10 de febrero de 2002

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LA VIDA POR UN SUEÑO

Rutas peligrosas
Al lado del camino


A finales del 2001, el flujo de indocumentados hacia Estados Unidos se redujo drásticamente. Aquel letargo solo era el silencioso presagio de lo que estaba por venir. Entre lo que antes se consideraba el “paso fácil” de Guatemala y México, en el transcurso del año, han muerto cuatro salvadoreños ahogados; otros más a manos de la delincuencia, dos han regresado sin sus piernas y 11 niños fueron rescatados de los coyotes.

Ernesto Villalobos
vertice@elsalvador.com 

Un escueto anuncio ofrece viajes seguros a Estados Unidos por tierra o por avión. Al llamar por teléfono, responde una mujer.
“Lo llevamos por avión a Estados Unidos. Solo necesita su pasaporte, de lo demás no se preocupe, lo tenemos arreglado con la migración”, dice.
La “agencia” también ofrece el viaje por tierra y sin tapujos dice sus honorarios: “le cobramos $4 mil; por avión $5 mil 500. La mitad aquí y la otra mitad al llegar”.
Otro anuncio similar ofrece sus servicios solo por vía terrestre.Éste cobra $5 mil; “los que le cobran 4 mil lo pueden dejar tirado”, justifica la voz grave de otra mujer. Este es el punto de partida para un migrante a Estados Unidos. En ese momento, comienza una ruleta rusa para el viajero, en la que se jugará su vida contra los obstáculos del camino.
No hay garantía de su llegada o de su regreso ni siquiera de su vida. Muchos salvadoreños han emprendido este viaje por décadas. Pero, recientemente, el panorama mundial podría haber cambiado todo.
Hasta hace poco tiempo, el rival a vencer para los esperanzados con el “sueño americano” era la frontera norte de México. Ahora, otra trinchera antimigrante se ha movido más al sur, a la línea entre Guatemala y México.
En julio del año pasado la administración del presidente mexicano Vicente Fox puso en marcha el Plan Sur. Este sería para fortalecer la vigilancia desde el Istmo de Tehuantepec (ver gráfico) hasta la frontera con Guatemala.
La medida dio sus frutos y según cifras del Instituto Nacional de Migración mexicano las detenciones anuales de más de 150 mil deportados se redujo en un 20%. Pero, según expertos en el tema migratorio y un funcionario consular salvadoreño, el relativo éxito del Plan Sur ocultaba un oscuro fenómeno para los indocumentados.
Ante el reforzamiento de las vías tradicionales de migración, los coyotes y migrantes buscaron otros “senderos”.
Según Jesús Aguilar, dirigente de el Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN, por sus siglas en inglés), las dos rutas tradicionales ya no son tan frecuentadas como en años anteriores (ver gráfico).El dirigente de la organización que vela por los derechos de los migrantes sostiene que se han detectado por lo menos cuatro rutas más. “Antes se acostumbraba salir de Tecún Umán paralelo a la costa del Pacífico, o por Huehuete-nango en Guatemala para llegar a México”, recuerda.
Desde esas dos rutas se podía accesar, al corredor del Océano Atlántico o al Pacífico para llegar a Estados Unidos. Pero las nuevas medidas han obligado a buscar rutas de difícil acceso y más peligrosas.

nuevas rutas

Indocumentados que vienen del sur han comenzado a circular por las selvas del Petén y Chiapas, que comparten Guatemala y México.

Ahí, para evadir los controles migratorios deben caminar por días, alimentarse con escasas provisiones o pasar hambre y luchar contra las inclemencias del bosque, de los insectos y del clima. Una vez dentro del territorio mexicano, la próxima parada es Villahermosa. Esa ciudad se ha convertido en una parada estratégica. Desde ahí viajan por la costa atlántica para llegar a ciudades como New York y Washington en Estados Unidos. En otros casos, se dirigen a la capital mexicana para cambiar de ruta y tomar el Pacífico.
Otros buscan cruzar la frontera embarcándose en una travesía de más de 200 kms. por el río Usumacinta, o hacerse a la mar en el Puerto de Ocós para llegar hasta Puerto Escondido en México, en una travesía de más de doce horas en lanchas precarias y mar adentro.
Si logran pasar, siguen viajando por la costa del Pacífico para lograr llegar a las ciudades del oeste norteamericano como Los Angeles y San Francisco.
Estas rutas ya han comenzado a cobrar sus víctimas. En lo que va del año, cuatro personas han muerto ahogadas en las travesías de Ocós y Usumacinta. Más de 20 personas siguen perdidas.

El tren

En la década de los ochenta, el tren de la costa pacífica mexicana era el transporte por excelencia. Ahora es la peor pesadilla.


Aguilar, de CARECEN, recorrió esta vía en 1980. “Uno podía subirse a los vagones de carga de los trenes de la red nacional en las estaciones mismas”, recuerda.
Con el paso del tiempo, las autoridades migratorias mexicanas establecieron controles en las estaciones, por lo que ahora se debe abordar el tren en marcha, kilómetros después, y bajarse antes de la próxima estación.
Así subir y bajar del tren se convirtió en un riesgo agregado a la ruta. Y, recientemente, la presencia de delincuentes salvadoreños le dieron el tiro de gracia a los inmigrantes. La “mara salvatrucha” se ha adueñado de la vía robando y matando a los pasajeros.
Los mareros tiran del tren al que se les opone o al que no lleva nada que robarle. Si el aventurero tiene suerte, pagará su osadía de viajar con lesiones leves; sino con sus piernas o con la vida. En lo que va del año se han repatriado dos casos de salvadoreños amputados, pero las cifras podrían ser mayores.
La ruta terrestre de Huehuetenango-Chiapas se ha convertido en una de las más vigiladas. A medida que se acerca al llamado Istmo de Tehuantepec en el estado de Oaxaca. El control aumenta gracias al “Plan Sur”.
En julio de 2001, el gobierno mexicano puso en marcha el plan para fortalecer los controles migratorios.
Según periódicos mexi-canos, el programa se amplió en la frontera Sur y se conoce como “el Sellamiento de la Frontera Sur”, que va desde Veracruz hasta la Península de Yucatán, donde existe una coordinación de los cuerpos policiacos como el Instituto Nacional de Migración, Ejército Mexicano, Policía Federal de Caminos, entre otros. Muchos de estos grupos que se coordinan se denominan Bases de Operaciones Mixtas (BOM) y se ubican en lugares estratégicos.
Con el plan se pretende cerrar el Istmo de Tehuan-tepec en Oaxaca, porque es el paso más angosto del territorio mexicano (ver gráfico, página anterior).
El licenciado Omar Hurtado, Encargado de Asuntos Políticos de la Embajada de México en el país, sostiene que “no es un plan para fortalecer la frontera; sino un plan para reorganizar el trabajo de las distintas dependencias estatales y del Instituto Nacional de Migración”.
Sin embargo, el cónsul salvadoreño en Tapachula, Asdrúbal Aguilar Zepeda, sostiene que los controles se han hecho más estrictos. Además, argumenta que esta política de sellamiento podría ser fruto del interés que tiene el gobierno mexicano por ganar ventajas migratorias con Estados Unidos, al detener el flujo en la frontera sur y así disminuir el problema en la frontera estadounidense.
Según el cónsul, solo de esta forma se explicaría la presencia de personal de migratorio estadounidense en la frontera de Tapachula. Además, la interpretación se refuerza tomando en cuenta el contexto en que se puso en marcha el Plan Sur en paralelo a la creación del Grupo de Alto Nivel de México y Estados Unidos en Materia Migratoria.

el trueque

En agosto de 2001, a un mes de la puesta en marcha del Plan Sur, Bush y Fox anunciaron un pacto migratorio.


Esta iniciativa ya había tomado forma, pero en febrero del 2001, a partir de las primeras reuniones que habían sostenido ambos gobernantes.
En el acuerdo, se negociaba la legalización del estatus migratorio de por lo menos 3 millones de mexicanos que viven ilegalmente en Estados Unidos. El 6 de septiembre del año pasado, las declaraciones de Bush auguraban la suscripción del acuerdo. Él prometió que trabajarían al “100 por ciento”, en ello. “Espero que podamos presentar una solución; quiero complacer a mi amigo”, declaró.
Además, el acuerdo incluiría la ampliación de un programa que existe desde mediados de la década de los 80 y no es nada nuevo.
La ampliación del plan buscaba favorecer a alrededor de 30.000 trabajadores agrícolas, procedentes de México, como “invitados” temporales.
El mecanismo iba a incluir la obtención de las visas H-2A, por medio de la cual, quien la gozara, podía ir a trabajar a Estados Unidos cada año al amparo de la ley.
Por su parte, el consulado mexicano en San Salvador, rechaza que el gobierno del presidente Vicente Fox esté negociando beneficios migratorios a cambio de fortalecer la frontera sur.
“Las negociaciones son nuevas y se detuvieron y no sabemos qué va a pasar”, afirma Omar Hurtado, en alusión al contexto internacional. Para nadie es un secreto que las conversaciones se retrasaron y no llegaron a su feliz término después de los atentados a las Torres Gemelas, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington.
El atentado terrorista del 11 de septiembre marcó un descenso del 50% del flujo migratorio, según datos oficiales.
Aguilar dice que esto se debió al miedo de los migrantes a la tambaleante situación estadounidense. “Regularmente, siempre baja a fin de año debido al invierno en Estados Unidos, pero no disminuía tanto”.
El cónsul salvadoreño en Tapachula refuerza este argumento: “en los últimos tres meses del año, solo deportaban unas 100 personas diarias. Ahora se deporta un promedio de 400”, afirma.
Quienes viajan ilegalmente ahora deben enfrentar controles más estrictos, delincuentes y nuevas rutas, que se mezcla en un peligroso coctel que ha disparado el número de víctimas en este año. Y no hay ninguna señal que indique que esto vaya a detenerse.
Por el contrario, el sueño americano sigue presente en la mente de cientos de salvadoreños que apuestan su vida a cambio de un camino incierto, peligroso; pero con la ilusión de un futuro mejor.

AUXILIO
La ayuda Beta

su objetivo es auxiliar a los migrantes . su mayor problema es que los indocumentados no confían en ellos.


El grupo Beta fue creado en 1996 con la finalidad de prevenir la violencia, brindar protección, ayuda y rescate a los indocumentados en tránsito por la frontera sur de México.
El grupo se divide en tres grupos Tapachula, Comitán y Tenoisque, y cuentan con al menos 50 efectivos, quienes, tienen a cargo cuidar a los indocumentados que pasan por los más de 900 kms. de frontera entre Guatemala y México.
José Tello ha trabajado en ese grupo desde hace dos años y sostiene que el mayor problema que enfrentan es que los inmigrantes lo confunden con agentes migratorios.
“Lo único que hacemos es ayudarlos y queremos que confíen en nosotros; no los vamos a entregar, solo los queremos ayudar”, sostiene.
Según Tello están por crear dos grupos en los estados de Veracruz y Oaxaca. Así, la corporación dependiente de Instituto Nacional de Migración, aumentaría su personal a 74 en la frontera sur mexicana.

 

 

EVOLUCIÓN
El tráfico en red

La cacería de coyotes en el país y en el extranjero ha tenido un efecto directo en el precio del viaje.


El 22 de enero pasado, el gobierno de Estados Unidos puso en práctica el otorgamiento de la Visa T, válida para aquellos ilegales víctimas de los traficantes. En El Salvador, se reformó el código penal en el 2001 y se incluyó como delito el tráfico de personas.
A pesar de la medida, el flujo migratorio va en aumento y las bandas de tráfico se especializan en nuevas rutas. Según las cifras oficiales mexicanas unas 100 bandas de traficantes funcionan en la frontera sur. Estas tienen más de 50 pasos clandestinos para cruzar la frontera, solo en Chiapas.
Estás bandas no pueden actuar desde los países de origen por si mismas. Así que establecen socios locales. Según Antonio Aguilar, la figura del coyote que acompañaba al indocumentado toda la ruta está desapareciendo.
Ahora funcionan como redes. “Uno de ellos los recoge en El Salvador, otro coyote los deposita en Guatemala, otro los lleva a la frontera de México, uno más los lleva a la Frontera de Estados Unidos y finalmente los recibe el que los llevará hasta su lugar de destino en la ciudades estadounidenses”, explica.
Esta intrincada red posee una infraestructura de hoteles, automóviles y contactos en toda la ruta que se encargan de la logística y de mantener los contactos con las autoridades que sobornan.
Hasta el momento el efecto más papable para los migrantes de las medidas anticoyotes ha sido el encarecimiento de los viajes. “Hace un año el viaje podría valer uno 3 mil dólares por tierra. Ahora puede costar hasta 7 mil dólares o más dependiendo el transporte que se utilice”, sostiene Aguilar.

 



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