salvadoreños y para todos aquellos que se interesan en un proceso ejemplar, mediante el cual un pueblo, enfrascado en una lucha entre hermanos, decidió por construir un futuro más promisorio en un Estado de Derecho, dejando las armas de lado.


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