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Del
fusil a la atarraya
La cooperativa camaronera
San Hilario, ubicada en Usulután, es el escenario de un experimento
casi inédito en el país. En ella, sus protagonistas, ex
combatientes de la desaparecida guerrilla luchan a brazo partido por
rentabilizar su empresa; esta vez, guiados de la mano de un aliado hasta
hace poco impensable: el sector privado.
texto:Ana Lidia Rivera
fotografía:claudia barrientos
vertice@elsalvador.com
Son las cinco de la mañana
y la escena no puede ser más surrealista. Cientos de gaviotas,
por no decir miles, planean de extremo a extremo sobre el espejo de
agua salina.
Un grupo de hombres corre tras ellas con la intención de espantarlas.
Por fin, las aves ceden y desaparecen.
Nadie se explica si partieron por agotamiento o porque sus estómagos
estaban ya más que satisfechos con lo engullido.
Los que espantan a las aves depredadoras son ex combatientes de la guerrilla,
algunos de ellos lisiados y que cuidan de uno de los nueve estanques
de cultivo de larvas de camarón en la Cooperativa San Hilario
(Bajo Lempa), en la jurisdicción de Jiquilisco en la que laboran
cerca de 40 de ellos.
Una repentina insuficiencia de oxígeno en el estanque El Capulín
I, de 17 manzanas, provocó que la cría de camarón
protagonizara un levantamiento, explica el jefe de producción
de la cooperativa, José Félix Flores, de 35 años.
San Hilario posee una extensión de 232 manzanas de tierra agrícola
y 92 de camaronera. De estas últimas, 86 manzanas están
destinadas al cultivo del camarón. Con el sistema semi-intensivo
son explotadas 47 manzanas y con el artesanal 39.
En estas extensiones se han construído nueve estanques de engorde.
Tanto El Capulín I, II y III, El Torno y El Carranza están
sometidos al cultivo semi-intensivo y Punta de Riel I y II, La Bomba
y Los Patios a la explotación artesanal.
A partir de 1994, por cuatro años, su actividad principal fue
la explotación de la sal. En esos años la Unión
Europea (UE) asistió técnica y económicamente el
proyecto de los ex combatientes que intentaban reinsertarse en la vida
productiva del país.
Alcanzamos una producción máxima de 700 mil quintales,
pero la entrada de la sal mexicana en el mercado nos hizo retroceder.
Cambiamos de estrategia señala el tesorero de San Hilario,
Carlos Parada Romero, de 30 años.
La explotación salinera dejó muchas pérdidas económicas.
En ese momento la segunda actividad era la explotación del camarón.
Socios estratégicos
La
desesperanza empezó a instalarse entre los cooperativistas.Incluso
algunos de ellos pensaron en deshacerse de las tierras.
En ese tiempo tuvimos una relación comercial con una fundación
de Usulután a la que le vendimos el camarón para exportar
a los Estados Unidos. Esto fue antes de los atentados del 11 de septiembre
y de que los precios se vinieran abajo, comenta el presidente
de la cooperativa, Remberto Centeno, de 48 años.
Es a través de esa relación que los cooperativistas entran
en contacto con Otto Tang, un empresario de origen taiwanés,
propietario de la empresa Formosa, y que dentro del área pesquera
se dedica a la producción del nauplio -estado larvario del camarón
marino-. De aquí se obtiene la post-larva que luego se siembra
en los estanques.
El riesgo y los prejuicios fue significativo para las dos partes. Por
un lado la desconfianza, sino en todos, en algunos de los cooperativistas
respecto al sector privado. No fue fácil convencer a los
socios pero al final comprendieron las ventajas, asevera Centeno.
Por su lado, Otto Tang, dice no arrepentirse.
Estoy muy contento con esta experiencia. Son muy trabajadores,
honrados y eficientes en lo que les toca, dice Tang.
Rentabilidad
El convenio consiste en la facilitación de la larva, el alimento
para estas y la asesoría técnica a los cooperativistas
por parte de Tang y éstos a cambio, le dan al empresario un monto
proporcional de la producción total. Según las partes,
un trato justo.
No teníamos dinero para invertir. Corrimos el riesgo y
no nos arrepentimos.
La mañana en que se dio el levantamiento de los camarones, los
temores no eran infundados. Estaba en riesgo buena parte de la producción.
Miles de ellos podrían haber muerto. Las decisiones se tomaron
de forma rápida.Hay que sacar al menos treinta quintales
recomendó vía teléfono uno de los técnicos
de Formosa.
Para ese momento el sistema de bombeo de agua, procedente de la marea
alta, era conducida a través del canal reservorio que rodea el
estanque de engorde. Al pie de la compuerta de entrada varios camarones
exhalaban el último aire. Otras especies, como peces y jaivas
(depredadores), morían por asfixia.
De inmediato se activó todo el sistema de pesca. Había
que salvar la producción, de lo contrario toda la inversión
se colocaba es riesgo y las pérdidas serían cuantiosas.Los
terremotos del año pasado ya les habían provocado daños
en la infraestructura y los fondos destinados para el desarrollo fueron
reorientados en la reconstrucción.
No podían darse el lujo de perder nada de la producción
del Capulín, uno de los estanques más productivos, dada
su capacidad,13 hectáreas, y unas condiciones de salinidad, oxigenación
y temperatura muy parecidas a las del ambiente natural.
El
nivel de rendimiento sólo del estanque el Capulín con
larva de laboratorio se ve magnificada en dos mil ó tres mil
500 libras por hectárea. Existe una enorme potencialidad
en todos los estanques, no solo en el del Capulín. afirma
Vicente Alvarado, uno de los técnicos de Formosa. Hasta
ahora, el trabajo con ellos ha sido muy satisfactorio. Esta gente es
muy respetuosa y eso tiene mucho valor. No son fanáticos. Nos
respetan y nosotros los respetamos, expresa Alvarado, quien los
conoce desde hace unos años.
y más
Dadas las ventajas que este socio les ha representado a los cooperativistas,
éstos visitaron a otros vecinos, también ex combatientes.
Los visité cuando comencé a ver los resultados.
Les describí paso a paso lo que estábamos haciendo, pero
no me escucharon... Hay mucho prejuicios, se lamenta el jefe de
producción de San Hilario, José Félix Flores.
En todo caso, los sueños de los hilarienses parecen no tener
límites.
Por las características y la extensión de la propiedad,
están proyectando, a mediano plazo, desarrollar un proyecto turístico.
Estamos buscando socios para que inviertan. Le aseguro que es
un buen negocio y que quien se arriesgue no se arrepentirá.
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La
cosecha
Esta es una de las partes culminantes del cultivo del camarón:
el proceso de pesca.
La captura
. Una vez se ha dejado
drenar el agua del estanque hacia su exterior, el camarón
es capturado a través de una manga larga o red.
Pericia.
El camarón se acumula en la red. Dada la cantidad de producto,
esta tiene que ser manejada por dos ó más personas.
Listo para vender.
Pocos minutos bastan para reunir varios quintales de camarón.
Hasta el lugar, llegan los comerciantes para comprar el producto.
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