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Pese a que más de dos tercios
de sus estructuras no creen posible la
superación de las rupturas
viejas, un grupo de militantes ilustres
del FMLN insiste en la
reparación milagrosa de grietas
que no se han cerrado ni con ley ni con
voluntad. Como respuesta, sólo
encuentran silencio.
La meta es el 15 de noviembre, la
fecha en la que se realizará la
convención de la que el FMLN
tiene que salir con nuevas autoridades.
Como en ARENA, las autoridades que
marcarán el paso a las
candidaturas a cargos públicos
de los próximos tres años
y gerenciarán las
campañas electorales del 2003 y
el 2004; las autoridades que,
según se esfuerza en repetir el
Frente, llevarán (supuestamente)
a la izquierda a la Presidencia de la
República.
Pero la carrera hacia el control del
partido estará, como ya es
aburrida costumbre, marcada por el
enfrentamiento interno entre
Renovadores y Ortodoxos, y salvo que
cambie la tónica, por la falta
de entendimiento. Una batalla abierta,
otra batalla pírrica, de la que
el partido saldrá probablemente
aún más herido.
Algo ha cambiado, eso sí, y
hay quienes confían en que la ya
segura reforma estatutaria que
permitirá la elección
directa y secreta de cargos
garantizará por primera vez la
democracia interna y, por consiguiente,
el cambio que preconizan. Pero la duda,
la desconfianza que se profesan los
movimientos más fuertes del
partido, alimentan la tensión y
el miedo a la manipulación del
proceso.
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Los hay, sin embargo, que huyen de recelos y se
confían a la buena fe. Esta semana, una
carta abierta a los militantes (ver recuadro)
animaba a pasar "de la locura a la esperanza"
(sic), y convocaba a la unidad a la "gran
familia del FMLN". Sin embargo, y en principio,
quienes la firman sólo han conseguido una
etiqueta (la que tradicionalmente se ha dado a
quienes huían delos polos internos, la de
"terceristas") y escepticismo mediático.
La interpretación mayoritaria apunta a
que se trata de militantes desubicados o no
alineados, que ondeando la bandera de unidad
buscan ahora abrirse espacios. Desde el bando
(cómo llamarlo sinó) renovador, se
mira al esfuerzo unificador con una mezcla de
cansancio y de lástima. Ya no queda nadie
en la corriente que crea que la unida pueda
llegar por la vía del diálogo.
Entre los ortodoxos, los esfuerzos de
acercamiento a los abanderados de la unidad
estaban condicionados al aceptamiento más
o menos velado de los postulados
estratégicos e ideológicos de la
ortodoxia.
La realidad es que, después de
años de diferencias irreconciliables y
matrimonio de conveniencia, las únicas
propuestas de diálogo que aún se
escuchan tratan de eludir el desacuerdo medular
entre corrientes y se mueven en el ámbito
de lo emocional y del valor simbólico,
histórico e instrumental del FMLN. Cada
vez menos apuestan por la formulación de
un proyecto político concreto y conjunto.
El debate, desde hace más de un
año, es sobre la conformación de
las estructuras legales y organizativas que
permitirán a quien gane las
próximas elecciones internas gobernar el
partido sin sufrir las zancadillas del
contrario, de la corriente perdedora.
De nada sirve que la citada carta abierta
exija el cumplimiento de la reforma estatutaria
que, ingenuamente, prohibió por decreto,
hace casi un año, la existencia de
tendencias. Ortodoxos y Renovadores (estos
últimos pese a la persistente
tentación de abandonar el Frente) se
juegan de nuevo un todo o nada para el que ambos
creen estar preparados.
¿Y la unidad? Sirva decir que, de la
carta abierta por la "reunificación el
FMLN", ha cobrado más relevancia dentro
del partido la firma de Héctor Silva que
el contenido de la misma. El potencial candidato
a la presidencia se ha erigido en parte
importante de esta "expresión" por la
unidad (su firma, pese a no ser él uno de
los inspiradores de la acción ni del
movimiento, encabeza la lista), y en los
últimos meses se ha desmarcado expresa y
públicamente de la corriente renovadora,
con la que se le identificó desde su
entrada al partido hace cuatro años, y
con la que, según confiesan colaboradores
cercanos de Silva, "tiene, desde luego,
más afinidades que con los
ortodoxos".
El salto
Su firma en la carta fue acogida por las
tendencias con desconcierto y decepción a
partes iguales. La lectura de algunos
renovadores al ver la firma de Silva encabezando
la carta, fue más que de sorpresa, de
alivio en primera instancia. Creyeron que esa
rúbrica significaba la
determinación de Silva a participar en
las elecciones internas y llegar a ser el
Coordinador del Frente, algo a lo que desde hace
meses le venían animando y a lo que
él se había negado por
lógico temor al desgaste de imagen que
esa aventura podía suponerle.
Pero
la alegría renovadora fue un espejismo.
El miercoles 5, el alcalde capitalino se
reunió con un grupo de renovadores y les
aclaró que su decisión
había sido la contraria. Él
prefiere mantenerse al margen de las elecciones
internas del partido, y confía en lograr
salir sin mancha de la campaña que los
denominados "terceristas" harán para
defender la candidatura de Gerson
Martínez a la Coordinación.
Para los renovadores, esta decisión es
la peor que pudo tomar Silva. "Nosotros hemos
sido del pensar de que hay que arrancar con la
campaña ya, como lo ha hecho ARENA al
lanzar a Murray Meza. Pero él
decidió que entrará en el peor
momento", dice Raul Mijango, contemplando la
posibilidad de que dentro del partido surjan en
un futuro cercano nuevas figuras que le puedan
hacer competencia a Silva cuando inicien
oficialmente las precandidaturas presidenciales.
"Tiene la oportunidad de entrar y ser el
candidato único a la presidencia, pero
Héctor no da esos saltos", se
lamenta.
Los renovadores alegan que creían en
Silva como el candidato de consenso que
podía cauterizar, a golpe de carisma y
porcentajes de encuestas, las heridas
ideológicas, y creen que está
revelándose como "demasiado
ingénuo e indeciso". Sin embargo,
según señala un efemelenista muy
cercano a él, "Héctor no iba a
poder compaginar la Alcaldía capitalina
con la difícil labor de llevar el partido
a la solución de sus problemas. La
pregunta no era si quería ser
Coordinador, sino si estaba dispuesto a
sacrificar la posible Presidencia de la
República por tratar de salvar al
partido".
La renuncia de Silva a participar en las
elecciones de autoridades internas no
sólo significa, en cualquier caso, una
toma de postura respecto a las espectativas
sobre su candidatura presidencial, sino que
también abre inevitablemente la puerta a
un enfrentamiento de las fuerzas internas, para
desgracia de la ya desgastada imagen del
partido.
Desde este momento, las fuerzas de los
candidatos de los diferentes sectores van a ir
tomando más forma. Salvador
Sánchez Cerén, "Leonel
González", desde hace meses el más
claro aspirante a representar la propuesta de la
Corriente Revolucionaria Socialista (CRS),
inició campaña interna en mayo,
con la búsqueda del apoyo de los
"terceristas", potenciales aliados para secundar
una campaña de descrédito contra
los renovadores.
En un primer momento la relación
pareció cuajar. Pero ahora, los
"terceristas" tienen intereses propios: le
apuestan a la candidatura de Gerson
Martínez como Coordinador General y ven a
Leonel como una amenaza a sus planes de
"reunificación" del partido. Por otro
lado, la llegada de Leonel a la
Coordinación significaría,
además del poder de los ortodoxos, el
regreso de Shafick Handal a las estructuras de
direccion, porque retomaría la Jefatura
de Fracción (Leonel tendría que
abandonarla) y automaticamente volvería a
ser miembro de la Comisión
Política y el Consejo Nacional, espacios
de los que está excluido desde hace
más de un año. Demasiados "peros"
para quienes piden, en su carta abierta, "una
fresca visión política" para el
Frente.
Reuniones
"Queremos alguien de consenso que sea capaz
de reunir los votos de la mayoría",
aclara uno de los unionistas, que ve en Leonel y
Shafick a dos personajes históricos que
no están en la disposición de
generar cambios. Sin embargo, los Ortodoxos han
insistido hasta el último momento en
buscar una forma de acercamiento, al grado de
propiciar reuniones en las que el único
objetivo es lanzar la figura del actual jefe de
fracción.
El viernes 24 de agosto se celebró en
Honduras una reunión en la que estuvieron
presentes representantes de ambos movimientos.
Héctor Silva, Gerson Martínez y
Oscar Ortíz viajaron al país
hermano para escuchar de boca de Shafick Handal
y Ramiro Abreu, Miembro del Partido Comunista
Cubano, las razones por las que Leonel es "el
indicado" para la coordinación del
partido.
Pero los resultados de esta reunión no
fueron los esperados. Al siguiente díala
publicación de la carta abierta a la
militancia, en la que se pide la
desaparición de lo que denominan
textualmente "grupos antagonizantes que muchas
veces reflejan los mezquinos intereses grupales
o personales", cayó como un jarro de agua
fría en la ortodoxia. Esta semana,
líderes de la CRS se encontraban en La
Habana en un viaje al que los representantes de
los "terceristas" estaban invitados pero no
acudieron.
¿Y los renovadores? Aunque su proceso de
elección de candidatos a la
dirección el partido se prolongará
unas semanas, nadie duda que una de las cartas
más probables para optar a la
Coordinación es la de Facundo Guardado.
"Si no pudo haber consenso, sólo queda la
confrontación", explica un militante
renovador. ¿Vuelven los duelos del pasado
entre Guardado y Leonel?
Y a río revuelto, ganancia de
pescadores. Los más calculadores ya
adivinan en Óscar Ortiz intenciones e
ilusiones calladas. Según algunos
efemelenistas, que desde luego no aplauden pero
tampoco subestiman al alcalde de Santa Tecla,
éste está a la espera "de que los
otros se destruyan (en referencia a Gerson y
Leonel, de momento) para llegar como un
salvador", como expresa un renovador que no cree
en las palabras de Ortíz cuando asegura
que no tiene aspiraciones por la
Coordinación.
Nadie confía en nadie... Pero hay hay
quienes llaman a la unidad.
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El
consenso como "base
ideológica"
El martes 4 de septiembre
recibió con una sorpresa a los
dirigentes renovadores y ortodoxos del
FMLN. Héctor Silva firma ba una
carta pública al lado de los
llamados "terceristas" y renunciaba
tácitamente a luchar por la
Coordinación General
Sin un planteamiento político
claro, la carta a la militancia
hacía un largo llamado a la
reunificación del FMLN.
Redactada por el magistado del Tribunal
Supremo Electoral Julio
Hernández, que perteneció
a la corriente renovadora para luego
convertirse en uno de sus más
agresivos críticos, y revisada
por Gerson Martínez,
según algunos el nuevo "asesor
político" de Héctor
Silva, había sido firmada diez
días antes, el sábado 25
de agosto, en la sala de té "Los
tulipanes".
Era el cierre de oro a un compromiso
entre efemelenistas que
explícitamente habían
renunciado a militar en alguna de las
corrientes ideológicas internas
del partido. Pero ni la renuncia
nacía ese día ni la
citada carta era el motivo de
reunión. La cita en "Los
tulipanes" estaba programada para ser
una miniconvención, una
elección de candidatos a la
coordinación del partido (algo
que para muchos prueba que, en
sí mismos, los reunidos
conforman una tercera corriente
partidaria) que se vio frustrada por la
inesperada e incómoda presencia
de un periodista de El Diario de
Hoy.
Independencia
Decidieron entonces convertir la
firma de la carta en el acto central
del encuentro; se reafirmaba el rechazo
a la existencia de corrientes en el
partido y a la vez el reconocimiento
público de los miembros de esta
expresión como los
"concertadores" del FMLN. Al frente de
la lista de firmas aparecía
Héctor Silva, que por primera
vez participaba abiertamente en una
actividad no institucional del partido.
El potencial candidato a la presidencia
firmaba la protesta expresa a los
grupos que tradicionalmente han
mantenido el control del Frente, y
renunciaba tácitamente a las
ofertas que, por parte de los
Renovadores, se le hacían para
ser Coordinador General.
Uno a uno, los presentes en la
reunión firmaron el acta de
"independencia interna". Después
de Silva estampó su firma Oscar
Ortíz, exmilitante ortodoxo,
miembro de estructuras internas por su
cargo en COMURES. Luego, Julio
Hernández, Gerson
Martínez, Fabio Castillo. El
actual Coordinador del partido daba un
halo de institucionalidad al esfuerzo
unitario.
La carta publicada no es la inicial.
Semanas antes se hizo una parecida en
la que se invitó a los
dirigentes ortodoxos y renovadores a
firmar, pero nunca se tuvo respuesta. A
uno y otro lado de "Los Tulipanes"
(como, jocosamente, ya denominan en el
FMLN a los que firmaron la carta), se
piensa que éstos, aunque
reniegan de autodenominarse
"terceristas", no son sino una
corriente más. La que Silva
escogió para que escolte su
camino hacia la candidatura
presidencial. La menos definida. La
más débil.
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