13 de enero de 2002

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Costa Rica
¿El fin del bipartidismo?

Un sistema firmemente bipartidista comienza a crujir en Costa Rica. Por primera vez, en muchas décadas, los políticos tradicionales observan que sus brebajes políticos electorales no dan resultado: una tercera fuerza les disputa el poder.

Lafitte Fernández
vertice@elsalvador.com

A los partidos políticos tradicionales costarricenses no les llegó la hora de acudir a la horca, pero sus dirigentes históricos están asustados.
Por primera vez en más de cinco décadas, se observa, en ese país, un rapidísimo crecimiento de una tercera fuerza política que cambiará, quizá para siempre, el mapa electoral.
Parece que los antiguos brebajes político-electorales ya no sirven en Costa Rica.
Algunos hasta piensan que Dios empezó a desautorizar a los políticos históricos como portavoces de los costarricenses.
Si nos fiamos de las encuestas, Abel Pacheco, un psiquiatra que cinceló una buena imagen pública con su participación en un programa de televisión, podría ser el próximo gobernante de Costa Rica.
Para llegar ahí, a Pacheco le ayudó la imagen de hombre simplón y honrado que construyó con la ayuda de la televisión.

Rebelión y reto

También lo resorteó la rebelión que levantó contra el fundador del partido en el gobierno, el ex presidente Rafael Angel Calderón, para llegar a ser candidato.
Calderón siempre se opuso a la candidatura de Pacheco. Cuando ganó la postulación, tomó un avión y se marchó para Miami.
Pero, si algo nuevo muestran las encuestas es que Ottón Solís, un economista graduado en Inglaterra, comenzó a pisarle los talones a Pacheco en las preferencias políticas.
Solís habría sobrepasado al Ing. Rolando Araya, candidato del partido socialdemócrata, a quien se tenía como el único que podía vencer al partido oficialista.
Como candidato de la agrupación que más años ha gobernado Costa Rica en las últimas seis décadas, Araya no ha soportado la embestida de Solís, a pesar de la imagen de tecnócrata educado con la que rodeó su figura.
Fue Solís quien realmente drenó el poder de los socialdemócratas representados por Araya.
¿Entonces, la tercera fuerza costarricense emerge de un desgajamiento de los socialdemócratas? No es eso lo que ocurre en ese país centroamericano. Solís atrapa la confianza de votantes de todos los partidos, pero tiene más adeptos entre los socialdemócratas.
Solís, sin embargo, no es figura que irrumpe como un líder antisistémico o un revoltoso de izquierda.
Por el contrario, sus detractores le cobran que su pensamiento representa más de lo mismo: más Estado, aunque pretenda hacerlo eficiente, desde una perspectiva de derecha.
Solís encarnaría a todos aquellos desencantados con los políticos tradicionales, porque se sienten estafados con sus promesas.
Muchos de ellos muestran tanta intolerancia hacia los políticos de siempre que hasta creen que los diputados son un mal ejemplo para los niños.
Eso sí, el desencanto de los costarricenses no es un pesimismo cultural pasajero.
Aunque la sociedad costarricenses ha logrado niveles de vida aplaudidos por muchos organismos internacionales, el desencanto es producto de un proceso de desgaste de los derechos a una buena vida.
Ese desencanto también tiene conexión no sólo con políticas públicas desacertadas, sino también con las actuaciones privadas de los políticos.
Si algo tiene claro el costarricense es que, en cada gobierno surgido del sistema bipartidista, estalla un escándalo de corrupción.
Esa percepción es menor ahora, cuando casi acaba la administración de Miguel Ángel Rodríguez. En esa medida, eso le ayuda al candidato oficialista, Abel Pacheco.
Pero, el costarricense es cada vez menos complaciente y pasivo frente a la corrupción. Ahora exige dosis masivas de ética a los políticos.

Los mensajes

Precisamente, en eso se han fundado los mensajes de los tres principales candidatos costarricenses, aunque Solís, con más astucia, carga sus discursos de severas críticas, en ese campo, contra los partidos políticos tradicionales.
Los costarricenses muestran, ahora, como nunca antes, cansancio ante “los mismos burros con las mismas albardas”, como se dice.
El perfil del votante costarricense es muy similar al que muestran otros paises latinoamericanos.
En ese universo se incluyen : los desengañados (escépticos y pesimistas sobre la realidad política). Los partidistas, que siempre serán leales a las agrupaciones políticas; los desinteresados oportunistas, los optimistas, los sistémicos y los cínicos (buscan soluciones alejadas del sistema político).
El crecimiento de una tercera fuerza en Costa Rica obedece, en buena parte, en un elevado crecimiento de los desengañados frente a los políticos históricos y a un retroceso de la lealtad de la gente al bipartidismo. Tal vez, los ciudadanos costarricenses se alejan ahora del entumecimiento ciudadano.
Quizá por eso es que el 83 por ciento cree que las promesas de los políticos representan un engaño.
Aunque los partidos no han fallado en construir una sociedad democrática y de un mayor bienestar que en otras regiones del continente, lo que sucede en Costa Rica no es inesperado. Parecieran signos de los tiempos.

hora exacta

Tampoco ha ocurrido allí que Ottón Solís, el candidato de la tercera fuerza y ex ministro del ex gobernante Oscar Arias Sánchez, llegara al lugar que ocupa como producto de una gran lucidez política o de un programa acertado de gobierno.
Más bien, su fenómeno podría interpretarse como el hombre que llegó a la esquina exacta, en el momento oportuno.
El desencanto crecía. Ottón planteó críticas al bipartidismo que el costarricense quería escuchar, los medios de comunicación no lo desatendieron y su cruzada cobró fuerza.
Costa Rica vive crisis económicas recurrentes que muchos atribuyen al enorme tamaño de su Estado. Ese país se acostumbró a altos y bajos que producen buenos y malos tiempos.
A pesar de que la inflación no es alta, la economía de ese país está bajo alerta roja y en vísperas de problemas mayores.
Una deuda interna crecidísima (más de $1.000 millones), un déficit fiscal cercano al 3 por ciento, sumado a los problemas que enfrentan casi todos los paises centroamericanos, como la caída de las exportaciones y el derrumbe de la caficultura, pone en aprietos a todos los costarricenses.
Los signos que se encuentran en ese país avizoran tiempos malos.
Eso significará que el gobernante que elijan el primer domingo de febrero tendrá como su principal reto la búsqueda de una recuperación económica. La principal medicina que recomiendan algunos es realizar una reforma estructural al Estado.
El problema es que al costarricense lo acostumbraron a encontrar amparo en el Estado, desde hace más de 50 años.
Si quiere un teléfono, un seguro, un préstamo para una casa, gasolina o muchísimos otros servicios, debe acudir a pedir favores del Estado o el gobierno de turno. El problema fundamental que ven los expertos en todos los candidatos, aun en Solís, es que la campaña política de ese país no se ha centrado en un amplio debate acerca de los tiempos que vienen.
Los tres principales candidatos presidenciales ofrecen soluciones que no incluyen una reforma profunda del papel del Estado, por lo que, como se dice, la gripe continuará por mucho tiempo.

el Otro reto

Pero, hay algo en que quizá no piensan todos los costarricenses. Si sucediese algo extraordinario (como que Solís gane en una segunda ronda), lo único que encontrará es una economía mala, en decadencia.
Pocos dudan de que el hombre que gobierne Costa Rica en los próximos cuatro años debe darle, por lo menos durante dos años, una medicina amarga y dura a los votantes.
Un eventual triunfo de Solís, que por lo menos no lo plantean las encuestas, podría provocar un fenómeno adicional. La amarga medicina crearía más desencanto y una pérdida de confianza en terceras fuerzas que se encarguen de romper el bipartidismo.
Entonces, al final del camino, los costarricenses habrían abofeteado el bipartidismo y ganarían incredulidad hacia nuevos caminos políticos.
Quizá por eso es que algunos estiman que el momento de romper la tradición todavía no debe llegar.
Algunos piensan que Dios desautorizó a los políticos tradicionales costarricenses.
Los ciudadanos costarricenses parecen alejarse del entumecimiento ciudadano
Abel Pacheco
El candidato oficialista, Abel Pacheco, un psiquiatra que se rebeló contra los fundadores de su partido, encabeza las encuestas, aunque le pisa los talones el candidato de la tercera fuerza política que surge en el nuevo escenario costarricense. Pacheco se presenta como un hombre honesto.
Rolando Araya
El candidato socialdemócrata, quien se presenta como un tecnócrata educado, le ha cedido el segundo lugar a Ottón Solís, líder de la tercera fuerza costarricense.




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