10 de marzo de 2002

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INTERNACIONAL

Seis meses después

La conmemoración del sexto mes de los atentados terroristas en New York es este 11 de marzo. La historia de Estados Unidos cambió cuando el terror sacudió las Torres Gemelas.

Claudia Zavala
 czavala@elsalvador.com

Las máquinas cesaron, por un momento, el inconfundible sonido de su motor. Rudolph Giulliani se acercó con su impecable traje gris, que sobresalía apenas del mullido sobretodo negro que lo envolvía. El vaho que se desprendía de su sonrisa, al saludar a los visitantes que observaba a su paso, casi le cubría la cara.

La temperatura, aquel día de diciembre, era tan gélida como el dolor de la muerte. Subió a la tarima, escoltado por un discreto séquito. Su discurso nacionalista estuvo cargado de fuertes motivaciones y promesas para los norteamericanos, pero contrastaba ferozmente con el ambiente penoso de la destrucción alrededor de la zona cero.

Los aplausos llegaban en cada cambio de entonación; por momentos, sus palabras eran casi imperceptibles. Muchos agitaban sus manos, nerviosos, asustados, como en un shock del que todavía es difícil desprenderse. Cuando bajó de la tarima y cortó la el listón simbólico dio por inaugurado aquel mirador. El de la desgracia.

Muchos se aglutinaron, ansiosos, para ver de cerca el hueco más impactante del bajo Manhattan.
Desde ahí, los rostros de los que manejaban las máquinas parecían familiares, cercanos. Algunos, con gesto de reina de belleza, saludaban a los que los observaban, que habían pagado 25 centavos de dólar para estar allí.

La cola se fue haciendo larga con el transcurso del día. Las flores y las notas de cariño para los que ya no están volvían la escena desgarradora. Ahí, cerca, en la misma cuadra, los vendedores de semillas, donas y chocolates calientes superaban, por lo menos ese día, la desgracia de sus bolsillos al vender toda la mercadería que tenían disponible.

Al alejarse del foco del “turismo negro”, hoy inevitable en la zona, un fuerte olor a químico se percibe con facilidad en el ambiente. Un joven con facciones latinas se acerca para ofrecer una mascarilla blanca, delgadísima, “para que no sienta ese olor a veneno rancio”.
Así huele la muerte en el primer mundo y decido abandonar la célebre “zona cero”.

Antes   Hoy

 

Una nube de polvo invadió Park Rowe el 11 de septiembre. Ahora, regresó a la normalidad.

 

Un tendero remueve los escombros en Calle Nassau. La tienda de vitaminas continúa.

 

Joel Kopel, manager de una joyería, entre Maiden Lane y Broadway, recuperó el ritmo.

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