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El
maquillaje
de los buseros
Vértice comprueba
que más del 70% de la flotilla total del servicio de autobuses
de pasajeros no prestan las mínimas garantías de seguridad.
En pocas palabras, la vida del usuario está a la merced de los
transportistas gracias a la poca visión empresarial y a un mercado
de reparaciones hechizas que crea autobuses de lo que -en principio-
son camiones.
Iván Gómez
vertice@elsalvador.com
Basados en el testimonio
de mecánicos, cuyos nombres nos reservamos, iniciamos esta investigación.
El trabajo revela cómo los transportistas extralimitan la capacidad
de máquinas que no están diseñadas para ser unidades
del transporte público. Los mecánicos, nuestras fuentes,
son quienes dan mantenimiento a una variedad de autobuses del transporte
colectivo y aceptan que -bajo presión del dueño- el trabajo
se hace a medias.
Vértice alcanzó a dimensionar que la mayoría de
las unidades no reciben el tratamiento mecánico adecuado y, no
solo eso, las últimas disposiciones parlamentarias (que permiten
el retiro gradual de las unidades viejas durante los próximos
24 meses) ha generado que el dueño de la unidad no se interese
-con la excusa que saldrán de circulación- en darle el
mínimo chequeo indispensable por lo que se pone en evidencia
la trampa de los buseros al ofrecer el servicio.
Muchos propietarios prefieren, bajo el argumento de disminución
de costos, maquillar el automotor antes que invertir en el mantenimiento
debido, sin que le importe que ponga en peligro la seguridad del pasajero
cada día.
Como dicen que estos buses ya los van a sacar, los dueños
sólo quieren que les de una revisada, sostiene Enrique,
uno de nuestros mecánicos consultados.
Algunos empresarios iniciaron en el negocio a mediados de los años
ochenta. En aquella época, resultaba fácil y barato comprar
un autobús del servicio escolar en los Estados Unidos; su precio
dependía del año de fabricación y oscilaba entre
60 mil y 85 mil colones. Ítalo Morales no alcanzó a sacar
ganancias al querer vender un autobús norteamericano año
85. El problema es que era motor gasolina y apenas me daban 50
mil, cuando a mí me costó cinco mil dólares,
recuerda Morales, quien es un salvadoreño residente en Virginia,
Estados Unidos.
Pero, desde que se empezó a exigir el cumplimiento de la Ley
de Tránsito Terrestre, se han introducido autobuses de los noventa,
afirma Jorge, otro de los mecánicos consultados por Vértice.
Una vez introducidos al país y con un poco de suerte, gracias
a los conectes que hubo entre las gremiales y el Viceministerio
de Transporte, se obtuvo un permiso provisional de línea, que
se extendía bajo reserva.
Si existía alguna unidad vieja, esta podría ser reemplazada
con facilidad y desplazarla al área rural. Por lo que no es de
extrañarse encontrar, en el interior del país, autobuses
con más de 25 años de servicio. Pero también, las
condiciones gubernamentales no eran las apropiadas: nunca se destruyeron
por lo que su tiempo de vida expiraba hasta que ocurría algún
accidente o simplemente sus piezas eran ocupadas como hueseras
para el ensamblaje de otras unidades.
Los
permisos
Así
lo sostiene Felipe Aragón, director general de Transporte y Tránsito
Terrestre.
Además, los 690 galones de diesel subsidiado, se convertía
en la oportunidad para costearse otra unidad y obtener ingresos seguros:
unos ¢7,800 mensuales, afirma Aragón.
Pero la innovación ha alcanzado hasta transformar un simple camión
en un discreto autobús. ¿Cómo lo hacen? Simple:
Se le quita la cama a un camión (preferiblemente los 13-16) y
solo queda el chasis; luego le cortan parte de la cabina y, posteriormente,
le colocan una carrocería de bus, que puede ser de otra marca
o se manda a confeccionar a un taller automotriz especializado en ensamblaje
de ellas.
En dos meses el camión, denominado gallo gallina,
se convierte en una de las muchas unidades del transporte colectivo.
El dueño de la unidad ha invertido unos ¢250 mil en el trabajo
y unos ¢60 mil en el camión. Aunque el ensamblaje
sea bueno, hay que tomar en cuenta que se creó un bus... las
garantías no son al 100% segura, dice Jorge, mecánico
experimentado.
El resultado del trabajo dependerá del mantenimiento que se le
dé a la unidad. Pero, debido a la inversión, lo que menos
quiere el empresario es gastar por lo que las ruedas tienen que rodar
por varios meses antes que visite un taller.
Un ejemplo real: un bus de la ruta 29-A, placas AB-70519, sufre una
avería en la bomba de inyección frente a Molsa. El diagnóstico
del mecánico es contundente: se ha quedado sin frenos.
Lo que pasa es que le hacen un medio ajuste y pretenden que el
bus le dure más tiempo sentencia.
Con este criterio, que es manejado por la mayoría de los buseros,
unas 800 mil personas se trasportan diariamente en las siete mil unidades;
de las cuales, el 70 % sobrepasan los 15 años de fabricación.
¿Y
la revisión?

Los mecánicos entrevistados coinciden en que cada unidad debería
chequearse unas vez al mes.
Pero los diputados sugieren cada seis. El chequeo debe incluir la revisión
del sistema de frenos, la dirección, la suspensión y la
carrocería.
En relación a los frenos, hay que revisar zapatas, tubería
de aire, que tiende a a picarse por la vibración.
Cambiar un tubo de esos no cuesta tanto, lo que pasa es que el
propietario para salir del apuro, le manda a echar una soldadura; pero
al calentarse, se cristaliza y se revienta. Se invierte 25 colones sin
garantía, en vez de 60 en repuestos nuevos, sostiene Carlos,
otra fuente.
El poco interés por cambiar las llantas puede ser una causa para
producir un accidente.
Una llanta que falle a gran velocidad en una autopista, aunque los frenos
estén en perfecto estado, difícilmente le servirán
al motorista para detener el bus.
Otro mantenimiento consiste en revisar la carrocería. El reglamento
de tránsito obliga a garantizar la seguridad en los vidrios para
que sean inastillables.
Cuando se quiebra una ventana, el empresario la sustituye por lámina
remachada a un módico precio de ¢25 en lugar de invertir
¢300 en un vidrio plano para una mejor visibilidad.
Con los asientos que vienen de fábrica para tres y dos personas,
los propietarios los reducen a dos.
¿Por qué? Así aseguran transportar a más
personas de pie, por lo que su capacidad oficial pasa de 65 hasta 120
personas. De esa manera, el bus se va deteriorando y pierde -además
de su estética- tiempo de vida útil.
Para los mecánicos para que la capacidad adecuada de un bus (que
garantice más tiempo de vida) debe mantener de 25 a 30 personas
de pie. No más.
El sobrepeso de la unidad sumado al mal conductor y el estado de algunas
calles facilitan que los soportes de las tijeras de resorte se quiebren.
Pero en vez de cambiarlas, se mandan a soldar. Algunos resortes traen
unos soportes ensamblados al chasis. Una vez se cae el ping prisionero
que lo detiene, se sustituye por una soldadura de barra, que es colocado
transversalmente y esto puede facilitar que se zafen las llantas.
Pero la modalidad de ensamblar piezas no solo es de los autobuses traídos
de Estados Unidos. Hay empresarios que remiendan sus unidades, aunque
estas hayan sido compradas de fábrica.
A veces, lo que va buscando el propietario es no meterse en gastos
más serios y es por eso algunos cambian de motor de gasolina
a diesel. No es lo mismo un eje nuevo que uno de segunda, no te da ninguna
garantía. Hasta cierto tiempo puede funcionar; pero después
son los problemassostiene Enrique, otro mecánico consultado.
En los últimos nueve meses, un promedio de 110 autobuses han
sido los responsables de la muerte de unas 160 personas. La causa principal
está relacionada con desperfectos mecánicos. Así
como se ve, la historia continuará durante los próximos
dos años...
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Peligro
sobre ruedas
Los mecánicos coinciden que existen cuatro factores que
causan tragedias
EUna vez que ocurre un accidente, la primera apreciación
de la policía es determinar que la causa de la tragedia
fue por fallas mecánicas; sin embargo, esta apreciación
puede en algunos casos contrastar con la opinión de los
mecánicos consultados por Vértice, quienes opinan
sobre las posibles causas de los últimos accidentes registrados
en el país.
El martes 16 de enero, un bus de la ruta 248 se precipitó
en una quebrada ubicada a pocos kilómetros de Tacuba. El
saldo trágico fue de 22 muertos. Los informes señalaron
problemas mecánicos en el bus fabricado en 1968.
El diagnóstico de los mecánicos coincide con los
datos policiales. La edad de la unidad, pésimo mantenimiento
y la mala maniobra del conductor fueron las posibles causas. Dos
días después, un bus de la ruta 209 se accidentó
en Coatepeque, Santa Ana. Nuevamente se determinó fallas
mecánicas. Pero la apreciación mecánica recoge
el hecho que sintió un un golpe en la parte de abajo.
Las llantas estallaron y, aunque los frenos estuvieran en buen
estado, el problema fue en la ruptura del eje. Todo por mantenerlos
sucios y no revisar esas pequeñas fisuras.
El 22 de enero, el accidente se produce en Chalatenango. Las investigaciones
señalan que el bus cayó en el barranco por evitar
chocar con otro automóvil. Para los mecánicos, la
responsabilidad recae en ambos motoristas, quienes se conducían
a excesiva velocidad sobre una carretera mala. El hecho que se
visualice desprendimiento de piezas y asientos, no determina que
la causa sea explícitamente fallas mecánicas. Al
registrarse un accidente, por el mismo impacto, toda la unidad
se desarma.
Otro accidente vial se registró a inicios de este año
en Sonsonate cuando un grupo de religiosos resultó con
heridas luego que la unidad se precipitara en un barranco. Testigos
señalaron que del motor salía fuego. El diagnostico
mecánico rechaza un posible incendio de la unidad debido
a que su sistema es de diesel. Por lo que las causas fueron por
fallas en el sistema eléctrico, se recalentaron las fricciones
y el motorista inexperto bajó la cuesta a puro freno en
vez de compresionar el motor.
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Rentabilidad
Las gremiales de
buses dicen que su negocio es poco rentable.
El discurso es el mismo desde 1998, aunque la solicitud de líneas
continuó en el Vice Ministerio de Transporte.
El problema es de mala administración entre el empresario
tradicional (que sólo busca ganancias) y los que se interesan
por ofrecer un mejor servicio. Un ejemplo de ello es la Asociación
Cooperativa de Pilotos Automotrices del Transporte (ACOPATT),
que trabaja la ruta 29.
La mayoría de la flota de buses es nueva, mantienen créditos
en los bancos y sus unidades son constantemente revisadas técnicamente.
El trabajo de sus 132 buses arroja por un día un promedio
de 131 mil colones.
Los mecánicos consultados por Vértice consideran
que, a diario y con un promedio de siete viajes, el dueño
de la unidad alcanza ganancias libres que rondan los 400 colones.
Pero hay rutas como la A, en San Marcos, que según uno
de los mecánicos que les da mantenimiento, la ganancias
es de sólo 150.
El director ejecutivo de la Asociación Bancaria Salvadoreña
(ABANSA), Claudio de Rosa, sostiene que actualmente hay una línea
de crédito con fondos del Banco Multisectorial de Inversiones
(BMI) de $70 millones que están disponibles para la compra
de buses y 10 millones para microbuses.
Cuando se trata de compra de autobuses hasta cinco años
de uso, se financia el 90% de su valor hasta 60 mil dólares.
El plazo es hasta de siete años con uno de gracia. La tasa
de interés de 5 a 7 años es 5.75%. A esto se agrega
tres puntos porcentuales que se cargan los bancos.
Los empresarios gozan de un subsidio de tres puntos porcentuales
por lo que les queda un interés de 5.75%. Si la deuda es
entre 3 y 5 años se reduce a 5.50% y si es de uno a tres,
la cifra alcanza los 5.25%.
Claudio de Rosa señaló también que actualmente
existen bancos internacionales interesados en el sector que ofrecen
la modalidad leasing o arrendamiento. El dueño
del bus es la empresa, quien luego de 2 ó 3 años,
le cambia la unidad al transportista.
Como una gran cantidad de empresarios, no garantizan que la unidad
dé buen servicio con empleados eficientes; tampoco el tratamiento
preventivo con repuestos originales, así como el debido
tratamiento técnico.
Por sus características, De Rosa acepta que el sector es
considerado de alto riesgo y eso hace que la banca solicite más
garantías como hipotecas a quienes buscan créditos.
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