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LA
VIDA POR UN SUEÑO
Rutas peligrosas
Al lado del camino
A finales del 2001, el flujo
de indocumentados hacia Estados Unidos se redujo drásticamente.
Aquel letargo solo era el silencioso presagio de lo que estaba por venir.
Entre lo que antes se consideraba el paso fácil de
Guatemala y México, en el transcurso del año, han muerto
cuatro salvadoreños ahogados; otros más a manos de la delincuencia,
dos han regresado sin sus piernas y 11 niños fueron rescatados
de los coyotes.
Ernesto
Villalobos
vertice@elsalvador.com
Un escueto anuncio ofrece
viajes seguros a Estados Unidos por tierra o por avión. Al llamar
por teléfono, responde una mujer.
Lo llevamos por avión a Estados Unidos. Solo necesita su
pasaporte, de lo demás no se preocupe, lo tenemos arreglado con
la migración, dice.
La agencia también ofrece el viaje por tierra y sin
tapujos dice sus honorarios: le cobramos $4 mil; por avión
$5 mil 500. La mitad aquí y la otra mitad al llegar.
Otro anuncio similar ofrece sus servicios solo por vía terrestre.Éste
cobra $5 mil; los que le cobran 4 mil lo pueden dejar tirado,
justifica la voz grave de otra mujer. Este es el punto de partida para
un migrante a Estados Unidos. En ese momento, comienza una ruleta rusa
para el viajero, en la que se jugará su vida contra los obstáculos
del camino.
No hay garantía de su llegada o de su regreso ni siquiera de
su vida. Muchos salvadoreños han emprendido este viaje por décadas.
Pero, recientemente, el panorama mundial podría haber cambiado
todo.
Hasta hace poco tiempo, el rival a vencer para los esperanzados con
el sueño americano era la frontera norte de México.
Ahora, otra trinchera antimigrante se ha movido más al sur, a
la línea entre Guatemala y México.
En julio del año pasado la administración del presidente
mexicano Vicente Fox puso en marcha el Plan Sur. Este sería para
fortalecer la vigilancia desde el Istmo de Tehuantepec (ver gráfico)
hasta la frontera con Guatemala.
La medida dio sus frutos y según cifras del Instituto Nacional
de Migración mexicano las detenciones anuales de más de
150 mil deportados se redujo en un 20%. Pero, según expertos
en el tema migratorio y un funcionario consular salvadoreño,
el relativo éxito del Plan Sur ocultaba un oscuro fenómeno
para los indocumentados.
Ante el reforzamiento de las vías tradicionales de migración,
los coyotes y migrantes buscaron otros senderos.
Según Jesús Aguilar, dirigente de el Centro de Recursos
Centroamericanos (CARECEN, por sus siglas en inglés), las dos
rutas tradicionales ya no son tan frecuentadas como en años anteriores
(ver gráfico).El dirigente de la organización que vela
por los derechos de los migrantes sostiene que se han detectado por
lo menos cuatro rutas más. Antes se acostumbraba salir
de Tecún Umán paralelo a la costa del Pacífico,
o por Huehuete-nango en Guatemala para llegar a México,
recuerda.
Desde esas dos rutas se podía accesar, al corredor del Océano
Atlántico o al Pacífico para llegar a Estados Unidos.
Pero las nuevas medidas han obligado a buscar rutas de difícil
acceso y más peligrosas.
nuevas
rutas
Indocumentados que vienen del sur han comenzado a circular por las
selvas del Petén y Chiapas, que comparten Guatemala y México.
Ahí, para evadir los controles migratorios deben caminar por
días, alimentarse con escasas provisiones o pasar hambre y luchar
contra las inclemencias del bosque, de los insectos y del clima. Una
vez dentro del territorio mexicano, la próxima parada es Villahermosa.
Esa ciudad se ha convertido en una parada estratégica. Desde
ahí viajan por la costa atlántica para llegar a ciudades
como New York y Washington en Estados Unidos. En otros casos, se dirigen
a la capital mexicana para cambiar de ruta y tomar el Pacífico.
Otros buscan cruzar la frontera embarcándose en una travesía
de más de 200 kms. por el río Usumacinta, o hacerse a
la mar en el Puerto de Ocós para llegar hasta Puerto Escondido
en México, en una travesía de más de doce horas
en lanchas precarias y mar adentro.
Si logran pasar, siguen viajando por la costa del Pacífico para
lograr llegar a las ciudades del oeste norteamericano como Los Angeles
y San Francisco.
Estas rutas ya han comenzado a cobrar sus víctimas. En lo que
va del año, cuatro personas han muerto ahogadas en las travesías
de Ocós y Usumacinta. Más de 20 personas siguen perdidas.
El tren
En la década de los ochenta, el tren de la costa pacífica
mexicana era el transporte por excelencia. Ahora es la peor pesadilla.
Aguilar, de CARECEN, recorrió esta vía en 1980. Uno
podía subirse a los vagones de carga de los trenes de la red
nacional en las estaciones mismas, recuerda.
Con el paso del tiempo, las autoridades migratorias mexicanas establecieron
controles en las estaciones, por lo que ahora se debe abordar el tren
en marcha, kilómetros después, y bajarse antes de la próxima
estación.
Así subir y bajar del tren se convirtió en un riesgo agregado
a la ruta. Y, recientemente, la presencia de delincuentes salvadoreños
le dieron el tiro de gracia a los inmigrantes. La mara salvatrucha
se ha adueñado de la vía robando y matando a los pasajeros.
Los mareros tiran del tren al que se les opone o al que no lleva nada
que robarle. Si el aventurero tiene suerte, pagará su osadía
de viajar con lesiones leves; sino con sus piernas o con la vida. En
lo que va del año se han repatriado dos casos de salvadoreños
amputados, pero las cifras podrían ser mayores.
La ruta terrestre de Huehuetenango-Chiapas se ha convertido en una de
las más vigiladas. A medida que se acerca al llamado Istmo de
Tehuantepec en el estado de Oaxaca. El control aumenta gracias al Plan
Sur.
En julio de 2001, el gobierno mexicano puso en marcha el plan para fortalecer
los controles migratorios.
Según
periódicos mexi-canos, el programa se amplió en la frontera
Sur y se conoce como el Sellamiento de la Frontera Sur,
que va desde Veracruz hasta la Península de Yucatán, donde
existe una coordinación de los cuerpos policiacos como el Instituto
Nacional de Migración, Ejército Mexicano, Policía
Federal de Caminos, entre otros. Muchos de estos grupos que se coordinan
se denominan Bases de Operaciones Mixtas (BOM) y se ubican en lugares
estratégicos.
Con el plan se pretende cerrar el Istmo de Tehuan-tepec en Oaxaca, porque
es el paso más angosto del territorio mexicano (ver gráfico,
página anterior).
El licenciado Omar Hurtado, Encargado de Asuntos Políticos de
la Embajada de México en el país, sostiene que no
es un plan para fortalecer la frontera; sino un plan para reorganizar
el trabajo de las distintas dependencias estatales y del Instituto Nacional
de Migración.
Sin embargo, el cónsul salvadoreño en Tapachula, Asdrúbal
Aguilar Zepeda, sostiene que los controles se han hecho más estrictos.
Además, argumenta que esta política de sellamiento podría
ser fruto del interés que tiene el gobierno mexicano por ganar
ventajas migratorias con Estados Unidos, al detener el flujo en la frontera
sur y así disminuir el problema en la frontera estadounidense.
Según el cónsul, solo de esta forma se explicaría
la presencia de personal de migratorio estadounidense en la frontera
de Tapachula. Además, la interpretación se refuerza tomando
en cuenta el contexto en que se puso en marcha el Plan Sur en paralelo
a la creación del Grupo de Alto Nivel de México y Estados
Unidos en Materia Migratoria.
el trueque
En agosto de 2001, a un mes de la puesta en marcha del Plan Sur, Bush
y Fox anunciaron un pacto migratorio.
Esta iniciativa ya había tomado forma, pero en febrero del 2001,
a partir de las primeras reuniones que habían sostenido ambos
gobernantes.
En el acuerdo, se negociaba la legalización del estatus migratorio
de por lo menos 3 millones de mexicanos que viven ilegalmente en Estados
Unidos. El 6 de septiembre del año pasado, las declaraciones
de Bush auguraban la suscripción del acuerdo. Él prometió
que trabajarían al 100 por ciento, en ello. Espero
que podamos presentar una solución; quiero complacer a mi amigo,
declaró.
Además, el acuerdo incluiría la ampliación de un
programa que existe desde mediados de la década de los 80 y no
es nada nuevo.
La ampliación del plan buscaba favorecer a alrededor de 30.000
trabajadores agrícolas, procedentes de México, como invitados
temporales.
El mecanismo iba a incluir la obtención de las visas H-2A, por
medio de la cual, quien la gozara, podía ir a trabajar a Estados
Unidos cada año al amparo de la ley.
Por su parte, el consulado mexicano en San Salvador, rechaza que el
gobierno del presidente Vicente Fox esté negociando beneficios
migratorios a cambio de fortalecer la frontera sur.
Las negociaciones son nuevas y se detuvieron y no sabemos qué
va a pasar, afirma Omar Hurtado, en alusión al contexto
internacional. Para nadie es un secreto que las conversaciones se retrasaron
y no llegaron a su feliz término después de los atentados
a las Torres Gemelas, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington.
El atentado terrorista del 11 de septiembre marcó un descenso
del 50% del flujo migratorio, según datos oficiales.
Aguilar dice que esto se debió al miedo de los migrantes a la
tambaleante situación estadounidense. Regularmente, siempre
baja a fin de año debido al invierno en Estados Unidos, pero
no disminuía tanto.
El cónsul salvadoreño en Tapachula refuerza este argumento:
en los últimos tres meses del año, solo deportaban
unas 100 personas diarias. Ahora se deporta un promedio de 400,
afirma.
Quienes viajan ilegalmente ahora deben enfrentar controles más
estrictos, delincuentes y nuevas rutas, que se mezcla en un peligroso
coctel que ha disparado el número de víctimas en este
año. Y no hay ninguna señal que indique que esto vaya
a detenerse.
Por el contrario, el sueño americano sigue presente en la mente
de cientos de salvadoreños que apuestan su vida a cambio de un
camino incierto, peligroso; pero con la ilusión de un futuro
mejor.
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AUXILIO
La ayuda
Beta
su objetivo es auxiliar a los migrantes . su mayor problema es
que los indocumentados no confían en ellos.

El grupo Beta fue creado en 1996 con la finalidad de prevenir
la violencia, brindar protección, ayuda y rescate a los
indocumentados en tránsito por la frontera sur de México.
El grupo se divide en tres grupos Tapachula, Comitán y
Tenoisque, y cuentan con al menos 50 efectivos, quienes, tienen
a cargo cuidar a los indocumentados que pasan por los más
de 900 kms. de frontera entre Guatemala y México.
José Tello ha trabajado en ese grupo desde hace dos años
y sostiene que el mayor problema que enfrentan es que los inmigrantes
lo confunden con agentes migratorios.
Lo único que hacemos es ayudarlos y queremos que
confíen en nosotros; no los vamos a entregar, solo los
queremos ayudar, sostiene.
Según Tello están por crear dos grupos en los estados
de Veracruz y Oaxaca. Así, la corporación dependiente
de Instituto Nacional de Migración, aumentaría su
personal a 74 en la frontera sur mexicana.
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EVOLUCIÓN
El tráfico
en red
La cacería de coyotes en el país y en el extranjero
ha tenido un efecto directo en el precio del viaje.
El 22 de enero pasado, el gobierno de Estados Unidos puso en práctica
el otorgamiento de la Visa T, válida para aquellos ilegales
víctimas de los traficantes. En El Salvador, se reformó
el código penal en el 2001 y se incluyó como delito
el tráfico de personas.
A pesar de la medida, el flujo migratorio va en aumento y las
bandas de tráfico se especializan en nuevas rutas. Según
las cifras oficiales mexicanas unas 100 bandas de traficantes
funcionan en la frontera sur. Estas tienen más de 50 pasos
clandestinos para cruzar la frontera, solo en Chiapas.
Estás bandas no pueden actuar desde los países de
origen por si mismas. Así que establecen socios locales.
Según Antonio Aguilar, la figura del coyote que acompañaba
al indocumentado toda la ruta está desapareciendo.
Ahora funcionan como redes. Uno de ellos los recoge en El
Salvador, otro coyote los deposita en Guatemala, otro los lleva
a la frontera de México, uno más los lleva a la
Frontera de Estados Unidos y finalmente los recibe el que los
llevará hasta su lugar de destino en la ciudades estadounidenses,
explica.
Esta intrincada red posee una infraestructura de hoteles, automóviles
y contactos en toda la ruta que se encargan de la logística
y de mantener los contactos con las autoridades que sobornan.
Hasta el momento el efecto más papable para los migrantes
de las medidas anticoyotes ha sido el encarecimiento de los viajes.
Hace un año el viaje podría valer uno 3 mil
dólares por tierra. Ahora puede costar hasta 7 mil dólares
o más dependiendo el transporte que se utilice, sostiene
Aguilar.
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