![]() 10 de febrero de 2002 |
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Iván Gómez Un nacatamal Eiste nombre culinario pertenece a las comidas típicas nicaragüense. Prácticamente es un tamal salvadoreño pero elevado a la tercera potencia. Debido a que sus ingredientes sobrepasan el volumen de nuestro platillo tradicional: masa, papas, arroz, cerdo, tomate, cebolla y hasta huevo. Sin faltar el chile cabro. De que falte uno de estos ingredientes (más el tiempo reglamentario para su punto) dependerá de que el marchante sea fiel y exclusivo de la vendedora. Como de este platillo solo soy experto para consumirlo, me atrevo a compararlo a la gran cantidad de ingredientes que se han dado a conocer por separado sobre el Plan de Reordenamiento de Transporte. En octubre pasado, la mayoría de salvadoreños, incluso los que no ocupan un bus; pero sufren sus estragos, vieron en el Viceministerio de Transporte la salida al eterno problema generado por el servicio público de automotores. Sin embargo, hoy por hoy, todo es distinto gracias a quienes -sin haberse montado en una de esas unidades- se atreven a dar rienda al tiempo para que los empresarios cambien sus unidades. En 1998, los dueños de autobuses pidieron que se les concediera tiempo para renovar las unidades viejas. Hoy es el mismo mensaje... En pocas palabras, es el casete de siempre. El caso es que, al parecer, a Ricardo Yúdice se le ha perdido la receta y está cocinando el nacatamal sin los ingredientes necesarios, ofreciendo prórrogas y enviando comunicados para aclarar lo que al parecer la prensa no entendió. Se necesita tener tres dedos de frente para entender que cual quier bus que se sobrecarga a las horas pico va a tener una vida no mayor a los 15 años. Además, hay que agregarle que cuentan con una carrocería fruto de una clonación de marcas y con una constante compresión del motor bajo el lema: lo subo donde me da la gana y lo bajo donde me da la gana. Al parecer, al Vice le quieren hacer la yudicitis y robarle la piedra filosofal para eternizar el problema. O tal vez tendrán razón quienes argumentan que el plan sólo fue un anuncio político popular y que -a la hora de enfrentar la realidad- se enteraron que no era fácil cambiar siete mil unidades chatarras de un plumazo porque no hay empresa automotriz que pueda suplir la demanda. Tal vez sea cierto. Pero 20 ó 30 buses si se pueden conseguir. Es cuestión de verdadera voluntad. De todas formas, el nacatamal de Yúdice tendrá que esperar hasta encontrar en el mercado todos los ingredientes para el buen sabor de los usuarios
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