10 de marzo de 2002

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Diez años después

A lgunos comentaristas e historiadores afirman que el origen de la guerra de los anos 80 tuvo causas económico-religiosas; otros, que fue un fenómeno político; otros que está relacionada con la mala distribución de las riquezas, el negocio de armas o intereses de países del primer mundo.

No es mi objetivo discutir sobre los orígenes de la guerra, sino reflexionar sobre “las consecuencias” que han alcanzado este y otros acontecimientos ocurridos en El Salvador.
Quiero pedirles perdón y dar gracias a los “muertos de mi felicidad” tal como lo dice, en otro contexto el cantautor Silvio Rodríguez.
Incómodamente expresó mi agradecimiento y perdón -como hermano lejano- a tanto salvadoreño fallecido.

Recuerdo a los jóvenes universitarios sobre la 25 Avenida Norte con pancartas y altavoces, los secuestros de empresarios, ofensivas, operativos, emboscadas, caseríos que desaparecían del mapa, paros al transporte (que si no los respetabas, terminabas muerto), en fin.
Y comenzó la “guerra de baja intensidad”, veo a mis familiares y amigos muy cercanos formando parte de los ejércitos. Familiares y amigos desaparecen. Doce años crueles de muerte y más muerte, desmembrando familias y piernas de niños.

No sabías con certeza si regresarías a tu casa por la tarde. Luego viene la ansiada paz... de eso ya diez años. Comienza un período complejo para el país, la postguerra, que es más dura y peor que la misma guerra.

Surge la incontrolable delincuencia organizada y común, que nos da más muertos. Las maras, las nuevas drogas entran al país, viene una tormenta tropical que se torna en ciclón. En medio de nuevo El Salvador, lleno de cosas nuevas: nueva policía, nuevos diputados, nuevo presidente, nuevos delincuentes ¿Qué nos dejan? Nuevos muertos. Para rematar nos vienen los dos terremotos del 2001.

Como todos, he perdido familiares cercanos, sé lo doloroso que es, lo difícil que es hallar consuelo. Deseo que estas líneas sirvan como un homenaje a esos salvadoreños que han muerto en medio de tanta tragedia.

Francisco Mena Guerra
FranciscoRMena@aol.com



El papel del ejército

Respetamos la opinión del señor Roberto Iraheta, pero no la compartimos por la siguientes razones:

1) Ante las catástrofes naturales (terremotos, huracanes, etc.) que agobian a nuestro país, la institución que ha logrado ayudar a miles o porque no decirlo a millones de salvadoreños es la Fuerza Armada.

El profesionalismo de sus miembros (desde el último soldado hasta el general de mayor jerarquía) se refleja en el apego a la solidaridad, patriotismo y su subordinación al poder civil.

2) En términos económicos el salario de un soldado es menor que un policía o un bombero. El Estado se ahorra recursos que probablemente invierte en salud o educación.

3) Las encuestas de prestigiosas universidades manifiestan que el ejército es una institución querida y respetada por todos los salvadoreños.

Para finalizar, da la impresión que usted no vive en el territorio nacional y todavía esta con secuelas de la “guerra fría”. Mientras que la gran mayoría de salvadoreños estamos fortaleciendo la democracia y, por su puesto, la reconciliación después de la firma de los Acuerdos de Paz.

Pedro Escobar
sagaz48@hotmail.com


El ISSS y su mal servicio

Desde que tengo uso de razón, el servicio público del Seguro Social es el más pésimo que tenemos en el país, pese a ser pagado con el sudor de nuestra frente y el esfuerzo de los empresarios. El ISSS está distante de la realidad cuando en lugar de brindar su servicio como tal, se convierte en una institución que se especializa en dar maltrato a sus cotizantes.

Para ser atendido en las clínicas, hospitales y unidades del Seguro Social, hay que tener amigos que sean doctores, enfermeras o conectes especiales o ser del sindicato; caso contrario, hay que hacer largas colas para sacar la cita, se tardan tres meses en programarla y cuando usted se presenta alegre que por fin llegó el día de su consulta, el médico no llega y simplemente solucionan el problema con poner un rótulo sobre el escritorio de la que recibe los documentos: “El doctor xxx no dará consulta este día”. Y los pacientes, gracias.

Es natural, que ante tal grosería los pacientes se molestan pues nadie da razón del médico ni toman cartas en el asunto para sustituirlo y dar la consulta. Hay que recordar que la mayoría somos empleados, que tenemos que pedir permiso en nuestro trabajo para acudir a la cita.
En mi opinión, deberían descontarles a eso médicos irresponsables. Ante estas anomalías de inasistencia y falta de atención, cuando un médico no va a llegar, que mejor no den citas o en su defecto que programen a otro para que dé la consulta a los pacientes, que han esperado por largo tiempo y que a lo mejor vienen de lugares lejanos a gastar su dinero en transporte para llegar a la hora exacta.

Muchos estarán pensando que al médico le sucedió una emergencia o no me darán la razón, pero este es un problema eterno. Las consecuencias son serias porque una cita con especialistas requiere de pronta atención y no cuando el médico se le antoje atender al paciente. Para morir de cáncer no se necesitan los seis meses que se espera para que lo atiendan en el Seguro, que de seguro no tienen nada y de social tampoco.

Marina de Menjívar


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