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A
UN AÑO DESPUÉS...
Entre
el olvido y la reconstrucción
En esta edición,
Vértice presenta cuatro municipios que ejemplifican la
huella de los desastres naturales del 2001. Las muestras escogidas
(San Vicente, Cuscatlán, Usulután y La Unión)
son una mezcla de esperanza, empeño por salir adelante
y el olvido de las autoridades locales y gubernamentales.
Texto:
Erick L. Lemus/Fotos: Nelson Dueñas
vertice@elsalvador.com
El aumento de la pobreza
del 47.5% al 51.1% es uno de los principales legados del año
2001. El porcentaje se traduce en otro número, que es revelador:
225 mil nuevos pobres pululan en el escenario de las escasas oportunidades
del país.
El tercer Informe sobre Desarrollo Humano de El Salvador (IDHES),
ejecutado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) después de los terremotos del 13 de enero y 13 de
febrero, refleja su impacto.
Vértice ofrece el resultado de un monitoreo hecho a cuatro
municipios que muestran una pizca de los efectos dejados por los
dos terremotos y la sequía del año pasado.
¿Cuál será la apuesta del gobierno de Francisco
Flores en el 2002? Dejar pasar o más transparencia y equidad
en la reconstrucción de los poblados olvidados.
Al
pie de la amenaza
El mediodía del 15 de agosto de 2001, un aluvión
bajó desde el volcán deSan Vicente y arrasó
parte de Guadalupe.
Unos
colchones carcomidos por el moho y una arenisca fina delimita
la zona donde antes vivían no menos de 14 familias. Después
del aluvión que arrasó con todo a su paso, no quedó
más que rocas y árboles y láminas retorcidas.
A casi un año del desastre, el volcán luce herido
y las laderas de la montaña son una amenaza latente. Abajo,
residen los damnificados de la colonia Santa Rosa en casas hechas
de láminas de zinc por las brigadas de la Fuerza Armada.
Tres días después de la tragedia, el 19 de agosto,
el presidente Francisco Flores llegó a Guadalupe para ofrecer
una promesa: conceder el título de propiedad a cada uno
de estos damnificados.
Edmundo Pineda, un residente de la comunidad, lo recuerda perfectamente.
Pero la promesa no se ha hecho realidad. El alcalde de Guadalupe,
Pedro Maldonado, señala que falta tramitar un permiso con
el Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria
(ISTA) para legalizar la tierra que ocupan ahora los habitantes
de la colonia Santa Rosa.
Los residentes reclaman la legalidad de sus casas y la instalación
de los servicios básicos; el agua y la energía eléctrica
son los grandes ausentes.
En Guadalupe resta mucho por hacer y el invierno de 2002 es una
amenaza en potencia.
El
rincón olvidado de Pasaquina
En el 2001, la naturaleza
se ensañó con 62 municipios de oriente del país.
Los pobladores -en su mayoría- no sufrieron daños
por los terremotos; pero no lograron escapar a la peor sequía
de los últimos años. Pasaquina, en La Unión,
fue una de las más golpeadas.
Texto:
Ernesto Villalobos/Fotos: Claudia Barrientos
Al llegar al lugar todavía se percibe los estragos de la
sequía. Suelos agrietados por la erosión, pasto
seco, una escasa vegetación y rastros de las siembras perdidas
cubren los terrenos que sirven para cultivos.
En el lugar, la mayoría de pobladores recibe remesas del
extranjero que les han ayudado a pasar las crisis. Otros se dedican
a comercializar productos lacteos que vienen de Honduras, gracias
a la cercanía del paso fronterizo de El Amatillo, que también
se ubica en su jurisdicción.
Los restantes, los más pobres, se dedican a la agricultura.
Más de mil campesinos que arrienda tierras para el cultivo
de maíz y maicillo perdieron sus cosechas el año
pasado, (unas dos mil manzanas de maíz y maicillo).
José Alberto es uno de ellos, sus manos ásperas
y sus pies descalzos muestran el trabajo de toda una vida en el
campo. En sus 64 años de vida, nunca vio una sequía
como la que vivió en el 2001. Él ha cosechado año
tras año una manzana de milpa que le sirve para alimentar
a su familia; pero, ahora, sus graneros están vacíos.
Para colmo de males, la sequía trajo la escasez y el encarecimiento
del grano.Antes comprábamos el saco de docientas
libras a 150 colones, después subió a 350 y ahora
lo encontramos a unos 200 colones, afirma.
José
vive junto a su esposa, cinco hijos, tres nietos y un yerno en
una humilde casa de madera de ceiba en el caserío El Amate
de Pasaquina. Está ahí desde hace 32 años,
gracias a la buena voluntad del dueño de los terrenos.
Sus tres hijos varones le ayudan a trabajar como jornaleros para
superar la crisis. El menor, Juan Pablo, de 13 años, ya
tiene edad suficiente para trabajar la tierra. Recién ha
completado sus estudios de sexto grado; mas no seguirá
este año.
Cuando el hambre aprieta, todas las manos son útiles.
Lo único que le puede dejar el pobre a sus hijos
es enseñarles a trabajar, asegura José.
Los campesinos del municipio de La Unión no recibieron
ayuda para superar la pérdida de la cosecha. Eusebio García
Luna, presidente de la Asociaciones de Desarrollo Comunal de Pasaquina,
sostiene que el gobierno se olvidó de ese municipio.
El 23 de julio del 2002, el Ministerio de Agricultura echó
a andar el Plan Sembrador para aliviar la profunda
crisis de los agricultores. Unos de los objetivos era distribuir
gratuitamente más de 3 mil quintales de semilla de maíz
para sembrar 21 mil manzanas de tierra.
Pero aquella promesa no se cumplió en la población
de Pasaquina. A pesar que la población fue categorizada
como una de los 19 municipios más golpeados por la falta
de lluvia, de acuerdo al Programa Mundial de Alimentos (PMA).
Según García, la ayuda se distribuyó beneficiando
a los municipios de los partido mayoritarios: FMLN y ARENA.
Nosotros somos la única alcaldía del PDC en
la zona; por eso nos marginaron, remata.
Remesas:
Según datos municipales, por lo menos 5 mil pasaquinenses
se encuentran trabajando en Estados Unidos . Ellos ayudaron
a palear la crisis.
Arrendamiento:
Los mil campesinos que perdieron sus siembras trabajan en
tierras arrendadas. Ante la sequía, los dueños
del suelo no cobraron el valor del arrendamiento..
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PASAQUINA
en cifras
La sequía azotó a la población y a los
terrenos de cultivo de los habitantes.
-La extensión del municipio es de 295.88 km.
-Se divide en 9 cantones y 80 caseríos.
- Su población es de 30 mil personas.
- Por lo menos, 10 mil personas fueron afectadas por la sequía.
-Los agricultores perdieron más de 2 mil manzanas de
cultivo.
-El municipio no recibió ayuda del Plan Sembrador impulsado
por el gobierno en el 2001. |
De
Villa España a Las Marías
Primero fue la furia
de los hombres. Luego, la de la naturaleza. San Agustín,
en el
departamento de Usulután, ha estado cruzado por una suerte
de desgracias.
Texto:Ana
Lidia Rivera/Fotos: Jorge Reyes
Un poblado ubicado
a siete kilómetros de la carretera Litoral, en el departamento
de Usulután, ha estado cruzado, en las últimas décadas
por una suerte de desgracia. En los años ochenta fue escenario
de cruentos combates durante el conflicto armado. Un árbol,
una piedra, un tapial se convirtieron en trinchera para cualquiera
de los dos bandos que intentaron aniquilarse.
Diez años después de finalizada la guerra, ese mismo
árbol, esa piedra y ese tapial eran barridos por una fuerza
que provenía desde las entrañas de la tierra; precisamente
cuando sus pobladores empezaban a acostumbrarse a la tranquilidad.
Si usted hubiera visto los rostros de la gente, le aseguro
que llora, expresa el alcalde de los agustineños,
José Ignacio Carranza, de 36 años de edad. El funcionario
hace un intento por resumir la tristeza y desesperanza que por
varas semanas invadió el espíritu de su gente.
Sin embargo, a un año de esos terribles días, el
destino ha querido que San Agustín sea modelo de lo que
es la voluntad constructiva del ser humano.
Concentradas a pocos kilómetros del centro de San Agustín,
se levantan 180 casas de concreto edificadas, cada una, en un
espacio de 50 metros cuadrados. El nuevo hogar de las 180 familias
ha sido bautizado con el nombre de Villa España,
en reconocimiento a la ayuda de tres millones 500 mil dólares
entregada por el gobierno ibérico a fin de procurar un
techo digno y permanente a los afectados.
Ya recuperados
Nos han dicho que no tenemos que reembolsar nada,
comenta Miriam del Carmen Morales, de 24 años, una de las
beneficiarias, quien proyecta que el hijo que espera nazca en
su propia casa.
Al igual que ella, otros beneficiados se han instalado ya, en
techos improvisados, frente a los lotes que les han sido asignados
por la alcaldía de San Agustín y por el Fondo Nacional
de Vivienda Popular.
Los pobladores de Villa España, además de contar
con casas de dos habitaciones, sala-comedor, cocina y un corredor
externo, verán por fin la luz en la calles que ya la cruzan.
Pocos kilómetros de distancia existen entre los poblados
de San Agustín, en Usulután y el de Las Marías
en San Miguel.
Pero la suerte los ha alejado más que los mojones físicos.
Los habitantes de Las Marías, dedicados al cultivo y explotación
del café, han sufrido por partida doble.
De ninguna de estas dos catástrofes se reponen aún.
Las promesas de ayuda se han quedado en eso, en promesas.
Sus casas lucen estropeadas.La única calle está
destruída. Muchos han emigrado a otras partes porque
la ayuda se entrampó en la alcaldía de Chinameca,
se lamenta Mabel Reyes, de 38 años, representante de la
comunidad.
demoras:
Las diferencias políticas al interior del partido que
gobierna a los habitantes de Las Marías, han contribuído,
en mucho, a que la esperanza pase de largo.
cuesta arriba:
El abandono y olvido en que se encuentran sumergidos los habitantes
de Las Marías no da mayores expectativas en cuanto
a mejoras.
Fuente: Alcaldía
de San Agustín. |
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DATOS DE SAN
AGUSTÍN
La laboriosidad de los agustineños y la buena gestión
de su gobierno local, son la clave de la esperanza.
- Número de habitantes 6,625
- Extensión territorial... 23 kms. cuadrados
- Viviendas destruidas... 1,186 (115 casas reparables)
- Fallecidos durante el terremoto: 3 y 32 lesionados
- Gobiernos e instituciones que ayudan a reconstrucción:
Gobierno de España, Gran Ducado de Luxemburgo, FONAVIPO
y Viceministerio de Vivienda, Ayuda en Acción (española)
con 29 viviendas en Caserio Los Patios.
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El
impacto de Analquito
No hay mal que por bien no venga. Ese el refrán que
se reza en cada rincón de Santa Cruz Analquito, al recordar
la situación precaria que les heredó los terremotos
del 2001.
Texto:
Estela Henríquez/Fotos: Glenda Girón
María Magdalena Palacios perdió todo lo que tenía
en la casa que alquilaba en el cantón Barrio Abajo, ubicado
a sólo un kilómetro del pueblo. La muerte de dos
de sus nietos, soterrados bajo los escombros de lo que un día
fue su hogar, es una de las desgracias que más le afectó.
En el segundo terremoto se murieron los dos niños,
hijos de mi hija. Uno de 2 y otro de 3 años, expresa
la anciana mientras hecha tortillas en una casa provisional, hecha
de lámina y que está ubicada al frente de la construcción
de una casita de bloques que le han prometido será suya.
Aquí nos han dicho que es para nosotros; pero sólo
Dios sabe si es verdad, dice la anciana.
El terremoto del 13 de enero dejó pérdidas materiales
que se agravaron el 13 de febrero cuando el segundo terremoto
arremetió contra la zona paracentral del país y
dejó, en este pequeño poblado, además de
la destrucción total de las viviendas, el luto de decenas
de familias que lloraron a sus seres queridos sobre los escombros
de lo que fue su casa.
Casi un año ha pasado desde la desgracia y Santa Cruz Analquito
renace con la ayuda de organismos nacionales y extranjeros que
apoyan un plan de reconstrucción y desarrollo del municipio,
entre los que se encuentra la construcción total en el
cantón Barrio Abajo.
Unas 300 familias son aproximadamente las beneficiadas con las
casas de bloque, que se construyen en la zona.
El material y hasta el terreno es parte de la ayuda brindada a
los habitantes.
La mayoría de los beneficiados por este proyecto vivía
en lugares alquilados; ahora serán dueños de una
casa más digna sólo aportando la mano de obra para
su construcción.
Aporte juvenil
Otro de los proyectos que ha colaborado a la reconstrucción
de este municipio es la creación de una cooperativa de
jóvenes impulsada por el programa nacional País
Joven, que ejecuta la Secretaría Nacional de la Familia
(SNF) y el INSAFOCOOP.
Gestión
de apoyo
Después del terremoto han venido bastantes proyectos
para ayudar. Según el censo sólo dos casas de todo
el pueblo estaban habitables y mire ahora; aunque sea en casas
de lámina, pero ya hay dónde vivir dice Nubia
Servellón, presidenta de la cooperativa juvenil.
Cómo cooperativa estamos gestionando un proyecto
para conseguir una máquina bloquera y material; aunque
nosotros pongamos la mano de obra, expresa con la esperanza
de que el trabajo que realizan estos 24 jóvenes asociados,
cumplan con la meta que se han propuesto.
Sin embargo, hay habitantes que aseguran sólo haber visto
pasar la ayuda, sin beneficios.
María Francisca Mejía vive aún en una casa
provisional hecha de lámina que construyó su familia
por esfuerzo propio. Cuando se cayó la casa me quebré
las dos piernas, he andado más de tres meses con andadera
y hasta ahora es que me puedo levantar. ¿Ayuda? No he visto
nada; sí han ayudado a otros, pero yo no he tenido suerte
lamenta.
Así como María Mejía, otro buen numero de
habitantes de Santa Cruz Analquito trabaja, por cuenta propia
o con la ayuda de organismos, en la construcción de sus
casas que esperan tener listas en un par de meses y superar la
huella del 2001.
beneficiados
Alrededor de 300 familias son beneficiadas con el plan de
reconstrucción y desarrollo del municipio .
país joven
La Secretaría Nacional de la Familia (SNR) y el Instituto
Salvadoreño de Fomento Cooperativo (INSAFOCOOP) trabajan
en la creación de oportunidades para los jóvenes. |
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ANALQUITO
EN CIFRAS
El pequeño poblado está enclavado en las montañas
que bordean el Lago de Ilopango.
- Número de habitantes 4 mil
- Extensión territorial: 11.81 Km2
- Casas habitables después del Censo: 2
- Fallecidos en los terremotos: 24 personas, entre niños
y adultos.
- Organismos trabajando en la reconstrucción: Hábitat,
Iglesia Católica, Iglesia de Cristo, REDES, CARE
y el Gobierno de la República.
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