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Latinoamérica:
Reprobada en educación
Las escuelas de nuestro continente
promueven la pobreza y la desigualdad, hacen que nuestro progreso económico
y social sea limitado. Al menos, eso asegura un informe divulgado en
Washington, recientemente, sobre la educación en América
Latina.
Francisco Ayala ilva / En Washington
vertice@elsalvador.com
Un informe de la Comisión
Internacional sobre Educación, Equidad, y Competitividad Económica
en América Latina y el Caribe asegura que falta mucho por hacer
en el tema educativo en el hemisferio.
Luego de dos años de estudio, la comisión ofreció
sus resultados. Esta fue creada por el Diálogo Interamericano
junto con la Corporación de Investigaciones para el Desarrollo
(CINDE). Diálogo es uno de los más prestigiosos centros
de análisis sobre América Latina en Estados Unidos y es
uno de los principales foros del área; fue creado en 1982 y su
sede está en Washington DC. El segundo tiene su base en Santiago
de Chile.
La comisión lanzó la primera advertencia en 1998, con
el informe El futuro está en juego, en que describía
las graves deficiencias en la educación impartida a los niños
de América Latina y el Caribe. El informe se concentraba en las
escuelas públicas que atienden a los niños de las familias
pobres, y concluía pronosticando un futuro sombrío para
el continente si a esos niños no se les aseguraba una educación
de calidad.
Ese año, el Programa de Promoción de la Reforma Educativa
en América Latina y el Caribe (PREAL) identificó cuatro
problemas: falta de parámetros de calidad para saber si los alumnos
se están desempeñando bien o mal; escuelas sin autonomía
ni responsabilidad sobre los éxitos o fracasos de sus alumnos;
mala calidad de la enseñanza y presupuesto insuficiente para
la enseñanza básica y secundaria.
Según el PREAL, las recomendaciones de entonces son válidas
ahora y ofrece cuatro propuestas que incluye establecer estándares
en la educación y medir su cumplimiento; otorgar a las escuelas
y comunidades mayor control sobre la educación y responsabilidad
sobre sus resultados; fortalecer la profesión docente con incrementos
de sueldo, reformar los sistemas de capacitación de maestros
y dar mayor responsabilidad a los profesores ante las comunidades que
sirven; y aumentar la inversión por alumno.
El pasado diciembre, la comisión entregó un segundo informe.
Este muestra que la educación se ha convertido en el talón
de Aquiles de Latinoamérica según Enrique Iglesias,
presidente del Banco Interamericano para el Desarrollo, quien estuvo
presente en la entrega.
Futuro sombrío
El
informe asegura que los sistemas educativos latinoamericanos son deficientes
en casi cada área evaluada. Sólo los esfuerzos para atraer
más alumnos mejoraron ligeramente.
Por ejemplo, en pruebas internacionales, los sistemas latinoamericanos
resultaron aplazadísimos.
Nuestros alumnos obtienen decepcionantes resultados en las pruebas nacionales
de rendimiento. En El Salvador, el promedio de la PAES (Prueba de Aprendizaje
y Aptitudes para Egresados de Educación Media) en el 2000 fue
del 45% en matemáticas y 48% en lenguaje, muy abajo de las expectativas.
Pero los resultados no fueron mejores en Argentina, otrora titán
de Latinoamérica: sólo el 50% de los alumnos respondieron
correctamente al 50% de preguntas basadas en niveles mínimos
de conocimientos.
Los estudiantes de Costa Rica y México tienen promedios mejores
pero, aun así, son decepcionantes comparados con naciones de
Asia, los antiguos países socialistas de Europa del Este, y del
Medio Oriente (en las escuelas árabes, cada estudiante debe memorizar
capítulos enteros de sus textos y, al menos, la cuarta parte
del Noble Corán; el equivalente sería ver a un estudiante
latino memorizando todo el Nuevo Testamento).
El informe agrega que sólo Chile aceptó participar en
la versión del Tercer Estudio Internacional sobre Matemática
y Ciencia en 1999. Entre 38 participantes, los estudiantes chilenos
terminaron en el puesto 35. En 1995, en esa misma prueba, Colombia había
terminado en el puesto 40, entre 41.
En las pruebas regionales hay un titán: Cuba. Según el
informe, superó ampliamente a todos los países de la región
en pruebas de matemática y lenguaje de tercer y cuarto grado.
Los alumnos del resto del continente fueron superados hasta por los
alumnos cubanos del 25% del fondo del barril. Solo los mejores alumnos
de Brasil y Argentina alcanzaron promedios de 260; los mejores alumnos
cubanos estaban en 360.
Sube matrícula
Las
matrículas aumentan en toda la región, según el
informe, pero la mayoría de países no alcanzan una matrícula
del 100%. Siete no alcanzan el 90%.
Sólo cuatro tienen una cobertura de enseñanza secundaria
superior al 50%, asegura el informe, aunque los jefes de gobierno del
área se comprometieron a alcanzar la meta del 75% para el 2010
en Santiago en 1998.
La diferencia se ilustra así: en Corea, el 96% de los estudiantes
en edad de secundaria están matriculados, en Egipto es el 67,
en Argentina el 59, en Nicaragua el 26. En El Salvador, en 1984, era
el 21%. La poca cobertura nos condena a la pobreza.
Los
actuales trabajadores latinoamericanos tienen menos años de educación
que los obreros de Asia y Medio Oriente.
Los obreros latinoamericanos reciben, en promedio, seis años
de educación o menos, esto es, dos años menos que los
niveles mundiales y cuatro menos que los obreros de Asia. Nuestra escolaridad
promedio crece tres veces más despacio que la de los Cuatro Tigres
de Asia: Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong. Comparada
con nosotros, Asia avanza tres veces más rápido.
Los niveles son peores en las zonas rurales. En 1997, en Chile, la mitad
de la población urbana entre 25 y 59 años tenía
12 años o más de educación; en El Salvador era
el 33% para la urbana y 4% para la rural. En Honduras era 27% para la
urbana y 5% para la rural.
El gran reto
En 1998, todos los alumnos coreanos que se inscribieron en primer grado
llegaron al cuarto. En Nicaragua sólo la mitad llegó.
En El Salvador llegó el 60%. Zambia, una nación pobre
de África, tiene más alumnos alcanzando el quinto grado
que la mayoría de países de América Latina. Sólo
en Cuba, Uruguay, y Chile el 90% de estudiantes alcanzan el cuarto grado.
En El Salvador, República Dominicana y Colombia, la cuarta parte
de alumnos que se matriculan en primer grado no alcanzan el segundo,
y aun menos se gradúan de secundaria. En 1998, el 90% de los
estudiantes coreanos matriculados en primer grado se graduaron de secundaria.
En Estados Unidos fue el 75%. En Chile fue el 50, en Brasil y Argentina
fue el 40 y en México fue el 30. Todos los demás países
del continente quedaron abajo.
El documento asegura que los sistemas de educación podrían
aumentar la desigualdad en Latinoamérica, que ya tiene uno de
los mayores índices de desigualdad del planeta. El 10% de latinoamericanos
más adinerados de 25 años de edad no sólo tiene
más riqueza, también tiene 5 u 8 años más
de educación que el 30% más pobre.
En Panamá, México y El Salvador, esta cifra supera los
8 años. La desigualdad empeora con los latinoamericanos de las
zonas rurales y los grupos étnicos de piel oscura, cuya educación
es aún más deficiente.
Hay una buena noticia: el estudio indica que hay igualdad entre los
niños y niñas en sus posibilidades de asistir a la escuela.
Pero falta mucho.
Problemas con los maestros
Una buena escuela necesita de buenos maestros, quienes, a su vez, requieren
de una buena formación, dirección y remuneración.
Los docentes latinoamericanos están mal capacitados, mal dirigidos,
e inadecuadamente remunerados, asegura el PREAL.
El documento ofrece dos explicaciones para la deficiente calidad de
los maestros: mala capacitación y ausencia de incentivos para
mejorar.
En el primer caso, los maestros latinoamericanos no se preparan adecuadamente
y tienen menos horas de formación que sus colegas de países
desarrollados.
Generalmente tienen 14 años de educación, dos menos que
sus contrapartes en Estados Unidos, Europa y Japón.
En Brasil, los maestros tienen un promedio de educación de 11.3
años, que en el hemisferio norte sólo les permitiría
obtener un título de secundaria.
La mayoría de maestros latinoamericanos carecen de título
universitario. En contraste, en Egipto, Japón, Polonia y Kuwait,
casi todos los maestros son graduados de la universidad.
Las excepciones
Hay grandes excepciones, como en el estado de Paraná, Brasil,
donde el 80% de los maestros son graduados universitarios, así
como la mitad de maestros de Colombia.
La calidad de la formación de nuestros maestros es desalentadora.
Los programas de formación son breves y los cursos son altamente
teóricos, desalentando la práctica y el inculcamiento
de una costumbre fundamental: la preparación meticulosa de cada
clase. Pare empeorar, los aspirantes a maestros han recibido deficiente
educación básica y media.
Muchos países latinoamericanos buscan remediar estas desventajas
con programas que tienen cuatro objetivos: perfeccionar los conocimientos
de los maestros mal capacitados, ofrecer conocimientos especializados
en las materias deficientes y, para los programas de estudios, reforma,
innovación, nuevas técnicas, y nuevos textos.
Lo malo es que la mayoría de esos programas tienen un efecto
mínimo: son cortos, aislados de la realidad del aula y la comunidad,
y su calidad no está supervisada. Los maestros son recompensados
por acumulación de certificados, y no por la aplicación
de sus conocimientos.
Ser
ganadores en educación
Las recomendaciones del documento son claras y habla de establecer niveles
de educación más altos y medir su cumplimiento.
El documento indica que deben establecerse niveles de calidad en cuatro
áreas: matemáticas, lenguaje, ciencias naturales, y ciencias
sociales. Estos niveles deben comprender planteamientos claros,
exigentes y coherentes, comprendidos por todos y no solo por especialistas
en educación.
La búsqueda de la excelencia debe darse en los programas, textos,
material pedagógico, capacitación docente, y diseño
de exámenes.
Un segundo paso es mejorar la evaluación. En la última
década, todos los países del área desarrollaron
mejores sistemas de exámenes, pero el progreso es limitado: muchos
países tienen escaso personal capacitado para realizar esas pruebas,
y éstas tienen objetivos poco claros, porque los programas no
definen lo que debe aprender el alumno.
Tercer paso, hay que participar más en pruebas internacionales
de aprendizaje. No existe una prueba regular en América Latina
que compare el aprendizaje de los alumnos, ni siquiera entre los países
de la región.
Cuarto, las escuelas y comunidades locales deben tener mayor control
sobre la educación y responsabilidad sobre el desempaño
de los alumnos. La mayor parte de las decisiones críticas se
toman en los ministerios: contrataciones y despidos, selección
de textos, asignación de recursos y selección de programas
de perfeccionamiento docente. Las decisiones relacionadas con el personal
son vitales para mejorar la calidad de la educación, y son las
que menos se delegan a las escuelas.
Y dar mayor dinero a la educación básica. La inversión
en educación es dispar: Chile invierte $1,400 por alumno y El
Salvador invierte $200. Chile está en el tercio que invierte
mas de $1,000 por alumno y El Salvador en el tercio que invierte menos
de $500.
Cada alumno salvadoreño recibe 30 veces menos de su gobierno
de lo que recibe un alumno en Estados Unidos. Nuestro país tiene
un enorme reto.
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Algo
bueno: EDUCO
Según el documento, El Salvador es un buen modelo de
descentralización con el programa EDUCO. Este programa
comenzó a principios de los noventa para promover la participación
de la comunidad en la educación, expandir educación
y rescatar a las escuelas rurales arrasadas por la guerra.
El documento asegura que las escuelas de EDUCO tienen una matrícula
superior a los 200 mil alumnos. Las evaluaciones preliminares
han demostrado que el ausentismo de maestro y alumnos es más
bajo en estas escuelas, que son administradas por asociaciones
de padres.
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