La paz del café
Por Carlos Cañas Dinarte
La Asamblea Legislativa emprendió recientemente la búsqueda de un tratado de paz con Italia que, después de la Segunda Guerra Mundial, debió firmarse hace décadas. Vértice lo dijo hace un año, y ahora recoge el relato de cómo se construyó una paz y se pasó por alto una guerra.

Las fuerzas armadas de las potencias aliadas atacaron y desembarcaron en Italia el 2 de julio de 1943. El 2 de septiembre, el gobierno que depuso al líder fascista Benito Mussolini firmó un armisticio con los aliados, y el 13 de octubre siguiente le declaró la guerra a Japón y Alemania.

Un año más tarde, Italia firmó un tratado de paz con Estados Unidos, Inglaterra y Francia, que fue modificado en 1951, para abrirle paso hacia la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Su ingreso fue apoyado por las naciones centroamericanas a petición de El Salvador, en agradecimiento por las 800 mil liras que el

gobierno italiano envió a los damnificados del terremoto de Jucuapa y Chinameca.

Pero todas estas firmas y gestos de buena voluntad no significaron, paradógicamente, que todo estuviese resuelto. Italia todavía no había suspendido, formalmente, el estado de guerra con El Salvador.

A las cinco horas del primer día septembrino de 1939, las bombas y metralla de las fuerzas armadas de Alemania habían impactado sobre Polonia y dado inicio al más grande y sangriento conflicto bélico de la historia mundial. Durante los dos primeros años, el frente de guerra había estado centrado en territorio europeo, puesto bajo el dominio de las tropas nazis del Führer Adolf Hitler. Dos años más tarde, a partir del domingo 7 de diciembre de 1941 y tras el ataque a la base estadounidense de Pearl Harbor, el escenario abriría otro telón en el sur del Océano Pacífico.

Para esos momentos, el mundo entero debatía su suerte en las manos de los soldados de los ejércitos del Eje Berlín-Roma-Tokio y en los de las potencias aliadas, con Inglaterra y Estados Unidos al frente. Por el convenio firmado en mayo de 1939 entre el líder nazi y el Duce Benito Mussolini, Italia se vio obligada a entrar a la conflagración mundial el 10 de junio de 1940.

A este lado del Atlántico, el mandatario salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez, convencido de que la entrada de Estados Unidos en el conflicto le daría un giro novedoso al escenario bélico mundial, se apresuró a lograr que la Asamblea Legislativa le declarara la guerra al imperio japonés. A las 12:55 horas del lunes 8 de diciembre de 1941 lo hizo, mediante el decreto legislativo 90, publicado en el "Diario oficial" 276, tomo 131, del 9 del mismo mes y año.

Cuatro días más tarde, el Poder Legislativo declaró también la guerra a las otras dos potencias del Eje, Alemania e Italia, por el decreto legislativo 93, publicado en el número 281, tomo 131, del mismo periódico gubernamental, en su edición del 15 de diciembre de 1941. Ambos países nunca recibieron oficialmente esas declaratorias, sino que se enteraron por las noticias difundidas en sus respectivos territorios.

Entre las primeras acciones emprendidas en su bisoño papel como aliado, "el brujo de las aguas azules" emitió acuerdos ejecutivos que declararon extintos los convenios de comercio y navegación vigentes con Alemania e Italia. Poco después se produjo la intervención de los bienes de los ciudadanos del Eje residentes, quienes además fueron capturados y remitidos a campos establecidos en el sur de los Estados Unidos.

Salvadoreños fueron a pelear a suelo italiano (ver recuadro), mientras que otros fueron detenidos y remitidos a campos de concentración por las policías secretas de Alemania e Italia. De este trato no se libraron algunos salvadoreños de ascendencia italiana, como lo eran Oswaldo Gugielmi, Elisa Meardi de Aguilar y sus hijos Fermina, Marina, Roberto y Federico.

La Segunda Guerra Mundial calló sus armas en mayo y agosto de 1945, con las respectivas rendiciones de Alemania y Japón. Pero con respecto a El Salvador e Italia el caso fue diferente, porque ninguno de los documentos conjuntos emitidos por los regímenes aliadas -la Carta del Atlántico y la Declaración de las Naciones Aliadas, suscritos el 14 de agosto de 1941y el 1 de enero de 1942- se constituyeron en tratados internacionales vigentes dentro de la legislación salvadoreña. Por lo tanto, sólo un Tratado de Paz o un decreto legislativo podría poner fin a la declaración de guerra de diciembre de 1941. Un paso nunca dado entre ambos gobiernos republicanos.

El sábado 5 de junio de 1948, el mandatario salvadoreño Salvador Castaneda Castro recibió en Casa Presidencial las cartas credenciales de Mario Zanotti Bianco, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la República de Italia ante los gobiernos centroamericanos, cuya sede estaría ubicada en Guatemala.

En enero de 1949, el cónsul italiano en San Salvador, Marco Pennareli, comunicó que Italia reconocía plenamente al Consejo Revolucionario de Gobierno, instaurado desde el 14 de diciembre anterior, cuando se echó por tierra a la administración de Castaneda Castro. En su comunicación oficial, el cónsul italiano expresaba su esperanza porque pronto fueran reanudadas "las interrumpidas relaciones diplomáticas entre ambos países".

Debido a que Italia era, para esos momentos, el principal comprador europeo del café salvadoreño, entre julio y septiembre de 1949 se produjo un intenso trabajo diplomático para lograr la llegada de una misión diplomática italiana a San Salvador.

Como fruto de estos acercamientos -sin asomo de documento oficial que levantara el estado de guerra-, a las once horas del jueves 10 de mayo de 1951 llegó al aeropuerto de Ilopango Alberto Bianconi, quien se constituyó en el primer enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Italia en suelo salvadoreño tras el fin de la guerra. En junio, se le unió Raúl Pignochi, como nuevo canciller de la legación italiana.

Pocos meses más tarde, el jueves 4 de diciembre de 1952, en el Salón de Honor de Casa Presidencial, en San Jacinto, presentó sus cartas credenciales el nuevo embajador de Italia acreditado en el país, conde Carrobio di Carrobio.

Una hora antes del mediodía del lunes 30 de marzo de 1953 fue firmado en el Ministerio de Relaciones Exteriores un tratado comercial entre Italia y El Salvador, que fue sometido a revisiones y consultas entre septiembre y noviembre de 1955. Finalmente, la "política del café" hizo que, en la mañana del miércoles 21 de diciembre de 1955, fuera firmado un protocolo adicional para dicho documento bilateral. El responsable italiano de desarrollar este nuevo instrumento jurídico internacional era el barón Antonio Rosset Desandré, quien llegó al país procedente de Panamá, el lunes 7 de febrero de 1955.

El martes 22 de enero de 1957, un crucero de la armada italiana tocó puerto en la costa salvadoreña y algunos de sus oficiales y marinos desembarcaron y visitaron algunos puntos de San Salvador. Cuatro días más tarde, se les unió la motonave "Alessandro Volta". ¿Invasiones militares de la posguerra? Poco probable, en especial por parte de una nación que, en mayo siguiente, otorgó condecoraciones para varios funcionarios del país centroamericano por cuyo café &endash;en palabras del tostador Primo Rovis, originario de Trieste&endash; "Italia tiene mucho interés".

Desde aquellas fechas, Italia y sus representantes diplomáticos acreditados han cooperado y compartido con El Salvador en muchos campos del saber y del sentimiento. Los hijos e hijas de Rómulo y Remo han echado raíces en suelo cuzcatleco y forjado aquí familias y empresas.

Haciendo suya la voz de alerta que lanzó Vértice en su edición "Los vaivenes del péndulo: El Salvador en la Segunda Guerra Mundial" (domingo 13 de agosto de 2000), el pasado 10 de agosto, la fracción de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) presentó ante la Asamblea Legislativa una pieza de correspondencia para que la Comisión de Relaciones Exteriores emita un dictamen favorable y se proceda a derogar el decreto que mantiene, al menos en palabras, el estado de guerra entre El Salvador e Italia.

Este gesto, según los diputados peticionarios, servirá "para honrar aún más las excelentes relaciones diplomáticas, comerciales y de intercambio de tecnología que, desde hace muchos años, tenemos con el noble pueblo italiano y con su gobierno". ¡Ojalá que esa petición sea escuchada, la razón histórica tenga primacía y pronto pueda darse el cierre del último capítulo bélico de El Salvador en la Gran Guerra!

Durante la Guerra Mundial, varios salvadoreños enrolados en los ejércitos aliados pelearon contra las fuerzas fascistas y alemanas en suelo italiano.

Entre estos combatientes se encontraban Julio Valerio Sosa -exestudiante de Odontología en la Universidad de El Salvador-, Efraín Brizuela y René Montalvo. También peleó en suelo italiano el capitalino Rodolfo de Jesús Estrada. Fue enrolado en abril de 1943, y ganó sus alas en Fort Myers (Florida). Sargento artillero de un cañón movible de torrecilla, instalado en un avión Liberator B24, realizó más de 50 misiones sobre Italia, Rumania y Francia para la Decimoquinta Fuerza Aérea Aliada. Su grupo fue condecorado con la Citación de Unidad Distinguida y él fue galardonado con las Tres Hojas de Roble.

Pero el único que ofrendó su vida en aras de la libertad mundial fue Pedro "Peyín" Viaud Rochac, nacido en San Salvador, que había sido jugador en el capitalino Club Deportivo "Hércules". Enlistado en la infantería de los Estados Unidos en 1941, fue entrenado en Alabama y peleó en el Quinto Ejército, bajo el mando del general Clark, en Túnez.

Combatiente en Sicilia, Salerno, Nápoles y Volturno, cuando luchaba para el general Patton, fue herido en Monte Cassino (Italia). Recuperado, a solicitud suya fue enviado a las trincheras de Lanubio e ingresó con las tropas aliadas en Roma.

El 5 de junio de 1944, cuando tenía 32 años de edad, una granada lo hirió mortalmente en Valmotone, pese a lo cual continuó disparando hasta su último cartucho. Fue sepultado de forma provisional en la localidad de Netuno.

De forma póstuma, sus padres, Víctor Viaud y Mercedes Rochac de Viaud, recibieron el Corazón Púrpura. Sus restos fueron repatriados y llegaron a San Salvador, el jueves 9 de diciembre de 1948.

vertice@elsalvador.com


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