24 de febrero de 2002

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La vida según ...
Ernesto Villalobos
vertice@elsalvador.com

¿Y los cojones?

A finales del año pasado, mi compañera redactora Ana Lidia Rivera tituló ¡cojones! su columna en este mismo espacio. Su eufórico título se refería a la supuesta valentía que había mostrado el gobierno del presidente Francisco Flores por medio de Ricardo Yúdice, al quitarle el subsidio de diesel a los buseros.
Creo que al igual que muchos salvadoreños, mi compañera aplaudió aquella medida que sin duda hizo ganar varios puntos de popularidad a los dos funcionarios.
En aquel momento, la gasolina tuvo un drástico descenso en sus precios para alegría de la población que tiene un automotor como transporte. Pero, en ese entonces, el gobierno de Flores no supo o no quiso explicar las conexiones entre las gremiales de transportistas y el gobierno de ARENA.
Por años y en períodos electorales las gremiales pusieron a disposición del partido oficial las unidades, pero ¿a cambio de qué? Tampoco quedó claro la identidad de los funcionarios del Viceministerio de Transporte que, por años, mantuvo una maraña de corrupción en complicidad con los dirigentes de las gremiales de transporte. Los transportistas no obtenían permisos de líneas, sino eran tramitadas por medio de las gremiales y sin antes pagar una buena suma de dinero por un trámite que legalmente era gratis.
Pero el viernes pasado, los diputados de la Asamblea Legislativa, con el aval del súper (“al que nadie le dobla la mano”) viceministro de transporte, Ricardo Yúdice, aprobó una prórroga de dos años para las cacerolas con llantas que sirven de buses.
Hace dos años, les dieron un compás de espera igual y por los vientos que soplan dentro de dos años les darán otro más. El sábado terminó el “paró técnico” que los buseros mantuvieron a lo largo de la semana pasada. Ese día salieron a trabajar, alegres por su triunfo, los buseros con la contaminación, la prepotencia y el peligro de siempre. Estoy seguro que no todos los transportistas son así, pero de lo que sí estoy seguro que aquellos que son honrados son los que menos han ganado con su negocio.
Así que después de tanto bombo y platillo festejando la medida que tomó el gobierno, para después dejarse doblar la mano por los transportistas, ésta no parece más que unos de los acostumbrados “golpes de timón” de Paquito para ganar una pizca de popularidad.
Y no hay que olvidar que también los diputados de fracciones como el FMLN se sumaron a las peticiones de los transportistas, quizás, en busca de raja política. ¿Será que también quieren que les presten los buses en las elecciones?

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