17 de febrero de 2002

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Del fusil a la atarraya

La cooperativa camaronera San Hilario, ubicada en Usulután, es el escenario de un experimento casi inédito en el país. En ella, sus protagonistas, ex combatientes de la desaparecida guerrilla luchan a brazo partido por rentabilizar su empresa; esta vez, guiados de la mano de un aliado hasta hace poco impensable: el sector privado.

texto:Ana Lidia Rivera
fotografía:claudia barrientos
vertice@elsalvador.com

Son las cinco de la mañana y la escena no puede ser más surrealista. Cientos de gaviotas, por no decir miles, planean de extremo a extremo sobre el espejo de agua salina.
Un grupo de hombres corre tras ellas con la intención de espantarlas. Por fin, las aves ceden y desaparecen.
Nadie se explica si partieron por agotamiento o porque sus estómagos estaban ya más que satisfechos con lo engullido.
Los que espantan a las aves depredadoras son ex combatientes de la guerrilla, algunos de ellos lisiados y que cuidan de uno de los nueve estanques de cultivo de larvas de camarón en la Cooperativa San Hilario (Bajo Lempa), en la jurisdicción de Jiquilisco en la que laboran cerca de 40 de ellos.
Una repentina insuficiencia de oxígeno en el estanque El Capulín I, de 17 manzanas, provocó que la cría de camarón protagonizara un levantamiento, explica el jefe de producción de la cooperativa, José Félix Flores, de 35 años.
San Hilario posee una extensión de 232 manzanas de tierra agrícola y 92 de camaronera. De estas últimas, 86 manzanas están destinadas al cultivo del camarón. Con el sistema semi-intensivo son explotadas 47 manzanas y con el artesanal 39.
En estas extensiones se han construído nueve estanques de engorde. Tanto El Capulín I, II y III, El Torno y El Carranza están sometidos al cultivo semi-intensivo y Punta de Riel I y II, La Bomba y Los Patios a la explotación artesanal.
A partir de 1994, por cuatro años, su actividad principal fue la explotación de la sal. En esos años la Unión Europea (UE) asistió técnica y económicamente el proyecto de los ex combatientes que intentaban reinsertarse en la vida productiva del país.
“Alcanzamos una producción máxima de 700 mil quintales, pero la entrada de la sal mexicana en el mercado nos hizo retroceder. Cambiamos de estrategia” señala el tesorero de San Hilario, Carlos Parada Romero, de 30 años.
La explotación salinera dejó muchas pérdidas económicas. En ese momento la segunda actividad era la explotación del camarón.

Socios estratégicos

La desesperanza empezó a instalarse entre los cooperativistas.Incluso algunos de ellos pensaron en deshacerse de las tierras.
“En ese tiempo tuvimos una relación comercial con una fundación de Usulután a la que le vendimos el camarón para exportar a los Estados Unidos. Esto fue antes de los atentados del 11 de septiembre y de que los precios se vinieran abajo”, comenta el presidente de la cooperativa, Remberto Centeno, de 48 años.
Es a través de esa relación que los cooperativistas entran en contacto con Otto Tang, un empresario de origen taiwanés, propietario de la empresa Formosa, y que dentro del área pesquera se dedica a la producción del nauplio -estado larvario del camarón marino-. De aquí se obtiene la post-larva que luego se siembra en los estanques.
El riesgo y los prejuicios fue significativo para las dos partes. Por un lado la desconfianza, sino en todos, en algunos de los cooperativistas respecto al sector privado. “No fue fácil convencer a los socios pero al final comprendieron las ventajas”, asevera Centeno. Por su lado, Otto Tang, dice no arrepentirse.
“Estoy muy contento con esta experiencia. Son muy trabajadores, honrados y eficientes en lo que les toca”, dice Tang.

Rentabilidad

El convenio consiste en la facilitación de la larva, el alimento para estas y la asesoría técnica a los cooperativistas por parte de Tang y éstos a cambio, le dan al empresario un monto proporcional de la producción total. Según las partes, un trato justo.
“No teníamos dinero para invertir. Corrimos el riesgo y no nos arrepentimos”.
La mañana en que se dio el levantamiento de los camarones, los temores no eran infundados. Estaba en riesgo buena parte de la producción. Miles de ellos podrían haber muerto. Las decisiones se tomaron de forma rápida.“Hay que sacar al menos treinta quintales” recomendó vía teléfono uno de los técnicos de Formosa.
Para ese momento el sistema de bombeo de agua, procedente de la marea alta, era conducida a través del canal reservorio que rodea el estanque de engorde. Al pie de la compuerta de entrada varios camarones exhalaban el último aire. Otras especies, como peces y jaivas (depredadores), morían por asfixia.
De inmediato se activó todo el sistema de pesca. Había que salvar la producción, de lo contrario toda la inversión se colocaba es riesgo y las pérdidas serían cuantiosas.Los terremotos del año pasado ya les habían provocado daños en la infraestructura y los fondos destinados para el desarrollo fueron reorientados en la reconstrucción.
No podían darse el lujo de perder nada de la producción del Capulín, uno de los estanques más productivos, dada su capacidad,13 hectáreas, y unas condiciones de salinidad, oxigenación y temperatura muy parecidas a las del ambiente natural.
El nivel de rendimiento sólo del estanque el Capulín con larva de laboratorio se ve magnificada en dos mil ó tres mil 500 libras por hectárea. “Existe una enorme potencialidad en todos los estanques, no solo en el del Capulín”. afirma Vicente Alvarado, uno de los técnicos de Formosa. “Hasta ahora, el trabajo con ellos ha sido muy satisfactorio. Esta gente es muy respetuosa y eso tiene mucho valor. No son fanáticos. Nos respetan y nosotros los respetamos”, expresa Alvarado, quien los conoce desde hace unos años.
y más
Dadas las ventajas que este socio les ha representado a los cooperativistas, éstos visitaron a otros vecinos, también ex combatientes. “Los visité cuando comencé a ver los resultados. Les describí paso a paso lo que estábamos haciendo, pero no me escucharon... Hay mucho prejuicios”, se lamenta el jefe de producción de San Hilario, José Félix Flores.
En todo caso, los sueños de los hilarienses parecen no tener límites.
Por las características y la extensión de la propiedad, están proyectando, a mediano plazo, desarrollar un proyecto turístico. “Estamos buscando socios para que inviertan. Le aseguro que es un buen negocio y que quien se arriesgue no se arrepentirá”.

 

La cosecha

Esta es una de las partes culminantes del cultivo del camarón: el proceso de pesca.

La captura

. Una vez se ha dejado drenar el agua del estanque hacia su exterior, el camarón es capturado a través de una manga larga o red.

Pericia.

El camarón se acumula en la red. Dada la cantidad de producto, esta tiene que ser manejada por dos ó más personas.

Listo para vender.

Pocos minutos bastan para reunir varios quintales de camarón. Hasta el lugar, llegan los comerciantes para comprar el producto.

 



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