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Mordidas
migratorias:
¿¡Quién dice corrupción!?
Los gobiernos centroamericanos
se han esforzado en modernizar los trámites migratorios
en sus fronteras terrestres. Todo por la integración regional.
Sin embargo ante la falta de orden, las mordidas se
convierten en una necesidad frente a un aprovechado trabajo burocrático.
Iván Gómez
vertice@elsalvador.com
Desde inicios de los
noventa, los gobiernos centroamericanos (a excepción de
Costa Rica) firmaron un acuerdo migratorio denominado CA- 4, el
cual consistía en facilitar de forma gratuita los trámites
migratorios entre sus ciudadanos.
Sin embargo, los denominados tramitadores, que se encargan de
guiar a cualquier turista confundido, se han convertido en el
medio para alimentar la corrupción de los empleados de
Migración. Basta con pagar algo de dinero para que el permiso
sea autorizado de forma inmediata.
Al menos esa fue la experiencia de muchos que celebraron las fiestas
lejos de la tierra natal y tuvieron que afrontar el duro regreso.
descaro
Las oficinas migratorias del puesto fronterizo El Guasaule, que
limita los territorios de Nicaragua y Honduras, están abarrotadas.
No es la costumbre, pero es dos de enero y eso lo dice todo.
La larga fila de interesados en salir o retornar a su país
se divisa desde antes de entrar a las oficinas migratorias. Liche
es una de las tantas interesadas en cruzar la frontera. Su destino
es El Salvador. Viaja dos veces por semana con mercadería
.
Como estoy en la jugada, sólo le doy veinte colones
al tramitador y en menos de lo que canta un gallo me sella mi
pase, dice con una sonrisa, si quiere, deme veinte
córdobas y se lo sacan a usted también, remata
la mujer.
Mi propósito era hacer fila como todos y esperar sellar
el pasaporte.
En realidad, una vez en ventanilla, el trámite no sobrepasa
los dos minutos. Sin embargo y, a pesar que las oficinas nicas
cuenta con cinco cómodas ventanillas para la atención,
la constante llegada de tramitadores interrumpe el trabajo.
Ellos, sin ser empleados públicos, están identificados
con un carnet extendido por las mismas autoridades.
En
fronteras
Al parecer el rótulo que advierte que los trámites
son personales, no es cumplido por la misma autoridad.
Después de esperar 45 minutos, nos dirigimos a territorio
hondureño. Las oficinas están siendo acondicionadas
para mejorar el servicio. Pero, allí la situación
es la misma.
En ambas fronteras se argumenta que después del medio día
se cobra un dólar por hora extra. No se entregan recibos.
Lo más seguro es que esos impuestos no llegan a las arcas
tributarias.
Por desdicha a los oficiales les faltan tres horas para su merienda
burocrática.
Frente a la ventanilla se encuentra el usuario que ha pasado muchos
minutos a la espera de ser atendido. Otros, con una sonrisa nerviosa
de cortesía, piden atención... son los reconocidos
tramitadores.
Desgraciadamente esa es nuestra cultura, reclama una
mujer guatemalteca. Le molesta el desorden avalado por los hondureños.
También Aquí
Luego de dos horas de transitar los 160 kilómetros de territorio
hondureño llegamos a El Amatillo.
El ambiente es el mismo. Largas filas son auxiliadas por los tramitadores,
quienes ofrecen sus servicios a cambio de pagar lo que sea
su voluntad.
Al final son dos dólares el pago (uno para el oficial y
otro para el tramitador).
Cuarenta y cinco minutos después estamos en casa. Dos policías
atienden a un grupo de 30 personas.
Al cabo de unos minutos, un miembro de una familia guatemalteca
les informa que puede conseguir el permiso si se ofrece mordida
al oficial (diez colones).
El trato se logra y -en menos de cinco minutos- el carro con placas
guatemaltecas ingresaba a territorio salvadoreño sin ningún
tipo de demora.
Luego de perder un poco más de tres horas en los puestos
migratorios de la región, retornamos a casa con la clara
idea de que si le hubiese dado la razón a doña Liche,
habría llegado a mi destino tan rápido como ella.
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