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Guardaespaldas:
Trabajo de riesgo
Resguardar a una personalidad
con el riesgo de entregar hasta su vida no es fácil. Todo depende
de un elemento importante: destreza y confianza entre ambas partes.
Iván
Gómez
vertice@elsalvador.com
Es una de las profesiones
más antiguas de la civilización. Emperadores, reyes, jerarcas
y hasta líderes espirituales contaban con una guardia especial
conformada por hombres musculosos dispuestos a todo con el único
propósito de cuidar bajo -todo riesgo- a la persona asignada.
Además de contar con una buena alimentación y dotados
de frondoso cuerpo, los guardias de seguridad difícilmente se
mezclaban con el resto de la población. La confianza y la lealtad
eran el común denominador entre el protector y el protegido.
Hoy estos factores aún se mantienen entre este tipo de personas,
escogidas y preparadas física y psicológicamente para
estar prestos a cualquier emergencia.
Sin embargo, la historia ha demostrado que ha sido estas mismas personas
las que -una vez perdida la confianza con su protegido- han llegado
hasta la traición. Y, como es lógico, ha desembocado en
la caída de imperios y gobiernos legendarios.
En el país, durante el gobierno de Julio Adalberto Rivera (1962-1966),
al mandatario se le podía observar con toda facilidad pasear
por las calles capitalinas en una motocicleta con más protección
que su propio casco.
Durante esos años, los niveles delincuenciales eran muy bajos.
Fue hasta su sucesor, Fidel Sánchez Hernández, que se
implementa la seguridad, redoblada con los mandatos de Arturo Molina,
Humberto Romero y más aún con sus sucesores donde se llegó
hasta imponer cuatro a seis vehículos.
Pero el elemento de seguridad no sólo quedó a disposición
para personalidades de gobierno. A fines de los años setenta,
muchos empresarios ante el temor del secuestro tuvieron que contratar
personal de seguridad.
Una vez entró en vigor la guerra, las fuerzas armadas se vieron
obligadas a formar un tipo de cuerpo de seguridad especial. Tenía
como finalidad proteger la integridad física de personalidades
frente a la amenaza de atentados por parte de la guerrilla.
Hoy en día, aunque la guerra terminó, existen nuevos factores
para que los guardaespaldas continúen en esta profesión
riesgosa.
Se podría decir que son parte de los sistemas sociales. El clima
de violencia que se vive, requiere y obliga a una constante preparación
de defensa tanto en el aspecto físico, mental como en el técnico.Recuadro

Vencer al miedo
Thomas Hu es uno de los tantos guardaespaldas que cuidan del ex presidente
norteamericano Jimmy Carter cuando se encuentra fuera de su país.
A pesar de su carácter serio, tiene tiempo para entablar conversación
con la prensa previo a la llegada del ex mandatario a la residencia
de una personalidad.
Usted no me conoce, lo único que sabe es que cuelgo del pecho
una identificación de prensa. ¿Cómo sabe que no
pretendo hacerle daño a Carter?
- Desde antes que te acercaras , observé el comportamiento del
grupo. No se trata simplemente de prevención. Más bien
de cómo voy a actuar cuando se presente una emergencia y para
eso estoy preparado.
Sin
mayores explicaciones, Thomas continuó con su misión hasta
el fin.
Ese mismo trabajo desarrolló David Ernesto en Casa Presidencial.
Una unidad especial del ejército salvadoreño lo mantuvo
en el lugar al resguardo de dos ex presidentes durante sus periodos
de mando.
Su trabajo más difícil fue cuando tuvo que acompañar
a los ex mandatarios al exterior. Generalmente fue en los paises centroamericanos.
Cuando se está en otro país donde no conoces a nadie
uno tiene que estar pendiente, aunque se esté dormido,
sostiene.
David sabía muy bien que no se trataba de vencer el miedo, si
no más bien estar decidido y preparado. Todo el tiempo
pensaba en lo peor para que fuera lo mejor.
Una de las diferencias de mantener la seguridad a un Jefe de Estado
con otra personalidad es resguardar la distancia y evitar lo más
posible el contacto físico. Hay que guardar distancia.
A pesar de haber desempeñado un trabajo duro, David se llena
de orgullo por su trabajo cumplido

Seguridad ante todo
Durante los años ochenta, Felipe es reclutado en la Primera Brigada
de Infantería para integrar un recién creado cuerpo de
seguridad.
Tenía como finalidad proteger la integridad física de
personalidades frente a la amenaza de atentados por parte de la guerrilla.
A pesar de estar en guerra, Felipe sentía satisfacción
por ser escolta de alguna persona importante.
No olvida como sus compañeros rescataron, durante la ofensiva
de 1989, al Secretario General de la Organización de Estados
Americanos (OEA) Joao Baena Suarez.
Una vez finalizada la guerra, decide continuar su vocación; pero
fuera de la institución. Su nueva vida estaría en el área
privada.
Su familia, entre ellos sus tres hijos, ya casi adolescentes, respetaron
su decisión.
A lo mejor mi destino sería otro, si ellos hubieran vivido
el tipo de trabajo que uno ejercía durante el conflicto,
sostiene.
Su familia se ha acostumbrado a su trabajo. Sobre todo cuando la disciplina
o el carácter serio se queda en el trabajo y en el hogar su comportamiento
es el de cualquier padre de familia. Una vez en casa, se desconecta.
Respecto a su actual empleo, Felipe no se queja; está acostumbrado
a ese tipo de disciplina que -en general- no ha cambiado mucho.
Si las salidas son de largas distancias. Felipe sabe por experiencia
que un par de panes preparados en casa serán suficientes para
continuar su rutina.
Lo importante de este trabajo es que tanto el patrón como
uno se tengan confianza y no exista maltrato .

En
paz con Dios
Muchas personas tienen la impresión de que un guardaespaldas
es una persona prepotente que desconfía hasta de su propia sombra.
Para muchos es cuestión de carácter; no de intimidación.
Hay casos como el de Santos que, a pesar de profesar el evangelio desde
hace tres años, este no es un obstáculo para cumplir con
su misión. Se siente el cambio en la conducta del hombre
común; pero las funciones de trabajo son las mismas. Lo único
es que se confía en que Dios nos va a guardar, sostiene.
Para él Dios le ha encomendado esa función. No estamos
haciendo nada malo, esto no es pecado por que estamos contrarrestando
el mal (...) Muchos dicen que el arma es de Satanás, pero yo
entiendo que portarla para ocasiones de defensa propia o de una tercera
persona no es ningún problema.
Insiste en la necesidad de mantener una confianza. Esa actitud permitirá
la lealtad.
Al mismo tiempo critica a aquellos guardaespaldas exhibicionistas que
intimidan a las personas. Él cree que estos elementos ha ntenido
preparación militar; pero no han sido adiestrado para este tipo
de trabajo. Les falta aprender.
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Frente
a la inseguridad
La efectividad del trabajo del guardaespalda tiene que ir relacionada
con la cooperación mutua
Hay personas que requieren de los servicios de seguridad por que
sienten por naturaleza de vida cuidarse de algún atentado.
Sin embargo, hay personas que no están acostumbrados a
este estilo de vida y muestran desinterés en cooperar con
ellos.
Otro de los factores que pueden distanciar el trabajo es el de
cambiar constantemente la seguridad. Hay gente que maltrata
a su seguridad, los dejan a la intemperie y, si no les parece,
simplemente llaman a la agencia para pedir el sustituto,
sostiene Javier, al comentar sobre las dificultades en que se
encuentran algunos elementos que trabajan en esta profesión.
Hay personas ariscas a la seguridad. Una de ellas puede ser un
funcionario de gobierno quien sólo tendrá seguridad
mientras se mantenga en el cargo.
Me he enterado por amigos que están cansados de los
malos tratos. Cuando salen en el carro, no le dan tiempo al vehículo
seguidor y se enfrentan a un problema de riesgo. Si le pasa algo,
a ellos les pasarán la factura, se lamenta Javier.
Pasara mucho tiempo para que este tipo de profesión de
riesgo baje su perfil. Mientras tanto, los centinelas de vidas
ajenas, estarán al frente para proteger a quien les ha
sido designado. Y también protegerse de un mal invisible
que se ha mezclado con la sociedad civil.
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