17 de febrero de 2002

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Crecimiento
mágico

Con la promesa de hacer crecer los cartílagos del cuerpo, un joven, no muy alto para lo que promete, me indicó los pasos a seguir para aumentar mi estatura hasta quince centímetros en tan sólo tres meses.

Estela Henríquez
vertice@elsalvador.com

LDecidida a ser estafada, para escribir después sobre la promesa imposible de cumplir, llamé al numero telefónico que encontré en un anuncio clasificado del periódico.
Mi sorpresa aumentó cuando el interlocutor me prometió el aumento de mi estatura sin necesidad de cirugías ni de pócima mágica.
Hice una cita para que me atendieran a las 4:15 de la tarde, busqué la dirección que me dio a puras referencias en la Colonia San Luis de San Salvador, pero la falta de un rótulo que me guiara a la oficina (o quizá clínica, pensé), hizo que me retrasara más de diez minutos de la hora señalada.
“Vengo para lo del tratamiento mágico que anuncian en el periódico”, dije al anciano que se asomó por uno de los muros de la casa.
La puerta negra con un orificio en la parte superior se abrió y un perro bastante amigable salió a recibirme. “Tenía cita”, me preguntó el señor, que al tener mi respuesta positiva, salió en busca del encargado que estaba fuera de la “oficina”.
En su ausencia me dispuse a conocer la pequeña sala que retumbaba de frascos plásticos y una especie de reglas de metal de las que después conocí su función.
“Buenas tardes. Mario, para servirle” expresó, mientras buscaba mi nombre en un cuaderno al que llamó agenda.
“Es un poco tarde, pero de todos modos la voy atender porque no vino el cliente que esperábamos para las 4:30” dijo, dispuesto a contestar mis interrogantes respecto al tratamiento.
“Lo primero que quisiera saber es ¿Cuál es el tratamiento y de qué son las pastillas que me dijo por teléfono, que tendría que tomar si me decidía?” pregunté, segura que su respuesta no me dejaría satisfecha.
“No le van a hacer daño, son 100% naturales. No es un frasco de poción mágica o de alguna medicina milagrosa, sólo es calcio, pero con buen sabor para que le de gusto comerselo. Lo puede deshacer en leche, en refresco, en agua o comerselo. Hay de sabor a chocolate, fresa y vainilla”. Decía mientras me mostraba uno de los tantos envases plásticos que adornaban el desordenado escritorio.
“Pero mire, aparte de este calcio del que no debe abusar porque es mala la sobredosificación, debe hacer ejercicios a diario con este aparato para crecer”, agregó.
¿Voy a crecer con este aparato? pregunté, tratando de sostener la risa que disimulé con una cara de asombro ante el inexplicable objeto que más parecía un trabajo manual de párvulo que un “aparato”, como le llamó Mario.
cartílagos
“Si sigue todas las instrucciones sí. Le voy a ser sincero, a su edad (26 años), los huesos ya no le van a crecer, pero tiene la oportunidad de mejorar los cartílagos que son los que aun pueden estirar por su elasticidad.Con el calcio y los ejercicios tendrá resultados comprobados. De diez a quince centímetros” prometía, mientras yo luchaba por no soltar la risa que me causaba imaginarme con orejas y nariz más grandes a causa del tratamiento.
“Debe poner este aparato a su altura, recto porque si le queda un poco pando le puede afectar hasta la columna” decía mientras colocaba el rústico objeto en una de sus paredes y se disponía a medir mi estatura que estoy segura es de 1.49
“Quítese los zapatos para no engañarla...mide 1.46 , tres menos de lo que me dijo. El brazo derecho 0.61cm y el izquierdo 0.60. ¿Es derecha verdad?, se nota porque tiene este brazo más grande” dijo mientras apuntaba las medidas en las que repentinamente perdí tres centímetros de estatura.
Con el “aparato” en la pared, me mostró los ejercicios que recomendó en ayunas para cada mañana.
Dos para el brazo derecho y tres para el izquierdo,“Si hace igual para los dos uno le va crecer más que otro” recomendó.
“Hay mucha gente que ha venido contenta después del tratamiento a preguntar si pueden seguir después de los tres meses. ¡Claro que sí!, sólo que es bajo su propio riesgo porque pueda que crezcan más o no” contaba, asegurando que el tratamiento es alemán y los resultados se empiezan a notar en las primeras dos semanas.
“Pero si gusta puede venir a consulta al mes de iniciado el tratamiento, para entonces ya medirá por lo menos 1.49 (mi estatura real)”, prometió.
“Me recibiría un médico o un ortopeda”, dije creyendo que más que una pregunta estaba confirmando mi suposición.
“No. Es un ingeniero pero que ha estado en Alemania y él sabe de este tratamiento”, respondió.
Supuse entonces que se trataba de un ingeniero en química y farmacia, pero me equivoqué cuando Mario me confesó que era “Un ingeniero nada más. El propietario de la patente del famoso aparato”.
“Y por el medicamento, no desconfíe es Calcio. Incluso se le puede dar a niños. En ellos por cierto, da más resultado porque sus huesos se están desarrollando”, decía mientras embolsaba mi adquisición sin que me hubiera dado el precio.
¿Cuánto cuesta? pregunté segura que la regla de metal mal pegada en el cartón en el que se lee `Made in Germany’ no puede costar más de los 2 dólares.
“Sólo 450 colones” dijo mientras me extendía una factura comercial.
Oferta sin IVA
“No me va a dar factura consumidor final. De esa que lleva IVA” dije restando importancia al punto.
“No, este tratamiento está en oferta, por eso se lo damos a este precio“, respondió, desviando la atención a los frascos de Calcio y quizá sin querer entender que la evasión al Fisco es un problema serio.
Después de la que vaticiné desde el inició una “estafa voluntaria”, me dispuse a seguir el insólito tratamiento del que no obtuve ningún resultado ni dos semanas después, ni al mes en el que supuestamente habría aumentado unos cinco centímetros.
Sigo midiendo 1.49, y mis brazos siguen igual que antes. Quise enfrentarles por el fraude y los busqué de nuevo en la oficina que visité para regalar esos 450 colones.
Pensé continuar la farsa para conocer al Ingeniero, que tiene la patente en El Salvador pero ya no existían.
No sé si alguien más pagó por ese cartón mal elaborado. Si alguien creyó en la ilógica explicación de quien me dijo llamarse Mario Ernesto Gutiérrez.
Pero si logré comprobar la facilidad de montar una empresa fantasma que puede ofrecer una verdadera magia con productos sacados de la pobre imaginación de un estafador

.¡No al ácido bórico!

El tratamiento funcionaría mejor con una dieta sin alimentos inhibidores del crecimiento.


Después de la larga y gráfica explicación de los ejercicios que tenía que hacer en ayunas todos los días con la ayuda del maravilloso aparato para el crecimiento, vinieron los consejos de quien, obviamente no era un nutricionista.
“Sólo tiene que evitar cuatro tipos de alimentos“, decía Mario, mientras me los apuntaba en una hoja volante.
“Las carnes rojas, porque tienen mucha sangre y bastante ácido bórico que inhibe el papel que juega el calcio que se va tomar; La Coca Cola, La Fanta Cola, Pepsi Cola... en fin, todo lo que termine en Cola.
Ah, pero sí puede tomar soda de otro sabor. El problema es con las que llevan este elemento”, dijo, concediendo el permiso.
“Tampoco puede comer mariscos. Bueno, los crustáceos, porque sí puede comer todos los que lleven aleta s como el pescado”, decía con un tono determinante respecto a las restricciones.
“Tampoco puede tomar café”, dijo, sentenciándome.
“Dios mío, ni café ni mariscos” exclamé confesando mi vicio por la cafeína.
“Bueno, le podemos dar permiso de una tacita diaria” expresó, con un tono bastante amable, a lo que parecía una súplica de mi parte.
Al final, la dieta impuesta por ese joven fue menos restrictiva de lo que esperaba



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