20 de enero de 2002

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1932: SETENTA AÑOS DESPUES

Don Juan Ama durante una de las entrevistas con el cineasta Daniel Flores.

La voz indígena

Dos años de trabajo testimonial y filmográfico recogen el punto de vista de algunos miembros de la familia Ama. Los testimonios de los sobrevivientes de la familia Ama han sido rescatados por un recurso poco ortodoxo en el país: el cine independiente. No fue un historiador ni un antropólogo, sino un cineasta que ha invertido siete años para aproximarse a estos hechos enterrados por la memoria colectiva. El cineasta salvadoreño Daniel Flores y Ascencio convivió con esta familia y conoció a pausas el maravilloso mundo indígena de El Salvador contemporáneo desde la perspectiva más cercana. "Don Juan me dijo "hagamos la película, pues" después de cinco años de conversar. Eso es lo bonito de todo este proyecto, que surgió de la misma memoria", señala. Flores me incluyó en la última etapa del trabajo para que desarrollara una investigación paralela a la realización filmográfica y conocí los entresijos del pueblo de Izalco y la calidez de la familia Ama. Flores ha trabajado junto al productor Pepe Montoya y el editor Edson Amaya, entre otros miembros de este equipo de producción. El fruto de esta realización (que se rodó a lo largo de dos años) se exhibirá el próximo martes 22 de enero en la Iglesia de La Asunción, en Izalco. A lo largo de los últimos meses, he compartido días de sol, polvo y hambre en busca del momento exacto para charlar en la situación más natural con toda una familia que tiene derecho a ser vista sin los prejuicios, que tanto la izquierda y la derecha, le han atribuido sin cruzar palabra con ellos ni conocerlos. Como es lógico, el temor a ser señalado sin derecho a ser escuchado y el estigma contra Feliciano ha sido una constante a lo largo de toda investigación. Desde autoridades culturales a funcionarios locales, nadie ha escapado al intento por detener el proyecto. Esta familia , sin embargo, es un ápice de toda la cosmovisión indígena de Izalco y, como señala Julia Ama (una de las nietas de Feliciano) "hay que sentir todo ese torrente indígena por las venas" y defender la identidad que se ha perdido. En Izalco, el mundo precolombino está presente en la celebración férrea de sus cofradías y en el respeto a sus padres, que no están muertos; por el contrario, son testimonios vivos.


Sitios relacionados

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The Sundial News
Universidad Tecnológica de El Salvador

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Newday Films
Jeffrey Gould: Memorias de El Salvador
Revista Eco
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