20 de enero de 2002

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Guardaespaldas:
Trabajo de riesgo


Resguardar a una personalidad con el riesgo de entregar hasta su vida no es fácil. Todo depende de un elemento importante: destreza y confianza entre ambas partes.

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com 

Es una de las profesiones más antiguas de la civilización. Emperadores, reyes, jerarcas y hasta líderes espirituales contaban con una guardia especial conformada por hombres musculosos dispuestos a todo con el único propósito de cuidar bajo -todo riesgo- a la persona asignada.
Además de contar con una buena alimentación y dotados de frondoso cuerpo, los guardias de seguridad difícilmente se mezclaban con el resto de la población. La confianza y la lealtad eran el común denominador entre el protector y el protegido.
Hoy estos factores aún se mantienen entre este tipo de personas, escogidas y preparadas física y psicológicamente para estar prestos a cualquier emergencia.
Sin embargo, la historia ha demostrado que ha sido estas mismas personas las que -una vez perdida la confianza con su protegido- han llegado hasta la traición. Y, como es lógico, ha desembocado en la caída de imperios y gobiernos legendarios.
En el país, durante el gobierno de Julio Adalberto Rivera (1962-1966), al mandatario se le podía observar con toda facilidad pasear por las calles capitalinas en una motocicleta con más protección que su propio casco.
Durante esos años, los niveles delincuenciales eran muy bajos.
Fue hasta su sucesor, Fidel Sánchez Hernández, que se implementa la seguridad, redoblada con los mandatos de Arturo Molina, Humberto Romero y más aún con sus sucesores donde se llegó hasta imponer cuatro a seis vehículos.
Pero el elemento de seguridad no sólo quedó a disposición para personalidades de gobierno. A fines de los años setenta, muchos empresarios ante el temor del secuestro tuvieron que contratar personal de seguridad.
Una vez entró en vigor la guerra, las fuerzas armadas se vieron obligadas a formar un tipo de cuerpo de seguridad especial. Tenía como finalidad proteger la integridad física de personalidades frente a la amenaza de atentados por parte de la guerrilla.
Hoy en día, aunque la guerra terminó, existen nuevos factores para que los guardaespaldas continúen en esta profesión riesgosa.
Se podría decir que son parte de los sistemas sociales. El clima de violencia que se vive, requiere y obliga a una constante preparación de defensa tanto en el aspecto físico, mental como en el técnico.Recuadro



Vencer al miedo


Thomas Hu es uno de los tantos guardaespaldas que cuidan del ex presidente norteamericano Jimmy Carter cuando se encuentra fuera de su país.
A pesar de su carácter serio, tiene tiempo para entablar conversación con la prensa previo a la llegada del ex mandatario a la residencia de una personalidad.
Usted no me conoce, lo único que sabe es que cuelgo del pecho una identificación de prensa. ¿Cómo sabe que no pretendo hacerle daño a Carter?
- Desde antes que te acercaras , observé el comportamiento del grupo. No se trata simplemente de prevención. Más bien de cómo voy a actuar cuando se presente una emergencia y para eso estoy preparado.
Sin mayores explicaciones, Thomas continuó con su misión hasta el fin.
Ese mismo trabajo desarrolló David Ernesto en Casa Presidencial. Una unidad especial del ejército salvadoreño lo mantuvo en el lugar al resguardo de dos ex presidentes durante sus periodos de mando.
Su trabajo más difícil fue cuando tuvo que acompañar a los ex mandatarios al exterior. Generalmente fue en los paises centroamericanos. “Cuando se está en otro país donde no conoces a nadie uno tiene que estar pendiente, aunque se esté dormido”, sostiene.
David sabía muy bien que no se trataba de vencer el miedo, si no más bien estar decidido y preparado. “Todo el tiempo pensaba en lo peor para que fuera lo mejor”.
Una de las diferencias de mantener la seguridad a un Jefe de Estado con otra personalidad es resguardar la distancia y evitar lo más posible el contacto físico. “Hay que guardar distancia”.
A pesar de haber desempeñado un trabajo duro, David se llena de orgullo por su trabajo cumplido



Seguridad ante todo


Durante los años ochenta, Felipe es reclutado en la Primera Brigada de Infantería para integrar un recién creado cuerpo de seguridad.
Tenía como finalidad proteger la integridad física de personalidades frente a la amenaza de atentados por parte de la guerrilla.
A pesar de estar en guerra, Felipe sentía satisfacción por ser escolta de alguna persona importante.
No olvida como sus compañeros rescataron, durante la ofensiva de 1989, al Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) Joao Baena Suarez.
Una vez finalizada la guerra, decide continuar su vocación; pero fuera de la institución. Su nueva vida estaría en el área privada.
Su familia, entre ellos sus tres hijos, ya casi adolescentes, respetaron su decisión.
“A lo mejor mi destino sería otro, si ellos hubieran vivido el tipo de trabajo que uno ejercía durante el conflicto”, sostiene.
Su familia se ha acostumbrado a su trabajo. Sobre todo cuando la disciplina o el carácter serio se queda en el trabajo y en el hogar su comportamiento es el de cualquier padre de familia. Una vez en casa, se desconecta.
Respecto a su actual empleo, Felipe no se queja; está acostumbrado a ese tipo de disciplina que -en general- no ha cambiado mucho.
Si las salidas son de largas distancias. Felipe sabe por experiencia que un par de panes preparados en casa serán suficientes para continuar su rutina.
“Lo importante de este trabajo es que tanto el patrón como uno se tengan confianza y no exista maltrato ”.



En paz con Dios

Muchas personas tienen la impresión de que un guardaespaldas es una persona prepotente que desconfía hasta de su propia sombra. Para muchos es cuestión de carácter; no de intimidación.
Hay casos como el de Santos que, a pesar de profesar el evangelio desde hace tres años, este no es un obstáculo para cumplir con su misión. “Se siente el cambio en la conducta del hombre común; pero las funciones de trabajo son las mismas. Lo único es que se confía en que Dios nos va a guardar”, sostiene.
Para él Dios le ha encomendado esa función. “No estamos haciendo nada malo, esto no es pecado por que estamos contrarrestando el mal (...) Muchos dicen que el arma es de Satanás, pero yo entiendo que portarla para ocasiones de defensa propia o de una tercera persona no es ningún problema”.
Insiste en la necesidad de mantener una confianza. Esa actitud permitirá la lealtad.
Al mismo tiempo critica a aquellos guardaespaldas exhibicionistas que intimidan a las personas. Él cree que estos elementos ha ntenido preparación militar; pero no han sido adiestrado para este tipo de trabajo. Les falta aprender.

Frente a la inseguridad

La efectividad del trabajo del guardaespalda tiene que ir relacionada con la cooperación mutua

Hay personas que requieren de los servicios de seguridad por que sienten por naturaleza de vida cuidarse de algún atentado. Sin embargo, hay personas que no están acostumbrados a este estilo de vida y muestran desinterés en cooperar con ellos.
Otro de los factores que pueden distanciar el trabajo es el de cambiar constantemente la seguridad. “Hay gente que maltrata a su seguridad, los dejan a la intemperie y, si no les parece, simplemente llaman a la agencia para pedir el sustituto”, sostiene Javier, al comentar sobre las dificultades en que se encuentran algunos elementos que trabajan en esta profesión.
Hay personas ariscas a la seguridad. Una de ellas puede ser un funcionario de gobierno quien sólo tendrá seguridad mientras se mantenga en el cargo.
“Me he enterado por amigos que están cansados de los malos tratos. Cuando salen en el carro, no le dan tiempo al vehículo seguidor y se enfrentan a un problema de riesgo. Si le pasa algo, a ellos les pasarán la factura”, se lamenta Javier.
Pasara mucho tiempo para que este tipo de profesión de riesgo baje su perfil. Mientras tanto, los centinelas de vidas ajenas, estarán al frente para proteger a quien les ha sido designado. Y también protegerse de un mal invisible que se ha mezclado con la sociedad civil.

 



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