3 de febrero de 2002

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La confesión de Sharon

El primer ministro de Israel cruzó la línea de la diplomacia esta semana. Sus delcaraciones pusieron en riesgo las pláticas de paz con la Autoridad Palestina.

Redacción Vértice/Agencia

vertice@elsalvador.com

Las declaraciones del primer ministro israelí Ariel Sharon desencadenaron una tormenta política y diplomática internacional en su contra. Sharon lamentó no haber eliminado a Yaser Arafat durante la invasión al Líbano en 1982 durante una entrevista que concedió al periódico judío Maariv.
Las reacciones no se hicieron esperar en Europa.
El ministro de Asuntos Exteriores y presidente del Consejo de Ministros de la Unión Europea (UE), Josep Piqué, deploró las declaraciones del líder judío.
Piqué señaló que si la publicación del rotativo corresponde ha lo expresado por el primer ministro Sharon, las deploraba y rechazaba.
Asimismo, el ministro reiteró la postura de la UE de respaldar a Arafat como representante legítimo de los palestinos.
En los últimos días han surgido informaciones y rumores sobre la posibilidad de que Estados Unidos rompa sus relaciones con Arafat, en un claro respaldo a la postura israelí.
Las declaraciones de Sharon se produjeron durante una entrevista al diario judío Maariv y fueron reproducidas por todas las agencias internacionales de prensa.
Sharon quien, en la década de los ochenta fue ministro de Defensa, señaló que durante ese tiempo hubo un acuerdo para respetar la integridad de Arafat.

La guerra del Líbano

“En el Líbano hubo un acuerdo que establecía que no era necesario liquidar a Arafat, y a fin de cuentas, lo lamento”, dijo.
Durante la invasión israelí al Líbano en 1982, Arafat era el máximo líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y era quien dirigía los combates del lado palestino en la capital libanesa.
La publicación de Maariv no ofrece mayores detalles sobre quién o quienes habían decidido mantener vivo al líder de la OLP.
Arafat fue el responsable, en aquel entonces, de la mayoría de atentados perpetrados contra blancos judíos dentro y fuera del Medio Oriente.
Al final, la guerra fue ganada por Israel y las fuerzas palestinas se trasladaron a Túnez en donde permanecieron hasta la firma de los primeros acuerdos con Israel alcanzados en Oslo, Noruega, en 1993.
Las declaraciones de Sharon contrastan con las efectuadas -por él mismo- en diciembre pasado cuando señaló que Arafat podría volver a ser un socio para la negociación.
En aquella ocasión, el primer ministro dejo entrever que se resignaba a aceptar un Estado Palestino, pero desmilitarizado.
Sin embargo un acuerdo de este tipo es rechazado por la mayoría del Likud (derecha), el partido que representa Sharon.
Mientras tanto, la escalada de violencia continúa. Dos palestinos hicieron estallar el fin de semana pasado una bomba en Gaza justo cuando pasaba un vehículo, que conducía a varios agricultores tailandeses rumbo a un asentamiento judío.
Otro hecho -sin precedentes- fue un atentado suicida ejecutado por una joven palestina.
A juicio de unos, la lección de Sharon es que -en política- nunca debe anteponerse la sinceridad a la diplomacia.


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