30 de diciembre de 2001
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Cacharros de alquiler

Los taxistas que tienen unidades con modelo menor a 1987 están en problemas. Aún no ha entrado en vigor la segunda fase del plan de reordenamiento vial, pero ellos han experimentado problemas para renovar sus placas. Sus vehículos tienen que salir del mercado.

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

El contorno de la Plaza Morazán está más concurrida de lo de costumbre; algunos capitalinos se apresuran con sus compras para abordar un transporte que los lleve a su hogar. Al parecer, el espíritu navideño opaca el temor a su seguridad, cuando ya han pasado veinte minutos después de las nueve de la noche. A un costado del parque, se encuentran varios taxis vacíos.

A su lado, dos o tres propietarios conversan con la esperanza de captar algún cliente. La semana del 24 de diciembre tuvo movimiento y sobre todo ganancias; mas no se comparan a las del año pasado. Ahora que el año 2001 concluye los taxistas, que son propietarios de modelos ochenteros hacia atrás, apuestan a tener mejor suerte. Esperan el año venidero con una mezcla de alegría y preocupación por el futuro de sus cacharros.

Ley es ley

El Viceministerio de Trasporte echará a andar, probablemente en el primer semestre de este nuevo año, la segunda fase de reordenamiento vial, que incluirá los microbuses y los taxis. “Todo dependerá del comportamiento del reordenamiento de los autobuses” sostiene el Viceministro de Transporte Ricardo Yúdice.

La Ley de Transporte Terrestre, aprobada en 1996, establece que no podrán operar aquellas unidades que tengan 15 años de trabajo. Sin embargo en esa misma ocasión, los diputados dieron al sector cinco años de gracia, los que finalizarán con la algarabía de las doce de la noche de mañana.

Actualmente cinco mil taxis están autorizados para trabajar de los cuáles más del 80% son del modelo de los 80; aunque hay algunas máquinas de los setenta que se niegan a salir del mercado.
David Caballero a sus 64 años no descansa de noche en busca de pasajeros a quienes les oferta “una carrera” desde la Plaza Morazán. Tiene 32 años de experiencia frente al volante; le falta todavía poco para jubilarse. Trabaja con un carro año 92.

“Hace cuatro años, me enjarané con ¢30 mil para comprar este taxi, lo hice por que Valdivieso (ex Viceministro de Transporte), decía que iba a cambiar a los taxis viejos”. sostiene.

Sus hijos hacen tiempo para trabajar con un taxi modelo 72. “Los carros de ahora no sirven, son de plástico. No se trata el tiempo de vida, sino el mantenimiento que uno les ha dado”, sentencia.

poca ganancia

Don David sostiene que apenas se logra sacar ¢100 diarios; cuando está muy bueno ¢150 es lo máximo. Reconoce la situación económica por la que pasa la población y por qué le huyen a su servicio. “Sin embargo, hay días que apenas se logra para la gasolina (...) hay veces que uno llega ‘limpio’ a la casa; otras no, como el 24, que tuve suerte: saqué ¢160”.

Pero eso no se compara porque el año pasado logró ganar entre 300 y 400. Otro de los problemas que experimentan los taxistas, es la competencia desleal. Se cree que circulan unos dos mil taxis piratas. La modalidad es fácil. El carro se pinta de amarillo, hay algunos que se atreven a pintar la franja a cuadros negros y otros hasta colocan la luminaria en la capota.

La técnica incluye estacionar los vehículos en lugares frecuentados por la población: gasolineras, hospitales, centros comerciales y hasta parques. A estos vehículos, como su matrícula es “particular”, no se les prohíbe el polarizado y otro tipo de arreglo. Y cuando hay problemas con la autoridad por su apariencia, el cliente solo es un familiar que lleva de paso. En su momento, hace dos años, la Dirección de Transporte informó a las asociaciones que era exclusivo el color amarillo para los carros de alquiler.

una de cal...

A pesar que en su carrera sobre ruedas lo han asaltado en ocho ocasiones, don David insiste en seguir en el trabajo. “La última vez, hace varios meses, se me subió en el Boulevar de los Héroes una pareja, me dijeron que los llevara cerca de los juzgados. Cuando pasamos por el puente sacaron dos cuchillos y me amenazaron. Tenía como 25 colones y mi celular. Les dije: llévense eso por que no he logrado nada. Afortunadamente no pasó a más. Yo me arriesgo en la noche, pero ahí vamos”, se lamenta.

Otro de los problemas que enfrentan los taxistas es el tiempo que se pierde para que se les autorice el permiso por parte de las autoridades de Tránsito. “Cuando cambié, solicité el cambio de placas (...) me atrasaron casi dos años” relata.
Igual suerte han corrido otros taxistas como Jesús Mejía quien había adquirido otro vehículo para sustituir su taxi año 79. “Mi taxi lo sustituí por otro; como es lógico no se puede circular por que tengo que cambiar las placas.

Mientras hacía el traspaso tenía la esperanza de mover el primero; pero, como los papeles no salen, el otro vehículo queda estático y yo estoy pagando el 200% sólo por caminar un vehículo”, dice Mejía.

Eso no es todo: “ando topando con los policías a cada rato porque la legalidad es a medias tengo que dar “mordidas”, explica. Desde hace 13 meses, Andrés Suazo espera legalizar su situación. “El problema es la burocracia, aunque Transporte se desligó de esa función y la delegó a una empresa privada, la documentación tiene que enviarla a Hacienda, y allí se genera el problema”, sostiene Suazo a partir de su experiencia.

¿a medias?

Al consultarle por qué se arriesga a trabajar con los trámites a medias, Suazo sostiene: “ Mire le voy a explicar. La policía lo para a uno, le pide los documentos uno le explica que esta placa es del carro que salió y ésta la del carro que ando. Ellos dicen que un taxi no se puede sacar a la calle a explotarlo mientras no tenga toda la documentación completa.

Pero, qué pasaría si con este sistema de esta gente (Hacienda) que en un año o dos dan la sustitución, estaríamos aguantando hambre (...) tuve que hipotecar la casa. No se puede esperar sólo por negligencia de burocráticos. Otra cosa, yo me pregunto ¿Porqué cobran ¢300 por la franja a cuadros?” inquiere.

Mario Gómez, presidente de ACOTAXIS que aglutina a unos 20 socios, sostiene que ya se están presentando problemas cuando se solicita el cambio de placas. Según Gómez, un 90% de los carros de alquiler son modelos menores a 1987.

Prácticamente los permisos de línea desaparecerán, debido a que en el nuevo sistema de tarjetas ya estará diseñada la característica del automotor para circular.

Una ley aplicada

La Ley General de Transporte prohíbe la circulación de transporte público que exceda los 15 años de fabricación


.Al parecer el Salón Azul será frecuentado el próximo mes por cientos de taxistas que reclamarán por las nuevas disposiciones de la Ley General de Transporte que abarca a los taxis.

Y es que para algunos se trata de interpretación. “Nosotros no somos transporte colectivo, el servicio de taxis es selectivo. Ellos nos han involucrado por que somos de transporte”, sostiene Enrique Cabrera un taxista con 25 años de experiencia.

Algunos diputados de oposición, como el pecenista Elizardo Lovo, insiste en interpelar al Ministro de Obras Públicas, José Ángel Quiróz. Lovo es propietario de autobuses y considera que el reglamento habla de taxis que no excedan los 15 años de fabricación a la fecha de su concesión, tomando en cuenta su condición física y mecánica. A su juicio, no habla de años de circulación.

De las cinco mil unidades que el Viceministro de Transporte tiene registradas en todo el país, una parte importante de los vehículos quedarían invalidada.Las cooperativas estiman que un 80% de carros de alquiler no se acoplan a las nuevas disposiciones.
Será cuestión de tiempo. Probablemente los taxistas y los diputados lleguen a un acuerdo en enero para evitar el colapso. El problema para algunos es que la disposición ya se ha echado a andar cuando se llega a solicitar el cambio de placas.

Ahora las quejas de los taxistas son contra SERTRACEN, ya que la empresa ha dejado de renovar las tarjetas de circulación a los taxis que por antigüedad quedan fuera de la ley.
Pero los choferes se “juegan” todo e incumplen la ley. No les importa arriesgarse a enfrentar una esquela. Prefieren el riesgo a no tener nada en el bolsillo.


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