24 de febrero de 2002

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Latinoamérica:
Reprobada en educación

Las escuelas de nuestro continente promueven la pobreza y la desigualdad, hacen que nuestro progreso económico y social sea limitado. Al menos, eso asegura un informe divulgado en Washington, recientemente, sobre la educación en América Latina.

Francisco Ayala ilva / En Washington
vertice@elsalvador.com

Un informe de la Comisión Internacional sobre Educación, Equidad, y Competitividad Económica en América Latina y el Caribe asegura que falta mucho por hacer en el tema educativo en el hemisferio.
Luego de dos años de estudio, la comisión ofreció sus resultados. Esta fue creada por el Diálogo Interamericano junto con la Corporación de Investigaciones para el Desarrollo (CINDE). Diálogo es uno de los más prestigiosos centros de análisis sobre América Latina en Estados Unidos y es uno de los principales foros del área; fue creado en 1982 y su sede está en Washington DC. El segundo tiene su base en Santiago de Chile.
La comisión lanzó la primera advertencia en 1998, con el informe “El futuro está en juego”, en que describía las graves deficiencias en la educación impartida a los niños de América Latina y el Caribe. El informe se concentraba en las escuelas públicas que atienden a los niños de las familias pobres, y concluía pronosticando un futuro sombrío para el continente si a esos niños no se les aseguraba una educación de calidad.
Ese año, el Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (PREAL) identificó cuatro problemas: falta de parámetros de calidad para saber si los alumnos se están desempeñando bien o mal; escuelas sin autonomía ni responsabilidad sobre los éxitos o fracasos de sus alumnos; mala calidad de la enseñanza y presupuesto insuficiente para la enseñanza básica y secundaria.
Según el PREAL, las recomendaciones de entonces son válidas ahora y ofrece cuatro propuestas que incluye establecer estándares en la educación y medir su cumplimiento; otorgar a las escuelas y comunidades mayor control sobre la educación y responsabilidad sobre sus resultados; fortalecer la profesión docente con incrementos de sueldo, reformar los sistemas de capacitación de maestros y dar mayor responsabilidad a los profesores ante las comunidades que sirven; y aumentar la inversión por alumno.
El pasado diciembre, la comisión entregó un segundo informe. Este muestra que “la educación se ha convertido en el talón de Aquiles de Latinoamérica” según Enrique Iglesias, presidente del Banco Interamericano para el Desarrollo, quien estuvo presente en la entrega.

Futuro sombrío

El informe asegura que los sistemas educativos latinoamericanos son deficientes en casi cada área evaluada. Sólo los esfuerzos para atraer más alumnos mejoraron ligeramente.
Por ejemplo, en pruebas internacionales, los sistemas latinoamericanos resultaron aplazadísimos.
Nuestros alumnos obtienen decepcionantes resultados en las pruebas nacionales de rendimiento. En El Salvador, el promedio de la PAES (Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para Egresados de Educación Media) en el 2000 fue del 45% en matemáticas y 48% en lenguaje, muy abajo de las expectativas.
Pero los resultados no fueron mejores en Argentina, otrora titán de Latinoamérica: sólo el 50% de los alumnos respondieron correctamente al 50% de preguntas basadas en niveles mínimos de conocimientos.
Los estudiantes de Costa Rica y México tienen promedios mejores pero, aun así, son decepcionantes comparados con naciones de Asia, los antiguos países socialistas de Europa del Este, y del Medio Oriente (en las escuelas árabes, cada estudiante debe memorizar capítulos enteros de sus textos y, al menos, la cuarta parte del Noble Corán; el equivalente sería ver a un estudiante latino memorizando todo el Nuevo Testamento).
El informe agrega que sólo Chile aceptó participar en la versión del Tercer Estudio Internacional sobre Matemática y Ciencia en 1999. Entre 38 participantes, los estudiantes chilenos terminaron en el puesto 35. En 1995, en esa misma prueba, Colombia había terminado en el puesto 40, entre 41.
En las pruebas regionales hay un titán: Cuba. Según el informe, superó ampliamente a todos los países de la región en pruebas de matemática y lenguaje de tercer y cuarto grado.
Los alumnos del resto del continente fueron superados hasta por los alumnos cubanos del 25% del fondo del barril. Solo los mejores alumnos de Brasil y Argentina alcanzaron promedios de 260; los mejores alumnos cubanos estaban en 360.

Sube matrícula

Las matrículas aumentan en toda la región, según el informe, pero la mayoría de países no alcanzan una matrícula del 100%. Siete no alcanzan el 90%.
Sólo cuatro tienen una cobertura de enseñanza secundaria superior al 50%, asegura el informe, aunque los jefes de gobierno del área se comprometieron a alcanzar la meta del 75% para el 2010 en Santiago en 1998.
La diferencia se ilustra así: en Corea, el 96% de los estudiantes en edad de secundaria están matriculados, en Egipto es el 67, en Argentina el 59, en Nicaragua el 26. En El Salvador, en 1984, era el 21%. La poca cobertura nos condena a la pobreza.
Los actuales trabajadores latinoamericanos tienen menos años de educación que los obreros de Asia y Medio Oriente.
Los obreros latinoamericanos reciben, en promedio, seis años de educación o menos, esto es, dos años menos que los niveles mundiales y cuatro menos que los obreros de Asia. Nuestra escolaridad promedio crece tres veces más despacio que la de los Cuatro Tigres de Asia: Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong. Comparada con nosotros, Asia avanza tres veces más rápido.
Los niveles son peores en las zonas rurales. En 1997, en Chile, la mitad de la población urbana entre 25 y 59 años tenía 12 años o más de educación; en El Salvador era el 33% para la urbana y 4% para la rural. En Honduras era 27% para la urbana y 5% para la rural.
El gran reto
En 1998, todos los alumnos coreanos que se inscribieron en primer grado llegaron al cuarto. En Nicaragua sólo la mitad llegó. En El Salvador llegó el 60%. Zambia, una nación pobre de África, tiene más alumnos alcanzando el quinto grado que la mayoría de países de América Latina. Sólo en Cuba, Uruguay, y Chile el 90% de estudiantes alcanzan el cuarto grado.
En El Salvador, República Dominicana y Colombia, la cuarta parte de alumnos que se matriculan en primer grado no alcanzan el segundo, y aun menos se gradúan de secundaria. En 1998, el 90% de los estudiantes coreanos matriculados en primer grado se graduaron de secundaria.
En Estados Unidos fue el 75%. En Chile fue el 50, en Brasil y Argentina fue el 40 y en México fue el 30. Todos los demás países del continente quedaron abajo.
El documento asegura que los sistemas de educación podrían aumentar la desigualdad en Latinoamérica, que ya tiene uno de los mayores índices de desigualdad del planeta. El 10% de latinoamericanos más adinerados de 25 años de edad no sólo tiene más riqueza, también tiene 5 u 8 años más de educación que el 30% más pobre.
En Panamá, México y El Salvador, esta cifra supera los 8 años. La desigualdad empeora con los latinoamericanos de las zonas rurales y los grupos étnicos de piel oscura, cuya educación es aún más deficiente.
Hay una buena noticia: el estudio indica que hay igualdad entre los niños y niñas en sus posibilidades de asistir a la escuela. Pero falta mucho.
Problemas con los maestros
Una buena escuela necesita de buenos maestros, quienes, a su vez, requieren de una buena formación, dirección y remuneración.
Los docentes latinoamericanos están mal capacitados, mal dirigidos, e inadecuadamente remunerados, asegura el PREAL.
El documento ofrece dos explicaciones para la deficiente calidad de los maestros: mala capacitación y ausencia de incentivos para mejorar.
En el primer caso, los maestros latinoamericanos no se preparan adecuadamente y tienen menos horas de formación que sus colegas de países desarrollados.
Generalmente tienen 14 años de educación, dos menos que sus contrapartes en Estados Unidos, Europa y Japón.
En Brasil, los maestros tienen un promedio de educación de 11.3 años, que en el hemisferio norte sólo les permitiría obtener un título de secundaria.
La mayoría de maestros latinoamericanos carecen de título universitario. En contraste, en Egipto, Japón, Polonia y Kuwait, casi todos los maestros son graduados de la universidad.

Las excepciones

Hay grandes excepciones, como en el estado de Paraná, Brasil, donde el 80% de los maestros son graduados universitarios, así como la mitad de maestros de Colombia.
La calidad de la formación de nuestros maestros es desalentadora. Los programas de formación son breves y los cursos son altamente teóricos, desalentando la práctica y el inculcamiento de una costumbre fundamental: la preparación meticulosa de cada clase. Pare empeorar, los aspirantes a maestros han recibido deficiente educación básica y media.
Muchos países latinoamericanos buscan remediar estas desventajas con programas que tienen cuatro objetivos: perfeccionar los conocimientos de los maestros mal capacitados, ofrecer conocimientos especializados en las materias deficientes y, para los programas de estudios, reforma, innovación, nuevas técnicas, y nuevos textos.
Lo malo es que la mayoría de esos programas tienen un efecto mínimo: son cortos, aislados de la realidad del aula y la comunidad, y su calidad no está supervisada. Los maestros son recompensados por acumulación de certificados, y no por la aplicación de sus conocimientos.

Ser ganadores en educación

Las recomendaciones del documento son claras y habla de establecer niveles de educación más altos y medir su cumplimiento.


El documento indica que deben establecerse niveles de calidad en cuatro áreas: matemáticas, lenguaje, ciencias naturales, y ciencias sociales. Estos niveles deben comprender “planteamientos claros, exigentes y coherentes, comprendidos por todos y no solo por especialistas en educación”.
La búsqueda de la excelencia debe darse en los programas, textos, material pedagógico, capacitación docente, y diseño de exámenes.
Un segundo paso es mejorar la evaluación. En la última década, todos los países del área desarrollaron mejores sistemas de exámenes, pero el progreso es limitado: muchos países tienen escaso personal capacitado para realizar esas pruebas, y éstas tienen objetivos poco claros, porque los programas no definen lo que debe aprender el alumno.
Tercer paso, hay que participar más en pruebas internacionales de aprendizaje. No existe una prueba regular en América Latina que compare el aprendizaje de los alumnos, ni siquiera entre los países de la región.
Cuarto, las escuelas y comunidades locales deben tener mayor control sobre la educación y responsabilidad sobre el desempaño de los alumnos. La mayor parte de las decisiones críticas se toman en los ministerios: contrataciones y despidos, selección de textos, asignación de recursos y selección de programas de perfeccionamiento docente. Las decisiones relacionadas con el personal son vitales para mejorar la calidad de la educación, y son las que menos se delegan a las escuelas.
Y dar mayor dinero a la educación básica. La inversión en educación es dispar: Chile invierte $1,400 por alumno y El Salvador invierte $200. Chile está en el tercio que invierte mas de $1,000 por alumno y El Salvador en el tercio que invierte menos de $500.
Cada alumno salvadoreño recibe 30 veces menos de su gobierno de lo que recibe un alumno en Estados Unidos. Nuestro país tiene un enorme reto.

Algo bueno: EDUCO

Según el documento, El Salvador es un buen modelo de descentralización con el programa EDUCO. Este programa comenzó a principios de los noventa para promover la participación de la comunidad en la educación, expandir educación y rescatar a las escuelas rurales arrasadas por la guerra.
El documento asegura que las escuelas de EDUCO tienen una matrícula superior a los 200 mil alumnos. Las evaluaciones preliminares han demostrado que el ausentismo de maestro y alumnos es más bajo en estas escuelas, que son administradas por asociaciones de padres.

 


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